Archive for the ‘Cuentos infantiles’ Category

Mi abuela es única (vía Martes de Cuento)

junio 25, 2016

Junio 26, Día de los Abuelos según la liturgia católica (San Joaquín y Santa Ana, abuelos de Jesús). Aquí un hermoso cuento ilustrado por Lirael42:

“Todo el mundo tiene abuelas, aunque algunos ya ni se acuerdan, porque ha pasado el tiempo y ellos mismos se han convertido en abuelos.

La mayoría de gente tiene dos, que es lo más común: la abuela materna, que es la madre de la madre; y la abuela paterna, que es la madre del padre.

Hay quien tiene solo una, pero que vale por siete.

También, aunque más raramente, hay casos como el de Ramón, que tenía una docena de abuelas porque su abuelo materno era mormón.

De abuelas hay de muchas formas, clases, alturas, tamaños pesos y colores. Por eso es fácil diferenciarlas. Algo muy útil, porque si no uno andaría todo el día confundiéndose de abuela y sería un verdadero engorro.

Por ejemplo, si uno se confunde de abuela, la merienda cambia, porque hay abuelas que cuando te van a buscar al colegio te llevan bocadillos de queso y otras, en cambio, te dan para merendar pan con chocolate.

Otro problema que hay es, que si te confundes de abuela, tampoco juegas a lo mismo. Hay abuelas a las que les encanta contar cuentos y disfrazarse de pirata, de lobo o de princesa. Otras prefieren hacer punto de cruz o colchas de ganchillo mientras cantan canciones de cuna. Y también las hay a las que les gusta hacer volar cometas, aunque de este tipo no hay en todo el mundo, porque las cometas, como se sabe, solo vuelan si hay corrientes de aire y en los lugares donde no sopla el viento, estas abuelas son muy escasas. Cuando las abuelas que vuelan cometas no pueden hacerlas volar, se dedican a la cría de saltamontes. Las abuelas que crían saltamontes son una verdadera rareza. Si tienes una abuela de este tipo, puedes presentarla a un concurso de abuelas porque casi seguro que ganará.

A las abuelas también se las puede diferenciar por su olor.

Las hay que huelen a durazno, que es lo mismo que oler a melocotón. Otras huelen a colonia o a jabón. Algunas, según el día, huelen diferente; hay días que huelen a canela y otros a vainilla o a limón. Las que casi todo el mundo adora son las que huelen a tostadas con mantequilla.

También las que hay que huelen a chotuno, sobre todo si son pastoras de cabras y andan todo el día por el monte. Estas suelen ser abuelas de verano, a las que ves solo cuando te dan vacaciones en la escuela y viajas al pueblo para pasar allí unos días.

Hay noticia de una abuela que no olía absolutamente a nada, pero todavía no se ha podido comprobar si es cierto, porque un día se perdió y los sabuesos que la buscan siguen sin encontrar su rastro.

Las abuelas suelen ser blandas y por eso los nietos, cuando son pequeños, duermen tan plácidamente en sus brazos. Los bebés creen que están hechas de nubes y, al cerrar los ojos, sueñan que vuelan sobre ellas y sonríen.

El carácter de las abuelas también varía. Las hay dulces y las hay adustas. Alegres y más bien tristes. Besuconas y ariscas. Serias y un poco locas. Las hay que se ríen por todo y las hay que no se ríen por nada. Algunas, cuando vas a visitarlas, dejan que te subas a la lámpara y otras no te dejan casi ni pestañear.

Una vez, se dio el caso de una abuela que era de carácter cambiante: por la mañana era dulce; al mediodía, insulsa y por la noche, agria. Según cuentan, un eminente médico consiguió, después de meses de arduo estudio y aplicando un nuevo tratamiento altamente complicado y secreto, mezclar sus caracteres y ahora es una abuela agridulce. Tiene un sabor tan logrado, que la han contratado en un restaurante chino para aderezar los platos de pollo.

Las abuelas más típicas llevan moño gris y bastón, porque ya son viejecitas. Pero también las hay de muy jóvenes. Esas se visten con colores brillantes. Entre los zíngaros son habituales los casos de abuelas jóvenes con vestidos alegres. El más famoso es el de la abuela Iris, que tuvo a su primer nieto con 23 años, cuatro meses y dos días y en su armario guardaba 365 vestidos. Uno para cada día del año. Solo repetía vestido los años bisiestos; el 29 de febrero se ponía el mismo traje que había llevado el 28. Los que se iban rompiendo los usaba para reparar la carpa del circo en el que trabajaba adiestrando tardígrados, a los que entrenaba a diario para que aprendieran a bailar claqué con sus ocho patas a la vez.

A veces, las abuelas se estropean. Se ponen enfermitas y entonces tenemos que cuidarlas e ir a visitarlas, porque se alegran mucho cuando nos ven y se curan antes. En estos casos, debemos tener mucho cuidado y estar alerta al coger el metro o el autobús si vamos solos a su casa. Hay lobos sueltos que se disfrazan de personas y nos pueden hacer daño. Recordad el caso de Caperucita y su abuela.

A las abuelas debemos cuidarlas, porque cada abuela es especialista en una cosa y esa cosa la hace mejor que nadie. Por eso, se dice: el caldo de mi abuela…, los cuentos de mi abuela.., los jerséis de mi abuela… y cosas parecidas. Las abuelas pasan a la historia por esa cosa especial que las caracteriza y que las hace diferentes a cualquier otra abuela del mundo, y cuando ya no están para hacerlo, las añoramos mucho.

Ramona, Manuela, Mari o Teresa. Rosa, Angelita, o Isabel. Amparo, Antonia o Asunción. Juani, Juli, Marga, Mercedes o Luisa. Emma, Carmen, Cristina, Montse o Tomasa… No importa su nombre, porque es la abuela, la yaya, la nana, la abuelita, la nonna, la abue, la yayi, la güeli, la abu, la yayita… Todas son abuelas, pero todas son distintas.

Y tu abuela, ¿por qué es única?”

Leído en: Blog Martes De Cuento:
https://martesdcuento.wordpress.com/2014/04/01/una-abuela-unica/

Los tesoros del abuelo (vía Martes de Cuento)

junio 25, 2016

Junio 26, Día de los Abuelos según la liturgia católica (San Joaquín y Santa Ana, abuelos de Jesús).

Aquí, desde Martes de Cuento, una hermosa historia ilustrada por Dani Padrón (http://daniipadron.blogspot.com.es/):

danipadron“El abuelo tiene poco pelo blanco y lleva gafas. Lo que más me gusta de él es su sonrisa. Cuando me mira, de sus ojos saltan chispitas. Luego se ríe a carcajadas y yo me río con él. Los demás no saben de qué nos reímos, pero también se ríen. La risa del abuelo es contagiosa.

Me gusta que me coja en brazos y me dé besos.

Cuando viene a buscarme al cole siempre llega temprano, para ser el primero. Después, nos vamos a jugar al parque o me lleva a casa.

Merendamos juntos. Al abuelo también le gusta el chocolate y, cuando llega el verano, nos tomamos un helado muy grande, sentados en un banco, a la sombra del álamo que hay al final de la calle Mayor.

Me encanta ir a casa del abuelo, porque su casa está llena de tesoros.

El abuelo tiene una caja de laca roja con flores pintadas encima y al abrir la tapa suena música y un bailarín y una bailarina dan vueltas sin parar sobre un espejo. Le pido al abuelo que me siente sobre sus rodillas y juntos miramos a los bailarines sin decir nada, hasta que se termina la cuerda y se acaba el baile. Ella lleva un vestido muy cortito de tul blanco y una flor en el pelo y él un frac y un sombrero de copa muy alto.

El abuelo tiene una gran biblioteca llena de libros y, en un rincón, hay un estante para mí. Allí ordeno los cuentos que él me regala.

Mi abuelo siempre lee en su sillón rojo y yo me pongo a su lado y le pido que me cuente alguna historia de piratas, de dragones o de brujas.

Cerca del sillón rojo está su viejo escritorio de madera. En él, el abuelo guarda muchas cosas. A veces, el abuelo me dice:

-¡Ven! ¡Vamos a buscar tesoros!

Entonces abrimos los cajones y encontramos cosas increíbles.

Una goma muy chiquita, que borra los errores que cometemos. Dice el abuelo que no es malo equivocarse, lo malo es no reconocer que nos hemos equivocado, porque entonces no podemos borrar el error y empezar de nuevo. Dice que es como cuando escribimos mal una letra en el cuaderno del colegio, que es mejor arreglarla que dejarla en la libreta sin hacer nada, porque luego, cada vez que la miramos o cada vez que pensamos en ella, nos acordamos de que la hemos hecho mal y eso nos pone de mal humor. El abuelo siempre está de buen humor porque usa mucho su goma de borrar.

También tiene una grapadora para grapar los enfados al papel cuando quieren salir de dentro en forma de gritos y pataletas. El otro día la usé y funciona muy bien. Me enfadé con papá y con mamá porque no me dejaron ir con ellos al cine y tuve que quedarme a dormir en casa de los abuelos y como no paraba de quejarme y de llorar, el abuelo me enseñó a usarla. Fuimos escribiendo en papeles de colores lo que yo sentía y grapando cada papel sobre una hoja grande con la grapadora de los enfados. Mientras, él me contaba que todo lo malo que sentimos es mejor graparlo, porque si anda suelto puede hacernos daño a nosotros o a los que están cerca. En cambio, si está bien sujeto, como no se puede mover, acaba por cansarse y desaparece. Al terminar, la hoja de papel estaba llena de cosas malas grapadas y yo ya me sentía mucho mejor.

Uno de los tesoros que más me gusta es su pluma de color verde y dorado que se carga con la tinta de los sentimientos. Es una tinta que parece normal, pero no lo es. Se tiene que preparar, antes de usarse. Con mucho cuidado, para no mancharte, se abre la tapa negra del tintero de cristal y, sin que nadie lo oiga, se le dicen a la tinta los secretos. Cuando ya lo has dicho todo, solo tienes que cargar la pluma con la tinta de los sentimientos y escribir, porque la tinta se encarga de decir todo lo que tú no te atreves.

En cada cajón, el abuelo guarda un tesoro, aunque mi tesoro preferido no está ahí. El tesoro que más me gusta lo tiene colgado del cielo. Si salimos al balcón de noche lo podemos ver. Hay que mirar hacia arriba, a la derecha, justo sobre el campanario, para poder contemplar su tesoro más valioso. Allí, en lo más alto, está el rincón de cielo donde guarda sus estrellas.

Dice el abuelo que solo los que guardan estrellas son felices. Por eso el abuelo me ha enseñado a guardarlas. Es muy fácil. Solo tienes que mirar al cielo y elegir un rincón, siempre el mismo, y empezar a contar… una, dos, tres, cuatro… Cada estrella que guardas en ese rincón es una cosa que te gusta, una persona a la que quieres, un lugar al que quieres volver, un día especial, un deseo por cumplir… Cuantas más estrellas guardas, más valioso es tu tesoro. Porque dice el abuelo que los tesoros auténticos, los que de verdad importan y tenemos que guardar, son las cosas que no podemos tocar con las manos.

Después, cuando te sientes solo o estás triste, lo único que tienes que hacer es buscar tu tesoro en tu rincón de cielo y al contar las estrellas vuelves a sentirte feliz.

Por eso, lo mejor es hacer como el abuelo y como yo y elegir el rincón de cielo más estrellado.

Leído en:  Blog Martes de Cuento:
https://martesdcuento.wordpress.com/2014/07/22/los-tesoros-del-abuelo/

Zapping: Dibujos animados

julio 28, 2014

Hay esos días en los cuales me tiro en un sillón con el control remoto del tv al solo fin de distraerme un rato. Y hay esos días en los que el zapping me pasea por imágenes tan pero tan desagradables que acabo en los canales infantiles mirando dibujitos. Aquí, algunos de mis preferidos…

Garfield y sus amigos (CartoonNetwork).

Garfieldysusamigos

El libro de la selva (PakaPaka).

Elibrodelaselva

Pooh y sus amigos (Disney).

Pooh-amigos

Pocoyo (DiscoveryKids).

Pocoyomundial

Handy Manny (Disney).

Handy-manny

Bob Esponja (Nickelodeon).

Bob-esponja

Tom y Jerry (CN).

Tomyjerry

El Principito (DiscoveryKids).

Elprincipito

Bambi (Disney).

Amigos-bambi

BlancaNieves (Disney).

Amigos-blancanieves

Las Princesas (Disney).

Amigos-princesa

La Sirenita (Disney).

Amigos-sirenita

Madagascar (Dreamworks).

Amigos-madagascar

De chica, adoré mirar Los Autos Locos:

Autoslocos1

PD: A alguno de Ustedes… ¿también le gustan los dibu?

La flecha de oro. Miguel Antonio Caro

mayo 17, 2014

Fabulilla…

FlechadeoroYo busco una flecha de oro
que niño de un hada adquirí,
y, “Guarda el sagrado tesoro”,
me dijo, “tu suerte está ahí”.

Mi padre fue un príncipe: quiere
un día nombrar sucesor,
y a aquel de dos hijos prefiere
que al blanco tirare mejor.

A liza fraterna en el llano
salimos con brío y con fe;
la punta que arroja mi hermano
clavarse en el blanco se ve.

En tanto mi loca saeta,
lanzada con cierta ambición,
por encima pasó de la meta
cruzando la etérea región.

En vano en el bosque vecino,
en vano la busco doquier:
tomó misterioso camino
que nunca he logrado saber.

El cielo me ha visto horizontes
salvando con ávido afán,
y mísero a valles y a montes
pidiendo mi infiel talismán.

Y escucho una voz ¡Adelante!
que me hace incansable marchar;
repítela el viento zumbante,
me sigue en la tierra y el mar.

Yo busco la flecha de oro
que niño de un hada adquirí,
y, “Guarda el sagrado tesoro”,
me dijo, “tu suerte está ahí”.

Miguel Antonio Caro, 1843 – 1909, colombiano.
De: Libro “Fábulas – Antologí­a de poetas americanos” – Susaeta/1978.
Del mismo autor: El mono aplaudido (fábula)  El conejo y la liebre (fábula) 

El valor terapéutico de los cuentos infantiles

diciembre 5, 2012

Leyendo otros blogs…

Por Lic. Mariela Cerioni

“Los chicos comprenden, saben mucho más de lo que los adultos desean creer. Los chicos esperan que los adultos encontremos las palabras adecuadas para charlar sobre “esos” temas incómodos, pero necesarios. Muchos padres no pueden hacerlo. No saben cómo. No encuentran las palabras.

Pero la literatura —que es la sacerdotisa de las palabras— puede atreverse a transitar por esos caminos tenebrosos y también por los de la estética, la belleza descriptiva, el placer, el juego y la diversión.  Julia Chaktoura (1)

Los cuentos infantiles encierran un tesoro de riquezas para explotar desde el ámbito de la educación y la salud. Hadas, príncipes y princesas, brujas, lobos, ogros, dragones, héroes, villanos… personajes reales y del mundo de la fantasía nos brindan un puente para llegar a los sentimientos de los chicos.

La literatura infantil no sólo me interesa como profesional que trabaja con niños. Desde muy chica relatos y libros de cuentos siempre me resultaron atractivos. Hace unos años empecé a rescatar su valor usándolos para dar “Rienda Suelta a la imaginación”(2) de los niños.  El objetivo principal: utilizar los cuentos infantiles como un recurso que los ayude a situarse en sus momentos críticos del crecimiento y su relación con el mundo.
 
LOS CUENTOS, EL ARTE, LO TERAPEÚTICO

Bruno Bettelheim atribuye a los cuentos (especialmente a los de hadas) la cualidad de ser terapéuticos.

El niño encuentra soluciones, mediante la contemplación de lo que la historia parece aludir sobre él mismo y sus conflictos internos.

Normalmente, dice el autor, el contenido de la historia que le atrae al niño, no tiene nada que ver con su vida externa, pero sí con sus problemas internos. “Eso también me pasa a mí” es lo que siente el niño al escuchar los relatos.

“El espacio del arte, en particular, el de las historias desarrolladas en los cuentos, ofrece un universo de posibilidades para la manifestación y resolución de conflictos a través de la orientación del adulto, aportando además al niño, elementos de potente caudal estético. Cada tipo de cuento, con sus características propias, brinda elementos que resuenan en cada niño, permitiéndole elaborar a través de actividades y juegos, aspectos críticos de su crecimiento en su relación con los otros y con el mundo”. Andrea Rur

Desde esta fundamentación, los cuentos infantiles nos permiten abordar temáticas referidas al origen de la vida, la muerte, el destino, el amor, el miedo, los monstruos, la amistad, la solidaridad, el cuidado de la naturaleza y el medio ambiente, aventurarse y viajar a través del mundo y reír mediante lo absurdo que nos traen algunos cuentos.

Estas temáticas encierran los conflictos típicos y universales de la infancia: la separación con  los objetos de amor (el destete, el control de esfínteres, la marcha, el ingreso a la escolaridad), la distancia y ausencia de la madre, la problemática edípica, la castración…

La palabra es un puente que posibilita vivir la experiencia del crecimiento y sus obstáculos en  un ámbito diferente al de la realidad cotidiana. Los cuentos estimulan la fantasía y cumplen una función terapéutica porque en sus argumentos tocan sentimientos y pensamientos de los chicos.

“El niño pequeño necesita la oportunidad de comprenderse a sí mismo en este mundo complejo con el que tiene que aprender a enfrentarse… necesita una educación moral que le transmita, sutilmente, las ventajas de una conducta moral, no a través de los conceptos éticos abstractos, sino mediante lo que parece correcto y (…) lleno de significado”. Este significado el niño lo puede encontrar en los cuentos. (Betelheim, B.) …”

Leído en: Reflexiones Psicoanalíticas. Orientación para padres  (Es un blog en Blogger. Allí, el artículo es más extenso)

Similares: Una historia sobre el valor de los cuentos en la educación   Había una vez un cuento que contaba el mundo entero. Francisco Hinojosa 

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