Archivos de la categoría ‘Mujeres y varones’

Historia de Maruja. Eduardo Galeano

marzo 29, 2014

30 de Marzo. Día Internacional de la Trabajadora del Hogar.

“Hoy, 30 de marzo, Día del Servicio Doméstico, no viene mal contar la breve historia de una trabajadora de uno de los oficios más ninguneados del mundo.

Maruja no tenía edad.
De sus años de antes, nada decía. De sus años de después, nada esperaba.
No era linda, ni fea, ni más o menos.
Caminaba arrastrando los pies, empuñando el plumero, o la escoba, o el cucharón.
Despierta, hundía la cabeza entre los hombros.
Dormida, hundía la cabeza entre las rodillas.
Cuando le hablaban, miraba el suelo, como quien cuenta hormigas.
Había trabajado en casas ajenas desde que tenía memoria.
Nunca había salido de la ciudad de Lima.
Mucho trajinó, de casa en casa, y en ninguna se hallaba. Por fin, encontró un lugar donde fue tratada como si fuera persona.
A los pocos días, se fue.
Se estaba encariñando.”

De: El Libro de los Abrazos.
Leído en… muchos sitios, por ejemplo: RevistaSíncope/5 textos de El libro de los abrazos, por Eduardo Galeano 

Relacionados: Trabajo y Mujer (Elisabet Contrera/2010)   Mujer y Trabajo: Situación laboral de las mujeres (Luciana Peker/2010) 

La historia de mi aborto. Florence Thomas

marzo 9, 2014

En el mes de las mujeres: Lecturas… 

“Quizás evito desde hace años encontrarme de frente con este evento de mi vida, mi propio aborto, a pesar de mi feminismo ya casi endémico, a pesar de pertenecer a La Mesa por la Vida y la Salud de las Mujeres, a pesar de haber escrito más de una docena de columnas periodísticas sobre el tema y a pesar de haber mencionado mi propio aborto hace doce años en un libro muy mío, llamado Conversación con un hombre ausente. No obstante, he evitado hablar del tema como lo hubiera debido hacer desde hace años. Y cuando digo “como lo hubiera debido hacer” quiero decir desde adentro, desde lo más profundo de mi piel, de mis entrañas, de las palabras y de los silencios sellados en mi cuerpo desde ese final de verano francés de 1965. Diez años antes de la legalización total del aborto en Francia con la Ley Veil de 1975.

Aún no sabía mucho de anticoncepción. Del amor, sí. Nadie me había contado que el sexo era capaz de proporcionar goces intensos y estragos infernales. Iba a ser psicóloga y sin embargo puedo afirmar que no hubo una sola clase de Psicología que me hubiera preparado para lo que iba a vivir. Veintidós años, enamorada, con ciclos menstruales irregulares y sin calendario bajo el sol de España. De una España aún franquista que me miraba de manera inquisitoria por compartir la misma carpa con el hombre que amaba sin estar casados… Me acuerdo de las noches cálidas y del amor. El amor cada noche, el amor a mediodía y la euforia de tener el mundo en nuestras manos. Y sí, tomamos riesgos. El amor lo ameritaba. El amor siempre lo amerita. Tomamos riesgos y creo recordar que éramos conscientes de esto. El método Ogino no pudo con nosotros en España.

Llegamos a París al final de agosto después de tres semanas de sol en la árida Castilla y de embriaguez amorosa, yo dispuesta a buscar trabajo y él a preparar su retorno a Colombia, donde le esperaba un puesto de psicólogo organizacional. Nuestra separación de un año estaba prevista y significaba una prueba para los dos antes de cualquier decisión de viaje mío a esa lejana tierra de Colombia. Y es entonces cuando me alisto a vivir uno de los periodos más oscuros de mi vida. No; debo ser precisa. No uno de los periodos, sino el periodo más oscuro de mi vida. Yo ya intuía que el retraso de mi menstruación no era debido a mis ciclos irregulares.

Con los hombres, no quería hablar. Su género —término no socializado aún en Francia para nombrar a este sexo social— me inspiraba rabia. ¿Con qué derecho los hombres nos sometían a esto? ¿Cómo podían seguir caminando tan tranquilamente mientras yo sentía un peso inusual en los senos y me la pasaba buscando los baños de los cafés para descubrir una vez más que no encontraba ninguna mancha roja en mi ropa interior? Y sin embargo seguía sin querer saber más. Pensando que tal vez, un milagro… yo que nunca había creído en milagros. ¿Y él? Ya sabía que yo tenía un retraso pero evitaba hablar de esto y de alguna manera huía y me evadía. Me acuerdo de que, antes de que fuese tarde, decidí irme un fin de semana a Rouen donde mis padres, como lo hacía a menudo. Un fin de semana normal para ellos, un infierno para mí. Fingir que todo andaba como siempre. Responder a preguntas de trabajo, explicarles que parecía que me iba a salir un empleo en el Conservatorio de las Artes y Oficios de París. Un fin de semana de dos días que me parecieron siete.

Regresé a París. Ya eran casi tres semanas de retraso. Tenía que confirmar lo que ya sabía. Dolorcitos en los senos, inapetencia total y un mal genio que se manifestaba ante la menor provocación. Le pedí una cita al ginecólogo del barrio donde vivía. Todavía no existían las pruebas de embarazo que hoy en día se consiguen en todas las droguerías. Varias mujeres estaban en la sala de espera, algunas acompañadas de un hombre, otras solas. Algunas con un vientre prominente… quería insultarlas y preguntarles por qué tenían esta cara de madre feliz cuando yo no quería ni siquiera pronunciar la palabra embarazo. Finalmente me llamaron. Me auscultó este ginecólogo y por fin me miró y me dijo: “No hay duda, tiene un embarazo de aproximadamente dos meses”. Me vestí, pagué la consulta y salí casi corriendo.

Entré en el primer café que encontré y pedí un café serré, es decir, un café oscuro y fuerte. Rompí la fórmula médica que me acababa de dar el ginecólogo. Fue en este café donde, por primera vez, empecé a pensar en el aborto. Del aborto, nunca habíamos hablado. Y sin embargo, uno de mis hermanos, el mayor, ya había terminado derecho y el otro estaba terminando medicina. Yo, psicología. Pedí otro café. A él no sabía si llamarlo. No sabía si quería su compañía. Lo amaba. Y al mismo tiempo le tenía rabia. Lo amaba y al mismo tiempo hubiera querido no haberlo encontrado nunca.

Ninguno de los dos estaba preparado para semejante cambio de vida. Ninguno de los dos estaba preparado para volverse padre o madre sin deseo de serlo. Era demasiado delicado. Demasiado grave para un hijo, para una hija. Padre y madre a la fuerza. Dar a luz a hijos huérfanos de padres simbólicos. Sí, por esto, ante mi segundo café oscuro, ya había tomado una decisión. Abortaría. Abortaría porque yo era una mujer responsable. Abortaría, y a pesar de que iba a recurrir a un acto de voluntad y de autonomía, no podía interrumpir voluntariamente mi embarazo; no había nacido aún esta expresión. La construiríamos algunos años más adelante. Hoy cuando estoy escribiendo esto, la estamos construyendo en Colombia y, sobre todo, le estamos dando su profundo significado ético. Después del tercer café lo llamé. Le dije que lo esperaba. A la media hora llegó y, claro, ya sabía lo que le iba a decir. El silencio se instaló entre los dos. Sin embargo, tenía que decirle que yo ya estaba decidida. Le dije. No respondió nada. No dijo nada.

No obstante, sus tres años de posgrado en París y su inmenso amor por lo que había vivido en esta ciudad de la cual se había enamorado profundamente le permitieron asimilar mi decisión y solidarizarse por medio del silencio. No podía pedirle más. Quiero recordar que todavía no era feminista. Le dije entonces que no había cambiado nada. Que nuestros proyectos seguían iguales. Que no se preocupara, que me las arreglaría.

La palabra anticoncepción y los debates relacionados con la libre opción a la maternidad eran muy recientes y las píldoras anticonceptivas no se encontraban aún en las farmacias. No existía tampoco la píldora de emergencia. Sólo dos años después se socializaría la anticoncepción y especialmente las píldoras anticonceptivas. Habría que esperar mucho más para la píldora de anticoncepción de emergencia.

Con mi madre no existía la más mínima posibilidad de poder tocar el tema.

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Soy mujer. Soy feminista.

marzo 8, 2014

Desde el blog de Disparatada*…

Florencethomas“Nunca he declarado la guerra a los hombres; no declaro la guerra a nadie, cambio la vida: soy mujer.

No soy ni amargada ni insatisfecha: me gusta el humor, la risa, pero sé también compartir los duelos de las miles de mujeres víctimas de violencia: soy mujer.

Me gusta con locura la libertad más no el libertinaje: soy mujer.

No soy pro-abortista, soy pro-opción porque conozco a las mujeres y creo en su enorme responsabilidad: soy mujer.
No soy lesbiana, y si lo fuera ¿cuál sería el problema? Soy mujer.

Sí, soy mujer** porque no quiero morir indignada.
Soy mujer y defenderé hasta donde puedo hacerlo a las mujeres, a su derecho a una vida libre de violencias.

Soy mujer porque creo que hoy día serlo representa uno de los últimos humanismos en esta tierra desolada y porque he apostado a un mundo mixto hecho de hombres y mujeres que no tienen la misma manera de habitar el mundo, de interpretarlo y de actuar sobre él.

Soy mujer porque me gusta provocar debates desde donde puedo hacerlo.

Soy mujer para mover ideas y poner a circular conceptos; para reconstruir viejos discursos y narrativas, para desmontar mitos y estereotipos, derrumbar roles prescritos e imaginarios prestados.

Soy mujer para defender también a los sujetos inesperados y su reconocimiento como sujetos de derecho, para gays, lesbianas y transgeneristas, para ancianos y ancianas, para niños y niñas, para indígenas y afrodescendientes y para todas las mujeres que no quieren parir un solo hijo más para la guerra.

Soy mujer y escribo para las mujeres que no tienen voces, para todas las mujeres, desde sus incontestables semejanzas y sus evidentes diferencias.

Soy mujer porque serlo me permite pensar también en nuestras hermanas afganas, ruandesas, croatas, iraníes, que me permite pensar en las niñas africanas cuyo clítoris ha sido extirpado, en todas las mujeres que son obligadas a cubrirse de velos, en todas las mujeres del mundo maltratadas, víctimas de abusos, violadas y en todas las que han pagado con su vida esta peste mundial llamada misoginia.

Sí, soy mujer para que podamos oír otras voces, para aprender a escribir el guión humano desde la complejidad, la diversidad y la pluralidad.

Soy mujer para mover la razón e impedir que se fosilice en un discurso estéril al amor. Soy mujer para reconciliar razón y emoción y participar humildemente en la construcción de sujetos sentipensantes como los llama Eduardo Galeano.

Soy mujer y defiendo una epistemología que acepte la complejidad, las ambigüedades, las incertidumbres y la sospecha. Sé hoy que no existe verdad única, Historia con H mayúscula, ni Sujeto universal. Existen verdades, relatos y contingencias; existen, al lado de la historia oficial tradicionalmente escrita por los hombres, historias no oficiales, historias de las vidas privadas, historias de vida que nos enseñan tanto sobre la otra cara del mundo, tal vez su cara más humana.

En fin soy mujer tratando de atravesar críticamente una moral patriarcal de las exclusiones, de los exilios, de las orfandades y de las guerras, una moral que nos gobierna desde hace siglos.

Trato de ser mujer en el contexto de una modernidad que cumple por fin sus promesas para todos y todas. Como dice Gilles Deleuze ’siempre se escribe para dar vida, para liberarla cuando se encuentra prisionera, para trazar líneas de huida’. Sí, trato de trazar para las mujeres de este país líneas de huida que pasen por la utopía. Porque creo que un día existirá en el mundo entero un lugar para las mujeres, para sus palabras, sus voces, sus reivindicaciones, sus desequilibrios, sus desórdenes, sus afirmaciones en cuanto seres equivalentes políticamente a los hombres y diferentes existencialmente.

Un día, no muy lejano, espero, dejaremos de atraer e inquietar a los hombres; dejaremos de escindirnos en madres o putas, en Marías o Evas, imágenes que alimentaron durante siglos los imaginarios patriarcales; habremos aprendido a realizar alianzas entre lo que representa María y lo que significa Eva.

Habremos aprendido a ser mujeres, simplemente mujeres. Ni santas, ni brujas; ni putas, ni vírgenes; ni sumisas, ni histéricas, sino mujeres, resignificando ese concepto, llenándolo de múltiples contenidos capaces de reflejar novedosas prácticas de sí que nuestra revolución nos entregó; mujeres que no necesiten más ni amos, ni maridos, sino nuevos compañeros dispuestos a intentar reconciliarse con ellas desde el reconocimiento imprescindible de la soledad y la necesidad imperiosa del amor.

Por esto repito tantas veces que ser mujer hoy es romper con los viejos modelos esperados para nosotras, es no reconocerse en lo ya pensado para nosotras, es extraviarse como lo expresaba tan bellamente esta mujer italiana Alessandra Bocchetti. Sí, no reconocerse en lo ya pensado para nosotras. Por esto soy una extraviada, soy mujer.

Y lo soy con el derecho también a equivocarme.”

Florence Thomas.

Leído en: * VivianaDisparatada

Info sobre la autora: Autores/EditorialSantillana)

**Nota: Donde dice “soy mujer”, en el texto original que circula por la red dice “soy feminista”. No me consta la fuente original. Si alguien sabe, ¿me dice? Gracias!

Para tí, mujer trabajadora. Pavanetti Gutiérrez

marzo 7, 2014

Marzo 8. Día Internacional de la Mujer Trabajadora.

Mujer5trabajo

Para ti, mujer abnegada, mujer trabajadora

Para ti mujer, va hoy esta flor y mi canción

Para ti, dulce, tenaz y sacrificada luchadora

Para ti, todo mi respeto y toda mi admiración

Mujer2trabajo

Los diarios nos mencionan a mujeres famosas

Nombres grabados a fuego y oro en la historia

Cantan loas a sus logros, a sus grandes cosas

Nos hablan de sus virtudes y de sus memorias

Mujer1trabajo

Pero yo quiero cantarte a ti, silenciosa luchadora

Que te levantas la primera, al atisbar los rayos del sol

Mujer de mil nombres, de mil caras, de mil horas

Compañera en la lucha y con tiempo aun para el amor

Mujer3trabajo

A ti, que día tras día vas al hospital, a la oficina

Al campo, a la fábrica, a la calle, al mundo a remar 

A ti, que aunque llegas a casa extenuada, rendida

Todavía guardas una sonrisa y reservas para amar 

Mujer4trabajo

Me viene este canto de lo más profundo de la vida

Acumulado estaba el homenaje a tan maravilloso ser

Muchos versos había escrito, pero a ti te lo debía

Madre, hermana, esposa, hija, compañera… mujer.”  

Mujer6trabajo

Letra y música: Julio César Pavanetti Gutiérrez.
De: Efemérides Culturales Argentinas.  

Sobre el autor: Ver “Poetas del Mundo”.  
Las imágenes: Google Images.

Día del ama de casa: “Yo trabajo, soy ama de casa”

diciembre 4, 2013

Diciembre 1 (en Argentina)

“Las mujeres, como los pueblos y las naciones, si no son económicamente libres nadie les reconoce ningún derecho.” (Eva Perón)

Amadecasa3Leo en el sitio de la Liga de Amas de Casa: “El 1 de diciembre se celebra cada año el Día del Ama de Casa. Es un día en el que se homenajean a las amas de casa por la labor diaria que realizan y el compromiso y responsabilidad tan grande con su familia. La Liga de Amas de Casa decidió establecer en 1958 un día en el que se conmemorase el trabajo de todas y cada una de las mujeres en su papel diario….”

En Defensa del Consumidor nos cuentan que: “…Gracias al compromiso, participación y organización de las amas de casa, apoyadas por un Estado que volvió a ejercer su rol de garante de derechos, se ha logrado la incorporación al sistema previsional de casi dos millones de mujeres que conquistaron el reconocimiento a una vida de trabajo y el derecho al cuidado de su salud. En términos de consumo, ese volumen de nuevas jubiladas es un dato de gran importancia. Por que cada día represente un paso más hacia el reconocimiento pleno de los derechos del ama de casa, también hacemos hoy nuestro brindis…”

El sitio del Sindicato de Amas de Casa de la República Argentina dice: “…Mucho hemos logrado con la recuperación del trabajo, la producción y el consumo, y todavía mucho necesitamos para lograr equidad. Desde el SACRA seguiremos luchando para reivindicar que se reconozcan nuestros derechos en el marco del principio de igualdad de trato y de oportunidades…”  

Lemaamadecasa

Antes, en este blog:

Himno al ama de casa (Ana María Giacosa, Fundadora del Sindicato de Amas de Casa)

Amas de casa en las publicidades (estereotipos)

Se solicita ama de casa (reflexión con humor)

Amas de casa: Que sepa coser, que sepa bordar (¿título profesional?)

Ama de casa en Wikipedia

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