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Dar paseos. Un tratado sobre el andar. Fréderic Gros

junio 4, 2017

Gracias al Facebook de una cyberamiga supe de esta nota cuyo tema me encantó

“Experto en psiquiatría, filosofía de la pena y Foucault , Fréderic Gros ha escrito un tratado sobre el andar en el que relaciona las ideas de pensadores como Kant, Thoureau, Nietzsche y Rousseau con su manera de caminar. Una reivindicación del placer del paseo.

El filósofo francés Fréderic Gros, paseando por la universidad de Barcelona.
Por: Joan Manuel Baliellas – Leticia Blanco – Barcelona  05/12/2014

A Kant, Rousseau, Rimbaud y Nietzsche les gustaba salir a andar. Todos lo hacían de forma diferente. Los paseos del joven Rimbaud, dispersos y desordenados, estaban llenos de ira, mientras que Nietzsche buscaba en ellos la tonicidad y lo energético de la marcha. Kant era metódico y sistemático: tomaba cada día, a la misma hora, la misma ruta. Todos trasladaron en algún momento su despacho de trabajo al campo, donde las ideas fluían libres, en plena naturaleza. Examinándolos de cerca, esos paseos guardan cierto paralelismo con sus reflexiones, sostiene el filósofo francés (y gran caminante) Fréderic Gros en Andar. Una filosofía (Taurus), un bestseller en Francia que acaba de traducirse.

¿Cuándo empezó usted a caminar?
Relativamente tarde, a los 20 años. Fueron unos amigos los que me aficionaron. Ya cuando era niño me gustaba irme solo a las colinas pero lo cierto es que el andar sistemático, como excursión, me llegó más tarde. Mi primera experiencia importante fue el verano que hice la vuelta a Córcega. Recorrí el camino GR-20. Es difícil, pero la alianza entre alta montaña y el mar lo convierten en algo precioso.

¿Cuántos kilómetros hizo?
Éramos siete personas y lo recorrimos en 15 días, no sé cuántos kilómetros hicimos. Lo cierto es que cuando uno anda no cuenta los kilómetros porque la dificultad de los senderos hace que uno pueda recorrer, en ocasiones, muy pocos kilómetros en un día. Cuando uno anda por caminos más fáciles, llanos, lo que se considera la media del peregrino son 40 kilómetros diarios.

¿Qué opina de las aplicaciones que calculan la distancia, incluso las calorías consumidas ?
No las uso. Lo importante es tener una visión de conjunto y eso sólo se puede tener con un mapa desplegable. Respecto a las calorías, cuando uno se plantea caminatas de siete o más horas, lo que preocupa es llegar al próximo refugio.

En su ensayo relaciona el andar con grandes filósofos, ¿por qué?
Esos pensadores convirtieron las montañas y los bosques en su lugar de trabajo. Para ellos, andar no era una actividad deportiva o un paseo turístico. Realmente salían con sus cuadernos y sus lápices para encontrar nuevas ideas. La soledad era una de las condiciones para crear.

¿Y la relación entre la manera de caminar y sus ideas?
Es que hay maneras de andar que, efectivamente, son estilos filosóficos. Por ejemplo: Kant era muy serio y disciplinado, y es un filósofo que establece unas demostraciones muy rigurosas con definiciones muy estrictas. Tenía un estilo de andar que consistía en hacer todos los días el mismo paseo, a la misma hora. La escritura de Nietzsche, mucho más dispersa, con menos cohesión, tiene que ver con el hecho de que él buscaba en el andar sensaciones de energía y luz. Su escritura es muy brusca y rápida, no tan demostrativa como la de Kant.

¿A qué se refiere cuando escribe sobre la pérdida de la identidad que se produce al caminar?
Bueno, los efectos de andar pueden variar según la intensidad. Si andas durante cuatro o seis horas estás en compañía de ti mismo, puedes encontrarse con tus recuerdos o nuevas ideas. Pero a partir de las ocho o nueve horas, el cansancio es tal que uno ya no siente más que su cuerpo. Toda la concentración va dirigida al hecho de avanzar. Ahí es cuando se produce la pérdida de identidad, que se debe a la fatiga extrema. Andamos para reinventarnos, para darnos otras identidades, otras posibilidades. Sobre todo, nuestro rol social. En la vida cotidiana uno está asociado a una función, una profesión, un discurso, una postura. Andar es un decapado de todo eso. Al final, caminar no es más que una relación entre un cuerpo, un paisaje y un sendero.
Pero cada vez se camina menos, especialmente en las ciudades, donde cada vez vive más población.

En el Tercer Mundo todavía se anda mucho, pero es cierto que en las ciudades está despareciendo. No están hechas para los peatones.

Los jóvenes tampoco caminan.
Las nuevas generaciones consideran, y quizá tengan razón, que hay que estar loco para ir andando a los sitios, sobre todo cuando se han hecho todo tipo de inventos técnicos para conseguir que no tengamos que andar. Para ellos, caminar es algo monótono, en parte porque las pantallas nos han acostumbrado a cambiar de imagen muy rápidamente y cuando andamos, los paisajes evolucionan muy lentamente. Además, cuando andamos, siempre hacemos lo mismo.

Y eso se percibe como algo aburrido.
Para algunas personas, caminar es lo más opuesto que puede haber al placer porque de manera espontánea tendemos a comparar el placer con una excitación. Y para que haya excitación se necesita novedad. Dicho esto, descubrir el placer de andar puede ser algo totalmente exótico. Uno descubre una dimensión de la existencia que hoy en día está prácticamente proscrita: la lentitud, la presencia física. Durante la marcha, todos los sentidos están presentes: se escuchan los ruidos del bosque, se ven las luces…

¿Qué le parece que los jubilados sean los que más andan?
Los sabios de la antigüedad tenían un dicho que hoy podría sorprendernos, que es: «ten prisa por llegar a la vejez». Porque ellos consideraban que la vejez era ese momento de la vida en el que uno podía liberarse de todo y dedicarse al cuidado de uno mismo, le souci de soi, en latín cura sui. La marcha, además, no tiene nada de violento ni de brutal. Hay una regularidad en ella que apacigua, calma. Y se aleja de toda búsqueda de resultados. Por eso la primera frase del libro es: «andar no es un deporte». No hay que hacer marcas, no hay que superarse a sí mismo. Andar es una experiencia de lo más auténtica, aunque quizá no moderna.

¿Andar le ha liberado a usted del mundo académico? He leído que ahora está preparando un libro sobre la desobediencia.
Thoureau escribió el primer librito sobre andar y, curiosamente, también escribió el primer libro sobre la desobediencia civil. Y es verdad que andar nos enseña a desobedecer. Porque andar nos obliga a tomar una distancia que también es una distancia crítica. En el mundo académico todo el mundo está obligado a demostrar lo que dice. En este libro quería volcar ensoñaciones. La pregunta que hago a los pensadores que aparecen en él no es qué es lo que piensan, sino cómo andan. No he querido volver a las doctrinas, sino explorar los estilos.

Leído en: http://www.elmundo.es/cataluna/2014/12/04/54808daeca4741f0748b456b.html

PD: Lástima que, en mi ciudad, no todos los barrios tienen lindos sitios para pasear; algunos son bastante deprimentes, por las calles sucias, por las edificaciones ajadas, por la falta de lugares “verdes”, porque los “lindos” quedan lejos y ya tener que tomar un vehículo para llegar a ellos dificulta cualquier inspiraciónsupongo que la idea es promover las mentes “chatas”

Viviendo en Otoño (Palabras para Adéle). Anónimo

enero 15, 2017

Un lector nos ha enviado estas poéticas palabras, comentándonos que “Simplemente son frases hilvanadas sin la pretensión de ser un Poeta, escritas por mi corazón, con la pequeña ilusión de que quizás alguien de algún país le hiciera llegar a quien va dedicado…”*

“Viviendo en Otoño. 

postinvitadoCon un sol abrazador ha llegado el verano, lentamente los días se vuelven interminables, será que yo extraño tanto el otoño con sus hojas, los días cálidos donde todo me habla de ti…

¡Como extraño las hojas!! Ya no puedo encontrar tu mirada, hoy están  en todo su fulgor con su verdes esplendorosos y cobijan bajo sus sombras a los hombres y a todos los seres que buscan el alivio del agobiante calor, qué tristeza… me he quedado como tantas veces con las manos vacías.

No es que no me guste el verano pero me he quedado sin mis hojas  de Otoño y Miel, No puedo encontrarte en ninguna parte solo en mis sueños como en cada noche, Que largos y nostálgicos se vuelven los días…  ¡Por Dios y pensar que falta tanto para que llegue el Otoño! “Lo que dure el verano”…

“Como una sombra que se diluye castigada por el sol de este día, me pierdo en los árboles buscando el frescor de sus ramas, mis ojos desesperados buscan en todas  parte mis hojas de otoño y miel que no puedo hallar, qué soledad siento en este momento lo único que tenía de ti eran mis hojas y tu recuerdo, seguiré sin rumbo como una ola en el mar para morir como cada día sobre la playa de mi destino, romperá la ola sobre las arenas de la realidad y una vez más quedará tu nombre escrito en el silencio y el grito mudo de mi corazón pronunciando tu
nombre”.

“Cómo quisiera gritar tu Nombre a los cuatro vientos poderlo liberar del silencio que lo tiene prisionero en un rincón de mi alma, donde guardo los recuerdos más sagrados junto a la inocencia perdida y la imagen de tu rostro cuando lo vi por vez primera”.

“Pasan los días los meses y las estaciones, y yo sigo soñando contigo, escondidas en mí Corazón en el rincón donde anidan los recuerdos tengo guardadas cada una de tus sonrisas y tus miradas, cada noche las recuerdo y las acaricio en silencio sin que sepa nadie mi sufrir, para que contarlo si no tiene solución, por eso prefiero el silencio para estar Imaginariamente cerca de ti o al menos de tus recuerdos”.

“Llega la noche mi fiel compañera y cómplice de mis desvelos, con los ojos cerrados. Simulando estar dormido navego por mi mente buscando tu mirar me sorprende tu sonrisa y quiero abrazarme a ella, sigo en mi corsario de sueños navegando por los mares del recuerdo persiguiendo tu boca y tus ojos Otoño y Miel, el viento de la realidad castiga mi barca quiere que naufrague en el mar del olvido, pero las velas de mi memoria luchan sin pausa y sin aliento venciendo al dios Poseidón y Eolo… dios del Viento”.

“La luz del nuevo día me sorprende en mi cuarto, amarro mi barca al Muelle de mi nostalgias, para volver a comenzar un nuevo día, me visto con el traje de hombre feliz para comenzar mi jornada, deseando que llegue la noche para volver a soñar contigo engañándome a mí mismo
y pensando que es la realidad y no otro de mis sueños, hoy he decidido  quedarme dormido…

Despiértenme cuando llegue el Otoño, MI OTOÑO con mis hojas con sus vientos que susurran tu nombre en mis oídos, ¡déjenme seguir soñando no quiero despertar!, déjenme seguir dormido que es mi forma de seguir viviendo en mi mundo donde estoy junto a Ti, suelto las amarras de mi barca las velas al viento, mi viejo corazón capitán de mi corsario grita… “Proa al Mar de Los sueños” navegando llegaré hasta la Isla de mi memoria donde habitan todos tus recuerdos…Lanzaré el ancla de mi ilusión,  descenderé besare las playas soñando que es tu Boca, me quedaré para siempre y seré el eterno náufrago en la isla de los recuerdos.

Para la mujer más bella de este mundo, Adéle Exarchopoulos.”

Autor: Mario -Anónimo.
Comentario del autor: *Simplemente son frases hilvanadas sin la pretensión de ser un Poeta, escritas por mi corazón, con la pequeña ilusión de que quizás alguien de algún país le hiciera llegar a quien va dedicado estas humildes estrofas con Perfume de Nostalgias Color de Tiempo. Gracias!”

Nota de edición: Si el autor desea que se re-edite algún detalle de su texto no tiene más que volvernos a escribir -obviamente desde el mismo email.

Post Invitado: Os lo dije. David Nezan

enero 10, 2017

 “David, autor del blog “De todo un poco”, nos envía el siguiente texto y nos invita a una reflexión:

postinvitado“Todos somos vida, tenemos un 75% de agua al nacer y un 65% en la edad adulta. También estamos formados por Carbono, Nitrógeno, Calcio, Fósforo y otro minerales. El agua la guardamos en las células y también circula por la sangre (ver en detalle).

A medida que nos hacemos mayores, nuestro cuerpo va pasando por los diferentes estados del crecimiento de un ser vivo (nace, crece, se reproduce y muere). Pero nuestra mente se va volviendo compleja, va perfeccionando ese personaje que quiso ser en esta vida.

Como toda creación: crear un cuadro, una figura, un texto, un personaje de videojuego, un dibujo, un hijo, etc. Como cualquier cosa que creemos en esta vida, le cogeremos cariño. Y despegarnos de nuestras creaciones es doloroso.

Nuestra mayor creación en esta vida: “nuestro personaje” es el que desaparece cuando morimos, el resto de nosotros se mezcla con el resto de vida del planeta. Nuestro miedo a la muerte, es, en realidad, miedo a perder lo que hemos creado.

Por eso la gente quiere que se le recuerde: la gente mayor se refugia en sus familiares, los jóvenes en sus amigos y los adolescentes en sus seguidores de Twitter y todos quieren ser como su Youtuber preferido.

¿Porqué no nos conformamos con ser un 65% de agua? En eso, sólo en eso, el resto de los animales nos ganan. Ellos no tienen miedo a la muerte. En cambio, a nosotros la muerte nos produce miedo a vivir. Miedo a arriesgarnos, miedo a hacer y pensar de forma diferente, miedo al qué dirán.

Para vivir como lo que somos, agua y otros minerales, debemos perder todos los miedos.

En eso consiste la vida, en superar todos los miedos, porqué habremos puesto nuestro granito de arena, no en el vecino del quinto, ni en el jefe del trabajo, ni en la cajera del súper. Sino en la vida del planeta Tierra, ese ser vivo, que nos nutre, nos protege, nos acoge y nos da vida, día a día, vida a vida.

Y entre todos los seres vivos, entre todas las vidas vividas y que quedan por venir, seguiremos evolucionando en seres vivos más ricos, más complejos y más sabios.

Nuestro aprendizaje de ahora es el de crecimiento más rápido de la historia, estamos en el mejor momento de nuestra vida en la Tierra, no tenemos depredadores, no tenemos límites (bueno, ahora con Trump, puede que surjan). Hemos evolucionado más en los últimos 50 años que en los 2000 años anteriores. Y no se sabe qué pasará, pero el ser vivo que nos gobierna, la Tierra, está sufriendo cambios por nuestra culpa.

El estrés al que estamos sometiendo a la Tierra, nos ha hecho aprender mucho en poco tiempo.

La pregunta es: ¿Nosotros gobernamos a la Tierra o es la Tierra la que nos gobierna a nosotros? De momento, parece que todo está bajo control, el ser humano es bueno aparentando tranquilidad y seguridad, hay que bailar mientras suene la música. ¿O no es cierto que nadie hizo caso a las predicciones de la burbuja inmobiliaria del 2006? Y hasta que la vivimos no nos dimos cuenta. El ser humano no sabe predecir, si está aprendiendo a predecir el tiempo que hará en cinco días. Eso sí, sí que sabe decir os lo dije.

Mi opinión es que la Tierra hablará como ser vivo que es y yo sí podré decir “os lo dije”. ¿Qué opinas tú?”

Escrito y enviado por: David, es autor del blog “De todo un poco“: http://davidnez.wordpress.com

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