Archive for the ‘Religiones’ Category

Hacer bien. Hacer mal (Dhammapada)

marzo 20, 2017

dhammapadaReleyendo Versos Gemelos… 

“El que actúa mal sufre en este mundo y en el mundo del más allá. “He hecho el mal”, piensa, y sufre, y se acongoja. Y mayor es su dolor cuanto más avanza en el camino errado. 

El devoto que lleva una vida religiosa es feliz en este mundo y en el mundo del más allá. “He hecho el bien”, piensa, y se regocija. Y mayor es su alegría cuanto más avanza en el camino del bien.” 

 

PD: “He hecho el mal- piensa”… Yo lo cambiaría por sabe en su inconsciente y  algunas veces también lo piensa /sabe conscientemente”…

PD2: No válido para mentes psicópatas y perversas… o si? La culpa no funciona con ellos… o si?

PD3: Y qué pasa cuando alguien cree que ha hecho el bien pero, no es así?

Recitadores (Dhammapada)

marzo 15, 2017

dhammapadaReleyendo Versos Gemelos…

“Alguien que recita todos los Textos Sagrados, pero no actúa de acuerdo a ellos, es como un pastor que cuenta las vacas ajenas: no obtendrá los frutos de una Vida de Santidad.

El devoto que sigue los mandamientos de los Textos Sagrados, aunque no recite más que un versículo, si es ecuánime, compasivo, benévolo, carente de odio y sin envidia, ese obtendrá los frutos de una Vida de Santidad.” 

Virgen de Guadalupe, figura arquetípica y principio femenino

diciembre 12, 2016

Diciembre 12

Virgenguadalupe“La Virgen es venerada como madre dispuesta a sacrificarlo todo por sus hijos. Una figura arquetípica y pura, que no solamente convive con los ritos cristianos; sino, también, con las otras culturas, incluso, de otras religiones, tanto occidentales como orientales, cultos paganos y tradiciones aborígenes; porque todas constituyen representaciones del principio femenino que da vida a la realidad.

Dentro de las advocaciones de María bajo la tradición católica, la Virgen de Guadalupe presenta ciertas características que la han llevado a ser reconocida en el mundo, incluso, por los científicos más rigurosos, como un fenómeno sobrenatural que va más allá de toda comprensión humana…

Algunos antropólogos encuentran notables similitudes entre la católica Virgen de Guadalupe y la diosa pagana Tonantzin (“Nuestra Madre” en idioma Nahuatl), adorada por los nativos del lugar en donde la tradición ubica la milagrosa aparición guadalupana: el monte Tepeyac.

Los no creyentes buscan en este dato un dato falso respecto a la Virgen. Sin embargo, no hacen más que confirmar que la figura arquetípica de Madre Universal se ha representado, tanto en el paganismo como en el cristianismo, y es una energía viva y protectora.

Muchos dicen que los cristianos impusieron en otras tierras a la Virgen para contrarrestar el antiguo rito pagano a Isis. Sólo encuentran controversias de este tipo los “estudiosos de la superficie”, pues, en el fondo, llámese como se llame, en el culto o religión que sea, la Madre será siempre modelo virginal, amoroso y protector.

Para los cristianos, la Virgen de Guadalupe ha dado sobradas muestras (sin tener por qué hacerlo) de su origen sobrenatural, no como comprendemos este nombre vulgarmente, sino a través de los planos cósmicos de los cuales nuestra limitada inteligencia no tiene siquiera idea de su existencia…”

Oración a Nuestra Señora de Guadalupe, Patrona de México y Emperatriz de las Américas:

Madre Santísima de Guadalupe.
Madre de Jesús,
condúcenos hacia tu Divino Hijo
por el camino del Evangelio,
para que nuesta vida sea
el cumplimiento generoso
de la voluntad de Dios.
Condúcenos a Jesús,
que se nos manifiesta
y se nos da en la Palabra Revelada
y en el Pan de la Eucaristía.
Dános una fe firme,
una esperanza sobrenatural,
una caridad ardiente
y una fidelidad viva
a nuestra vocación de bautizados.
Ayúdanos a ser agradecidos a Dios,
exigentes con nosotros mismos
y llenos de amor para con nuestros hermanos.
Amén.”

De: Misterios de la Virgen de Guadalupe

Oración para la hora de la decisión. Mahatma Gandhi

septiembre 30, 2016

Octubre 2, 1879 (su natalicio)

“Señor ayúdame a decir la verdad delante de los fuertes y a no decir mentiras para ganarme el aplauso de los débiles.

Si me das fortuna, no me quites la razón. Si me das éxito, no me quites la humildad.

Si me das humildad, no me quites dignidad.

Ayúdame a ver el otro lado de la medalla.

No me dejes inculpar de traición a los demás por no pensar igual que yo.

Enséñame a querer a la gente como a ti mismo y a no juzgarme como a los demás.

No me dejes caer en el orgullo, si triunfo.

Ni en la desesperación si fracaso.

Mas bien recuérdame que el fracaso es la experiencia que precede al triunfo.

Enséñame que perdonar es lo más grande del fuerte y que la venganza es la señal primitiva del débil.

Si me quitas el éxito, déjame fuerza para triunfar del fracaso.

Si yo faltara a la gente dame valor para disculparme y si la gente faltara conmigo dame el valor para perdonar.

Señor si yo me olvido de tí, no te olvides nunca de mí.”

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Los hombres no son islas. Thomas Merton

agosto 25, 2016

Releyendo del archivo/2010…

Thomasmerton“El hombre está dividido contra sí y contra Dios por su egoísmo que lo divide de sus hermanos.

Esta división no puede ser sanada por un amor que se coloca solitario en uno de los dos lados de la hendidura; el amor debe alcanzar ambos lados para poder juntarlos. No podemos amarnos a nosotros mismos si no amamos a los otros; y no podemos amar a otros si no nos amamos a nosotros mismos. Mas un amor egoísta de nosotros mismos nos vuelve incapaces de amar a otros. La dificultad de este mandamiento (“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”) radica en la paradoja de que tendríamos que amarnos inegoístamente porque aun el amor a nosotros mismos es algo que debemos a otros.

Esta verdad nunca es clara mientras presumimos que cada uno de nosotros, individualmente considerado, es el centro del universo. No existimos sólo para nosotros, y únicamente cuando estamos plenamente convencidos de esta verdad comenzamos a amarnos adecuadamente y así también amamos a otros.

¿Qué quiere decir amarnos adecuadamente?

Lo primero, desear vivir, aceptar la vida como un inmenso don y un gran bien, no por lo que ella nos da, sino porque nos capacita para dar a otros. El mundo moderno empieza a descubrir cada vez más que la calidad y la vitalidad de la existencia del hombre dependen de su voluntad secreta de vivir.

Existe dentro de nosotros una fuerza oscura de destrucción, que alguien ha llamado el “instinto de la muerte“. Es algo terriblemente poderoso esta fuerza engendrada por el amor propio frustrado que lucha consigo mismo. Es la fuerza del amor de sí mismo que se ha vuelto aborrecimiento de sí mismo, y que, al adorarse, adora el monstruo en que se consuma.

Es, pues, de importancia suprema que consintamos en vivir para otros y no para nosotros mismos. Cuando hagamos esto, podremos enfrentarnos a nuestras limitaciones y aceptarlas.

Mientras nos adoremos en secreto, nuestras deficiencias seguirán torturándonos con una profanación ostensible. Pero si vivimos para otros, poco a poco descubriremos que nadie cree que somos “dioses”. Comprenderemos que somos humanos, iguales a cualquiera, que tenemos las mismas debilidades y deficiencias, y que estas limitaciones nuestras desempeñan el papel más importante en nuestras vidas, pues por ellas tenemos necesidad de otros y los otros nos necesitan. No todos somos débiles en los mismos puntos; y por eso nos complementamos y nos suplementamos mutuamente, cada uno rellenando el vacío del otro.

Sólo cuando nos vemos en nuestro contenido humano verdadero, como miembros de una raza que está planeada para ser un organismo y un “cuerpo“, empezamos a comprender la importancia positiva, tanto de los éxitos como de los fracasos y de los accidentes de nuestra vida. Mis éxitos no son míos: El camino para ellos fue preparado por otros. El fruto de mis trabajos no es mío: Porque yo estoy preparando el camino para las realizaciones de otros. Ni mis fracasos son míos: Pueden dimanar del fracaso de otros, mas también están compensados por las realizaciones de otros.

Por consiguiente, el significado de mi vida no debe buscarse solamente en la suma total de mis realizaciones. Unicamente puede verse en la integración total de mis éxitos y mis fracasos, junto con los éxitos y fracasos de mi generación, mi sociedad y mi época. Pueden verse, sobre todo, en mi integración dentro del misterio de Cristo.

Eso fue lo que el poeta John Donne comprendió durante una grave enfermedad, al oir que las campanas doblaban por otro. “La Iglesia es Católica, universal -dijo-; luego todos sus actos, todo lo que ella hace, pertenece a todos… ¿Quién no inclina el oído a la campana que en alguna ocasión tañe? Y, ¿quién puede suprimir de ese tañido la verdad de que un pedazo de uno mismo está saliendo de este mundo?”

Todo hombre es un pedazo de mí mismo, porque yo soy parte y miembro de la humanidad. Todo cristiano es parte de mi cuerpo, porque somos miembros de Cristo. Lo que hago, para ellos y con ellos y por ellos lo hago también. Lo que hacen, en mí y por mí y para mí lo hacen. Con todo, cada uno de nosotros permanece responsable de su participación en la vida de todo el cuerpo.

La caridad no puede ser lo que se pretende que sea, si yo no comprendo que mi vida representa mi participación en la vida de un organismo totalmente sobrenatural al que pertenezco.

Unicamente cuando esta verdad ocupa el primer sitio, encajan las otras doctrinas en su contexto adecuado.

La soledad, la humildad, la negación a uno mismo, la acción y la contemplación, los sacramentos, la vida monástica, la familia, la guerra y la paz: Nada de esto tiene sentido sino en relación con la realidad central que es el amor de Dios viviendo y actuando en aquellos a quienes Él ha incorporado en Su Cristo.

Nada, absolutamente nada tiene sentido, si no admitimos, con John Donne, que “los hombres no son islas, independientes entre sí; todo hombre es un pedazo del continente, una parte del todo”.”

Extracto de “Los hombres no son islas”, Thomas Merton.

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