Lecturas de budismo VII: Ajahn Chah

Conocer el Dhamma (vía bosquetheravada.org)

Por Ajahn Chah

La ley de anicca afirma que todas las cosas son impermanentes. Si desean que las cosas sean permanentes, sufrirán. Cuando la impermanencia se muestre se decepcionarán. Aquel que ve que las cosas son naturalmente impermanentes estará tranquilo, no tendrá conflictos. Aquel que desea que las cosas sean permanentes tendrá conflictos, llegando, incluso, a perder el sueño por ello. Esto es ser ignorante de anicca, la impermanencia, la enseñanza del Buda.

Si desean conocer el Dhamma [1] ¿dónde deben mirar? Deben mirar dentro del cuerpo y de la mente. No lo encontrarán en los estantes de una biblioteca. Para ver realmente el Dhamma deben mirar dentro de su propio cuerpo y mente. Sólo existen estas dos cosas. La mente no es visible al ojo físico, debe ser observada con el “ojo de la mente”. Antes de que el Dhamma pueda ser comprendido deben saber dónde mirar. El Dhamma que está en el cuerpo debe ser observado en el cuerpo. ¿Y con qué miramos el cuerpo? Lo miramos con la mente. No encontrarán el Dhamma mirando en ninguna otra parte, porque tanto la felicidad como el sufrimiento surgen aquí mismo. O ¿han visto surgir la felicidad de los árboles, de los ríos o del tiempo? La felicidad y el sufrimiento son sensaciones que surgen en nuestros propios cuerpos y mentes.

Por eso el Buda nos dice que conozcamos el Dhamma aquí mismo. El Dhamma está aquí mismo, debemos mirar aquí mismo. Un maestro puede decirles que miren el Dhamma en los libros, pero si ustedes piensan que ahí es donde el Dhamma realmente está, nunca lo verán. Habiendo visto libros, deben reflexionar acerca de esas enseñanzas interiormente. Entonces podrán comprender el Dhamma. ¿Dónde existe el verdadero Dhamma? Existe aquí mismo en nuestro cuerpo y nuestra mente. Usen la mente para contemplar el cuerpo. Esta es la esencia de la práctica de la contemplación.

Cuando hacemos esto, la sabiduría surge en nuestras mentes. Cuando hay sabiduría en nuestras mentes, donde quiera que miremos hay Dhamma, vemos anicca, dukkha y anatta en todo momento. Anicca significa transitorio. Dukkha, si nos apegamos a las cosas que son transitorias debemos sufrir, porque no son nosotros ni nuestras (anatta) [2]. Pero no vemos esto, siempre vemos las cosas como si fueran nuestro yo o nos pertenecieran.

Esto significa que no ven la verdad de la convención. Deben entender las convenciones. Por ejemplo, todos los que estamos sentados aquí tenemos nombres. ¿Nuestros nombres nacieron con nosotros o nos los fueron asignados después? ¿Comprenden? Esto es convención. ¿Son útiles las convenciones? Por supuesto que son útiles. Por ejemplo, supongamos que hay cuatro hombres: A, B, C y D. Todos ellos deben tener sus nombres individuales por conveniencia para comunicarse y trabajar juntos. Si queremos hablar con el señor A, llamamos al señor A y viene él, no los otros. Esta es la utilidad de las convenciones. Pero cuando investigamos profundamente el asunto vemos que, realmente, no hay nadie allí. Vemos trascendencia. Sólo hay tierra, agua, viento y fuego: los cuatro elementos. Esto es todo lo que hay en nuestro cuerpo.

Pero no lo vemos de esta manera debido al poder de apego de attavadupadana [3]. Si miráramos claramente veríamos que lo que denominamos persona no es gran cosa. La parte sólida es el elemento tierra, la parte líquida es el elemento agua, la parte que sopla aquí y allá es llamada elemento viento, la parte que proporciona calor es llamada elemento fuego. Cuando tierra, agua, viento y fuego están unidos son denominados ser humano. Cuando analizamos las cosas vemos que sólo hay tierra, agua, viento y fuego. ¿Dónde se encuentra la persona? No la hay.

Es por eso que el Buda enseñó que no hay práctica más elevada que ver que “esto no es mi yo y no me pertenece”. Son simples convenciones. Si entendemos todo claramente de esta manera, estaremos en paz. Si comprendemos en el momento presente la verdad de la impermanencia, que las cosas no son nuestro yo ni nuestra pertenencia, cuando estas se desintegren estaremos en paz con ellas, porque, de todos modos, no pertenecen a nadie. Sólo son los elementos tierra, agua, viento y fuego.

Para la gente esto es difícil de ver, pero, aun así, no está más allá de nuestra habilidad. Si podemos verlo encontraremos contento, no tendremos tanta ira, codicia e ilusión. Siempre habrá Dhamma en nuestros corazones. No habrá necesidad de celos ni de rencor, porque todos somos, simplemente, tierra, agua, viento y fuego. No hay nada más que eso. Cuando aceptemos esta verdad veremos la verdad de la enseñanza del Buda.

NOTAS

[1] La enseñanza del Buda, la ley de la naturaleza.

[2] Las tres características de la existencia (ti-lakkhana): anicca, impermanencia; dukkha, insatisfactoriedad, sufrimiento; anatta, no yo, no ego.

[3] Una de las cuatro bases del apego: kamupadana, apego a objetos sensoriales; silabbatupadana, apego a ritos y ceremonias; ditthupadana, apego a puntos de vista; y attavadupadana, apego a la idea del yo.

FUENTE
Fragmento de la charla traducida al inglés como “The Four Noble Truths” ofrecida en el Manjushri Institute en Cumbria, Reino Unido en el año 1977.
Traductor al español: Desconocido
Editó para el Bosque Theravada: Isidatta, 2011
Publicación del Bosque Theravada

Leído en: bosquetheravada.org/component/k2/item/2157?Itemid=2052

Lecturas de budismo VI: Ajahn Chah

Conocer el Dhamma (vía bosquetheravada.org)

Por Ajahn Chah

La ley de anicca afirma que todas las cosas son impermanentes. Si desean que las cosas sean permanentes, sufrirán. Cuando la impermanencia se muestre se decepcionarán. Aquel que ve que las cosas son naturalmente impermanentes estará tranquilo, no tendrá conflictos. Aquel que desea que las cosas sean permanentes tendrá conflictos, llegando, incluso, a perder el sueño por ello. Esto es ser ignorante de anicca, la impermanencia, la enseñanza del Buda.

Si desean conocer el Dhamma [1] ¿dónde deben mirar? Deben mirar dentro del cuerpo y de la mente. No lo encontrarán en los estantes de una biblioteca. Para ver realmente el Dhamma deben mirar dentro de su propio cuerpo y mente. Sólo existen estas dos cosas. La mente no es visible al ojo físico, debe ser observada con el “ojo de la mente”. Antes de que el Dhamma pueda ser comprendido deben saber dónde mirar. El Dhamma que está en el cuerpo debe ser observado en el cuerpo. ¿Y con qué miramos el cuerpo? Lo miramos con la mente. No encontrarán el Dhamma mirando en ninguna otra parte, porque tanto la felicidad como el sufrimiento surgen aquí mismo. O ¿han visto surgir la felicidad de los árboles, de los ríos o del tiempo? La felicidad y el sufrimiento son sensaciones que surgen en nuestros propios cuerpos y mentes.

Por eso el Buda nos dice que conozcamos el Dhamma aquí mismo. El Dhamma está aquí mismo, debemos mirar aquí mismo. Un maestro puede decirles que miren el Dhamma en los libros, pero si ustedes piensan que ahí es donde el Dhamma realmente está, nunca lo verán. Habiendo visto libros, deben reflexionar acerca de esas enseñanzas interiormente. Entonces podrán comprender el Dhamma. ¿Dónde existe el verdadero Dhamma? Existe aquí mismo en nuestro cuerpo y nuestra mente. Usen la mente para contemplar el cuerpo. Esta es la esencia de la práctica de la contemplación.

Cuando hacemos esto, la sabiduría surge en nuestras mentes. Cuando hay sabiduría en nuestras mentes, donde quiera que miremos hay Dhamma, vemos anicca, dukkha y anatta en todo momento. Anicca significa transitorio. Dukkha, si nos apegamos a las cosas que son transitorias debemos sufrir, porque no son nosotros ni nuestras (anatta) [2]. Pero no vemos esto, siempre vemos las cosas como si fueran nuestro yo o nos pertenecieran.

Esto significa que no ven la verdad de la convención. Deben entender las convenciones. Por ejemplo, todos los que estamos sentados aquí tenemos nombres. ¿Nuestros nombres nacieron con nosotros o nos los fueron asignados después? ¿Comprenden? Esto es convención. ¿Son útiles las convenciones? Por supuesto que son útiles. Por ejemplo, supongamos que hay cuatro hombres: A, B, C y D. Todos ellos deben tener sus nombres individuales por conveniencia para comunicarse y trabajar juntos. Si queremos hablar con el señor A, llamamos al señor A y viene él, no los otros. Esta es la utilidad de las convenciones. Pero cuando investigamos profundamente el asunto vemos que, realmente, no hay nadie allí. Vemos trascendencia. Sólo hay tierra, agua, viento y fuego: los cuatro elementos. Esto es todo lo que hay en nuestro cuerpo.

Pero no lo vemos de esta manera debido al poder de apego de attavadupadana [3]. Si miráramos claramente veríamos que lo que denominamos persona no es gran cosa. La parte sólida es el elemento tierra, la parte líquida es el elemento agua, la parte que sopla aquí y allá es llamada elemento viento, la parte que proporciona calor es llamada elemento fuego. Cuando tierra, agua, viento y fuego están unidos son denominados ser humano. Cuando analizamos las cosas vemos que sólo hay tierra, agua, viento y fuego. ¿Dónde se encuentra la persona? No la hay.

Es por eso que el Buda enseñó que no hay práctica más elevada que ver que “esto no es mi yo y no me pertenece”. Son simples convenciones. Si entendemos todo claramente de esta manera, estaremos en paz. Si comprendemos en el momento presente la verdad de la impermanencia, que las cosas no son nuestro yo ni nuestra pertenencia, cuando estas se desintegren estaremos en paz con ellas, porque, de todos modos, no pertenecen a nadie. Sólo son los elementos tierra, agua, viento y fuego.

Para la gente esto es difícil de ver, pero, aun así, no está más allá de nuestra habilidad. Si podemos verlo encontraremos contento, no tendremos tanta ira, codicia e ilusión. Siempre habrá Dhamma en nuestros corazones. No habrá necesidad de celos ni de rencor, porque todos somos, simplemente, tierra, agua, viento y fuego. No hay nada más que eso. Cuando aceptemos esta verdad veremos la verdad de la enseñanza del Buda.

NOTAS

[1] La enseñanza del Buda, la ley de la naturaleza.

[2] Las tres características de la existencia (ti-lakkhana): anicca, impermanencia; dukkha, insatisfactoriedad, sufrimiento; anatta, no yo, no ego.

[3] Una de las cuatro bases del apego: kamupadana, apego a objetos sensoriales; silabbatupadana, apego a ritos y ceremonias; ditthupadana, apego a puntos de vista; y attavadupadana, apego a la idea del yo.

FUENTE
Fragmento de la charla traducida al inglés como “The Four Noble Truths” ofrecida en el Manjushri Institute en Cumbria, Reino Unido en el año 1977.

Traductor al español: Desconocido

Editó para el Bosque Theravada: Isidatta, 2011

Publicación del Bosque Theravada

Leído en: bosquetheravada.org/component/k2/item/2157?Itemid=2052

Lecturas de budismo V: Ajahn Chah

Ven. Tuccho Pothila (vía bosquetheravada.org)

Una plática informal ofrecida en las cercanías del kuti de Ajahn Chah al grupo de personas laicas, durante una tarde de 1978.

Por Ajahn Chah

Hay dos formas de ayudar al Budismo. Una es conocida como amisapuja, ayudar a través de ofrendas materiales. Estos son los cuatro requisitos de comida, vestimenta, morada y medicinas. Esto es ayudar al Budismo dando ofrendas materiales al Sangha de monjes y monjas, permitiéndoles vivir en una comodidad razonable para la práctica del Dharma. Esto nutre la comprensión directa de la enseñanza del Buda y a su vez trae prosperidad continua a la religión Budista.

El Budismo puede ser comparado con un árbol. Un árbol tiene raíces, un tronco, ramas, ramitas y hojas. Todas las hojas y ramas, incluyendo el tronco, dependen de las raíces para absorber los nutrientes del suelo y enviarlos a ellas. De la misma forma en que el árbol depende de sus raíces para sustentarlo, nuestras acciones y nuestras palabras son como ramas y hojas que dependen de ‘la mente’, la raíz, absorbiendo nutrientes, que luego manda al ‘tronco’, ‘ramas’ y ‘hojas’. Estos a su vez dan los frutos: nuestras palabras y acciones. Cualquiera sea el estado en que está la mente, benéfico o perjudicial, expresa esa cualidad hacia fuera a través de nuestras acciones y palabras.

Por ello, la ayuda del Budismo a través de la aplicación práctica de la enseñanza es la clave más importante de ayuda. Por ejemplo, en la ceremonia de determinar los preceptos en días de observancia, el Maestro describe aquellas acciones perjudiciales que deben ser evitadas. Pero si simplemente pasáis por la ceremonia de determinar los preceptos sin reflexionar sobre su significado, el progreso es difícil. Seréis incapaces de encontrar la práctica verdadera. La ayuda real del Budismo debe, por ende, ser hecha a través de patipattipuja, la ‘ofrenda’ de la práctica, cultivando verdadera moderación, concentración y sabiduría. Entonces sabréis de qué se trata el Budismo. Si no comprendéis por la práctica aún no sabréis, incluso si aprendéis todo el Tipitaka.

En los tiempos de Buda había un monje conocido como Tuccho Pothila. Tuccho Pothila era un letrado, completamente versado en las escrituras y los textos. Era tan famoso que era respetado por la gente en todos lados y tenia dieciocho monasterios a su cuidado. Cuando la gente escuchaba el nombre de Tuccho Pothila estaba aterrada y nadie se atrevía a cuestionar nada de lo que enseñaba, tanto respetaban su dominio de las enseñanzas. Tuccho Pothila era uno de los discípulos más instruidos del Buda.

Un día fue a presentar sus respetos al Buda. Mientras estaba presentando sus respetos, el Buda dijo: “¡Ah, hola, Venerable Escritura Vacía!”… ¡Así mismo! Conversaron por un rato hasta fue el tiempo de irse, y entonces, cuando se estaba despidiendo del Buda, éste le dijo: “Oh, ¿yéndose, Venerable Escritura Vacía?

Eso fue todo lo que dijo el Buda. Al llegar: “¡Ah, hola, Venerable Escritura Vacía!” Y cuando era tiempo de irse: “Oh, ¿yéndose, Venerable Escritura Vacía?” El Buda no se explayó sobre ello, esa fue toda la enseñanza que dio. Tuccho Pothila, el maestro eminente estaba perplejo: “¿Por qué dijo eso el Buda? ¿Qué quiso decir?” Pensó y pensó meditando sobre todo lo que había aprendido, hasta que finalmente se dio cuenta… “¡Es verdad! ‘Venerable Escritura Vacía’—un monje que estudia pero que no practica.” Cuando miró dentro de su corazón vio que él no era diferente de la gente laica, en realidad. A lo que ellos aspiraban, él también aspiraba, de lo que disfrutaban, él también disfrutaba. No había un verdadero samana[1] dentro de él, no había una verdadera cualidad profunda capaz de establecerlo firmemente en el Camino Noble y darle la verdadera paz.

Así que decidió practicar. Pero no había donde ir. Todos los maestros en los alrededores eran sus propios estudiantes, ninguno se atrevía a aceptarlo. Generalmente, cuando la gente que se encuentra con su maestro se vuelve tímida y deferente, así que nadie se atrevía a ser su maestro.

Finalmente fue a ver a cierto novicio joven, que era iluminado, y le pidió de practicar bajo su tutela. El novicio dijo: “Sí, puedes practicar conmigo, pero sólo si eres sincero. Si no eres sincero no te aceptaré”. Tuccho Pothila se comprometió a ser estudiante del novicio.

Entonces el novicio le dijo que se pusiera todo su hábito completo. Resulta que había un lodazal turbio cerca. Cuando Tuccho Pothila se había puesto prolijamente todo su hábito completo, que también era caro, el novicio dijo: “Bien, ahora corre dentro de ese lodazal turbio. Si no te digo que pares, no pares. Si no te digo que salgas, no salgas. Bien… ¡corre!

Tuccho Pothila con su hábito pulcro, se metió en el lodazal. El novicio no le dijo que se detuviera hasta que estuvo completamente cubierto de lodo. Finalmente dijo: “puedes parar ahora”… así que se detuvo. “¡Bien, sube ahora!… Y entonces salió.

Esto mostró claramente que Tuccho Pothila había dejado su orgullo. Estaba listo para aceptar la enseñanza. Si no hubiera estado listo para aprender no hubiera corrido dentro del lodazal así, siendo un maestro tan famoso, pero lo hizo. El novicio joven, viendo esto, supo que Tuccho Pothila estaba sinceramente decidido a practicar.

Cuando Tuccho Pothila hubo salido del lodazal, el novicio le dio la enseñanza. Le enseñó a observar los objetos sensoriales, a conocer la mente y a conocer los objetos sensoriales usando el símil de un hombre cazando una lagartija escondida en un montículo de termitas. Si el montículo tuviera seis agujeros, ¿cómo la atraparía? Tendría que sellar cinco de los agujeros y dejar uno abierto. Entonces simplemente tendría que mirar y esperar, vigilando este único agujero. Cuando la lagartija saliera corriendo él podría atraparla.

Observando la mente es así. Cerrando los ojos, los oídos, la nariz, la lengua y el cuerpo, dejamos sólo la mente. “Cerrar” los sentidos significa restringirlos y calmarlos, observando sólo la mente. La meditación es como cazar la lagartija. Usamos sati para notar la respiración. Sati es la cualidad de atención, como al preguntaros: “¿Qué estoy haciendo?” Sampajañña es la consciencia de ‘ahora estoy haciendo esto y esto’. Observamos las inhalaciones y las exhalaciones con sati y sampajañña.

Esta cualidad de atención es algo que surge de la práctica, no es algo que puede ser aprendido de los libros. Conoced los sentimientos que surgen. La mente puede estar bastante inactiva por un momento y luego surge un sentimiento. Sati trabaja en conjunto con estos sentimientos, reuniéndolos. Hay sati, el pensamiento de que ‘Hablaré’, ‘Iré’, ‘Me sentaré’, etc., y luego hay sampajañña, la consciencia de ‘ahora estoy caminando’, ‘me estoy acostando’, ‘estoy experimentando tal y tal estado de ánimo’. Con esas dos cosas, sati y sampajañña, podemos conocer nuestras mentes en el momento presente. Sabremos cómo reacciona la mente ante impresiones sensoriales.

Aquello que es consciente de los objetos sensoriales es llamado ‘mente’. Los objetos sensoriales ‘entran’ en la mente. Por ejemplo, hay un sonido, como la cepilladora eléctrica aquí. Entra por nuestro oído y viaja por dentro hasta la mente, que reconoce que es un sonido de una cepilladora eléctrica. Aquello que reconoce el sonido es llamado ‘mente’.

Ahora bien, esta mente que reconoce el sonido es bastante básica. Es sólo la mente corriente. Quizás surge molestia dentro de éste que reconoce. Debemos además entrenar a ‘él que reconoce’ para que sea ‘él que sabe’ de acuerdo con la verdad—conocido como Buddho. Si no sabemos claramente de acuerdo a la verdad, entonces nos molestamos por sonidos de gente, autos, cepilladoras electrónicas, etc. Esta es sólo la mente ordinaria sin entrenar, reconociendo el sonido con fastidio. Sabe de acuerdo a sus preferencias, no de acuerdo a la verdad. Debemos luego entrenarla para saber con visión y percepción, ñanadassana[2], el poder de la mente refinada, para que conozca al sonido simplemente como un sonido. Si no nos aferramos al sonido no hay molestia. El sonido surge y simplemente lo notamos. Esto es llamado conocer realmente el surgimiento de los objetos sensoriales. Si desarrollamos el Buddho, comprendiendo claramente al sonido como sonido, entonces no nos molesta. Surge de acuerdo a las circunstancias, no es un ser, un individuo, un yo, un ‘nosotros’ o ‘ellos’. Es sólo sonido, la mente lo deja.

Este conocimiento es llamado Buddho, el conocimiento que es claro y penetrante. Con este conocimiento podemos dejar que el sonido sea simplemente sonido. No nos molesta a menos que lo molestemos pensando: “No quiero escuchar ese sonido, es molesto”. El sufrimiento surge por pensar así. Aquí mismo está la causa del sufrimiento, que no sabemos la verdad de ese asunto, no hemos desarrollado aún el Buddho. Aún no somos claros, aún no estamos despiertos, aún no somos conscientes. Esta es la mente cruda, sin entrenar. Esta mente no nos es aún verdaderamente útil.

Por ello el Buddha enseñó que esta mente debe ser entrenada y desarrollada. Debemos desarrollar la mente así como desarrollamos el cuerpo, pero lo hacemos de una forma diferente. Para desarrollar el cuerpo debemos ejercitarlo, corriendo por la mañana y por la tarde, etc. Esto es ejercitar el cuerpo. En consecuencia, el cuerpo se vuelve más ágil, fuerte, los sistemas respiratorio y nervioso se vuelven más eficientes. Para ejercitar la mente no tenemos que moverla por ahí, pero si hacerla parar, hacerla descansar.

Por ejemplo, cuando practicamos meditación tomamos un objeto, como la inhalación y la exhalación, como nuestra base. Esto se vuelve el foco de nuestra atención y reflexión. Notamos la respiración. Notar la respiración significa seguir la respiración con consciencia, notando su ritmo, su ir y venir. Ponemos consciencia en la respiración, siguiendo las inhalaciones y exhalaciones naturales y dejando todo lo demás. Como consecuencia de quedarse en un objeto de consciencia, nuestra mente se vuelve fresca. Si dejamos que la mente piense sobre esto, aquello y lo otro, hay muchos objetos de consciencia, la mente no se unifica, no llega a descansar.

Decir que la mente se detiene significa que se siente como si la mente haya parado, no anda corriendo por aquí y allá. Es como tener un cuchillo filoso. Si usamos el cuchillo para cortar cosas indiscriminadamente, como piedras ladrillos y pasto, nuestro cuchillo pronto se desafilará. Deberíamos usarlo para cortar sólo las cosas para las cuales fue pensado. Nuestra mente es igual. Si dejamos que la mente vaya tras pensamientos y sentimientos que no tienen valor o utilidad, la mente se pone cansada y débil. Si la mente no tiene energía, la sabiduría no surgirá, porque la mente sin energía es la mente sin samadhi.

Si la mente no se ha detenido no podéis ver claramente los objetos sensoriales como son. El conocimiento que la mente es la mente, los objetos sensoriales son meramente objetos, es la raíz de la cual el Budismo ha crecido y se ha desarrollado. Este es el corazón del Budismo.

Debemos cultivar la mente, desarrollarla, entrenándola en calma y percepción. Entrenamos a la mente para tener moderación y sabiduría dejando que la mente se detenga y permitiéndole que surja la sabiduría, conociendo a la mente así como es.

Sabéis, la forma en que somos los seres humanos, las forma en que hacemos las cosas, es igual que la de niños pequeños. Un niño no sabe nada. Para un adulto que observa la conducta de un niño, la forma en que juega y salta, sus acciones no parecen tener ningún propósito. Si nuestra mente no está entrenada, es como la de un niño. Hablamos sin consciencia y actuamos sin sabiduría. Quizás caemos en la ruina o causamos daño incalculable y ni siquiera lo sabemos. Un niño es ignorante, juega como lo hacen los niños. Nuestra mente ignorante es igual.

Así que deberíamos entrenar a esa mente. El Buda enseñó a entrenar la mente, ‘a enseñar a la mente’. Aún si ayudamos al Budismo con los cuatro requisitos, nuestra ayuda todavía es superficial, solo alcanza la ‘corteza’ o la ‘albura’ del árbol. La ayuda verdadera al Budismo debe ser hecha a través de la práctica, en ningún otro lugar, entrenando nuestras acciones, palabras, y pensamientos acordes a las enseñanzas. Esto es mucho más fructífero. Si somos rectos y honestos, poseídos por la moderación y la sabiduría, nuestra práctica traerá prosperidad. No habrá motivo de rencor y hostilidad. Así es como nuestra religión nos enseña.

Si fijamos los preceptos simplemente por tradición, entonces aún si el Maestro enseña la verdad, nuestra práctica será deficiente. Quizás seamos capaces de estudiar las enseñanzas y de repetirlas, pero tenemos que practicarlas si realmente queremos comprender. Si no desarrollamos la práctica, esto quizás sea un obstáculo para nuestro penetrar en el corazón del Budismo, para incontables vidas venideras. No entenderemos la esencia de la religión Budista.

Por eso la práctica es como una llave, la llave de la meditación. Si tenemos la llave correcta en nuestra mano, no importa cuán fuertemente esté cerrada la cerradura, si tomamos la llave y la giramos, la cerradura se abre. Si no tenemos la llave no podemos abrir la cerradura. Nunca sabremos que hay en el cofre.

En realidad hay dos clases de conocimiento. Uno que sabe el Dharma no lo dice simplemente de memoria, dice la verdad. La gente mundana generalmente habla de memoria, y lo que es más, generalmente habla con presunción. Por ejemplo, suponed que hay dos personas que no se han visto por mucho tiempo, quizás hayan ido a vivir a provincias o países diferentes por un tiempo, y entonces un día se encuentran en el tren… “¡Oh, qué sorpresa! ¡Justo estaba pensando en visitarte!”… En realidad no es verdad. Realmente no habían pensado en el otro en absoluto, pero lo dicen así por excitación. Y así se vuelve una mentira. Sí, es mentir por negligencia. Esto es mentir sin saberlo. Es una forma sutil de imperfección, y sucede muy a menudo.

Así que en lo que concierne a la mente, Tuccho Pothila siguió las instrucciones de novicio: inspirar, espirar… atentamente consciente de cada respiración… hasta que vio al mentiroso dentro suyo, el mentir de su propia mente. Vio las imperfecciones mientras aparecían, igual que la lagartija saliendo del montículo de termitas. Las vio y percibió su propia naturaleza tan pronto como surgieron. Notó como en un minuto la mente proyectaba una cosa, y al momento siguiente otra.

Pensar es un sankhata dhamma, algo que es creado o urdido de las condiciones de apoyo. No es asankhata dhamma, lo no condicionado. La mente bien entrenada, una con perfecta consciencia, no proyecta estados mentales. Esta clase de mente penetra en las Nobles Verdades y trasciende toda necesidad de depender de lo externo. Saber las Nobles Verdades es saber la verdad. La mente proliferante intenta evitar esta verdad, diciendo: ‘esto es bueno’ o ‘esto es bello’, pero si hay Buddho en la mente no puede engañarnos más, porque conocemos a la mente como es. La mente no puede crear más estados mentales engañosos, porque está la consciencia clara de que todos los estados mentales son inestables, imperfectos, y una fuente de sufrimiento para él que se aferra a ellos.

Dondequiera que iba, ‘el que sabe’, estaba constantemente en la mente de Tuccho Pothila. Observó las diferentes creaciones y proliferaciones de la mente con comprensión. Vio cómo la mente mentía en tantas formas. Comprendió la esencia de la práctica, viendo que “Esta mente mentirosa es a la que hay que vigilar—ésta es la que nos lleva a los extremos de la felicidad y el sufrimiento, y la que nos hace girar infinitamente en el ciclo del Samsara, con su placer y dolor, bien y mal—todo por ella”. Tuccho Pothila se dio cuenta de la verdad y comprendió la esencia de la práctica, así como un hombre agarra la cola de la lagartija. Vio el funcionamiento de la mente errada.

Para nosotros es lo mismo. Sólo esta mente es importante. Es por eso que hablan de entrenar a la mente. Ahora bien, si la mente es la mente, ¿con qué vamos a entrenarla? Teniendo sati [3] y sampajañña [4] continuamente, seremos capaces de conocer a la mente. Éste, ‘el que sabe’, es un paso más allá de la mente, es aquello que conoce el estado de la mente. La mente es la mente. Aquello que conoce a la mente como simplemente mente es ‘el que sabe’. Está a un paso más allá o adelante de la mente. ‘El que sabe’ está a un paso más allá de la mente, y así es como es capaz de cuidar a la mente, de enseñarle a saber que está bien y que está mal. Al final todo vuelve a esta mente proliferante. Si la mente está atrapada en sus proliferaciones no hay consciencia y la práctica no da fruto.

Así que debemos entrenar a esta mente para escuchar el Dhamma/Dharma, para cultivar el Buddho, la consciencia clara y radiante, aquello que existe por encima y más allá de la mente común y que sabe todo lo que sucede dentro de ella. Por esto meditamos sobre la palabra Buddho, de modo que podamos conocer a la mente más allá de la mente. Sólo observad todos los movimientos de la mente, tanto buenos como malos, hasta que ‘el que sabe’ se dé cuenta de que la mente es simplemente mente, no un yo o una persona. Esto es llamado cittanupassana, ‘Contemplación de la Mente’ [5]. Viendo en esta forma comprenderemos que la mente es Transitoria, Imperfecta y Sin Dueño. Esta mente no nos pertenece.

Podemos resumir así: La mente es aquello que conoce objetos sensoriales; los objetos sensoriales son objetos sensoriales distintos de la mente; el que sabe conoce a ambos, a la mente y a los objetos sensoriales, por lo que son. Debemos usar sati, hasta un gato la tiene cuando se dispone a cazar un ratón. Un perro la tiene cuando le ladra a la gente. Esta es una forma de sati, pero no es sati de acuerdo a Dhamma. Todos tienen sati, pero hay diferentes niveles de ella, así como hay diferentes niveles de mirar las cosas. Es como cuando digo de contemplar el cuerpo, alguna gente dice: “¿Qué hay que contemplar en el cuerpo? Todos pueden verlo. Ya podemos ver kesa, ya podemos ver loma [6]…ya podemos ver el cabello, las uñas, los dientes y la piel. ¿Y qué?

Así es como es la gente. Puede ver el cuerpo, sí, pero su ver es defectuoso, no lo ve con el Buddho, ‘el que sabe’, el que despertó. Solo ve el cuerpo de la forma común, lo ve visualmente. Simplemente ver el cuerpo no es suficiente. Si sólo vemos el cuerpo hay problemas. Debéis ver el cuerpo dentro del cuerpo, entonces las cosas se ven mucho más claras. Sólo viendo el cuerpo sois engañados por él, encantados por su apariencia. Al no ver su Transitoriedad, su Imperfección y su Falta de Dueño, surge kamacchanda [7]. Os fascináis por las formas, sonidos, olores, sabores y sentimientos. Ver de esta forma es ver con el ojo mundano de la carnalidad, haciéndonos amar odiar y discriminar entre agradable y desagradable.

El Buda enseñó que esto no es suficiente. Debéis ver con el ‘ojo de la mente’. Ver el cuerpo dentro del cuerpo. Si realmente miráis dentro del cuerpo… ¡Uf! Es tan repulsivo. Hay cosas de hoy y hay cosas de ayer todas mezcladas allí dentro, no podéis decir qué es qué. Ver en esta forma es mucho más claro que ver con el ojo carnal. Contemplad, mirad con el ojo de la mente, con el ojo de la sabiduría.

La comprensión de la gente difiere de esta manera. Alguna gente no sabe qué hay para contemplar en las Cinco Meditaciones—cabello, vello, uñas, dientes y piel. Dicen que ya pueden ver todas esas cosas, pero sólo pueden verlas con el ojo carnal, con ese ‘ojo loco’ que sólo ve las cosas que quiere ver. Para ver el cuerpo en el cuerpo debéis mirar mucho más claramente que eso.

Esta es la práctica que puede desraizar el aferrarse a los Cinco Khandhas [8]. Desraizar el apego es desraizar el sufrimiento, porque el apego a los Cinco Skandhas es la causa del sufrimiento. Si surge sufrimiento es aquí, en el apego a los Cinco Skandhas. No es que los Cinco Skandhas sean ellos mismos sufrimiento, pero el aferrarse a ellos como si fueran de uno… eso es sufrimiento.

Si veis claramente la verdad de estas cosas es como ajustar el tornillo todo el tiempo. Se pone más y más ajustado hasta que está estrujándonos y sufrís por todo. Cuando sabéis cómo son las cosas entonces destornilláis el tornillo. En el lenguaje de Dhamma llamamos a esto surgimiento de nibbida, desencanto. Os cansáis de las cosas y dejáis la fascinación por ellas. Si desenroscáis de esta forma encontrareis paz.

La causa del sufrimiento es el aferrarse a las cosas. Así que deberíamos deshacernos de la causa, cortar su raíz y no permitirle que cause sufrimiento de nuevo. La gente tiene un solo problema—el problema de aferrarse. Solamente por esta sola cosa las personas se matarían unas a otras. Todos los problemas, sean individuales, familiares o sociales, surgen de esta única raíz. Nadie gana… se matan unos a otros pero al final nadie recibe nada. No sé por qué las personas se siguen matando unas a otras tan inútilmente.

Poder, posesiones, status, alabanza, felicidad y sufrimiento… estos son los dhammas mundanos. Estos dhammas mundanos devoran seres mundanales. Los seres mundanales son llevados de aquí para allá y los dhammas mundanos: ganancia, y pérdida, aplauso y calumnia, status y pérdida de status, felicidad y sufrimiento. Estos dhammas traen problemas, si no reflexionáis sobre su verdadera naturaleza sufriréis. La gente hasta comete asesinatos por amor a la propiedad, el status o el poder. ¿Por qué? Porque se los toman demasiado en serio. Son designados a alguna posición y se les sube a la cabeza, como el hombre que se volvió cacique del pueblo. Después de su nombramiento se puso ‘borracho de poder’. Si alguno de sus viejos amigos venía a verlo él solía decirle: “No pases tan seguido. Las cosas ya no son las mismas”.

El Buda enseñó a comprender la naturaleza de las posesiones, el status, la alabanza y la felicidad. Tomad esas cosas como vengan pero dejadlas ser. No dejáis que os suban a la cabeza. Si no comprendéis realmente estas cosas os engañaréis por vuestro poder, vuestros hijos y parientes… ¡Por todo! Si las comprendéis claramente sabéis que son todas condiciones no permanentes. Si os aferráis a ellas se vuelven impuras.

Todas estas cosas surgen después. Cuando la gente recién nace es simplemente nama y rupa, eso es todo. Mas tarde, nosotros agregamos el asunto de ‘Sr. Pérez’, ‘Srta. González’ o lo que sea. Esto se hace de acuerdo a las convenciones. Aún más tarde están los agregados de ‘Coronel’, ‘General’, etc. Si no entendemos realmente estas cosas pensamos que son reales y las cargamos con nosotros. Cargamos posesiones, status, nombre y rango. Si tenéis poder podéis dar todas las órdenes… “Tomad a éste y ejecutadlo. Tomad a aquel y arrojadlo a la cárcel.”… El Rango da poder. En esta palabra ‘rango’ es donde se agarra el aferrarse. Tan pronto como la gente obtiene un rango, comienza a dar órdenes; bien o mal, sólo actúa de acuerdo a sus humores. Así que continúa cometiendo los mismos errores de costumbre, desviándose más y más lejos del verdadero camino.

Uno que comprende el Dhamma no se comportará así. El bien y el mal han estado en el mundo desde quien sabe cuando… si las posesiones y el status os caen en suerte, entonces dejadlos ser simplemente posesiones y status, no permitáis que se conviertan en vuestra identidad. Solamente usadlas para cumplir con vuestras obligaciones y dejadlo así. Permaneced inalterados. Si hemos meditado sobre estas cosas, no importa lo que nos caiga en suerte, no seremos engañados por ello. Estaremos tranquilos, naturales, constantes. Todo es bastante igual, después de todo.

Así es como Buda quería que comprendamos las cosas. No importa lo que recibáis, la mente no agrega nada a ello. Os nombran concejal… “Bien, así que soy un concejal… pero no lo soy.” Os nombran jefe de grupo… “Seguro que lo soy, ¡pero no lo soy!” Sea lo que fuere lo que os nombren… “Si lo soy, ¡pero no lo soy! Al final, ¿qué somos de todas formas? Todos nos morimos al final. No importan que nombres les hayan dado, al final es todo lo mismo. ¿Qué podéis decir? Si podéis ver las cosas de esta forma tendréis una sólida morada y verdadero contento. Nada ha cambiado.

Esto es no ser engañado por las cosas. Sea lo que sea lo que os caiga en suerte, son sólo condiciones. No hay nada que pueda atraer a una mente como ésta a crear o proliferar, a seducirla a la avaricia, la aversión o ilusión.

Este es un defensor verdadero del Budismo. Estéis entre aquellos que son ayudados (o sea, la Sangha) o aquellos que están ayudando (la gente laica), por favor, considerad esto enteramente. Cultivad Sila-Dhamma [9] en vuestro interior. Esta es la forma más segura de apoyar al Budismo. Apoyar al Budismo con las ofrendas de alimento, morada y medicina también es bueno, pero tales ofrendas sólo llegan a la ‘albura’ del Budismo. Por favor, no olvidéis esto. Un árbol tiene corteza, albura y médula y estas tres partes son interdependientes. La médula debe contar con la corteza y la albura. La albura cuenta con la corteza y la médula. Todos ellos existen en forma interdependiente, así como las enseñanzas de Disciplina Moral, Concentración y Sabiduría [10]. La disciplina moral es afianzar vuestras palabras y acciones en la rectitud. La concentración es fijar firmemente a la mente. La sabiduría es la comprensión total de la naturaleza de todas las condiciones. Estudiad esto, practicad esto, y entenderéis al Budismo en la forma más profunda.

Si no os dais cuenta de estas cosas, seréis engañados por las posesiones, engañados por el rango, engañados por cualquier cosa con que entréis en contacto. Simplemente apoyando al Budismo en la forma externa, no podrán nunca terminar con la pelea, la riña, los resentimientos, la animosidad, el herir y el disparar. Si estas cosas deben cesar debemos reflexionar sobre la naturaleza de las posesiones, el rango, la alabanza, la felicidad y el sufrimiento. Debemos considerar nuestras vidas y ponerlas en armonía con la Enseñanza. Deberíamos reflexionar que todos los seres en el mundo son parte de un todo. Somos como ellos, ellos son como nosotros. Ellos tienen felicidad y sufrimiento así como también los tenemos nosotros. Es todo casi lo mismo. Si reflexionamos de esta forma, surgirán la paz y la comprensión. Esta es la base del Budismo.

[1] Uno que vive consagrado a las prácticas religiosas. El término también es usado para referirse a uno que ha desarrollado, de tales prácticas, una cierta cantidad de virtud, Ajahn Chah generalmente traduce el término como ‘uno que está en paz’.

[2] Ñanadassana: Literalmente, ‘conocimiento y percepción (de las Cuatro Verdades Nobles)’.

[3] Cualidad de la atención.

[4] Sampajañña es la consciencia de ‘ahora estoy haciendo esto y esto’.

[5] Una de las Cuatro Bases de la Atención: Cuerpo, Sentimiento, Mente y Dhamma.

[6] Loma: el pelo del cuerpo [los vellos]; kesa: los cabellos: http://www.forestdhammabooks.com/book/8/London/6.pdf

[7] Deseo sensual. Uno de los Cinco Obstáculos, siendo los otros cuatro: malevolencia, duda, inquietud y preocupación y modorra.

[8] Los Cinco Khandhas o ‘montones’: Forma, sentimiento, percepción, concepción y consciencia.

[9] Sila-Dhamma: La Enseñanza y la Disciplina, otro nombre para la enseñanza del Budismo, pero en el ámbito personal significa ‘virtud y (conocimiento de la) verdad.

[10] Sila, samadhi y pañña.

Fuente: primera impresión, 1992. Trascrito de la primera edición en 1994 por David Savage con los auspicios de DharmaNet Dharma Book Transcription Project con los debidos permisos.

Averiguaciones sobre este libro pueden hacerse con el Abad del monasterio Wat Pah Nanachat, Bahn Bung Wai, Warinchamrab, Ubol Rajathani 34310, Tailandia.

Copyright © 1992 The Sangha, Wat Pah Nanachat
Edición de Access to Insight © 1994

Edición de Bosque Theravada © 2008

Para libre distribución. Esta obra se puede volver a publicar, formatear, imprimir y redistribuir por medio de cualquier soporte, siempre y cuando no sea para los fines lucrativos. Es el deseo del autor, sin embargo, que dicha publicación y distribución sea accesible a todo publico sin restricciones algunas, como también toda traducción u otra obra derivada sea señalada como tal.

Leído en: bosquetheravada.org/component/k2/item/658?Itemid=93

Lecturas de budismo IV: Ajahn Chah

Meditación (vía bosquetheravada.org)

“Sobre la meditación”, es una compilación de extractos de las pláticas de Ajahn Chah, cuya témática se centra en las instrucciones sobre la práctica de la meditación.

Por Ajahn Chah

Para hacer la meditación sentada y la mente pacífica, no necesitas pensar demasiado. Ahora mismo, sólo céntrate en la mente y nada más. No dejes que la mente salga disparando a la izquierda o a la derecha, adelante o atrás, arriba o abajo. Nuestra única tarea ahora mismo es la práctica de la atención consciente en la respiración. Pero primero, fija tu atención en la cabeza y direcciónala hacia abajo a lo largo de todo el cuerpo hasta las puntas de los pies y luego, retórnala hasta la coronilla. Pasa tu conciencia a través del cuerpo, observándolo con sabiduría. Nosotros lo hacemos para obtener la comprensión inicial sobre la forma en que el cuerpo está aquí presente. Entonces, empieza la meditación notando que, en este momento, tu única tarea consiste en observar las inhalaciones y exhalaciones. No fuerces la respiración para que sea más larga o más corta de lo normal, simplemente permite que fluya con facilidad. No pongas presión alguna en la respiración, en vez de eso, más bien permite que fluya de manera pareja, dejándola ir en cada inhalación y exhalación.

Tienes que entender que, mientras la estés dejando ir, así como lo haces, aún debería permanecer la consciencia. Tienes que mantener esta consciencia, permitiendo que la respiración entre y salga confortablemente. No hay necesidad de forzar la respiración: simplemente permite que fluya fácil y naturalmente. Mantén la resolución de no tener otra tarea ni responsabilidad durante este tiempo. Los pensamientos acerca de lo que va a pasar, lo que vas a conocer o ver durante la meditación, pueden surgir de tanto en tanto, pero una vez que aparezcan, simplemente deja que cesen por sí mismos, no te ocupes de ellos en exceso.

Durante la meditación no hay necesidad de prestar atención a nada de lo que surja en la mente. Siempre que la mente esté afectada por algún pensamiento o disposición anímica, dondequiera que surja el sentimiento o la sensación en la mente, simplemente déjala ir. Que estos pensamientos sean buenos o malos, no es importante. No es necesario hacer algo con ellos: sólo déjalos desaparecer y retorna tu atención a la respiración. Mantén la consciencia de la respiración entrando y saliendo, de una manera relajada. No te preocupes si la respiración es demasiado larga o corta. Simplemente obsérvala, sin tratar de controlar o suprimirla de manera alguna. En otras palabras, no te apegues a nada. Permite que la respiración continúe tal cual, y la mente llegará a calmarse. A medida que continúes, la mente gradualmente echará los pensamientos y vendrá a descansar; la respiración se volverá cada vez más liviana, hasta que llegará a ser tan débil que hasta parecerá que no hay más respiración alguna. Tanto el cuerpo como la mente se sentirán livianos y enérgicos. Todo lo que permanezca, será el conocimiento de un sólo punto. Podrás decir, entonces, que la mente había cambiado y alcanzado el estado de calma.

Cuando la mente se agita, re-establece la atención consciente e inhala profundamente hasta no haya espacio para almacenar más aire y, entonces, libéralo todo por completo hasta que no quede nada. Continúa así con otra respiración profunda hasta que tus pulmones se llenen y, entonces, libera el aire otra vez. Hazlo dos o tres veces, después de lo cual, re-establece la concentración. La mente debería estar más calmada. Si algún otro sentido de impresión causase la agitación de la mente, repite el proceso cada vez que sea necesario. Lo mismo pasa con la meditación caminando. Si, mientras caminas, la mente llegue a agitarse, detenla aún, calma la mente, re-establece la consciencia del objeto de la meditación y, luego, continúa caminando. La meditación sentada o caminando, en esencia, son la misma cosa y sólo difieren en términos de la postura corporal que se utiliza.

Algunas veces pueden surgir dudas, por lo cual necesitas tener la atención consciente de ser uno que conoce [1], siguiendo continuamente y examinando la agitada mente en cualquiera de las formas que tome. Esto es lo que significa tener atención consciente. La atención consciente vigila y cuida de la mente. Tienes que sostener este conocimiento y no ser descuidado o tomar el mal camino, sin importar cuál sea el estado que la mente tome.

El truco consiste en tener la consciencia que supervisa la mente. Una vez que la mente esté unificada con la atención consciente, emerge una nueva clase de consciencia. La mente que ha desarrollado la calma se mantiene bajo control por medio de aquella calma, al igual que la gallina se mantiene dentro del gallinero… La gallina es incapaz de vagar afuera, pero sí, puede moverse de un lugar a otro dentro de gallinero. No importa si su caminar es así o asado, porque está dentro de gallinero. De la misma manera, la consciencia que aparece cuando la mente tiene la atención consciente y la calma, no produce molestias. Ningún pensamiento ni sensación que surge dentro de una mente calmada causa daño o alboroto.

Algunas personas no quieren experimentar pensamientos o sensaciones algunos, pero esto no es lo correcto. Las sensaciones surgen dentro del estado de calma. La mente experimenta ambas cosas: las sensaciones y la calma al mismo tiempo, sin que esto la alborote. Cuando hay calma como ésta, no hay consecuencias dañinas. El problema surge cuando “la gallina” sale del “gallinero”. Por el momento puedes estar observando la respiración entrando y saliendo, y entonces, olvidarte de ti mismo, permitiendo que la mente se aleje de la respiración: vuelve a casa, desde las tiendas o desde las diferentes clases de lugares. Quizá, hasta podría pasar una media hora antes de que te percatases repentinamente que estabas suponiendo hacer la meditación y pensases: “oh, pero ¿qué es lo que estoy haciendo?”. Es allí donde tienes que estar especialmente cuidadoso, porque es ahí donde la gallina se sale del gallinero: la mente deja su fundamento de la calma.

Tienes que tener cuidado de mantener la consciencia con la atención y tratar de empujar la mente de vuelta. Aunque usé la expresión “empujar la mente de vuelta”, en realidad la mente no se va a ningún lado. Solamente cambia el objeto de la consciencia. Tienes que hacer que la mente esté justo aquí y ahora. Todo el tiempo que esto sucede, la atención consciente va a estar presente en la mente. Esto se parece a empujar la mente de vuelta pero, en realidad, la misma no se va a ninguna parte, simplemente cambia un poco. Parece como si la mente caminase de ahí para allá, pero de hecho el cambio ocurre en el mismo lugar. Entonces, cuando la atención consciente se re-establece, vuelve instantáneamente. No es que viene de algún lugar; entiende esto: está justo aquí.

Cuando el conocimiento es total y la consciencia es continua e interrumpida en cada momento, esto se llama la presencia de la mente. Si tu atención se desvía de la respiración hacia otros lugares, entonces el conocimiento se interrumpe. Mientras esté la consciencia de la respiración, también está la mente allí. Tan sólo con la respiración y esta constante y continua consciencia, tienes la presencia de la mente.

Tienen que estar ambas: la atención consciente (sati) y la clara comprensión (sampajanna). La atención consciente es el recordamiento y la clara compresión, la auto-consciencia. Inmediatamente, estás consciente de la respiración. Este ejercicio de observar la respiración ayuda a la atención consciente y la clara comprensión a desarrollarse en conjunto. Ellas comparten el mismo trabajo. Tener tanto la atención consciente como la clara comprensión, es como tener a dos obreros para levantar un pesado tronco de un árbol. Imagina a dos hombres que tratan de levantar algún tronco, cuyo peso, sin embargo, es para ellos excesivo. Entonces, otra persona de buena voluntad les mira y se da prisa para ayudarles. De la misma manera, cuando hay la atención consciente y la clara comprensión, surge la sabiduría en este mismo lugar, para ayudar a ambas. Entonces, las tres en conjunto se apoyan mutuamente.

Con la sabiduría habrá la comprensión de los objetos sensoriales. Por el momento, durante la meditación los objetos sensoriales se experimentan dando lugar a sensaciones y estados de ánimo. Podrías empezar a pensar sobre un amigo, pero entonces la sabiduría inmediatamente te estaría diciendo: “esto no importa”, “detente” u “olvídalo”. O, si por ahí aparecen pensamientos sobre dónde vas a ir mañana, la respuesta hubiese sido: “esto no me interesa, no quiero ocuparme en semejantes cosas”. Quizá, empiezas a pensar acerca de las otras personas, entonces, deberías pensar: “no, no quiero involucrarme con esto”. “Salgamos de aquí” o “esto es algo incierto, una cosa insegura”. Ésta es la manera, en la cual deberías lidiar con las cosas durante la meditación: reconociéndolas como “no seguro, incierto” y manteniendo esta clase de consciencia.

Tienes que abandonar todos los pensamientos, el diálogo interior y la incertidumbre. No dejes cautivarte por esas cosas durante la meditación. Al final, todo lo que queda en la mente en su forma más pura, son la atención consciente, la clara comprensión y la sabiduría. Cuando estas cosas flaquean, surgen las dudas, pero trata de abandonar estas dudas inmediatamente, dejando sólo la atención consciente, la clara comprensión y la sabiduría. Trata de desarrollar la atención consciente de esta manera hasta que puedas mantenerla todo el tiempo. Entonces, comprenderás la atención consciente, la clara comprensión y la meditación, completamente.

Enfocando tu atención hacia este punto, vas a ver la atención consciente, la clara comprensión, la mente concentrada y la sabiduría todas juntas. Seas atraído o repelido por los objetos sensoriales externos, vas a ser capaz de decirte a ti mismo: “esto no es seguro”. De cualquier manera, estos sólo son impedimentos que deben ser barridos afuera, hasta que la mente quede pura. Todo lo que debe quedar es la atención consciente y el recordamiento, la clara comprensión y la consciencia, la concentración -una mente firme e inamovible, y la completa sabiduría. Por el momento, voy a decir sólo esto acerca del objeto de la meditación.

NOTA:

[1] Es la traducción literal de una expresión común dentro de la Tradición Tailandesa del Bosque “Poo Roo”, que se refiere a la cualidad de la consciencia de uno mismo.

FUENTE:

AJAHN CHAH (2010) On Meditation: Instructions from talks by Ajahn Chah. Ubon Rachatani, The Sangha of Wat Pah Nanachat.

Traducido y publicado por Isidatta para el Bosque Theravada © 2010

Edición de Bosque Theravada © 2010

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Leído en: bosquetheravada.org/component/k2/item/1982-meditación

Lecturas de Budismo III: Ajahn Chah 

Nuestro Verdadero Hogar (vía bosquetheravada.org)
 
Una plática ofrecida a una discípula laica, ya mayor que se acercaba a su muerte tomada del libro publicado en inglés con el título “Living Dhamma”.
 
Por Ven. Ajahn Chah
 
Ahora determina en tu mente escuchar con respeto el Dhamma. Mientras estoy hablando, estate tan atenta a mis palabras como si fuera el Señor Buddha el que está sentado frente a ti. Cierra tus ojos y ponte cómoda, calmando tu mente y concentrándola. Permite humildemente a la Triple Gema de la sabiduría, verdad y pureza que habite en tu corazón como una forma de mostrar respeto al Completamente Iluminado.
 
Hoy no te he traído nada de sustancia material para ofrecerte, sólo Dhamma, las enseñanzas del Señor Buddha. Deberás entender que incluso el mismo Buddha, con su gran abundancia de virtud acumulada, no pudo evitar la muerte física. Cuando alcanzó una edad avanzada cedió su cuerpo y abandonó la pesada carga. Ahora tú también debes aprender a estar satisfecha con todos los años que has dependido de tu cuerpo. Deberías sentir que es suficiente.
 
Como utensilios de la casa que has tenido por largo tiempo – tazas, platillos, platos, etc. – cuando recién los tenías estaban limpios y brillantes, pero ahora, después de haberlos usados por tanto tiempo, están empezando a desgastarse. Algunos están rotos ya, algunos han desaparecido, y aquellos que han quedado están desgastándose, no tienen forma estable. Y es su naturaleza ser así. Tu cuerpo es igual… ha estado cambiando continuamente desde el día que has nacido, a través de la niñez y la juventud, hasta ahora que has alcanzado la vejez. Debes aceptar eso. El Buddha dijo que las condiciones, ya sean condiciones internas, corporales o condiciones externas, no son uno mismo, su naturaleza es cambiar. Contempla esta verdad claramente.
 
Este trozo de carne acostado aquí en decadencia es realidad[1]. Los hechos de este cuerpo son realidad, son la enseñanza atemporal del Señor Buddha. El Buddha nos enseñó a contemplar esto y hacer las paces con la naturaleza. Tenemos que ser capaces de estar en paz con el cuerpo, no importa en que estado esté. El Buddha enseñó que deberíamos asegurarnos de que sólo el cuerpo es él que está encerrado en la prisión y de no dejar que la mente sea encerrada junto con él. Ahora bien, mientras tu cuerpo comienza a quebrantarse y a desgarrarse con la edad, no te resistas, pero no dejes que tu mente se deteriore junto con él. Mantén separada a la mente. Da energía a la mente dándote cuenta de la verdad de cómo son las cosas. El Señor Buddha enseñó que ésta es la naturaleza del cuerpo, no puede ser de otra manera. Habiendo nacido envejece y enferma y luego muere. Esta es una gran verdad que estás atestiguando ahora mismo. Mira al cuerpo con sabiduría y date cuenta de eso.
 
Si tu casa se inunda y se incendia hasta la base, cualquiera que sea la amenaza, deja que concierna sólo a la casa. Si hay una inundación, no dejes que inunde tu mente. Si hay fuego, no dejes que queme tu corazón. Deja que sea sólo la casa, aquello que está fuera de ti, lo que se inunda o incendia. Ahora es tiempo de permitir a la mente abandonar los apegos.
 
Has estado viva por un tiempo largo. Tus ojos han visto cualquier cantidad de formas y colores, tus oídos han escuchado tantos sonidos, has tenido cualquier cantidad de experiencias. Y eso es todo lo que han sido – experiencias. Has comido deliciosas comidas, y todos aquellos sabores deliciosos han sido sólo deliciosos sabores, nada más. Los sabores feos han sido sabores feos, eso es todo. Si los ojos ven una forma bella, eso es todo lo que es… una forma bella. Una forma fea es sólo una forma fea. Los oídos escuchan un sonido hechizante, melodioso, y no es nada más que eso. Un sonido chirriante, discordante es simplemente eso.
 
El Buddha dijo que rico o pobre, joven o viejo, humano o animal, ningún ser en este mundo puede mantenerse en un estado único por mucho tiempo. Todo experimenta cambio y privación. Este es un hecho de la vida que no podemos remediar. Pero el Buddha dijo que lo que podemos hacer es contemplar el cuerpo y la mente para ver su impersonalidad, que ninguno de ellos son ‘yo’ o ‘mío’. Sólo tienen una realidad pasajera. Es como esta casa, es sólo nominalmente tuya. No podrás llevártela contigo a ningún lado. Lo mismo se aplica a tu riqueza, tus posesiones y tu familia – son tuyos sólo de nombre. No te pertenecen realmente, pertenecen a la naturaleza.
 
Esta verdad no se aplica a ti sola, todos están en el mismo bote – hasta el Señor Buddha y sus discípulos iluminados. Se diferenciaron de nosotros en un aspecto, y es en su aceptación de las formas en que las cosas son. Vieron que no podría haber otra manera.
 
Así que el Buddha nos enseñó a probar y examinar el cuerpo, desde las plantas de los pies hasta la corona, y luego hasta los pies de nuevo. Sólo mira el cuerpo. ¿Qué clase de cosas ves? ¿Hay algo intrínsecamente limpio allí? ¿Puedes encontrar alguna esencia constante? Todo este cuerpo está degenerándose constantemente. El Buddha nos enseñó a ver que no nos pertenece. Es natural para el cuerpo ser de esa manera, porque todos los fenómenos condicionados están sujetos al cambio. ¿De qué forma quieres que sea? En realidad no hay nada de malo en la forma en que el cuerpo es. No es el cuerpo él que causa sufrimiento, es el pensar errado. Cuando ves las cosas en forma errada, es seguro que habrá confusión.
 
Es como el agua de un río. Naturalmente fluye cuesta abajo, nunca fluye cuesta arriba. Esa es su naturaleza. Si una persona fuera y se parara en la orilla del río y querría que el agua fluyera costa arriba, sería tonto. Dondequiera que fuese su pensar tonto no le permitiría tener paz en la mente. Sufriría debido a su visión errada, a su pensar contra la corriente. Si tuviera la visión correcta vería que el agua debe, inevitablemente, fluir cuesta abajo, y hasta que se diera cuenta y aceptara ese hecho estaría aturdido y frustrado.
 
El río que debe fluir cuesta abajo es como tu cuerpo. Habiendo sido joven tu cuerpo se vuelve viejo y está serpenteando hacia su muerte. No andes deseando que sea de otra forma, no es algo que tienes el poder de remediar. El Buddha nos enseñó a ver la forma en que las cosas son y entonces abandonar nuestro apego a ellas. Toma este sentimiento de abandonar como tu refugio. Continúa meditando aún si te sientes cansada y extenuada. Que tu mente esté con la respiración. Haz unas respiraciones profundas y luego asienta la atención en la respiración, usando la palabra-mantra Bud-dho. Haz continua esta práctica. Cuando más extenuada te sientas, tanto más sutil y enfocada debe ser tu concentración, para que puedas con cualquier sensación dolorosa que surja. Cuando empieces a sentirte fatigada entonces lleva todo tu pensar a un alto, deja que la mente se concentre y luego vuelve a reconocer la respiración. Sólo mantén la recitación interna, Bud-dho, Bud-dho.
 
Abandona todo lo externo. No andes aferrándote a pensamientos de tus hijos y parientes, no te aferres a nada. Abandona. Deja que la mente se una en un solo punto y deja que esa mente sosegada permanezca con la respiración. Deja que la respiración sea tu único objeto de conocimiento. Concéntrate hasta que la mente se vuelve cada vez más sutil, hasta que los sentimientos sean insignificantes y haya gran claridad interna y vigilancia. Entonces, cualquier sensación dolorosa que surja cesará gradualmente por su propia cuenta.
 
Finalmente considerarás a la respiración como si fueran algunos parientes que vienen a visitarte. Cuando los parientes se van los sigues afuera pare despedirlos. Miras hasta que han salido del camino de entrada y están fuera de la vista, y entonces vuelves adentro. Miramos a la respiración de la misma forma. Si la respiración es tosca sabemos que es tosca, si es sutil sabemos que es sutil. A medida que se vuelve cada vez más tenue continuamos siguiéndola, al mismo tiempo despertando a la mente. Por último la respiración desaparece completamente y todo lo que queda es la sensación de alerta. Esto se llama encontrar a Buddha. Tenemos la consciencia clara y despierta llamada Bud-dho, él que sabe, él que despertó, él radiante. Esto es encontrar y habitar con Buddha, con conocimiento y claridad. Fue sólo el Buddha histórico él que falleció. El verdadero Buddha, el Buddha que es saber claro y radiante, aún puede ser vivido y alcanzado hoy. Y si lo alcanzamos, el corazón es uno.
 
Entonces abandona, suelta todo, todo excepto el saber. No te engañes si surgen visiones o sonidos en tu mente durante la meditación. Déjalos todos. No te aferres a nada en absoluto, sólo quédate con esta cautela. No te preocupes por el pasado o el futuro, sólo estate quieta y alcanzarás el lugar donde no hay avance, no hay retirada y no hay parada, donde no hay nada a que aferrarse o que asir. ¿Por qué? Porque no hay ‘yo’, no hay ‘yo’ o ‘mío’. Todo eso se ha ido. El Buddha enseñó a vaciarte a ti misma de todo de esta manera, no de llevar algo contigo… saber, y habiendo sabido, soltar.
 
Comprender Dhamma, el camino a la libertad del ciclo de nacimiento y muerte, es una tarea que todos debemos realizar solos. Así que continúa intentando abandonar y comprende las enseñanzas. Esfuérzate en tu contemplación. No te preocupes por tu familia. Ahora son como son, en el futuro serán como tú. No hay nadie en el mundo que pueda escapar este destino. El Buddha enseñó a dejar aquellas cosas que no tienen una esencia realmente constante. Si dejas todo verás la verdad, si no lo haces, no la verás. Así es como es. Y es igual para todos en el mundo. Entonces, no te aferres a nada.
 
Aún si te encontraras pensando, bueno, eso también está bien, mientras pienses sabiamente. No pienses tontamente. Si piensas en tus hijos, piensa en ellos con sabiduría, no con estupidez. A lo que la mente se dirige, piensa en ello con sabiduría, sé consciente de su naturaleza. Saber algo con sabiduría es abandonarlo y no tener sufrimiento por ello. La mente es brillante, alegre, y está en paz. Se aleja de distracciones y está indivisa. Con lo que puedes contar ahora mismo como ayuda y apoyo es tu respiración.
 
Este es tu propio trabajo, y de nadie más. Deja a otros hacer sus propios trabajos. Tienes tu propio deber y responsabilidad, no necesitas asumir los de tu familia. No asumas nada más, deja ir todo. Este dejar todo hará calma a tu mente. Tu única responsabilidad ahora mismo es enfocar tu mente y llevarla a la paz. Deja todo lo demás a los otros. Formas, sonidos, olores y gustos… deja que los otros los observen. Deja todo atrás y haz tu propia labor, cumple tu propia responsabilidad. Lo que surja en tu mente, sea miedo al dolor, miedo a la muerte, ansiedad por otros, o lo que sea, dile: “No me estorbes. Ya no me conciernes más”. Continúa diciendo esto a ti misma cuando ves surgir estos dhammas.
 
¿A qué se refiera la palabra dhamma? Todo es dhamma, no hay nada que no sea dhamma. ¿Y qué del ‘mundo’? El mundo es el mismo estado mental que te está agobiando en este momento. “¿Qué harán? Cuando me haya ido, ¿quién cuidará de ellos? ¿Cómo se las arreglarán?” Esto es todo solamente el ‘mundo’. Incluso el simple surgir de un pensamiento temiendo la muerte o el dolor es el mundo. ¡Tira al mundo! El mundo es como es. Si le permites que domine tu mente, ésta se vuelve turbia y no puede ver por sí misma. Así que sea lo que sea que aparezca en la mente, sólo dile: “No es mi asunto. Es impermanente, insatisfactorio y no-yo.”
 
Pensar que quisieras seguir viviendo por mucho tiempo te hará sufrir. Pero pensar que quisieras morir enseguida o rápidamente no es correcto tampoco. Es sufrimiento, ¿no es cierto? Las condiciones no nos pertenecen, siguen sus propias leyes naturales. No puedes hacer nada respecto a la forma en que el cuerpo es. Puedes embellecerlo un poco, hacerlo atractivo y limpio por un momento, como las jovencitas que pintan sus labios y dejan crecer sus uñas, pero cuando la vejez llega, todos están en el mismo predicamento. Así es como es el cuerpo, no puedes hacerlo de otra forma. Lo que puedes mejorar y embellecer es la mente.
 
Cualquiera puede construir una casa de madera y ladrillos, pero el Buddha enseñó que esa clase de hogar no es nuestro verdadero hogar, sólo es nominalmente nuestro. Es un hogar en el mundo y sigue las maneras del mundo. Nuestro hogar real es la paz interior. Un hogar externo, material, bien puede ser bonito pero no es muy tranquilo. Existe esta preocupación y luego aquella, esta ansiedad y luego aquella. Así que decimos que no es nuestro verdadero hogar, está fuera de nosotros. Más tarde o más temprano tendremos que abandonarlo. No es un lugar donde podemos vivir permanentemente porque no nos pertenece realmente, pertenece al mundo. Nuestro cuerpo es igual. Lo tomamos como un yo, como ‘yo’ o ‘mío’, pero en realidad no es así en absoluto, es otro hogar mundano. Tu cuerpo ha seguido su curso natural desde el nacimiento, hasta ahora que está viejo y enfermo, y no puedes prohibirle que lo haga. Es así como es. Desear que sea diferente sería tan tonto como querer que un pato sea como un pollo. Cuando ves que eso es imposible – que un pato tiene que ser un pato y un pollo tiene que ser un pollo, y que los cuerpos tienen que envejecer y morir – encontrarás coraje y energía. No importa cuanto desees que el cuerpo siga durando, no lo hará.
 

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