Posts Tagged ‘Ciencia’

Sobre la ciencia y el uso del saber científico

noviembre 10, 2015

Noviembre 10, Día Mundial de la Ciencia para la Paz y el Desarrollo.

“Declaración sobre la ciencia y el uso del saber científico”.

Adoptada por la Conferencia Mundial sobre la Ciencia, el 1 de julio 1999.

Preámbulo.

unescociencia

 

1. Todos vivimos en el mismo planeta y formamos parte de la biosfera. Reconocemos ahora que nos encontramos en una situación de INTERDEPENDENCIA creciente y que nuestro futuro es indisociable de la preservación de los sistemas de sustentación de la vida en el planeta y de la supervivencia de todas las formas de vida. Los países y los científicos del mundo deben tener conciencia de la necesidad apremiante de UTILIZAR RESPONSABLEMENTE EL SABER de todos los campos de la ciencia para satisfacer las necesidades y aspiraciones del ser humano sin emplearlo de manera incorrecta. …”

Preámbulo
1. La ciencia al servicio del conocimiento; el conocimiento al servicio del progreso
2. La ciencia al servicio de la paz
3. La ciencia al servicio del desarrollo
4. La ciencia en la sociedad y la ciencia para la sociedad

Pueden leerla completa en:
http://www.unesco.org/science/wcs/esp/declaracion_s.htm

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De los números y su historia. Isaac Asimov

junio 24, 2014

Lecturas…

“… Pero le llevó al hombre cerca de cinco mil años, a partir del comienzo de los símbolos numéricos, concebir un símbolo que representa la nada. No se sabe quién fue el hombre que lo logró, sin duda uno de los pensadores más creativos y originales de la historia. Sólo sabemos que fue un hindú que vivió no después del siglo noveno. Los hindúes denominaron a este símbolo sunya sunya, que quiere decir “vacío“. Este símbolo de la nada fue recogido por los árabes, quienes lo denominaron céfer céfer, que en su idioma quería decir “vacío”. Esta palabra dio origen en inglés: “cipher” y “zero“. (Esta última por intermedio de zefirum zefirum.) 6 Con mucha lentitud el nuevo sistema de números (denominados “arábigos” porque los europeos los aprendieron de los árabes) llegó a Occidente y reemplazó al sistema romano.

Debido a que los números arábigos provenían de países que no usaban el alfabeto romano, las formas de los números no se parecían en nada a las letras del alfabeto romano, y esto también era ventajoso. Terminó con la confusión entre las letras y los números, y redujo la gematría, ocupación cotidiana que podía practicar cualquiera que supiese leer, a una tontería molesta por la que muy pocos podrían preocuparse.  

Los números arábigos como los usamos ahora son, por supuesto, 1, 2,3,4,5,6,7,8,9 y el importantísimo 0. Tanta es nuestra confianza en estos números (que son aceptados internacionalmente) que ni siquiera somos conscientes del grado hasta el cual dependemos de ellos.

Por ejemplo, si este capítulo le ha parecido un tanto raro, tal vez se deba a que deliberadamente evité emplear números arábigos en todo su desarrollo. Todos sabemos la gran simplicidad que los números arábigos han traído al cálculo aritmético. La carga innecesaria de que han liberado a la mente humana, debido a la presencia del cero, es simplemente incalculable. Este hecho tampoco ha pasado inadvertido en el idioma.

La importancia del cero se refleja en el hecho de que una de las acepciones (si bien algo arcaica) de la palabra cifra es “suma y compendio” 7 . Y cuando interpretamos un código decimos que lo desciframos“.

Además de la mayor facilidad de cálculo que permiten los números arábigos, cuando se los compara con cualquier otro sistema que haya inventado el hombre, está su compactibilidad. Imaginen toda la información numérica de la tabla que damos aquí traducida a números romanos (o de cualquier otra clase). Resultaría una masa voluminosa que sólo tendría sentido para un experto.

Por ejemplo, nada más que por el número de cifras, es evidente que el número 12.000 es más grande que el 787. Esto no se puede hacer en ningún otro sistema de numeración.

Por ejemplo, de los dos números XVIII y XL, el que tiene dos símbolos es más de dos veces mayor que el que tiene cinco símbolos.  …”

De: De los números y su historia. Cap.: Los números y la numeración. La nada cuenta.  Isaac Asimov

Relacionado: Maneras de numerar: Huevos por docena, tantos por score.

Maneras de numerar: Huevos por docena, tantos por score.

junio 22, 2014

Lecturas…

N-romanos“… Aunque nuestro sistema familiar de numeración está basado en el 10 y en las potencias del 10, los números romanos están basados en el 5 y en el 10, con símbolos especiales para el 1, 5,10, 50,100, 500 y 1.000.

Obviamente esto proviene de que tenemos cinco dedos en cada mano y diez dedos en total. En una sociedad de individuos descalzos no sería necesario un salto intelectual para decidirse a fundar un sistema de numeración basado en el número 20.

N-arabigosLos mayas de la América Central contaban por decenas y veintenas y tenían símbolos especiales para el 20, para el 400 (202 ), el 8.000 (203 ), el 160.000 (204 ), etcétera.

Aunque en la tradición occidental no existe ningún sistema de numeración vigesimal (por veintenas), en el idioma inglés todavía se cuenta por veintenas (“scores“) y se dice “cuatro veintenas y  siete” (four score and seven) para indicar 87. Esto de contar por veintenas se hizo tan común que la palabra score significa universalmente el número de tantos en un juego.

Docena1También se emplean los sistemas duodecimales, por lo menos en el lenguaje hablado aunque no en los símbolos, debido a que el 12 se puede dividir exactamente por 2, 3, 4 y 6. Así es como hablamos de docenas y de gruesas; una gruesa es una docena de docenas, o sea 144.

En este sentido, los antiguos sumerios empleaban un sistema sexagesimal (basado en el número 60), y todavía hoy tenemos 60 segundos en el minuto y 60 minutos en la hora. …”

De: De los números y su historia, Isaac Asimov. 

10 razones para negar algunas creencias (via La ciencia y sus demonios)

mayo 31, 2013

De blog en blog…

Varias entradas que nos ofrecen “10 razones para negar la creencia en…” siendo que “La primera gran virtud del hombre fue la duda y el primer gran defecto la fe (Carl Sagan)” y que “La ciencia es así de poco rotunda; para obtener verdades más absolutas, es mejor abrazar la religión o la astrología.”  

Ciencia-pseudo

10 razones para no creer en el «Diluvio Universal»

“Ciertas corrientes de literalistas bíblicos creen ciegamente y pretenden que sea enseñado en las clases de ciencia de las escuelas el que un diluvio cubrió la totalidad de tierras emergidas del planeta hace unos 4.000 años, acabando con toda la vida animal que no fue transportada en un barco de madera de reducidas dimensiones.

¿Existen razones de peso para dudar de esta afirmación? Sólamente existe una regla para este juego: no se permite recurrir a ningún proceso sobrenatural para explicar un problema. Recordemos que se pretende mostrar el fenómeno como algo “explicable” científicamente.

Veamos las diez principales razones para dudarlo que han sido ofrecidas por los lectores de “La ciencia y sus demonios”:

1.- El problema de conservar una sola pareja. Indudablemente, no podría preservarse la biodiversidad del planeta mediante una única pareja de cada especie. Los problemas de consanguinidad y el cuello evolutivo que supone lo harían inviable.

2.- Alimentación de los animales. La cantidad de alimento necesario para mantener durante un año a un número tan elevado de animales superaría con creces el espacio disponible. A esto habría que sumarle los requerimientos especiales de muchos de ellos, incluyendo una gran cantidad de animales vivos para los carnívoros predadores.

3.- Desplazamientos de los animales. Es impensable como pudo llegar una pareja, y solamente una pareja, de animales desde todos los rincones del planeta hasta la ubicación del arca. Igualmente, no resulta creible como se pudo recolonizar toda la Tierra desde el punto de desembarco en el monte Ararat.

4.- Las plantas no pudieron sobrevivir al número de días que estuvieron bajo las aguas. Según la mitología del diluvio, Noé solamente llevó animales en el arca. Es completamente imposible que las plantas sobrevivieran a un año de inundación. Tras el diluvio, se hubiera perdido la producción primaria del planeta, a excepción del fitoplancton.

5.- Noé no pudo saber si el diluvio era universal o local. No pudo recorrer todo el planeta en el arca.

6.- La cantidad de agua. No hay agua disponible en el planeta para generar una inundación que cubra la totalidad de tierras emergidas. De igual forma, no hay lugar donde pueda “retirarse” tal cantidad de agua tras el diluvio.

7.- ¿Agua dulce o salada? Si el agua era dulce, mataría a los organismos marinos por descompensación osmótica. Si era salada, morirían los de agua dulce y además,  ¿dónde están los tremendos depósitos salados que debería haber?

8.- Problemas de construcción del arca. Es imposible que seis personas construyeran un arca de la magnitud descrita en la Biblia en un plazo tan corto. Los problemas de materia prima, transporte y tiempo lo hacen inviable.

9.- Recuperación de ecosistemas. Tras una catástrofe de tal magnitud, los ecosistemas se hubieran tenido que recuperar (sin productores primarios) a una velocidad inusitada como para que las parejas desembarcadas pudieran sobrevivir.
10.- Ingeniería naval. El arca, por su diseño, tiene serios problemas de flotabilidad y navegación. Difícilmente hubiera podido soportar ni siquiera la inicial “subida de las aguas”.”

Otros artículos disponibles:

10 razones para no creer en la «Homeopatía» 

10 razones para no creer en la «Energía Piramidal» 

10 razones para no creer en la «Quiromancia»

10 razones para no creer en la «Ciencia de la Creación»

10 razones para no creer en la «Astrología»

10 razones para no creer en que «los extraterrestres nos visitan»

10 razones para no creer en el «par biomagnético»

10 razones para no creer en «El Mal de Ojo»

10 razones para no creer en la «Numerología»  

Leído en: Blog La ciencia y sus demonios 

Antes, en este blog:
Razonar, inferir, concluir, deducir 
Des-acierto del horóscopo  
Intrusismo Profesional y Medicinas y Psicologías ‘Alternativas’… 
Manifiesto: ¿Por qué somos escépticos?  

PD: Sin embargo, no sólo de ciencia vivimos…

Sueños de ciencia (via Unesco Courier)

julio 11, 2012

Si andan con tiempo para leer…

Por MICHAL MEYER*

“Por el poder que confiere a quienes la producen y logran explotar sus efectos, la ciencia no cesa de alimentar la esperanza de planificar y organizar la evolución de la humanidad hacia un estadio superior. A cambio, a menudo, de peligrosos extravíos.  

Apenas escapa del laboratorio, el monstruo creado por Víctor Frankenstein es presa de una locura asesina y destructora. Sin embargo, esa criatura es también capaz de hacer el bien: ávido de amistad y amor, socorre a una familia en apuros. El célebre relato de Mary Shelley 1 es, al menos en parte, la historia de una responsabilidad no asumida. Frankenstein, el científico, sueña con “verter un torrente de luz sobre un mundo oscuro”, pero elude toda responsabilidad moral respecto de su creación, a la que abandona con la esperanza de olvidar lo que ha hecho. Este tema dará nacimiento a una larga lista de sabios locos hollywoodienses que buscarán el poder sin asumir las responsabilidades.

La ciencia, al igual que la tecnología, otorga poder sobre el mundo y, cada vez más, poder sobre nuestro ser biológico. La combinación de ciencia y humanismo aspira a poner la ciencia al servicio del mejoramiento de la humanidad. Sin embargo, tendemos a olvidar que recurrir a la ciencia con la esperanza de mejorar el mundo es un proyecto tan antiguo como la ciencia misma. El modo en que usamos hoy la ciencia plantea cuestiones de significado, de valores y de responsabilidad.”

MICHAL MEYER*  

“La ciencia y la definición de lo humano

Tomemos el caso del transhumanismo, que se preocupa más por el perfeccionamiento individual que por el progreso social. Centrado en el porvenir, depende de tecnologías tan nuevas que están confinadas a las páginas de las novelas de ciencia ficción. Su objetivo último es trascender los límites biológicos del hombre para lograr la inmortalidad por medio de la tecnología.

Aunque el origen del transhumanismo está en la cibernética de la postguerra mundial, las nanotecnologías y la ingeniería genética, su esencia se remonta a la búsqueda de la piedra filosofal, que se pensaba aportaría la cuasi-inmortalidad a los astutos alquimistas que lograran descubrirla.

El transhumanismo abarca desde el realismo más inmediato hasta las ficciones futuristas, de la terapia con células madre hasta la transferencia de la conciencia humana a máquinas, al punto de convertirse en un extraño híbrido religioso.

Uno de sus defensores, el británico Max More, lo define como el concepto integrador de una corriente de pensamiento que se niega a aceptar deficiencias humanas, tales como la enfermedad y la muerte.  

Podemos citar ejemplos más antiguos que también otorgaron a la ciencia el poder de influir en la definición misma de lo humano. En la segunda mitad del siglo XIX, las novelas de anticipación de Julio Verne 2 describían una ciencia rotundamente progresista, capaz de creaciones tan maravillosas como los submarinos o las naves   espaciales con destino a la Luna. La ciencia deslumbraba la imaginación y profesaba una fe universal en el progreso humano, tanto moral como material.

Pero a fines del siglo XIX se advirtió que la ciencia tenía un lado más oscuro. En Estados Unidos, una mezcla de temores culturales –debido a una inmigración galopante y a ciudades convertidas en   focos de depravación y decadencia– sumados a los conocimientos científicos del momento dieron lugar a la eugenesia. El objetivo de los eugenistas era poner la ciencia al servicio del mejoramiento de la “raza” humana.

Este sueño tuvo su momento de gloria y fue compartido por grandes humanistas científicos, como H. G. Wells, 3 preocupados por la inmortalidad de la especie. Sin embargo, algunos esfuerzos para purificar al hombre de sus caracteres “negativos” equivalían a tratarlo como a ganado. En Estados Unidos y el Reino Unido, la eugenesia fue a menudo una ideología de clase y de privilegio que consideraba a las clases medias y superiores como biológicamente superiores a las demás.

Retrato del científico perfecto

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