Halloween: El origen de la calabaza: la leyenda de Jack Lantern

En los útimos años, esta celebración va siendo adoptada entre nosotros (Buenos Aires, Argentina); las vidrieras se llenan de sus íconos; como la calabaza la cual, a su vez, no es un símbolo originario de esta fecha, primitivamente Fiesta de Samhain. Por mi parte, es la primera vez que leo la siguiente historia…

Calabaza03“Cuenta dicha historia que  hace muchos años, una noche del 31 de Octubre un hombre irlandés astuto y tramposo, llamado Jack, estaba emborrachándose en una cantina; allí se topó con Lucifer y  haciendo gala de su fama de pendenciero y tacaño quiso demostrar a todos su ingenio queriendo engañar al mismo diablo  ofreciéndole su alma a cambio de que le pagase el último trago.

El diablo aceptó y para pagar, se transformó en una moneda. Antes  de que el tabernero pudiese cogerla Jack se  la arrebató y la guardó en su monedero donde tenía grabada una cruz, quedando el diablo atrapado incapaz de poder volver a su forma original. Jack puso como condición a su libertad la promesa de renunciar a poseer su alma durante los próximos 10 años. El diablo ante esa tesitura, no tuvo más remedio que  aceptar y concederle su reclamación.

Calabaza02Pasado el plazo, el diablo volvió en su busca reuniéndose con él  en medio del campo. Jack viendo cerca su final  se dispuso a tenderle de nuevo una trampa.

-Antes de partir contigo, me gustaría que me concedieses un último deseo -dijo- es simple, tan solo quisiera poder saborear una manzana de aquél árbol.

El diablo sonrió ante la petición, la cual le pareció algo estúpida y se prestó a concederle su último deseo. De un brinco subió hasta lo alto, mientras que Jack audaz,  aprovechó para dibujar rápidamente una cruz en el tronco. De esta manera el diablo no pudo bajar y tuvo que volver  a prometer que liberaría su alma pero esta vez para siempre.

El alma en pena de Jack

Jack murió unos años más tarde; cuando pretendió cruzar las puertas del cielo, se las cerraron por golfo, borracho y estafador, entonces se encaminó hacia el infierno donde el diablo le estaba esperando.

-No tengo adónde ir – exclamó Jack-,  a lo que el diablo le contestó: – Vuelve por donde has venido ¿no recuerdas la promesa de no poseer jamás tu alma?

El camino entre las tinieblas era oscuro y terrible, un fuerte  viento le impedía caminar. El diablo le lanzó desde los mismísimos infiernos un carbón encendido  para que se guiara en la negrura de la noche eterna;  Jack lo puso  en una calabaza que llevaba con él, para que no se apagara con el viento y siguió su vereda interminable.

Calabaza01Pero ésta no es más que una de las muchas versiones de la leyenda de Jack Lantern, otras menos dulces desvelan que el diablo en su último encuentro no tuvo ninguna compasión y fue él mismo quien cortó la cabeza a Jack y la utilizó como linterna (por eso las diferentes expresiones de caras que se les dan a las calabazas).”

Leído en: Los sueños de Lehahiah

Abajo, en los comentarios: Origen de la festividad y sus símbolos

Relacionado: Noche de Brujas: un tiempo para confrontarnos con nuestras propias actitudes, personales y culturales, respecto a la muerte

El diablo y su amigo. Anthony De Mello

“En cierta ocasión salió el diablo a pasear con un amigo. De pronto vieron ante ellos a un hombre que estaba inclinado sobre el suelo tratando de recoger algo.

«¿Qué busca ese hombre?», le preguntó al diablo su amigo.

«Un trozo de Verdad», respondió el diablo.

«¿Y eso no te inquieta?», volvió a preguntar el amigo.

«Ni lo más mínimo», respondió el diablo. «Le permitiré que haga de ello una creencia religiosa».

Una creencia religiosa es como un poste indicador que señala el camino hacia la Verdad. Pero las personas que se obstinan en adherirse al indicador se ven impedidas de avanzar hacia la Verdad, porque tienen la falsa sensación de que ya la poseen.”

De: El canto del pájaro. Anthony De Mello
En archivoLa metáfora del Diablo   Cuento sufí: Somos injustos con el Diablo

La metáfora del Diablo

Leyendo otros blogs… me gustó mucho esta reflexión:

Pensar en el infierno por Miguel Molina
Columnista, BBC Mundo

“Tiene razón el papa Benedicto XVI. Ya no se habla del infierno.

La reacción natural sería pensar que no es necesario porque la vida es suficientemente brutal como para agregar la idea de que el alma puede sufrir por los siglos de los siglos.

Pero también se puede pensar que el infierno ha dejado de preocupar porque es un concepto que se ha vuelto incomprensible e innecesario para nuestro tiempo.

El infierno de los griegos era un lugar subterráneo en el que los mortales pagaban sus ofensas a los dioses con castigos ejemplares. Tántalo, por ejemplo, estaba condenado a padecer hambre y sed eternas porque se robó unas gotas de néctar de la mesa del Olimpo, pero la leyenda que ofrece otros casos no dice qué pasaba con otros mortales menos distinguidos.

Otros infiernos son más o menos terribles. (…) el infierno no es un lugar sino un estado de ánimo propiciado por el diablo.

El infierno del Islam está lleno de fuego. Los muros del lugar son de fuego, y los pecadores reciben baños periódicos de agua tan caliente como cobre fundido, y llevan ropa de fuego, y son azotados con barras de hierro.

El infierno del hinduismo se llama samsara, y consiste en que uno nace y muere y vuelve a nacer hasta que logra una vida pura, sin preocupaciones ni deseos, y se integra al universo de donde todo vino y a donde todo va.

APARECE EL DIABLO.
El infierno cristiano tal y como lo conocemos fue creación de Dante, que en la Divina Comedia describe con palabras lo que Doré ilustró con buriles, avernos con rincones tétricos donde asoman figuras fantásticas que sufren castigos terribles. Ante imágenes tan poderosas como misteriosas, uno terminaba por concluir que al infierno se van los niños que se portan mal, como todos sabemos, y ahí estarían o están casi todos los amigos.

Pero el papa Benedicto XVI no ofreció detalles del infierno tan temido de los cristianos, y uno no tiene por qué hacerlo. La teología, ahora como entonces, es cosa de otros. Si acaso se preguntaba uno qué destino habían tenido y tendrán los millones y millones de personas que creen en otros dioses o en nada. Y uno llegaba a la conclusión de que el infierno no es un lugar sino un estado de ánimo propiciado por el diablo. El pontífice dice que el diablo es una poderosa presencia real que confunde y que preocupa, y que se puede ver como una libertad conflictiva que se opone a la libertad que viene de Dios. Hay quienes señalan la naturaleza divina del diablo y sostienen que su caída se debió a que en vez de salvar a los hombres se convirtió en uno de ellos. El Diablo de Giovanni Papini era en 1953 un ser que eventualmente se redime y vuelve a ser lo que era, primo inter pares, el ángel pródigo, Lucifer. Pero, en fin, los asuntos divinos son demasiado para una columna que aparece los jueves.

UNO O LOS OTROS
Dice bien Benedicto XVI. El diablo no es algo claro en ningún sentido de la palabra.

Uno piensa en el diablo y piensa en Pito Pérez, el personaje de la novela de José Rubén Romero que se atrevió a decir “Pobrecito diablo, qué lástima le tengo”. Según Pito Pérez, los hombres buscan vergonzosamente al diablo para la disipación, y se anegan en todas las delicias del pecado sin que Satanás oiga alguna vez un “Gracias, diablo mío” por el placer recibido o procurado.

El diablo da miedo hasta cierta edad, y después se convierte en cita bibliográfica, tema de película, discurso de teólogos, materia de sermones, concepto de estudiosos de la naturaleza humana y sus alrededores.

Uno, menos docto, piensa en el diablo y termina por recordar noches oscuras pobladas por ruidos que la imaginación atribuía a demonios, vampiros o seres de las profundidades de Lovecraft, cuyos libros había que ocultar antes de que se pusiera el sol.

Hay días en que uno piensa que el infierno está en Medio Oriente, en las naciones de África devastadas por guerras y males sin cuento, en las regiones donde la tierra tiembla y escupe fuego y el mar arrasa, en los arrabales donde es difícil ser feliz. Pero eso no sería justo porque significaría que quienes sufren esas calamidades son culpables de algo, antes o ahora, aquí o en otra parte.

Y hay días en que uno piensa, como Sartre, que el diablo son los demás. O como T. S. Eliot, que el diablo es uno mismo. Aunque esa es otra cosa que ha dejado de preocuparnos.”

Via: BBCMundo.com
Leido en: El Diablo son los demás o uno mismo…

Cuento sufi: Somos Injustos con el Diablo.

«Un día el Diablo le dijo a Dios:

«¿Qué es esto? ¡Qué injusto! Haga lo que haga la gente, siempre que ocurre algo malo me echan la culpa a mí. ¿Qué culpa tengo yo? ¡Soy inocente! Mira, te mostraré como me culpan por todo».

Había un fuerte carnero sujeto a una cuerda, que a su vez, estaba atada a una estaca. El Diablo aflojó la estaca y dijo: «Esto es todo lo que voy a hacer».

El carnero dio un tirón y arrancó la estaca del suelo. La puerta de la casa de su propietario estaba abierta y, en la entrada, había un hermoso espejo, enorme y antiguo. El carnero vio su reflejo en el espejo, agachó la cabeza y atacó. La luna quedó destrozada.

La dueña de la casa corrió escaleras abajo y vio su hermoso espejo, que había estado en la familia durante años, completamente destrozado. Enfurecida, les gritó a los sirvientes: «¡Cortadle la cabeza a ese carnero! ¡Matadlo!». Así que los sirvientes mataron al animal.

Pero aquel carnero era una bestia especialmente querida de su marido, que le había dado de comer de su mano cuando era pequeño.

Así que al llegar a casa halló a su hermoso carnero muerto. «¿Quién le ha matado? ¿Quién ha podido hacer algo tan terrible?».

Su mujer gritó: «Yo maté a tu carnero. Lo hice porque había destrozado ese espejo tan hermoso que me habían legado mis padres».

El marido, airado, replicó: «En ese caso, me divorcio de ti».

Los chismosos del vecindario les dijeron a los hermanos de la mujer que su marido iba a divorciarse de ella por causa del carnero que había matado.

Los hermanos se pusieron furiosos. Reunieron a sus parientes y salieron por el marido, armados con fusiles y espadas. El marido oyó que venían y llamó a sus propios parientes a defenderle. Las dos familias comenzaron una disputa en la que se quemaron muchas casas y murieron muchas personas.

El Diablo dijo: «¿Ves? ¿Qué he hecho yo? Tan sólo mover la estaca. ¿Por qué voy a ser responsable de todas las cosas terribles que se hicieron los unos a los otros? Yo tan sólo aflojé un poquito la estaca.»

Leido en:
Sufismo
Allí podrán leer muchas otras historias sufíes.

Por cierto, no deja de ser cómodo esto de inventar un personaje externo al cual culpar de tanta cualidad negativa que llevamos dentro…

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