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Poemas a la escuela

noviembre 30, 2013

El año lectivo va llegando a su fin…

No entristezcas escuelita

Comienzan las vacaciones
nos iremos a pasear
!no entristezcas escuelita!
otro año nos verás.

Hemos aprendido mucho
y hemos hecho renegar
a la señorita buena
que nos sabrá perdonar.

Estamos tristes y callados,
qué deseos de llorar…
por dejar esta gran casa…
!que es nuestro segundo hogar!

Al mismo tiempo contentos
pues nos vamos a pasear
!no entristezcas escuelita!
otro año nos verás.

De: Un cuaderno escolar

Esc1rep1guatem

Bendita seas, escuelita

Porque pusite en mi ignorancia
la luz de la sabiduría,
y me enseñaste a ser mejor
y amar el bien y la justicia;
porque con mano generosa
sembraste en mi alma la semilla
del patriotismo y del trabajo,
de la amistad y la alegría;
porque la senda del deber
me señalaste un día;
porque a tu amparo bienhechos
se iluminó toda mi vida,
!bendita seas, escuelita! 

Letra: Dora Maimó de Luchía Puig
Música: Felipe Boero. (Músico argentino, nació en Buenos Aires (1884-1958). Ha tenido una larga actuación en la docencia. Es autor de las óperas Tucumán, Ariadna y Dionisio Raquela, Las bacantes, El matrero, Siripo y Zincalí; de las obras sinfónicas La madrugada en la pampa, Danzas argentinas, Campo argentino, Motivos del llano, etc.; de música sagrada y de numerosas composiciones escolares y populares argentinas.)

Foto: Escuela Nº 25 /Distrito Escolar 7º, “República de Guatemala”, Ciudad de Buenos Aires (barrio Caballito).

La escuela 25 en Facebook:
https://www.facebook.com/escuela25de7

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Domingo Faustino Sarmiento. Poemas y canciones

septiembre 1, 2013

Septiembre 11. Día del Maestro. Conmemoración a Sarmiento, un hombre polémico.

“En el día del maestro
es justicia señalar
que también al gran Sarmiento
lo hemos de recordar.”

Poesía copiada del libro de lectura de mi 1er grado “Piruetas”, Edit. Codex.  Autoras: Araceli Picarel de Curletto – Amal ia Belgrano Lavalle.

La higuera de la patria. Antonio De La Torre

Bajo la higuera el telar,
y junto al telar la madre,
hilando sueños de gloria,
esperanzas inmortales.

Doña Paula Albarracín*,
Doña Paula incomparable!

Domingo, te quiero fuerte,
ilustrado y aspirante!
Domingo, te quiero fuerte,
Domingo, te quiero grande!

En su copa el viento zonda,
fugitivo de los Andes,
dejó su poncho sonoro,
robado a los arenales.

Ahora descansa la patria
bajo tus ramas cordiales,
que cubren de sombra ilustre
la tierra que fue de huarpes.

Higuera, bajo tu sombra,
la patria se siente grande!

*madre de Domingo Faustino Sarmiento

De: mi cuaderno de 4to. grado – Escuela Nº 25 /República de Guatemala /Barrio Caballito/ Buenos Aires Ciudad – Año 1969 – Maestra: Sra. Estrella P. de Álvarez (por si pasa por aquí alguien de allí, o de aquellos tiempos)


A Sarmiento, Enrique E. Rivarola

Duerme el atleta. Bajo el mármol sueña
-que no descansa- el luchador valiente;
y plegada sobre él, madre doliente,
cubre su cuerpo la argentina enseña.

Duerme el atleta. El ideal diseña
inmarcesibles glorias en su frente;
sueña, y se ve tranquilo, omnipotente,
cóndor andino sobre abrupta peña.

Allá arriba ! Más alto todavía !
donde tan sólo llega el pensamiento.
En la cumbre más áspera y bravía,
glorifique la patria sus hazañas !
Que para alzar la estatua de Sarmiento
hay que hacer pedestal con las montañas !

Poesía copiada del libro Manual Peuser de la Nueva Escuela.

De un viejo cuaderno escolar…

Hubo aquí, en mi patria,
un hombre de acero.
Supo hacer de todo
maestro, poeta, minero…
Si hasta presidente
un día llegó!
Y qué presidente!
Como pueblo alguno
jamás lo soñó.
Porque era sincero.
Porque no le temió al sufrimiento
Se llamaba…
Domingo Faustino Sarmiento.


Breve historia de la higuera de los Sarmiento:

“…Cuando Doña Paula Albarracín decidió construir su casa, instaló su telar bajo la sombra de una higuera, que ya existía en el sitio y desde allí yendo y viniendo la lanzadera, observaba como su sueño se hacía realidad.

El patio con la higuera y el telar conformaron un espacio, donde se concentraba la vida íntima de la familia, con sus valores, esfuerzos, alegrías y tristezas.

Doña Paula la consideraba una compañera que la había asistido siempre, dándole su sombra y sus frutos.

Así cuando sus hijas mayores en su afán de modernizar la casa, quisieron cortarla, se resistió largo tiempo. Pero, finalmente, el empuje juvenil pudo más y la higuera terminó derribada, como dice Sarmiento, por “un hacha higuericida”.

Fue tal el pesar que sintió la madre, que los hijos arrepentidos, dejaron crecer un retoño de la misma. … testigo del tiempo y símbolo de este hogar provinciano…”

“La edad moderna nos asocia a todos los objetos que nos rodean. El hogar doméstico se aviva y vivifica; un árbol que hemos visto nacer, crecer y llegar a la edad provecta es un ser dotado de vida, que ha adquirido derecho a la existencia, que lee en nuestro corazón que nos acusa de ingratos y dejaría un remordimiento en la conciencia, si lo hubiésemos sacrificado sin motivo alguno.” (D. F. Sarmiento. Recuerdos de Provincia)

Poesías del sitio del Ministerio de Educación de Argentina: http://www.me.gov.ar/efeme/sarmiento/poesias.html :

A Sarmiento. Natalio A. Vadell

Pobre y humilde, por su esfuerzo rudo
alzó tan alto el luchador su vuelo,
que fue gloria, blasón, bandera, escudo
bajo la curva de su patrio cielo.

Inspira un alto y sin igual respeto
su fe sincera y su saber profundo,
lo mismo cuando enseña el alfabeto
que cuando escribe su genial Facundo.

De pie, fuerte y viril, firme y constante
nunca pidió cuartel, paz, ni sosiego;
nada logra abatir a aquel gigante
pecho de bronce y corazón de fuego.

Si no hubiera más glorias en su vida,
brillará por su acción independiente:
que es Sarmiento una antorcha suspendida
sobre un siglo, una raza, un continente.

El niño de Carrascal. Estela Herrera Clément

Recién nacía la Patria
y Carrascal florecía.
Cantos de aves poblaban
en Carrascal las casitas.
¡Saludaban con sus cantos
a un niñito que nacía!

    Fue creciendo con la Patria
el niño de Carrascal
y siendo niño soñaba
con aprender y enseñar.
Fue creciendo con la Patria
y en el suelo de san Juan
todos nombraban el nombre
del niño de Carrascal.

    Cuando niño se hizo hombre,
fue maestro, y San Juan
inmortalizó los nombres
de Sarmiento y Carrascal.

El niño maestro. Estela Herrera Clément

En medio del caserío
de San Francisco del Monte
hay un niño sanjuanino
con su tío un sacerdote.
Lugares casi desiertos
albergan a gente pobre.

Sarmiento, maestro niño.
José de Oro, el sacerdote,
y una escuela que se funda
en San Francisco del Monte.

Bajo la sombra de olivos
y entre pájaros cantores
hay un maestro niño
entre alumnos que son hombres.

Oración del niño a Sarmiento. Lola Chichizola Coelho

Sarmiento: escúchame, yo soy el niño:
te hablo mirando el cielo, arrodillado,
porque sé que me diste tu cariño
y que por mí has sufrido y has luchado.

    Sé que me dedicaste la existencia,
de inquietud y de amor llené tus días,
y, maestro ejemplar por excelencia,
hiciste tuyas las angustias mías.

    No tiembles en el bronce por mi suerte;
seguiré, con un libro entre las manos,
por la senda del bien que me has labrado.

    Desde el hondo misterio de la muerte,
desde el mayor de todos los arcanos,
¡mírame! Soy tu sueño realizado.

Sarmiento.  Cupertino del Campo

    Como el suelo de América, fecundo,
libre como el pampero y tan violento
y purificador, fuiste, Sarmiento,
arquetipo cabal del nuevo mundo.

    De recia voz y de ademán rotundo,
desde el gobierno, desde el Parlamento
y en el libro tronó su pensamiento
que hundiera la barbarie de Facundo.

    Sin doblegar jamás la altiva frente,
en arduos tiempos del país naciente
tu misión fue enseñar y combatir.

    Y, maestro de escuela o presidente,
sembrabas en los surcos del presente
la hermosa floración del porvenir.

 

Sembró escuelas como soles. Eve Baili

  A la orilla de la higuera,
Sarmiento besa a su madre.
Los cerros solos rescatan
el rosado de la tarde.

    Sueña con muchas escuelas,
vergeles en cada valle
y en cada niño, una estrella,
como lección imborrable.

    Larga vida de maestro,
con días claros y oscuros…
Perdió a su hijo en la guera
al que amó como a ninguno.

    Presidió nuestra nación
y murió lejos de la Patria
¡A su recuerdo se elevan
todas las buenas plegarias!

    Sembró escuelas como soles
de renovada esperanza
y quedó eterno en cada niño
como lucero al alba.

    ¿Tuvo flaquezas? Las tuvo,
tuvo dudas y hasta fallas,
pero sembró escuelas como soles
a lo largo de la Patria.

    Nuevo 11 de setiembre,
ensanchemos nuestra alma,
por Sarmiento, el gran maestro,
digno por autonomasia.

 

Info acerca de Sarmiento, en:
Wikipedia/Sarmiento
MinisterioDeEducación/Sarmiento 
BiografiasYVidas/Sarmiento
ElHistoriador/Sarmiento

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PD: Suerte con la tarea!

Poemas a la patria II

mayo 15, 2013

Poemas de mis cuadernos de la primaria…

El patio de la escuelita
se vistió todo de fiesta…
Sol en todos los rincones
y flores en las macetas.

En cada boca una estrofa
con sabor a patria nueva
y en cada pecho argentino
prendida una escarapela.

De: mi cuaderno de 2do. grado – Escuela Nacional Nº 236 “Japón” /Villa Luzuriaga/ Pcia. Buenos Aires – Año 1967 – Maestra: Sra. Lucía de Yaworski (por si pasa por aquí alguien de allí, o de aquellos tiempos)

Antes: Poemas a la patria  (y de allí, más links a poesías escolares)

Poemas al general San Martín, a los granaderos y al ejército de los Andes

agosto 1, 2012

En el mes dedicado al Libertador Don José de San Martín…  

Continuación de: “José de San Martín. Poemas y canciones” *

Los Granaderos. Belisario Roldán

Granaderos-a-caballo¡Rompe en los desfiladeros
el estruendo de un ciclón …
Son ellos, los granaderos
dantescos del escuadrón
de la muerte; los primeros
que escalando los peñones
en un fantástico vuelo
de Pegasos redomones,
empenacharon de cielo
el casco de sus morriones!

¡Son ellos! Bajo la lumbre
del firmamento inmediato
revuelan de cumbre en cumbre
y ve absorto el Tupungato,
una alada muchedumbre
que trepa por la ladera
purpurada de arrebol,
lo mismo que si quisiera
robarse el disco al sol
para usarlo en la bandera!

¡Son ellos! Descenderán
del lado del Occidente;
y las águilas verán
que al retomar el naciente,
por botín de guerra van
conduciendo los atletas,
redención en las pupilas,
luz de las almas inquietas
libertad en las mochilas
y el cielo en las bayonetas!.

Belisario Roldán
Fuente: Instituto Sanmartiniano

 

Al ejército de los Andes. Adán Quiroga

Cruce-andesSu plan de cóndor, de tan vasto aliento,
El Misionero silencioso fragua,
No son valla los Andes a su intento,
Ni la rugiente inmensidad del agua.
La cordillera en cada invierno espesa
Sus aluviones de perpetuos hielos.
Y en cada tempestad el mar ensancha
Su no sujeto límite iracundo:
Que aquélla escala cielos y mas cielos.
Y el agua precipita su avalancha.
Sobre la curva tropical del mundo
Y el Misionero silencioso calla.
Y en la andina ciudad retiene el día
De su primera y su triunfal batalla
Que no es hora propicia para el golpe
De un pálido sol de mediodía
A laborar aprisa, y sin sosiego.
En el callado invierno sin alarmas
Juro hierro someter al fuego
Y convertirlo en vengadoras armas
A no dar tregua en la ciudad patricia.
Ni en el parque y taller del Plumerillo,
A la fragua, el batán, al yunque. al molde,
A la aguja, a la lezna y al martillo
Y a maniobrar de sol a sol.
Mendoza;
Con pie seguro en sus movibles valles,
Es un gran campamento; vivaquean
Cambujos y libertos en sus calles;
Los cholos de rebeldes alardean;
Cantan contra su rey, y de las viñas
En odres beben los cuadrienios jugos,
Y en las dulces miradas de las niñas
Uncen de nuevo los odiados yugos.
¡Ah! ¡Todo el mundo a caballo, y en campaña!-
Truena un clamor de la argentina tierra,
Y todo el mundo se alza contra España
Con el dilema: -¡Independencia o guerra!
El bravo montañés, el heredero
De los dolores de la extinta raza,
En atizar los odios contra el godo,
En franca rebelión, es el primero.
Su varonil espíritu rechaza
Dominaciones, servidumbres…, ¡todo
O nada! -quiere en el natal refugio
De sus bohíos, que el rencor le abruma…
¡Y a borrar el baldón de Vilcapugio,
Y a vengar la vergüenza de Ayohuma!
De valle en valle la noticia cunde
Que el Salvador apareció en Mendoza,
Y por llanos y sierras se difunde:
Y entre el continuo circular del mate
Junto al fogón de la ignorada choza,
Las mentas hablan de un triunfal combate.
¡Y adiós Castilla con sus bravos godos,
Alféreces, justicias, regidores,
Impuestos, alcabalas y tributos
Y forzados servicios y rigores,
Monopolios de oficios y de frutos,
Y cuanto grana y cuanto espiga el suelo
Para fomento de las arcas reales!
¡Y adiós fueros de doctos y de usías,
Fernandinos escudos y blasones,
Prebendas señoriales, regalías,
Tapadas, y tenorios y balcones!
¡Y adiós, oh linajudo castellano,
Que seda y raso y damasquinos gastas!
¡Y el poncho valga, el barragán indiano,
La patria urdimbre y el hechizo lienzo,
Que ya proclama la igualdad de castas
El criollo sableador de San Lorenzo!
En ciudades, y villas y campañas,
Con un ir y venir de gratas nuevas,
Mozos, viejos, paquetes y paisanos,
Se empiezan a alistar para las levas,
Jurando no amainar en la batida
De obligado desquite a los hispanos.
Con voz tonante, en el villorrio, el cura,
A la sombra del tala centenario,
A la patria proclama, la lectura,
Reuniendo en asamblea, al vecindario:
Y al estallar la aclamación, un mozo,
Que en las filas patrióticas milita
Y en arengar al pueblo se ejercita,
Arrebatando aquel papel, se lleva
El viril documento en que palpita
El alma joven de una raza nueva,
Y entrando a la cercana pulpería
Vuélvense. el pueblo una hermandad de amigos
Una constante vidalita, el día,
La noche, un largo retrucar de obligos,
Desde Jujuy notábase y las Punas
Un indemne, insumiso movimiento,
Que a la región andina sacudía
El vórtice de un grande pensamiento
Con los nuevos ideales y fortunas.
Los de Salta y Jujuy bajan del Norte
Montados en los briosos redomones
Del gaucho Güemes, con airoso porte,
A un quejumbroso yaravé
El metro de las bélicas canciones.
A la mitad de su camino alcanzan
Al tucumano, que con firme empeño
Abandona su obraje en los laureles
Y sus surcos de caña; al santiagueño,
Que no lleva otro avío que sus ojos,
Atisbadores de la huyente abeja,
Que labra en troncos de simbol sus mieles.
Tras ellos van los criollos del Ambato,
Gastando el lujo de sus ponchos rojos,
Y encomendando, al clarear el día,
El multiplico semestral del hato,
La suerte de sus hijos a María;
Y luego sigue el perspicaz riojano,
Que el trance salva las llanuras secas,
Al desamparo de su cielo glauco,
Silbando gatos, tarareando cuecas
De las vendimias de su dulce Arauco:
Y el cordobés audaz, que en su tonada,
Alardeadora de sus doctas luces,
Se pinta con sus mañas de paisano,
Viaja a la par del corredor puntano,
Insigne en las batidas de avestruces.
Y aquella romería se encamina
A la ubertosa tierra de alamedas,
Do medra el enviciado carolina,
Do el olivo y la vid se dan abrazos,
Y la morera mueve con sus brazos
La rueca de oro del telar de sedas.
¡Salve, oh raza de heroicos montañeses!
¡Mohinos y aguerridos luchadores,
Ya azoten vuestra carne los reveses,
O la lid os aclame vencedores!
¡Por vosotros culmina la existencia
De esta gran patria de las patrias todas;
Mira aumentar su ejército, a medida
Que su fe en la victoria se acrecienta,
Y el día llega de lanzar su gente
A la grande, invencible, arremetida,
Precipitando sobre el otro lado
De espadas y de sables un torrente,
¡Paso al invicto Capitán y ¡plaza!
A los bisoños tercios que le siguen,
Y que fusil al hombro y sable en mano
El gran ideal de libertad persiguen
Para todas las patrias oprimidas
A lo largo del suelo americano!
La disciplina ingénita transforma
Al montañés intonso en veterano,
A la mesnada rústica en milicia;
Al toque de tambor en línea forma
La zafia y grande división patricia,
Que al rumor de ardorosas clarinadas
Camina y anda, evoluciona y muere
Su mar de bayonetas afiladas.
¡Cómo al patriota espíritu conmueve
E inspira aquel ejército formado
De un día al otro, con genial empeño,
En la historia del mundo destinado
A realizar la idealidad de un sueño!
!Vadear los ríos, ascender montañas,
Salvar desfiladeros, repitiendo
Del Africano y Corso las hazañas;
Convulsionar las oprimidas tierras;
Dominar horizontes y confines,
Caminando por rutas de victoria
El puñado de heroicos paladines
Que llegan a codearse con la gloria;
Izar el blanco y el celeste trapo
En la torre del gótico castillo,
Entregando a las plebes, hecho harapo,
El glorioso y simbólico estandarte
Del honor, de la fe, de la ventura,
Pasa el invierno frígido y brumoso,
Y ostenta la aterida Cordillera
Su espléndida canicie de coloso.
La mira el Misionero silencioso
Circunscribir el límpido horizonte,
Y anonadado al verse tan pequeño
Midiendo su estatura y la del monte
Murmura sin cesar: ” Esa montaña
No me ha dejado conciliar el sueño”
Ya se siente en el patrio campamento
Del Plumerillo, en el risueño valle,
Un grande y obstinado movimiento,
Hervir de gentes y chocar de espadas,
Y, galopando en su piafante potro,
Anda anunciando el oficial Lavalle
Que comienzan las clásicas jornadas.
La histórica ciudad del Misionero,
Como garrida almea se engalana,
Y al aire lanza su canglor guerrero,
Que al despuntar de una feliz mañana,
Abriendo calles el clarin resuena,
Y la tupida multitud renuente
Las avenidas y los parques llena,
Con desgaire triunfal de independiente.
En aquel grande, inolvidable día
Cayó la bendición a nuestro suelo,
Y proclamó la muchedumbre loca
Su fe en el triunfo y en el Dios del cielo,
Con el fecundo grito de su boca.
Respondieron tambores y clarines
Por seis mil silenciosos corazones,
Y el nombre de la patria fue llevado
Por el viento a los últimos confines
Palpitando en las sacras oraciones.
Mas las campanas de las torres callan,
Y no como en los días de victoria
Con jubiloso repicar estallan,
Cantando triunfos y gritando gloria:
Y es que corren, con ruido estrepitoso,
Detrás del escuadrón de pica y lanza,
Fundidas en cureñas y cañones
Por fray Luis el artífice ardidoso,
Arquimedes del parque y la maestranza.
Ha llegado Condarco, el ingenioso
Fabricante de pólvora y batanes,
Que rema con el fuego y con el agua
Enero en la afilada bayoneta ardía
Y en las espadas de bruñido acero.
Y era un largo silencio emocionante
De mar dormido en crepitante calma,
De esas que suelen preceder al trueno
Y a la proterva tempestad del alma.
Cuando rompió la tregua de la vida
El ronco acento del cañón andino,
Que daba la señal de la partida
Al inmortal ejército argentino.
¿Quién es aquel a quien la turba aclama
Con explosión de vítores triunfales ?..
¡Escrito está su nombre en los anales
De medio mundo! – ¡San Martin se llama!
¡El héroe de las druidicas Misiones,
Alto; y fornido, como atleta griego,
Cuya frente enigmática y serena
Se insuflaba en su mundo de visiones
Sobre una inmensa tempestad de fuego;
El ronco Capitán de tez morena,
De aguileña nariz y negros ojos,
Los que, a la sombra fiel de sus pestañas,
Abarcaban las patrias lejanias,
Miraban a través de las montañas!
En su mula, enjaezada a la chilena,
De pie firme y de criollas energías,
Al tranco marcha.
Cubre su melena
El típico falucho; gran capote
Azul turquí, botonadura gualda,
Ribeteado con vivos encarnados,
Su pecho envuelve y musculosa espalda;
Su diestra empuña el coruscante sable,
Que apunta a los altisimos nevados;
Calza su pie la granadera bota
Que a la rodilla da; ciñe en su taco
La nazarena de estrellado bronce
Con que pica a su potro en la derrota
Del enemigo, cuando le abren claros
Las recias cargas del Octavo y Once.
Al lado del gigante Misionero
Va, conduciendo el militar tesoro,
Zenteno, el ascendido tabernero.
Del Estado Mayor gloria y decoro,
O’Higgins marcha, en el momento aciago
Para su Chile, que Marcó avasalla,
A despertar el alma de Santiago
Con la diana triunfal de la batalla.
Las Heras va también, el gran Las Heras
Empuje de los choques resonantes,
Que rompe cuadros, desbarata hileras
Con su aguerrido pelotón de infantes;
A la vanguardia de sus tropas, sigue
Soler, el iniciado del Cerrito,
El primero en trepar con osadía
Las empinadas cuestas de granito.
Lleva a la grupa de las mulas, Plaza,
Para hacerse escuchar, la artillería,
Temistocles de trueno y la amenaza.
Crámer y Conde, con marcial talante,
Guían al siete, iniciador de acciones;
Portus y Freyre, a la Legión volante
De audaces coraceros y dragones;
Mandan a los hercúleos granaderos,
A cuyo galopar tiembla y chispea
La tierra, en polvorosos entreveros,
Escalada, Zapiola, Necochea,
Y Melián, Olazábal y Lavalle,
El que al frente de rápidas patrullas
Corre a probar el temple de su corvo
En los agrios ribazos de Achupallas.
Y aquella armada multitud guerrera
Andando, andando, poco a poco sube
A la patria del águila altanera,
A la tierra del cóndor y la nube,
Cual si su intento gigantesco fuera
Dominar la amplitud del Continente
Desde la última roca de granito,
Interrogar al cielo frente a frente,
Y sondear la intención del infinito…
¡La Libertad en vuestra acción conga,
Anónimos soldados argentinos,
Preclaros héroes de la patria mia!
Desde el Estrecho al Ecuador lejano,
Con la fe de su gloria y sus destinos,
Que el misterioso porvenir escuda,
Una mitad del mundo americano
Al puñado de Apóstoles saluda!

Adán Quiroga (1863-1904)
Fuente: Instituto Sanmartiniano

 

El nido de cóndores. Olegario Víctor Andrade

En la negra tiniebla se destaca,
como un brazo extendido hacia el vacío
para imponer silencio a sus rumores,
un peñasco sombrío.
Blanca venda de nieve lo circunda,
de nieve que gotea, como la negra sangre
de una herida abierta en la pelea.
Todo es silencio en torno!
Hasta las nubes van pasando calladas,
como tropas de espectros
que dispersan las ráfagas heladas.
¡Todo es silencio en torno!
Pero hay algo en el peñasco mismo
que se mueve y palpita, cual si fuera
el corazón enfermo del abismo.
Es un nido de cóndores
colgado de su cuello gigante,
que el viento de las cumbres balancea
como un pendón flotante.
Es un nido de cóndores andinos,
en cuyo negro seno parece que fermentan
las borrascas y que dormita el trueno.
Aquella negra masa se estremece
con inquietud extraña: es que sueña
con algo que lo agita
el viejo morador de la montaña.
Una mañana -¡inolvidable día!-
ya iba a soltar el vuelo soberano
para surcar la inmensidad sombría,
y descender al llano,
a defender con ansia convulsiva
su sangriento festín de sangre viva,
cuando sintió un rumor nunca escuchado
en las hondas gargantas de occidente:
el rumor del torrente desatado,
la cólera rugiente del volcán
que en horrible paroxismo, se revuelca
en el fondo del abismo.
Choques de armas y cánticos de guerra
resonaron después;
relincho agudo lanzó el corcel
de la argentina tierra
desde el peñasco mudo;
y vibraron los bélicos clarines,
del Ande gigantesco en los confines.
Crecida muchedumbre se agolpaba
cual las ondas del mar en sus linderos;
infantes y jinetes avanzaban
desnudos los aceros, y atónita al sentirlos,
la montaña bajó la frente
y desgarró su entraña. ¿Dónde van?
¿dónde van? ¡Dios los empuja!
Amor de patria y libertad los guía.
Donde más fuerte la tormenta ruja,
donde la onda bravía más ruda
azote el piélago profundo,
¡van a morir o libertar un mundo!

Olegario Víctor Andrade
Fuente: El libro y su lectura (para 6º grado). Amadeo Ronco. Ed. Kapelusz. 1957

 

La espada encendida. Enrique Gamarra

Y fue cuando la patria era
un sueño tendido en las llanuras.
Lo supieron los sauces, en la orilla
de un río casi niño todavía.
San-martin5Lo repitieron los caraguataes
como un secreto oscuro de la tierra
y lejos, bajo un cielo de gaviotas,
se hizo mensaje de agua entre las olas.
Fue cuando el aire andaba
con su infancia de abiertas golondrinas
imaginando coplas y banderas.
presintiendo tacuaras y alaridos,
reverberos de azules clarinadas.
Y fue cuando febrero teñía el mundo
con su euforia roja.
En Yapeyú, campana de la patria.
Aquel niño abrevaba en el rocío.
Los luceros le dieron
su vocación de luz y advenimiento.
En las palomas descubrió un destino
de horizontes sin limites de sombras
y del árbol extrajo su resina
de bosque y madrugada.
Después España lo miró distante.
Como un sobreviviente
de la floresta sudamericana hurgaba
en su nostalgia de membrana silvestre
cerca de un mar extraño y tumultuoso,
donde se hundían fechas de muertos calendarios.
Allí miraba el cielo y recordaba.
(En sus ojos había una estrella perdida)
Acaso recordaba el eco de un galope
o una guitarra que quedó olvidada
en el rincón más viejo del silencio.
Alboreaba en sus ojos un lejano retorno.
Allí se hizo relámpago, corteza,
huracán, torbellino y embestida,
cuando en su sangre despertó el llamado
como una imposición de la memoria.
Allí nació su sed interminable: el agua
lo esperaba en Sudamérica.
En San Lorenzo supo que empezaba
a arder el fuego de la profecía:
no estaban solas las barrancas,
algo en las arenas de la madrugada
se levantaba de repente,
algo que discurría unánime
en la sombra delataba
su pulso de bandera.
En la última torre del convento
conspiraban a solas las campanas.
Y de repente el tiempo se hizo nube,
crepitación de espadas y galopes,
mientras se derrumbaban
los mástiles del cielo
con un sonido bíblico de muerte.
El tinte granadero de la altura
cubrió por un instante todo el mundo.
En Plumerillo fue como una chispa,
como el roce de un pétalo en la bruma.
Algo escapó de un sueño
Y se desparramó por los caminos,
por las estribaciones. las quebradas,
hasta alcanzar los predios del poniente
detrás del estupor cordillerano.
El vigilaba insomne
las raíces sonoras de aquel sueño
y sus ojos hurgaban el crepúsculo
consumiendo morados calendarios.
¡Cómo observó la ruta de los pájaros
hacia el oeste siempre de la espera!
¡Cómo soñó banderas clavadas
en el polvo de la opresión y el miedo
y multitudes que lo saludaban!
Todo aquel tiempo de martillo y canto
brilló un vivac de estrellas en las noches.
Y el alma de la piedra tuvo su día de agua.
Por El Planchón, Coquimbo y Olivares
se repartió en columnas incesantes.
Con él marchaban cuatro mil soldados,
cuatro mil juramentos de uniforme
con cuatro mil banderas en lo alto.
Qué pudo la unidad de la tormenta
-su mínimo aluvión de roca y nieve-
contra ese fragor americano,
esa pluralidad alucinada
por un azul más denso que el silencio
y el último envión del Chimborazo?
Por El Planchón, Coquimbo y Olivares,
Los Patos y Uspallata,
un resplandor celeste crecía en los abismos.
¿Qué sonido subía de las profundidades?
El capitán del viento, el general
del trigo y las estrellas avizoraba
cóndores metálicos, gigantes pétreos,
huecos sulfurosos
Sabía que la calma tiene
su arista de fragor y trueno,
que la lluvia es la antípoda del fuego,
pero que en ella duermen los relámpagos
como el reverso de la mansedumbre.
Y de repente valles y gargantas,
desfiladeros, grutas, rompieron
su mutismo milenario sobre
el volcán abierto de los hombres.
Cataratas de sangre barrían la ladera.
La piedra oía, arengaba el viento.
Batallaba el paisaje y era en vano
que se partieran músculos y vértebras.
Nadie pudo morir aquella tarde.
Y desde la humareda y la vorágine
del alarido subía una palabra,
un nombre transparente como el agua,
sin herencia de pólvora ni truenos.
Argentina… Argentina…
Cuando calló el paisaje
El mangrullo del cielo estaba en llamas
y el sol era una roja clarinada.
Aquella noche el general de agua,
de puro viento y nube tumultuosa,
durmió como si fuera en el confín del mundo
con un sueño cruzado de guitarras.
Acaso fue preciso apurar esa copa de penumbra,
Arañar el perfume, violar la clara
desnudez del agua para encontrar el sol,
esa campanería de los ojos
que ahora sí encontraba
su proyección de alas sin brújulas de fuego.
Pero el sueño final estaba en Maipo.
Allí vientos de España y vientos de los Andes
soltaron sus columnas encendidas
y estremecieron todo el continente.
El era lo más alto del estruendo.
América en su espada fulguraba
y a su luz acudían los pueblos
de la tierra como a la redención
o a la esperanza.
En Maipo tuvo su razón celeste
tanta sangre cuajada en las estrellas,
tanto jirón de luz amurallada,
tanto pétalo herido en la embestida.
Era la puerta última y secreta
que mostraría al mundo
el nacimiento de la primavera.
II
Espada-san-martinLa tierra era silencio
y él nos dio las campanas.
Era la patria piélago cerrado:
él nos dio las riberas.
Fue su herencia más firme
que el acero: nos dejó
la humildad de las espigas.
Quiso que el sol. la libertad, el canto
fueran la sed y el agua al mismo tiempo.
Lo invocamos aquí, desde otro sueño,
desde otros calendarios de ternura,
pero desde aquel mismo espacio navegante
donde aún se desvelan los ancestros del fuego,
como la referencia mas obcecada y alta de la luz.
¿Qué dimensión tendrá en esta edad de ráfaga y paloma
su mutismo de trébol insurgente?
Hacia dónde discurren sus manos sin orillas
y aquel destello sudamericano que calcinó
sus vértebras celestes.
¿Y qué chispa lo sigue, qué hoguera lo evidencia
en la profunda gesta de las sombras?

Enrique Gamarra (1933-?) Premio poesía instituido por el Fondo Nacional de las Artes en homenaje del General San Martín.

Canto Sanmartiniano – Ministerio de Cultura y Educación – págs. 143-147 Ediciones Culturales Argentina -Buenos Aires 1978.

La imagen de la espada es de: coleccion.educ.ar

PD: * Los que buscan poemas cortos, de escuela primaria, lean José de San Martín. Poemas y canciones y Poesías para el día del Libertador.  Saludos!

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Poemas a la patria

mayo 3, 2012

De libros* escolares de hace un tiempo atrás… copié: 

Patria. Leopoldo Díaz

Patria-argentina-dibujoPatria es la tierra donde se ha sufrido,
Patria es la tierra donde se ha soñado,
Patria es la tierra donde se ha luchado,
Patria es la tierra donde se ha vencido.

Patria es la selva, es el oscuro nido,
La cruz del cementerio abandonado,
La voz de los clarines, que ha rasgado
Con su flecha de bronce nuestro oído.

Patria es la errante barca del marino,
Que en el enorme piélago sonoro
Deja una blanca estela en su camino.

Y patria es el airón de la bandera,
Que ciñe con relámpagos de oro
El sol, como una virgen cabellera.

Leopoldo Díaz, *Manual Estrada, Tercer Grado, Ed. 1958, Argentina

————————————————

A mi patria. Román Oliver

Oh cuna de mi infancia, patria mía!
Lumbrera del gran pueblo americano:
Deja que admire con placer el alma
La espléndida belleza de tus llanos.

Quién no anhela vivir bajo tu cielo?
Quién no desea contemplar tus astros,
Suelo de amor, de libertad, de gloria,
Cuna de San Martín y de Belgrano?

Por eso el alma mía con orgullo
Te expresa, oh madre!, su entusiasmo patrio,
Enviándole un saludo cariñoso
En las humildes alas de su canto.

Román Oliver, *Manual Estrada, Tercer Grado, Ed. 1958, Argentina

————————————————

Los días de Mayo. Rafael Ruiz López

Ya sé por qué son tan lindos
Los claros días de Mayo;
Por qué la bandera alegra
La vista, al aire flotando;
Por qué se viste de gala
La escuelita y el palacio;
Por qué aplaudimos contentos,
Por qué dichosos cantamos.

Mayo tiene, entre sus días,
Una fecha que los labios
Con amor siempre pronuncian,
Temblorosos de entusiasmo…

Ya sé por qué es glorioso
Ese día afortunado
En que nació vigorosa
La libertad que gozamos.

Por eso, lleno de júbilo,
Encendido de amor patrio,
Soy el primero en gritar
El Veinticinco de Mayo:

Viva la noble Argentina!
Vivan los varones santos,
Que altivos y generosos
Su libertad conquistaron!

Rafael Ruiz López, *Manual Estrada, Tercer Grado, Ed. 1958, Argentina

————————————

25 de Mayo de 1810. Germán Berdiales (Fragmentos)

Amaneció turbio el día,
destemplado y ceniciento,
nublado, ventoso, frío,
ventoso día de invierno.

Y amanecieron las almas
borrascosas como el tiempo.

Volaban las bajas nubes,
tocando los bajos techos,
mientras el viento jugaba
al arco con los sombreros.

Y caía una garúa
que calaba hasta los huesos.

De arriba abajo medíanse,
con altivez y recelo,
militares y paisanos,
adolescentes y viejos,
humildes y poderosos
y hasta mulatos y negros,
buscando los dos colores
en solapas y sombreros.

De pronto, una batahola
fue del uno al otro extremo
de la plaza y enseguida
sobrevino un gran silencio.

A la media hora
estalló un júbilo inmenso;
y aunque el sol ya se ponía
debió alumbrar un momento.

Germán Berdiales, argentino. Poesía copiada del libro de 4to. grado/ 9 años “A jugar con las palabras“. Colección “Jugando con el mundo”. Autora: Hayde‚ Larese Roja de Gay. Editorial Magisterio del Río de la Plata

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PD: Suerte con la tarea!

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