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Guardapolvos blancos: símbolo de la igualdad en la escuela pública

septiembre 8, 2018

Vienen arrasando con una tradición argentina simbolizada por los delantales blancos igualitarios: la escuela pública

Guardapolvo blanco
Por Julio Maier*

“Promediaba la década de los 40. Bichitos blancos inundaban tranvías y aceras antes de las ocho de la mañana y después del mediodía. Un panorama blanco cubría las veredas y los tranvías cordobeses. Purretes con esa vestimenta, el guardapolvo blanco, caminaban o viajaban hacia sus escuelas o volvían de ellas.

Déjenme definir a mi modo el guardapolvo –también llamado delantal–que yo recuerdo: una prenda escolar colocada arriba de los vestidos normales de los varones, blanca nívea y bien planchada al comienzo de la semana, por esfuerzo de las madres de los alumnos, y algo más ajada y con rasgos de cierta suciedad los sábados, al final de la semana (en ese tiempo había clase los sábados), plisada la más pituca o lisa la más modesta, botones blancos al frente y con terminación en pollerita (falda), que usaban todos los chiquilines de la escuela primaria estatal hasta el 6º grado y, en ocasiones, también los docentes de esa escolaridad y hasta, a veces, también los alumnos de escuelas secundarias. El guardapolvo es y era para mí una prenda símbolo, precisamente símbolo de la igualdad en la escuela, pues era para todos igual y, sin decir nada, ocultaba la ropa que vestía el alumno por debajo de ella, de primera o de última calidad, usada o nueva, impecable o zurcida. Eso permitió que, hasta bastante más crecidito, ya en la Universidad, sin darme cuenta, tuviera compañeros de familias con fortunas, de hijos de empleados y de trabajadores y de hijos de personas muy humildes. Todavía los recuerdo y con algunos de ellos me veo, a pesar de que hace medio siglo que vivo fuera de Córdoba y de que alguno de ellos reside en otra Provincia. De las maestras -todas mujeres- ni hablar. Ellas eran una especie de héroes, juanas de arco sin armas, hadas con sueños, estrictas o más liberales pero siembre buenas. Conservo hasta hoy algunos de sus nombres, algo que no sucede ni dentro de mi propia familia. Sus hijos éramos nosotros, los chiquilines del grado, buenos o malos alumnos, revoltosos o juiciosos; a todos querían por igual, pues el guardapolvo nos igualaba a todos como hermanos. Ello demuestra que el presupuesto de la fraternidad es la igualdad. De allí mi devoción por la escuela pública argentina, a la cual le debo toda mi formación, incluso la universitaria.

Por eso, cuando escucho la tendencia del neoliberalismo –confesada incluso por nuestro presidente– a la supresión paulatina de esa escuela para dar paso triunfal a las llamadas “privadas”, reacciono con tristeza y hasta con bronca, como lo demuestro ahora. Se han dado ya los primeros pasos para la supresión de la enseñanza estatal o su mera existencia como alternativa para las personas que, sin otra posibilidad, “caen” –el verbo no me pertenece– en ella, supuestamente inferior en calidad a la privada (sueldo de los educadores a la baja, como si se tratara de la compraventa de una mercancía en el mercado, edificios sin mantenimiento, hasta inhabitables o convertidos en “shoppings”).

Hoy se magnifican esos pasos: supresión por decreto de la paritaria nacional docente, que fijaba el piso de dignidad del salario a nivel nacional, pues la paritaria “no es para discutir haberes a cobrar sino tan sólo cuestiones gremiales”.

No sé si los docentes cobraban antes un salario digno –yo era muy niño y no podía apreciar esas cosas–, pero supongo que sí, pues papá y mamá trabajaban en ese oficio de distintas maneras y nosotros vivíamos con mi hermana sin graves restricciones. Nunca habitamos una casa propia sino un departamento alquilado, gracias a la intervención de la ley de locaciones urbanas sobre la libertad de mercado del Código Civil, no teníamos automóvil –pocas familias eran propietarias de uno de ellos–, pero no recuerdo escasez alguna de algo que no fuera suntuoso.

Con el expreso deseo de no confundir, sobre todo épocas, debo decir también que no pretendo describir la mejor escuela. Vista desde hoy, aquella también albergaba rastros negativos propios de la época. Por ejemplo, describo tan sólo la escuela primaria de los varones, porque no había escuelas mixtas, de varones y mujeres. Al menos en Córdoba, las escuelas de varones eran casi todas del Estado. Yo sólo recuerdo la existencia de una “escuela privada” de varones, perteneciente a la Iglesia católica. Seguramente hubo alguna otra pero carecían de importancia y de fama frente a las escuelas estatales. Las niñas, de las que no se esperaba, en principio, rendimientos científico-culturales de importancia, tenían sus propias escuelas. Según la interpretación de mi experiencia, su educación inauguró la existencia masiva de las hoy llamadas “escuelas privadas”, por mención de las escuelas confesionales de aquella época y de clases sociales superiores. Allí el “uniforme” suplantó al guardapolvo blanco. Para mejor informar, expreso también que un tema de actualidad, la enseñanza religiosa en la escuela, era parte del currículum, incluso en la escuela estatal, durante el primer gobierno del general Juan Domingo Perón. Ello dividía el curso en dos clases, la de religión, católica por supuesto, y la de moral, repetidamente un recreo adicional. A contrario del espíritu laico de la ley 1420, esta situación dividía las aguas: “rusitos” eran aquellos de la clase de moral.

Pese a todo ello, la ideología neoliberal de quien detenta el poder trata de terminar con una tradición argentina simbolizada por los delantales blancos igualitarios. Intenta así elevar al individuo por sobre la comunidad, acrecentar la desigualdad siempre presente e imponer el egoísmo frente a la solidaridad. ¡Ay guardapolvo blanco!//que me educaste siendo niño//que te quiero y que te extraño//de mis ensueños arquetipo.”

* Profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires.

Leído en: https://www.pagina12.com.ar/90710-guardapolvo-blanco
Página12 – Contratapa – 22 de enero de 2018

Imágenes: lenguayliteratura (España)

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Día de las Escuelas de Frontera (Argentina)

marzo 18, 2018

14 de marzo – Día de las escuelas de frontera – Las carencias y las dificultades son muchísimas

“Pertenecen a la jurisdicción provincial y su propósito es el desarrollo, promoción prioritaria e integración plena de esas jurisdicciones a la vida nacional, según establece la Ley 19.524.

Precisamente, el Día de las Escuelas de Frontera fue instituido por medio del Decreto Nº 1531 del Poder Ejecutivo Nacional, en conmemoración del día de aprobación de la ley 19.524, sancionada el 14 de marzo de 1972 para proteger y desarrollar las escuelas en zonas y áreas de frontera.

A lo largo de las extensas fronteras de nuestro país (9.376 kilómetros) existen alrededor de 11.000 escuelitas (contemplando no sólo aquellas ubicadas estrictamente en zonas fronterizas, sino haciendo extensiva la consideración a un área un poco más amplia, incluyendo las llamadas escuelas rurales -que en todos los casos están alejadas de zonas urbanas-).

Estos establecimientos educativos suelen estar en zonas aisladas y de acceso un tanto complicado, y muchos de los alumnos que concurren a ellos deben recorrer enormes distancias, todos los días, para poder acceder a su educación básica.

En general, en las escuelas de frontera los niños están a cargo de un único maestro, y pasan allí todo el día, pues se les brinda además de la educación su alimentación básica, en muchos casos la única que pueden recibir.

Estas escuelas no podrían subsistir de no ser por la profunda vocación y el enorme cariño de los docentes, que no son sólo maestros sino también en muchos casos casi padres de sus alumnos, y se encargan de todas las tareas y necesidades de la vida en los establecimientos: comidas, vestimenta, útiles, mantenimiento, salud.

Las carencias y las dificultades son muchísimas, quizás demasiadas para lo que un ser humano medio, acostumbrado a las comodidades y facilidades de las grandes urbes, podría soportar. Pero gracias a estos miles de «héroes» que podemos encontrar a lo largo de todo nuestro país, hay muchos chicos que aún pueden soñar con forjarse un futuro mejor para ellos y sus familias.

Aun en sus precarias condiciones de infraestructura, alimentación y sanidad, los chicos aprenden no sólo a leer, escribir o sumar, sino también a trabajar la tierra o criar animales para generar producción para su propia subsistencia. De todos modos, la solidaridad de los alumnos y de las comunidades urbanas sigue siendo de gran ayuda para su mantenimiento y evolución, pero sobre todo para sentirse acompañados y queridos, para sentir que también ellos son argentinos y, desde su lugar, forjan día a día nuestra Nación. No los dejemos solos.

Fuente: Ministerio de Educación de la Nación.
Leído en: http://www.diarionorte.com/article/10319/14-de-marzo–dia-de-las-escuelas-de-frontera
La imagen: Escuelita Rural, por Antonio Berni.

Debates: escuela pública argentina

mayo 20, 2017

Qué significa ser maestro (Declaración de Carta Abierta, 17 de abril de 2017)

“La escuela pública argentina surge de un gran debate inicial, propio de los comienzos del capitalismo industrial. ¿Hay que educar o instruir? La orientación que surgió siempre en nuestro país y siguió perseverante hasta hoy, fue la de educar. De ahí que su concepto educacional acentuaba lo público, lo colectivo, el sentimiento de participación en un destino común, y de este modo, un sentido de libertad y responsabilidad social. A nadie se lo dirigía hacia la senda de la servidumbre y del menguado aprendizaje, instruyéndolo apenas en la servicialidad a una lógica de sumisión. Este tema del primer nivel de la enseñanza es tan vital que se reproduce en el mundo universitario, donde siempre nos encontramos con la batalla entre formar ingenieros o instruir ingenieros en determinadas tecnologías útiles a ciertas industrias.

Si instruir era crear un nuevo proletario con sus conocimientos sumarios adecuados a la vida industrial que lo masacra, y encerrar allí las conciencias, educar consistía en cambio, en abrir la compuertas de cada alumno a una ciudadanía compleja, a la participación social, a la vocación intelectual y política, a ser hombres y mujeres plenas. Con muchas vicisitudes adversas y proyectos de desmantelamiento diversos de esta concepción humanística, que ocurrieron en demasiados períodos históricos de nuestro país, esta concepción aún sobrevive.

Fue y es la forma educacional crítica e integradora que se mantuvo siempre en el sistema escolar argentino gracias a maestras y maestros que sabían y saben –en un gran legado transmitido de generación en generación– que el protagonista central de la educación es el vínculo asombroso, vital y repleto de emocionante dramatismo entre maestros y alumnos. Ese vínculo nos lleva a una pregunta fundamental de la vida civilizatoria ¿Quién educa a los educadores? Nuestro país siempre mantuvo un horizonte generoso en todo su sistema educacional, un edificio entrecruzado y lleno de escalones interconectados, donde el aprendizaje del que enseña a aprender, la educación del que va a educar, constantemente se realizó como un acto igualitario, sorprendente y esencial. Allí nunca dejó de considerarse como núcleo fundante la delicada tarea iniciática que supone el primer acto de lectura y escritura.

Ante ello, no puede oponérsele una tabla de inasistencias o de licencias, fruto en gran medida del desprecio salarial hacia los educadores argentinos por parte del gobierno actual. Las estadísticas amenazantes, aunque tomen problemas reales que no es difícil resolver, revelan en cambio el desinterés de los actuales gobernantes, por el núcleo irreductible que mantiene el sistema escolar público: la vocación como saber maestro, el maestro como sujeto vocacional inquebrantable, la presencialidad no como una estadística inerte sino como un pizarrón siempre atravesado por la tiza fundadora, que se hace verbo en la persona de todo profesor y de todo educando.

¿Qué son estos temas gerenciales que regleta en mano condenan a los maestros y maestras a ser sujetos de estadistógrafos represivos y de represiones efectivas al caer la noche? ¡Son pobres hechos magnificados por argumentaciones viscosas ante la gran tarea que a pesar de todas las dificultades, se sigue realizando! Sin duda, es difícil defender la idea de una conciencia como tabula rasa, pero los maestros argentinos están en el centro de una red institucional de múltiples pavimentos, donde en uno de ellos se aloja el núcleo germinativo de algo maravilloso que gracias a ellos nunca dejó de existir. Ellos están siempre en una frontera. Es la frontera donde conviven familias, sociedad, tecnologías, disparidades a resolver, asimetrías a considerar, y fuertes ámbitos de comunidad afectiva irreversible, donde se zambullen en la página en blanco del primer cuaderno escolar, los que luego mantendrán ese iluminado momento en su evocación más sensible.

Por esa epifanía, por llamarla así, han pasado el científico que ha trabajado muy poco tiempo atrás en la construcción de satélites, pasaron los trabajadores argentinos con sus distintos niveles de especialización, los que mueven las máquinas de las fábricas, y deberán pasar los desplazados de hoy para ingresar al torrente de los protagonistas de la vida diaria, la vida social, política y cultural, pasaron los novelistas que han inventado personajes como Erdosain, Emma Zunz, Megafón, Mascaró o La Maga, el ingeniero que ha construido radares o el arquitecto que pensó ciudades laborales donde no se anulara un sentido de sociedad habitable y justa.

Todos vistieron su guardapolvo blanco de formación inicial, vivieron en la escuela su inmersión en la lengua, se asombraron por poder leer, por ingresar en el mundo de los símbolos, por comenzar a saber que vivirían de ahora en adelante en medios sociales amplios, incitantes y conflictivos.

Enseñar es un dramático y sensible acto valorativo que tiene normas y pasos progresivos, pero siempre como una suma de momentos repentinos y descubrimientos maravillosos que ocurren como quien se zambulle al mar. Todo eso se da en la escuela y auspiciado por su personaje central: el vínculo entre docente y alumno, que no es un vínculo administrativo, sino la construcción de la razón educativa, pedagógica, cívica y ética. La escuela argentina fue y es la sede de esa ética de la responsabilidad educativa y de la convicción, del estilo productivo que tienen los saberes. A todo este conjunto, que es el armazón intelectual y moral de una nación, quieren destruirlo. Quieren demolerlo considerando el presupuesto educativo como un gasto a ser comprimido, a la educación una mercancía, a la red de escuelas públicas como un depósito de inutilidades improductivas, al cuerpo de maestros y maestras como personajes prescindibles y reemplazables por nuevas formas pedagógicas, vecinas al entrenamiento, al couching, a la regimentación de conciencias, al acuerdo con corporaciones privadas que consideran la educación un negocio, lo que excede en mucho la distinción entre escuelas privadas y públicas, entre presentismo y ausentismo.

Desarmar el cuerpo docente nacional es una empresa persistente del gobierno. Retirar la paritaria nacional es un hecho económico que tiene repercusiones en el desprecio por la enseñanza, realizar pruebas ficticias para demostrar que habría un abrumador fracaso escolar en la escuela pública es una maniobra ya intentada muchas veces, que desconoce la fibra interna del acto de enseñar, que nunca es un registro acumulativo de conocimientos lineales. En cambio, así se lo quiere ver, para aplanar la escuela pública con una hipótesis sobre el conocimiento que sumerja a alumnos y docentes en una cadena de montaje tecnológica, que en vez de poner a estas al servicio de la enseñanza humanística calificada, pone a esta al servicio de nuevos actos de dominación de burocracias mercantiles de la educación.

La cuestión salarial no es separable de la cuestión educativa, de su debate entre los mismos docentes, de su reconstrucción desde la degradación a la que los someten las políticas gubernamentales –para después acusar de que reina en ellas un bajo nivel educativo-. Marchemos hacia la posibilidad de realizar medidas de lucha cada vez más sensibles a la complejidad de este momento crucial. Ser maestro es cada vez más una frontera trascendental y perentoria para todo el movimiento social argentino. El apoyo a CTERA, a todos los gremios docentes puestos de pie, a esta escuela itinerante y a los maestros y maestras argentinas, es un imperativo de la conciencia pública, democrática y pedagógica nacional.”

Declaración de Carta Abierta, 17 de abril de 2017. Copyright © 2017 Carta Abierta. Todos los derechos reservados. Las imágenes de dicho sitio.

Herramientas: Mapas escolares para descargar [Argentina]

marzo 20, 2016

Lo comparto pues es info útil

Revista Historia para todos

Una excelente herramienta proveniente del Instituto Geográfico Nacional de la República Argentina. Son los mapas oficiales

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Escuelita rural. Antonio Berni

mayo 13, 2015

Mayo 14, natalicio del pintor.

Mirando pinturas

p-berniescuelitarural

Escuelita rural, 1956. Autor: Antonio Berni (Rosario, 1905 – Buenos Aires, 1981). Pigmento al agua y albúmina sobre tela. 183 x 304 cm. Colección particular.
Visto en:  “Galería Berni para niños” del sitio http://www.educ.ar/ (Allí, más obras).

 

 

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