Zizek: moderación

“…incluso en un nivel más elemental se está dando un desplazamiento ideológico mucho más fundamental. Permítanme comenzar con un fenómeno aparentemente trivial. Ustedes habrá notado que en el mercado haya cada vez más productos que están privados de su contenido dañino, o nocivo, café sin cafeína, crema sin contenido graso, cerveza sin alcohol, etc.

Esto no se limita a las mercancías, por ejemplo el sexo virtual, qué es el sexo virtual sino el sexo sin sexo. Y que otra cosa es sino el planteo de Collin Powell que hablaba de una guerra de daños colaterales. Es como café descafeinado o guerra sin guerra… en que reside el cambio en este marco…

En la ética más tradicional teníamos que gozar de las cosas pero equilibradamente con moderación. Hoy nos encontramos con una suerte de extraña coincidencia de opuestos porque realmente no es posible ejercer la moderación si todo está evitado de su potencial dañino, por ejemplo, ya no se trata de tomar café moderadamente porque como está descafeinado uno puede tomar todo el café que quiera…”

Slavoj Žižek, es un filósofo, sociólogo, psicoanalista y crítico cultural esloveno.
https://es.wikipedia.org/wiki/Slavoj_Žižek

Zizek: tolerancia

“…la cuestión de la tolerancia multi-cultural. Yo planteo que la manera en la que funciona esta tolerancia es precisamente un signo de lo opuesto, de la intolerancia.

Nos referimos con tolerancia cuando decimos que el otro sea pero que no haya acoso. La ideología es que el otro no se acerque demasiado.

Lo que fuere que uno haga es una forma de acoso, si te miro demasiado fijo te estoy violando, si me pongo a fumar te estoy envenenando y si te grito es un acoso verbal, entonces la tolerancia significa quedate lo más lejos posible porque no tolero tu cercanía…”

Slavoj Žižek, es un filósofo, sociólogo, psicoanalista y crítico cultural esloveno.
https://es.wikipedia.org/wiki/Slavoj_Žižek

Zizek: libre elección – elección fraudulenta

“Las comunidades Amish practican la institución del rumspringa (del alemán herumspringen, que significa andar por los alrededores). A los 17 años, a estos chicos (que hasta entonces han estado sometidos a una estricta disciplina familiar) se les permite salir e incluso se les pide que salgan afuera a experimentar los modos de vida “americano” que les circunda. Conducen coches, escuchan música pop, ven la TV y participan de la bebida, las drogas y el sexo salvaje.

Después de un par de años, tienen que tomar una decisión: ¿se convertirán en miembros de la comunidad Amish, o la abandonan definitivamente para volverse como cualquier otro ciudadano americano?

Lejos de permitir a los más jóvenes una decisión verdaderamente libre -es decir, dándoles la oportunidad de decidir basándose en el completo conocimiento y experiencia a ambos lados de la balanza- esta decisión es una elección fraudulenta si es que alguna vez hubo alguna.

Después de muchos años de disciplina y de fantasear sobre los placeres ilícitos del mundo exterior, los adolescentes Amish son lanzados a él de forma brusca, no pueden evitar caer en comportamientos extremos, atiborrándose por completo de sexo, drogas y alcohol. Puesto que nunca tuvieron la oportunidad de desarrollar ningún control en esta nueva vida, la situación a la que se enfrentan les provoca irremediablemente reacciones incontrolables, generando una ansiedad insoportable.

De esta forma, es una apuesta segura que, después de un par de años, volverán a la reclusión de la comunidad. De hecho, el 90 por ciento de los adolescentes lo hacen.

Este es un perfecto ejemplo de las dificultades que entraña la idea de la “libre elección”. Cuando a los adolescentes Amish se les ofrece la libre elección, las condiciones en las que formalmente se encuentran hacen de esta elección algo engañoso. Para que de verdad tuvieran una libre elección, deberían ser convenientemente informados por un tutor sobre las opciones. Sin embargo, la única forma de hacerlo sería separarlos de la comunidad Amish, lo que les convertiría de hecho en ciudadanos americanos…”

Slavoj Žižek, es un filósofo, sociólogo, psicoanalista y crítico cultural esloveno.
https://es.wikipedia.org/wiki/Slavoj_Žižek

Ideas y pensadores: Marcuse, el pensador de las sociedades autoritarias

25 de agosto de 2019

Se publica “Tecnología, guerra y fascismo”, sus ensayos de los años ’40
Volver a Marcuse como el pensador de las sociedades autoritarias

“En Foco Antes de Eros y civilización y El hombre unidimensional, antes de ser el héroe de la nueva izquierda de los años 60, Herbert Marcuse reflexionó y actuó en contra del fascismo y el nazismo, a los que consideraba más como parte de los dispositivos del capitalismo que como acontecimientos aislados o excepcionales. Tecnología, guerra y fascismo recoge estos textos de los años 40 que le hablan a un presente europeo y en cierta medida global, tremendamente inquietante.

Por Fernando Bogado

Conviene ser claros en algo: el fascismo no se acabó con la caída de Mussolini o la muerte de Hitler. Ese corte histórico funciona mejor como una anécdota que como un dato efectivamente real, comprobable en el mundo contemporáneo. El surgimiento de figuras como Trump o Bolsonaro, o incluso el avance de la extrema derecha en Europa (Inglaterra, Francia, otra vez: Alemania e Italia) no pueden ser casualidades o meras circunstancias. Hay algo operando en la lectura de la historia que va más allá del corto plazo, algo que debería permitirnos leer este tipo de avances y darles un contexto. El problema siempre ha sido quedarnos con la idea de apariciones espontáneas o pretendidos “giros” que tienen un componente metafórico propio de lo súbito: ¿no habría que leer esos fenómenos en función de una lógica que habilita ese tipo de formas de gobierno? El libro que acaba de publicar Ediciones Godot, Tecnología, guerra y fascismo, del filósofo alemán Herbert Marcuse (1898-1979) podría funcionar como una clave interpretativa que, lejos de hablar de un mundo perimido, interpela al monstruo más terrible de todos: nuestro presente.

Marcuse siempre ha quedado como una figura un tanto exterior al núcleo duro de la Escuela de Frankfurt. Mientras que Max Horkheimer y Theodor Adorno han pasado a ser los nombres de referencia más inmediata en los avatares del Instituto de Investigaciones Sociales, nombres como Erich Fromm, Franz Neumann o Friedrich Pollock quedan claramente opacados, puestos en una segunda línea. Incluso, es más fácil poner en la lista de intelectuales de la Escuela a alguien como Walter Benjamin, quien nunca formó parte de manera oficial del Instituto, antes que al propio Marcuse. Y es que, como bien detalla la larga introducción de Douglas Kellner a esta colección de trabajos de los años ’40, Marcuse pasó de ser cercano al director del grupo, Horkheimer, a ser lentamente desplazado por la injerencia de Theodor Adorno. Resultado, claro está, de esas clásicas conspiraciones a las cuales ningún espacio académico es ajeno.

Roto su vínculo con Horkheimer y Adorno, y ubicado en suelo norteamericano debido a la huida de estos intelectuales de la Alemania nazi, Marcuse se dedica, durante un número importante de años, a trabajar como analista senior dentro de la Oficina de Información de Guerra (OWI, según sus siglas en inglés). Ingresando en 1942, su principal tarea fue la de analizar a la sociedad fascista alemana en términos sociológicos y filosóficos para poder construir una campaña de contrapropaganda tanto en Estados Unidos como en Europa. El rol de “informante” siempre le pesó a quien luego sería un autor obligatorio para los movimientos de la Nueva Izquierda de las décadas de los ’60-’70, aunque habría que decir que más le molestó a sus defensores que al propio Marcuse. Él entendió que, en ese contexto, la guerra era contra el fascismo, y estaba orgulloso de haber tenido su lugar dentro de la contienda. Desde esa posición, sus análisis se convirtieron en documentos vitales para la acción de la inteligencia de los Aliados contra el fascismo, lo cual revela la idea que tenía Marcuse de una filosofía apegada a cierto modo de la praxis. Algo que para Adorno resultaría un acto de la más pura y peligrosa barbarie.

El análisis de Marcuse de la sociedad fascista resalta la importancia del vínculo con ciertos elementos del capitalismo para poder entender la emergencia de este tipo de lógica política. El nazismo no sería, entonces, el rechazo del mercado libre y la competencia, sino un modo de consumación, de cristalización de esa característica. En “Algunas implicaciones sociales de la tecnología moderna”, único texto de este libro publicado en vida, Marcuse distingue entre “tecnología” y “técnica” para poder comprender a Hitler y compañía. La “tecnología” sería tanto la “técnica” (el “aparato técnico de la industria, el transporte y la comunicación”) como los propios individuos y el orden social que rige sus vinculaciones. O sea, “tecnología” es tanto las cosas como el pensamiento que hace que las cosas encuentren su lugar en el mundo, su modo de ser operadas o el orden político en el cual emergen. Es así que, en un sentido estricto, la centralidad de la “eficiencia” que parece propia del mundo de las máquinas se convierte en un principio de organización social que presenta cambios en el conjunto y a nivel individual. En pos de esa eficiencia, cada sujeto tiene que abandonar rasgos de su personalidad y amoldarse a una correcta operatividad general: la idea de la “máquina social” ha tomado forma. Ese tipo de construcción ideológica se contrapone a la defensa de los ideales de la autonomía propios del iluminismo y la razón occidental: la racionalidad se convierte en lo irracional, en la barbarie fascista, por seguir sus propios mandatos, desatenta a la capacidad crítica de lo humano y abrazando el tipo de racionalidad tecnológica que se impone en el fascismo. Así, el Estado se convierte en un medio para poder llegar a su propia anulación: en la sociedad fascista, existe un dominio directo de la burguesía poderosa sobre el resto de los individuos, los cuales se encuentran ahora sometidos a la idea de supervivencia del más apto propia de los principios de la competencia del libre mercado. La burocracia es menos una parte central del orden estatal que un grupo de especialistas que cumplen las órdenes de ese capital imperialista, transnacional y salvajemente sistemático.

Para Marcuse, ese panorama no va a cambiar terminada la Segunda Guerra. En el clima de la Guerra Fría, anota en un trabajo inédito, casi un apunte, sencillamente denominado “33 tesis”, una visión horrorosa del mundo que se abrió “caído” el fascismo. Por un lado, el bloque soviético tiende a la restricción de cualquier tipo de desarrollo individual de los sujetos a los fines de organizarse contra el enemigo, mientras que los países que conforman el bando contrario, más temprano que tarde, adoptan modos propios de un “neofascismo”, el cual comprueba la dialéctica represora del orden capitalista. Nada o casi nada ha quedado de lo mejor de las democracias liberales, repartidas sus características entre dos bandos que, por diversas razones, resultan ajenos a cualquier idea de revolución.

Artículos, cartas, anotaciones, ideas: el material reunido en Tecnología, guerra y fascismo permite ver a un Herbert Marcuse previo a sus textos más recordados (como Eros y civilización, de 1955, o El hombre unidimensional, de 1964) pero con un conjunto de observaciones que llegan a una claridad deslumbrante con respecto a un paisaje por demás oscuro. El fascismo no es un acontecimiento, sino algo que anida en el capitalismo: uno y otro se necesitan y, a la larga, derivan en lo mismo, la sociedad tecnológica. Valores como la eficiencia, el orden, la correcta ejecución y la competencia tomada como algo “natural” no son cosas nuevas en nuestro atribulado mundo de extrema derecha. Forma todo parte del mismo juego, del mismo tipo de pensamiento, de la misma penumbra.”

Leído en: https://www.pagina12.com.ar/213877-volver-a-marcuse-como-el-pensador-de-las-sociedades-autorita

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Un arte de uno mismo. Foucault

Leyendo Foucault para Principiantes*

15 de octubre de 1926 – Nacía Michel Foucault, filósofo francés.

“El siglo veinte nos enseñó que uno ya no puede hacer nada si no conoce nada de sí mismo. La verdad sobre uno mismo pasó a ser una condición de la existencia, mientras bien se pueden imaginar sociedades que permitan no resolver la problemática de lo que uno es. Es una pregunta sin sentido. Lo importante es el arte de lo que uno hace para ser quien es. Un arte de uno mismo que vendría a ser lo más opuesto al sí mismo. Hacer de su ser un objeto de arte, eso es lo que vale la pena…”

“Conocido principalmente por sus estudios críticos de las instituciones sociales, en especial la psiquiatría, la medicina, las ciencias humanas, el sistema de prisiones, y por su trabajo sobre la historia de la sexualidad humana. Sus análisis sobre el poder y las relaciones entre poder, conocimiento y discurso fueron y son ampliamente debatidos. Definió su proyecto teórico como una ontología crítica de la actualidad, siguiendo la impronta kantiana. Fue influido profundamente por la filosofía alemana, en especial por la obra de Friedrich Nietzsche. Su `genealogía del conocimiento` es una alusión directa a la idea nietzscheana de `la genealogía de la moral`. En una de sus últimas entrevistas afirmó: “Soy un nietzscheano”. Reconocería también una deuda con el pensamiento de Martin Heidegger y sus críticas al sujeto cartesiano. Falleció en París el 25 de junio de 1984.”

Copiado de: *Libros Para Principiantes/Facebook.