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Julio, el poeta 2 (via Imágenes y Palabras by Jan Puerta)

enero 22, 2014

De la serie “Haciendo amigos” uno de esos relatos que Jan Puerta acompaña con sus fotografías…

Julio, el poeta. 2ª Parte

“De vez en cuando repaso las palabras que el tiempo quiere borrar”

Janpuerta-julio2elpoeta“A Tanos se le había despertado el hambre. En su pequeña mochilla, llevaba un buen trozo de queso seco de cabra que puso encima de la mesa colaborando con lo que Julio había expuesto encima de ella. Unas galletas que según me contó se las había traído una vieja indígena que un buen día apareció en esa zona selvática, perdida, desorientada y un poco ida de la cabeza. Por su acento, me contó Julio, que podría ser de la etnia de los “Misquitas” (1) pero también podría ser una mujer “sumu” (2).
.– Es difícil incluso para mi que llevo veinte años por estas tierras diferenciar su fonética.
.- El caso es que cuando apareció decidió quedarse. Una mujer aquí siempre viene bien.
.- ¿Se quedó con usted?
.- Le ofrecí mi casa y aquí se quedó. Aunque ahora vive en una cabaña río arriba. Es independiente, pero de vez en cuando viene hasta aquí. Me trae algunas cosas que cocina en un rudimentario horno de leña. Aunque no todas se pueden comer.
.- Estas galletas, ¿de qué son?
.- No lo sé. Ella muele semillas y después las tuesta, las mezcla con agua y el resultado siempre es diferente. Hay ocasiones que tienen un sabor que me recuerda al mango pero ella me dice que son de otra semilla.

En la mesa no falta la fruta. Los alrededores de la casa de julio parece un verdadero vergel. Papayas y mangos. Bananas, plátanos y nísperos. El Jacote rojo (3) y la piña. Caimitos (4), mamey, (5) zapotes (6) y unos aguacates. Un verdadero surtido para cualquier vegetariano que se precie.
Descubro unos cuantos maracuyas y me dice que allí se les llama “calatas”. Con ella, hace un extraordinario jugo.
.- ¿Por qué se le conoce como “el fruto de la pasión”?
.- Si bebes mucho jugo de calata o comes mucho mamey, te enamorarás de la primera mujer que veas. Altera la sangre y el metabolismo. ¡Hasta de los curas!
.- En el fondo son personas.
.- Lo son. Normales y nada divinos cuando toman calata.
.- Menuda variedad de fruta que tiene usted aquí.
.- Aquí tiras una semilla de papaya y al año siguiente ya te esta dando frutos.
.- Un paraíso.
Apunta Tanos, quien no para de comer aguacate. Mientras tanto me atrevo con el café selvático. Su sabor es amargo y me recuerda al café. Con el dedo índice saco un poco de la cremosidad que tiene y la pruebo por separado. Más tarde, descubro cerca de su casa una treintena de matas de café. Julio me comenta siempre han estado allí. Las cosecha, tuesta y mezcla con otras semillas. Ahí esta el famoso café de la selva.

Conservar ciertos alimentos es muy difícil. La humedad reinante hace casi imposible su conservación. La harina, el arroz o cualquier tipo de legumbre, debe de ser consumida regidamente.
En la mesa hablamos un buen rato. Tanos se sumó a la conversación aportando buenos razonamientos a la misma…
.- Siempre que subo aquí, me dan unas ganas tremendas de hundir el bote y quedarme para siempre.
.- ¿Por qué no lo hace?
Sin dudarlo me dice…
.- Las mujeres. Me gustan demasiado. Por aquí ya no quedan. Todas se bajan a la ciudad. Y las de la ciudad no quieren subir aquí.
Julio se levanta y viene con una libreta y un bolígrafo. Toma unas notas mientras seguimos conversando.

.- ¿Que hace con todo lo que escribe?
.- Pues lo guardo aquí en las libretas. Pero la humedad no es buena para el papel. De vez en cuando repaso de nuevo las palabras que el tiempo quiere borrar.
Esta vez en su libreta anota unas cuantas palabras. Le pido permiso para leer lo que acaba de escribir. Me acerca la libreta mientras me comenta que falta darle forma, ya que sólo anota las palabras y después busca la composición. Mientras me explica su método, leo en el margen de la libreta palabras sueltas… “Frutas, Tanos las come con pasión, un fotógrafo extranjero, el bote río abajo, la vieja y su locura, café de la selva, sensaciones, soledad, comida, día diferente”.

Siento una gran curiosidad es saber como terminaran esas palabras. Se lo manifiesto y me dice…
.- Lo mismo no escribo el poema hasta de aquí unos meses. Depende de la necesidad que se me presente.
.- Usted, don Julio, ¿no encuentra a faltar nada de la ciudad?
.- No.
.- Las cosas modernas. La luz, el teléfono, la electricidad…
.- La noche es para dormir y para estar con una mujer. ¿Para qué se quiere la luz entonces? ¿El teléfono para que sirve?
.- Yo encontré a Tanos gracias a él.
.- También lo hubiese encontrado sin él. Siempre ha sido así.
.- Y la electricidad qué valor tiene. ¿Me va a mejorar mis mangos, papayas o los caimitos?
.- Pero hay cosas modernas que sí que usa… el bolígrafo por ejemplo.
.- Hay cosas útiles en el entorno donde vives, pero otras son innecesarias. ¿No cree?

Don Julio tiene una particular visión de lo moderno. De lo prescindible y aquello que por su utilidad se vuelve simplemente útil.
Hablar con él, es hacer que los valores más tradicionales de las cosas simples tengan la importancia que debería ser siempre mostrada como aval de su funcionalidad. La sencillez de su vida actual, contrasta con todo lo vivido. Con ese retiro que todos soñamos y pocos podemos cumplir por infinidad de razones, entre las cuales la salud es primordial.
.- Desde que vive aquí, ¿Ha necesitado algún día un médico?
.- Como mucha fruta.

Me paso los dos días hablando con Julio. Paseando por los alrededores de la casa. Me enseña una vieja mina de oro abandonada hace más de cien años. Los cuchillos que tiene en su casa los encontró dentro de ella. En una caja de madera.
.- Aun tenían filo –me comenta-
Me deja leer sus cuadernos. La mayoría no tienen fecha.
.- Si les pongo fecha, me doy cuenta de lo viejo que me vuelvo.
Y puntualiza…
.- Si la tienen, es por que merecen ser recordados como tal. Pero los demás, podía haber sucedido en cualquier momento de la historia.

La mañana del tercer día, esta lloviznando. Me sabe mal marcharme de un lugar donde me será muy difícil volver. Julio, se ha levantado pronto. Su ritual diario consiste en poner en el fuego una vieja olla de cobre donde el agua hervirá sin grandes dificultades. Ahí mismo preparara su café. Por la noche me ha preparado diferentes hierbas que considera medicinales o que simplemente te ayudan a no enfermar. Las plantas, me las envuelve en hojas que parecen de banana y las ata con unos filamentos fibrosos que hacen las veces de fino cordel. Dentro de cada atado, me pone en un papel, los nombres de las mismas y sus utilidades. También, una bolsa de su preciado Café. Me indica cómo lo prepara y le agradezco la indicación.

Tanos sigue masticando la pulpa de la fruta de la pasión mientras empieza a cargar el bote. Medio del mismo, lo ocupa una buena cantidad de mango y papayas. Antes de irme, Julio me da una hoja doblada y me dice que la lea cuando llegue al barco. No antes. Yo le he dejado dos bolígrafos bic y una libreta que llevaba, aparte de mi bloc de notas.

En el desayuno hablamos como si la despedida no existiera. Julio recuperará su amigable soledad, y yo tendré ese regusto amargo que produce la pérdida de una sensación tan placentera como el haberlo encontrado.

No me gustan las despedidas. Le doy la mano y un hasta luego que seguramente será eterno. La corriente nos lleva rápidamente hasta el centro del cauce fluvial. Me levanto del bote y con la mano alzada a modo de saludo me alejo de un rincón del mundo donde he vuelto a recordar que para ser feliz solo es necesaria la voluntad de uno para querer serlo. Eso si, hay que renunciar a ciertas cosas.

Una vez en el camarote del velero, con la bodega surtida de fruta fresca y las hierbas en sus correspondientes frascos, parezco un naturalista catalogando todo aquello de interés que ha encontrado en su última expedición. Me siento en la cama y desdoblo con cuidado la carta que dio don Julio…  

Amigo Jan…
La vieja loca se ha escondido,
Tanos, la quería seducir.
Estos días diferentes…
La casa ha perdido soledad
y la fruta su lento madurar.
El café de la selva nos mantiene despiertos,
Las buenas sensaciones me hacen llorar,
Tu no verás mis lágrimas, la corriente del río te alejará.
Mañana nada habrá sucedido. Todo volverá a ser normal.
20 de febrero de…
Jan, pon tu el año por favor.

Un par de meses después, le hice llegar a Tanos las fotografías para que se las subiera a Julio.”

Misquitas: Etnia indígena que habita en Nicaragua. En la región denominada Raan.
Sumu: Etnia que habita en la misma región que los Misquitas.
Jacote rojo: Fruto de unos tres centímetros. Alargado. De un color rojo oscuro. Parecido al vino tinto. Muy dulce cuando esta maduro. También de come verde aunque añadiéndole sal.
Caimitos: Del tamaño de una manzana. Color púrpura. Me recordaba la semana santa con las túnicas y los capirotes de ese color. Su pulpa tiene el mismo color. Muy dulce. La piel no es comestible.
Mamey: El fruto se da en uno de los árboles frutales más altos que he visto. Más de quince metros. Se recogen del suelo cuando caen. Su cáscara es gruesa y seca de color café. Su pulpa es muy suave y carnosa. De una tonalidad anaranjada. Dulce. Si se come en exceso es indigesta. Palabras de Julio.
Zapote: Del tamaño de un melón. Tiene en su interior dos semillas. Su pulpa es muy dulce. De un tona casi naranja. Su cáscara tiene diferentes coloraciones en un mismo árbol, dependiendo de la luz solar que reciba. Aunque la mayoría que yo vi era de color marrón oscuro.”

Leído en: Imágenes y Palabras by Jan Puerta. De la serie “Haciendo amigos” – Copyright © By Jan Puerta 2009 – Texto y fotografías con copyright del autor.  La foto original, aquí.

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Julio, el poeta (via Imágenes y Palabras by Jan Puerta)

enero 19, 2014

De la serie ¨Haciendo amigos´ uno de esos relatos que Jan Puerta acompaña con sus fotografías…

lunes, 23 de febrero de 2009
Julio, el poeta

“Hoy buscando unas anotaciones para pasarlas a limpio de hace algo más de un año, he recordado a un personaje que conocí de casualidad. Me costó llegar a su casa. Perdida en el interior de Nicaragua. En la región de Rann. (Región autónoma del atlántico norte) Una extensión de bosque húmedo tropical donde la supervivencia realmente es difícil a pesar que la naturaleza provee de todo a sus habitantes. Cerca de la laguna Bihmuna un indígena me comentó de un personaje que escribía poesías. Debía de remontar el río Twimaya unas seis horas aproximadamente. A medio camino del territorio hondureño. Esta es parte de la historia de… Julio el poeta

Julio, el poeta. Primera parte…

Janpuerta-julioelpoeta“El Padre “Batzí”. Un buen hombre. Pero demasiado religioso”

Llegar a la casa de Julio fue una auténtica aventura. El río había crecido en su cauce por las últimas lluvias. El único bote que pude encontrar para llevarme hasta su casa no tenía muy buena pinta que digamos. Además, “Tanos”(1), su propietario llevaba alguna copa de más, por no decir que las llevaba todas.

.- ¿Cuánto tiempo hace que remonta este río?
.- Muchos años. Mi Padre me enseñó a navegar por él.
Mientras me hablaba, bebía una cerveza “Toña”. A pesar de mi temor, me llevó sano y salvo a puerto. Bueno, si se le puede llamar puerto a las cuatro maderas que hacían de embarcadero para las pequeñas embarcaciones que allí amarraban. Un vieja y desgastada cuerda de cáñamo, dejó sujeto el bote. Sacamos la mochila y cuatro cosas de comida que pensé que le vendrían bien a Julio en su retiro. Tanos me había informado que fumaba y le gustaba beber una copa de vez en cuando, así que compré algo de tabaco, una botella de brandy y una de ron. Harina, arroz, café y unas sopas de esas que se hacen al instante. Además, dos piezas de pan fresco.
El ruido del motor fuera borda japonés de veinticinco caballos atrajo a Julio. Mientras se acercaba descubrí a un hombre de bastantes años. Me sorprendió su decisión de retirarse a vivir en un lugar tan apartado.

Alzó la mano a manera de saludo. Tanos le gritó…
.- Le traigo a un español que quiere conocerlo!
Alcé mi mano mientras él sonreía. Descargamos las provisiones…
.- Le he traído unas cuantas cosas. Me dijo Tanos, que usted no bajaba mucho a la ciudad.
.- Ya no tengo edad para viajes. Además, aquí hay casi de todo. Pero se agradece hermano.
Cuando vio el tabaco y el brandy, se le iluminaron los ojos. Yo al verle los suyos, los míos debieron de coger el mismo fulgor.

Esa noche, Tanos se quedó dormido rápidamente. La cerveza hizo su efecto. Me quedé un rato conversando con Julio. Antes de entrar en la somnolencia, había quedado con Tanos para estar dos días allí. Veinte dólares agregados a los quince de combustible, fueron más que suficientes.
.- ¿Y que le interesa de este pobre viejo?
.- Me han dicho que usted es poeta.
.- Bueno… me gusta escribir. A pesar de tener pocos estudios.
.- ¿Sobre que escribe?
.- Lo que me rodea. Los ruidos. Las visitas inesperadas que a veces tengo.
Me lo dice sonriendo mientras bebe un sorbo del brandy.
.- La gente dice que soy poeta, pero yo no me considero así. Solo tomo notas de lo que veo a mí alrededor.
.- ¿Como empezó a escribir?
.- Gente de las comunidades que no sabían, me pedían si les podía escribir cartas a familiares suyos. Estos tampoco sabían leer, así que cuando llegaban las cartas de vuelta, yo se las leía.

.- Debe usted saber todo lo de la comunidad.
Vuelve a sonreír y puntualiza…
.- Algunas cosas sé. Y algunas de ellas me fueron bien el saberlas.
.- ¿Cuánto tiempo lleva usted sin bajar a la ciudad?
.- No sé. Un año, creo.
.- Y… ¿tiene usted mujer? ¿Está casado?
.- Alguna hay por aquí. Pero nada oficial. Sabe… cuando los dos tenemos ganas. Sin compromisos que uno ya no tiene edad para tonterías.
Sonrío y él hace lo propio…
.- Eh que me entiende… ¿verdad?

Me cuenta entre otras cosas que fue conductor de un colectivo en Managua hace muchos años. Trabajó en una oficina haciendo encargos. Vendió pescado de la costa en el interior y fruta del interior en la costa. Viajó por Honduras y estuvo luchando contra la dictadura de Somoza en el frente sandinista de la liberación nacional (FNLN) cuando la revolución tenía un sentido y el imperialismo dictatorial aun se podía combatir. Estuvo casado con una salvadoreña de su misma unidad. En una emboscada la mataron. Entonces desertó. Cruzó la frontera con Honduras y se internó en Nicaragua. Después de meses y meses de deambular por la selva descubrió una comunidad a tres días de donde se encuentra. Un párroco español de los jesuitas lo acogió.
.- El Padre “Batzí”. Un buen hombre. Pero demasiado religioso.

Se le cerraban los ojos. A mi también. Nos despedimos hasta la mañana siguiente. Esa noche escuche más ruidos extraños que los que había oído hasta la fecha. Realmente estábamos lejos de todo.
Por la mañana al levantarme, el bote no estaba. Se había roto la viaja cuerda deshilachada. La corriente se lo había llevado rio abajo. Llame a Tanos quien maldiciendo, se adentró en la selva, buscando alguna vereda que fuese paralela al río para intentar ubicar la embarcación. Intenté seguirlo, pero quince minutos después desistí por la rapidez con que se movía. Su agilidad y seguridad en donde ponía los pies me hicieron ser más prudente. Volví sobre mis pasos. No me perdí. A pesar de no conocer el terreno, mi sentido de orientación no es del todo deficiente.

Cuando estaba a poco de la casa de Julio, un aroma me llamó la atención. Algo oloroso e intenso, salía de una vieja olla que descansaba sobre las brasas que quedaron de la noche anterior. Una columna de humo impreciso llenaba el entorno de un olor difícilmente identificable por mí.
.- Don Julio, qué es eso que esta cocinando.
.- Café de la selva.
Me dejó sin palabras pero con la curiosidad de probarlo. Iba a servirme un poco y me dijo…
.- Aun le falta una media hora. Si te lo tomas ahora no dormirás en un par de días.

En ese período de tiempo, escuché el ronronear del motor y vi acercarse a Tanos. Esta vez, aparte de amarrar el bote con la misma cuerda, lanzó un ancla artesanal al lecho poco profundo del río. Nos contó que el bote quedó embarrancado entre unos arbustos a unos treinta minutos río abajo. No era la primera vez que le pasaba. Menos mal -pensé. Ya que si hubiéramos tenido que volver caminando los dos o tres días no me los hubiera quitado nadie. Y aunque esto sucedió hace más o menos un año, uno ya empezaba a ser mayor.

El café de la selva era un compuesto de varias semillas, bayas, hierbas y no sé qué más. El caso es que despejaba. Te quitaba el hambre y te daba vitalidad…”  

(1) Tanos. Me acompañó en varias incursiones en el río Twimaya. También navegamos por la laguna Bihmuna. Me llevó a rincones donde difícilmente se puede acceder a menos que vayas con alguien que conozca el río o la laguna como la palma de su mano. Por eso merece un capitulo aparte… Un día de estos le tocara a él.”

Leído en: Imágenes y Palabras by Jan Puerta. De la serie “Haciendo amigos” – Copyright © By Jan Puerta 2009 – Texto y fotografías con copyright del autor.  La foto original de Julio, aquí

Floreros 37/100. Jan Puerta

noviembre 25, 2013

Paseando por blogs de Blogger… Me gustan mucho las fotografías de Jan Puerta…

“Una de las cosas que más me gusta observar son los floreros que voy encontrando en cualquier rincón que visito. Su composición me hace pensar en pintores que nunca conocí y otros con los cuales compartí su estudio, sus inquietudes y su resultado final. Esta serie es un pequeño homenaje a un par de ellos que en su momento desvelaré.”

Floreros-jan-puerta

Visto en: JanPuerta

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Nega (via Imágenes y Palabras by Jan Puerta)

agosto 20, 2013

En el mes de los niños… De la serie “Haciendo amigos” uno de esos relatos que Jan Puerta acompaña con sus fotografías:  

Janpuerta-nega“Nega es una simpática niña de ocho años de la etnia indígena de los kuna. La conocí hace tres años en la comunidad de Armila. En la provincia de San Blas en el atlántico panameño. Llegué a la comunidad de Armilla en plena época de lluvia. Una típica tormenta tropical me dio una húmeda bienvenida. Durante unos quince minutos descargó tal cantidad de agua que parecía una réplica de la inundación bíblica.

Esta comunidad, es de difícil acceso en ciertas épocas del año, por encontrarse en la desembocadura de dos ríos. Cuando éstos llevan un caudal de agua superior a lo establecido, ni siquiera los lugareños que tienen más pericia en el manejo de las “pangas” (1), se atreven a salir del improvisado puerto sin embarcadero.

La comunidad de Armila, limita territorialmente en el interior con la frontera de Colombia. Un rincón donde esporádicamente reciben la visita de algún que otro grupo perteneciente a las “farc” que entran a Panamá con la misión de ir a buscar provisiones. Puedo dar fe de ello. Pero esto es parte de otro capítulo.

Nega, con su innata sonrisa y una curiosidad similar a la mía, me seguía por todo el poblado en mi afán periodístico de fotografiar los detalles más comunes de la etnia Kuna, en una comunidad que por aquellos años, el turismo no había recaído todavía.

Asistía al colegio y la asignatura que más le gustaba era la geografía. En el suelo, improvisé un mapamundi que por cierto no me quedó nada mal, con el propósito de enseñarle de dónde venía.
.- Y… ¿está muy lejos ese lugar?
Le expliqué que había tardado más de treinta días para llegar… y ella sin inmutarse me dijo…
.- Aquí todo está más cerca.
Nega, a pesar de su corta edad sigue la tradición familiar y pasa largas horas del día, cosiendo las “molas” (2). Hoy en día la tradición de las mismas se ha transformado en una fuente de ingresos muy importante dentro de la comunidad Kuna.

Dispone de poco tiempo pero insiste en acompañarme hasta lo alto de un cerro que domina toda la comunidad. Mientras subimos, se unen otros niños de su misma edad. Los observo al tiempo que me siento observado por sus miradas. Sus gestos, son parecidos a los que un día tuve antes de que la sociedad de consumo envolviera mi entorno. Juegan con lo que la naturaleza les da. No necesitan nada más. Sus sonrisas son limpias de malicia. Nobles como el hábitat donde viven.

Ninguno de ellos ha salido de los límites de su comunidad. Y eso que a una hora escasa a buen paso por un sendero que bordea la playa, se encuentra Puerto Obaldía, el penúltimo pueblo costero de Panamá. Allí llegan dos veces por semana los bimotores que traen las mercancías necesarias para las comunidades más aisladas así como algún que otro turista despistado.

Esos viejos aviones, al realizar su maniobra de aproximación pasan por encima del cerro que nos encontramos. Los niños imaginan que son aviones y extienden sus brazos mientras corren ladera abajo emulando lo que han visto. Las niñas, más prudentes sonríen sin entender muy bien el porqué de lo que hacen sus compañeros.
Nega me dice que le gustaría un día poderse, subir a uno de esos “pájaros”…

Le pregunto que a donde le gustaría ir y simplemente me dice…
.- A ver cosas diferentes. Cosas, que veo en los libros del colegio.
Me sorprendió y mucho encontrar un rincón en este mundo donde la importancia de un libro aún es manifiesta, lejos de malas interpretaciones de otros medios. Es curioso ver la relevancia de un libro de geografía o historia donde la televisión no tiene ninguna implantación.

Unos días después a través de la policía de fronteras de Puerto Obaldia, y gracias a un inspector llamado Carlos, le hice llegar unas revistas de National Geographic. Las envié a la escuela. A ver si los sueños terminan por convertirse en realidad o simplemente se quedan en la ilusión, de quienes viven felices con lo poco que tienen. Que a ojos de quien suscribe estas palabras es más que suficiente para ser feliz.

1.- Panga: Es una embarcación de madera, hoy en día a motor en la mayoría de las comunidades indígenas. En España, la conocemos como “patera” por la llegada indiscriminada de emigrantes básicamente desde Marruecos.
2.- Mola: La Mola es un arte textil elaborado por los indígenas Kuna el cual forma parte de la vestimenta diaria de la mujer Kuna. Se trata de superponer diferentes capas de tejido contrastando formas y colores. Los motivos representados suelen ser abstractos representando la fuerza de la naturaleza. El diseño más clásico tiene formas geométricas como las tiene un caparazón de tortuga. Una mola suele tardar en realizarse un promedio de treinta horas. Aunque algunas de ellas por su complejidad y significado se puede tardar hasta un mes.”

Leído en: Imágenes y Palabras by Jan Puerta. Copyright © By Jan Puerta 2009. Texto y fotografías con copyright del autor. La foto original, aquí.

Juan y un Ribera del Duero (via Imágenes y Palabras by Jan Puerta)

julio 15, 2013

De la serie “Haciendo amigos” uno de esos relatos que Jan Puerta acompaña con sus fotografías…

Janpuerta-juan“Con Juan hablé poco tiempo. Eso me dejó un mal sabor de boca. Pero en ocasiones las condiciones nos alejan de aquello que nos sienta bien. Pasé una tarde completa en su casa. Mientras se acercaba la noche me invitó…

– Quédese a cenar y seguimos hablando.
La cena fue realmente un auténtico manjar…
– Déjeme ayudarle…
Me señaló unas cuantas patatas y unas cebollas. Ayudado por mi “pallares Solsona”(1). pelé unas cuantas de cada mientras el agua en una vieja cacerola, le faltaba un poco para hervir. Juan me acercó un tarro de cristal lleno de hierbas. Me lo acerqué a la nariz pero no supe definir que hierbas componían esa mezcla…
-Que cantidad le pongo?
-Con una cucharada de esas pequeñas, será suficiente.
-Huele bien. Que tiene?
-De todo un poco. Laurel, tomillo, romero, cilantro, jengibre y algo más que no me acuerdo.

No insistí. Con el aroma que desprendía, y el sabor que le daría a las patatas y las cebollas, era más que suficiente.
Juan siguió limpiando un par de pargos amarillos que había pescado por la mañana.
– Hoy saqué dos del mar, porque algo me decía que no cenaría solo.
-Caray Juan, sabe que… yo he cogido al salir de casa una botella de vino. También tenía esa sensación.
-Vino tinto, supongo?
-Pues sí. De una región vitícola española que se llama Ribera del Duero.
-Ah…

Me acerqué al coche, abrí el maletero y observé las dos botellas que recientemente me habían llegado de España. Del maletín de mis enseres viajeros, cogí el sacacorchos y abrí la botella. Olfateé el corcho como si de un sommelier reputado se tratase y sonreí. Reír solo, es sinónimo de complicidad manifiesta.

Entré en la casa y una sinfonía de aromas indescriptibles se había apoderado de toda la estancia justo en el momento que empezó a hervir el agua. Juan se había apresurado a poner la mesa. Dos platos desiguales junto a dos tenedores que nunca tuvieron pareja. Dos viejos tazones esperaban el vino.

Lo serví, y le acerqué el suyo a Juan. Este, al lado del fuego controlaba los pargos a la plancha. Solo con sal gruesa por encima. Nada más. El propio jugo del pargo amarillo haría el resto.
Juan me habló de su vida. Del mundo del pescador que llega a viejo sin otra paga que una maltrecha embarcación, para ganarse su jubilación diaria, o lo que es lo mismo, seguir pescando para poder subsistir. Sin paga a final de mes, sin mujer ni hijos. En la soledad de sus cuatro paredes de madera y con una sensación de vacío enorme.

-Cada mañana me cuesta más salir de la bocana de la desembocadura para pescar algún pargo. Me canso, amigo. La vejez, un buen día nos coge. Estamos desprevenidos para ello. Y ya no nos deja. Al contrario. Nos agota y nos quita aire, hasta que decide que todo se ha terminado…

Sus palabras, me las dice con una sonrisa que llena de complejidad su rostro. Sus ojos, no paran de moverse mientras hablamos. Las patatas y el pescado, nos han sentado muy bien. Un menú sencillo que pocos restaurantes son capaces de ofrecer. El vino ha resultado un complemento ideal. Nos sentamos junto al fuego y seguimos bebiendo y hablando.

– Buen vino. Así que de Ribera del Duero… Una zona con muchos frailes, verdad?
Me sorprende su afirmación…
-Como me dice esto, Juan.
-Siempre oí decir que donde había frailes, se hacia buen vino
-Ah…
Y así pasaron las horas, pero estas son implacables con el estar bien. Cuando nos despedimos, me regalo la mitad del tarro de las especies…
-Así cuando cocines patatas te acordaras de mí.
Le di mano y lo abrace…
Mientras subía al coche, le dije…
-Juan, aunque no cocine patatas en mi vida, jamás olvidaré estas horas que hemos compartido.
Antes de irme, en un momento de descuido, le dejé mi segunda botella en la cocina y el equivalente a diez euros bajo la misma. En una nota le escribí… “Amigo Juan, algún que otro fraile queda. Gracias”.

Para estas fiestas, espero que Juan le siga plantando cara a la vida. Ojalá pudiese estar un poco más cerca de él. Seguramente me invitaría a pelar cuatro patatas más.

(1) Pallares Solsona. Marca de navajas que se encuentra en la población catalana de Solsona. Fundada en 1927. Desde hace muchos años, dos navajas de esta casa me acompañan en mis viajes.”

Leído en: Imágenes y Palabras by Jan Puerta. De la serie “Haciendo amigos” – Copyright © By Jan Puerta 2008 – Texto y fotografías con copyride del autor.  La imagen original de Juan, aquí.

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