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Educación y lectura: Embrutecer, pero que no se note. Mempo Giardinelli

mayo 29, 2017

Malas noticiasvienen cerrando programas de lectura

La columna de Mempo: Embrutecer, pero que no se note
May 22, 2017
Por Mempo Giardinelli*

“En materia educativa la restauración neoliberal a cargo del macri-radicalismo gobernante ha empezado a ejecutar las políticas más retrógradas de los últimos 100 años.

Si bien en el kirchnerismo hubo políticas contradictorias, y otras resultaron incompletas, el hecho relevante en materia educativa fue que durante 12 años el acento se puso a la vez en lo salarial, lo legislativo y lo social, puesto que en 2003 todo eran urgencias. Además sus políticas de lectura sentaron las bases para que las nuevas generaciones tuviesen pensamiento crítico e hiciesen culto de la memoria y el espíritu patriótico. Que se pudo hacer mejor, sin dudas. Pero es también indudable que el rumbo de los tres ministerios (Filmus, Tedesco, Sileoni) fue continuo. Rumbo que ahora es destruido con fría y antinacional determinación.

Los estafadores que hoy gobiernan pavimentan el camino hacia una educación empresarial, que pagarán “los que puedan” y no recibirá la mitad de la población. Para eso, con prisa y sin pausas, vienen cerrando todos los programas de lectura que durante años crearon nuevos lectores.

He aquí todo lo que discontinuaron en menos de un año y medio:

La compra y distribución de libros para bibliotecas escolares y colecciones de aula, que entre 2003 y 2015 entregó 96 millones de libros de texto escolar, técnicos, pedagógicos y de literatura, lo que además dio impulso a la industria editorial y cuya selección se hizo mediante procesos transparentes de licitación y con participación de especialistas de todo el país.

La edición, compra y distribución de libros para el Programa “Libros y Casas” del Ministerio de Cultura, que entregaba bibliotecas en cada vivienda social, así como las ediciones del Programa “Primeros años” del Ministerio de Desarrollo Social para comedores comunitarios, guarderías, hospitales y espacios afines.

La publicación y distribución de colecciones que conformaron un patrimonio común de lecturas en escuelas y bibliotecas de todo el país, como “Leer por leer” (4 millones de ejemplares en 5 tomos con 180 textos de literatura universal para los 180 días de clase), “Leer la Argentina” (7 tomos con 290 textos de autores de todas las regiones del país) y varios más.

La publicación y distribución de libros de lecturas para estudiantes y docentes, como “Para seguir creciendo” (5 tomos de lecturas literarias para egresados de cada nivel) y “Palabras para vos” (libros de cuentos de entrega domiciliaria a todo el padrón de docentes del país).

Cientos de publicaciones literarias breves y en formato económico con cuentos y poemas de autores de cada provincia y de los países del Mercosur, distribuidas en escuelas, colonias de vacaciones, canchas de fútbol, taxis, ómnibus, trenes, peluquerías, balnearios, hospitales, comedores, parques y plazas, de los que se repartieron más de 40 millones de ejemplares.

La dotación anual de colecciones de libros a cada aula de todas las escuelas públicas del país y cada sala de niños de 3 años con una bebeteca.

El programa de intensificación de la enseñanza de la lectura “Leer con todo” y el “Programa de Desarrollo Profesional en Alfabetización Inicial”.

Toda la política de fomento lector a través del Plan Nacional de Lectura (PNL), así como la financiación de planes provinciales que desarrollaron acciones propias, incluyendo encuentros de escritores, ilustradores y especialistas con niños, jóvenes y docentes en todo el territorio nacional. Y con el cierre del PNL la política de cercanía y contexto de su estructura federal (5 coordinaciones regionales con sus equipos) que garantizaban coherencia a la política nacional de lectura proveyendo recursos y acompañando a los equipos provinciales.

Y también los seminarios de capacitación para la formación de docentes mediadores por parte de especialistas y equipos del PNL; la instalación de Bibliotecas Abiertas en las cárceles de todo el país; la edición y distribución territorial de lecturas en lenguas originarias; la apertura de la Biblioteca Nacional con talleres de lectura y escritura, debates, conferencias temáticas y rescate del patrimonio literario y de la prensa gráfica. Y obviamente es repudiable la discontinuación del fomento de la lectura digital que produjo el vaciamiento del Programa Conectar Igualdad.

Todo eso han deshecho hasta aquí. Pero ahora, como frutilla de postre envenenado, viene lo peor: el Ministro Bullrich impone una aberrante propuesta que significará la destrucción lisa y llana del extraordinario avance lector logrado en lo que va del siglo.

Por circular enviada a fines de 2016 a todas las provincias, se exige ahora que los ministerios provinciales cumplan el así llamado “Plan Federal de Fomento de la Lectoescritura”, enunciado que delata una grave confusión conceptual porque la lectoescritura es proceso de enseñanza y no práctica a fomentar.

Sin dudas diseñado con criterio marketinero y propagandístico antes que pedagógico, este Plan es presentado como “Cadena Federal de Lectura”, está escrito en un absurdo castellano neutro y su propuesta central es organizar sesiones de 24 horas de duración junto a un “Lectomóvil” que visitará las provincias… Ordena el “diseño de la ruta federal lectora que mejor satisfaga criterios operativos, logísticos y presupuestarios”, que deben hacerse “en lugar público, simbólico, de fácil acceso, seguro y que no entorpezca el tránsito para aparcar…” Muestra clara del lenguaje idiota (en Argentina nadie aparca coches, sino que los estaciona) además exige que cada ministerio provincial se ocupe de garantizar un fuerte impacto en la prensa local.

Para esta “Cadena” lo fundamental es el control de los textos, por lo que ni siquiera se priva de disimular la censura previa: “Evitar incluir títulos que posean un lenguaje inapropiado (por ejemplo, uso de malas palabras o groserías), una temática incompatible con el Programa (por ejemplo, manifiestos políticos partidarios) o que provengan de autores que generen conflictos o suspicacias”. Sic y recontrasic.

La lectura para estos tipos no está vinculada a lo que leer es (un camino hacia el conocimiento y el pensamiento propio) sino a mostrar “escenas de lectura” en forma de “eventos” como los concursos de escritura para estudiantes de 6º de primaria, cuyo texto ganador será objeto de lectura en un estadio de fútbol…

Tan obtusa propuesta busca engañar a la opinión pública con fotos de gente leyendo. Pero, sobre todo, embrutecer a las próximas generaciones de estudiantes argentinos, sin que se note demasiado.”

Leído en: * La Barraca-Revista del pensamiento crítico.
(Las negritas y otros formatos son míos)

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De lectores y viajeros

diciembre 22, 2015

“Un buen lector considera muchas cosas como libros allí adonde va; un bello paisaje, el ajedrez y el vino, las flores y la luna son libros para leer.

Un buen viajero también ve un paisaje (un cuadro) en todo: en la historia, en los poemas, las fiestas de bebedores, las flores y la luna.”

En: La Importancia de Comprender, Lin Yutang.

PD: Felices vacaciones!

Libros viejos versus libros nuevos

diciembre 12, 2015

A veces, “Es más provechoso releer algunos viejos libros que leer nuevos, del mismo modo que reparar y ampliar un viejo templo es mejor que construir uno nuevo por completo.”

En: La Importancia de Comprender, Lin Yutang

El beneficio de la lectura

octubre 30, 2015

… varía directamente con la experiencia propia en la vida. Es como mirar a la luna. Un joven lector puede ser comparado a quien ve la luna por una rendija, un lector de edad mediana parece verla desde un patio cerrado y un anciano parece verla desde una terraza abierta, con una vista completa de todo el campo.” 

En: La Importancia de Comprender, Lin Yutang.

Post relacionado: Las lecturas y la edad – Alejo Carpentier

Libros prohibidos, libros que muerden

julio 5, 2014

Libros2quemuerden

Librosquemuerden“Diversas investigaciones se dedicaron en los últimos años a rastrear los efectos de la censura a los libros bajo la dictadura militar. Ahora es el turno de un volumen de la Biblioteca Nacional, Libros que muerden, de Gabriela Pesclevi, que se enfoca en la literatura infantil y juvenil de la época. Con técnicas de collage, se repasa la historia de cada libro, se reflotan decretos, prohibiciones y quemas, se entrevista a autores y se recogen diversos testimonios de los chicos y adultos de entonces. Un oportuno puente entre la intimidad del acto de leer y los dilemas de la pedagogía y la educación en la esfera pública…

Libros que muerden es la síntesis de un exhaustivo trabajo arqueológico, lúdico y participativo. Las capas que lo componen son –a priori– dispositivos contradictorios que en el conjunto no desentonan. Incluye recuentos y versos de libros, biografías de autores infantiles, ilustraciones, recortes periodísticos, copias de los decretos oficiales, tapas de libros, análisis de obras, fotos de quemas masivas, glosarios, fragmentos de entrevistas hechas de primera mano y comentarios tanto de primeros lectores que hoy son adultos, como de chicos que permanecen en la primaria actual…

Libros que muerden es –sobre todo– un estudio de la censura, entendida como una parte fundamental de la historia de la cultura argentina. La función de la censura es contribuir –con tijera, fuego y sangre– a la creación de un orden nuevo. La última dictadura cívico-militar se propuso instalar valores cristianos, occidentales, con una marcada mirada biologicista sobre la sexualidad, la adolescencia, la juventud y el amor. Entre los –varios– frentes de ataque planteados, sus hacedores consideraron fundamental actuar sobre el ámbito cultural, articulando la desaparición de cuerpos con la supresión sistemática de símbolos, imaginarios, fantasías y tradiciones, …

El filo de la censura cayó tanto sobre prácticas individuales y colectivas (editoriales, bibliotecas, librerías, etc.), como en los lenguajes infantiles y juveniles, que debían ser uniformes, sin regionalismos ni connotaciones sociales. Según Pesclevi “se buscó silenciar distintos proyectos societarios, manifestaciones de la disidencia, expresiones libertarias, formas de emancipación alternativas a prácticas ortodoxas; en definitiva, la penetración ideológica. Había que silenciar a los infiltrados, militantes de organizaciones de base y trabajo barrial, unidades básicas. Había que clausurar la inmoralidad en el lenguaje, la inmoralidad sexual, los cabecitas negras, los jóvenes, los agitadores; los melenudos, los cuerpos deseantes”.

Para sistematizar la censura se crearon espacios para una política de control sobre los libros, dirigidos desde el Ministerio de Educación y desde otros órganos educativos…

… la “Colección Libros que Muerden”. En fila aparecen títulos de Alvaro Yunque, Enrique Medina, Javier Villafañe, Jacques Prévert, José Murillo, Beatriz Dourmerc, Elsa Bornemann, entre otros, muchos otros…

Libros que fueron olvidados, quemados, despojados de su potencialidad de sacudir la infancia de una generación de adultos. Libros que hoy vuelven a circular como preguntas, que están a disposición como juguetes. Libros que irrumpen con el peso de la memoria, que muerden con rabia, que recobran su fuerza al encontrarse con la parte que los completa, es decir los –nuevos y viejos nuevos– lectores.”

Por Damián Huergo

La nota completa en: Pagina12/Suplementos

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