Maradona entre filósofos – Ricardo Forster (vía Página/12)

“Diego, Walter Benjamin, el norte y el sur – Un congreso de filosofía en Alemania y una pelea de alto voltaje sobre Maradona, el insolente capaz de plantársele a los poderosos del futbol, de la economía y del espectáculo circense.
Por Ricardo Forster*

Foto: Página/12

(Primeramente, el autor nos contextualiza acerca de cuándo y cómo ocurre lo que pasa a relatar) “… Fue precisamente en uno de esos almuerzos, que en esa ocasión compartimos con cuatro académicos italianos, cuando el nombre de Maradona rompió la serena conversación de filósofos que hablaban de Benjamin y sus múltiples derivas que nos podían llevar a la Alemania nazi o a la revolución rusa o a recorrer las estéticas del barroco o a la experiencia del exilio y el suicidio. Una conversación fluida, algo erudita pese a ciertos desajustes idiomáticos, amablemente intensa pero sin asomo de conflictos o disidencias hasta que, ya no recuerdo quien -sospecho que fuimos los argentinos los que rompimos la monotonía académica- deslizó la palabra fútbol y, como no podía ser de otro modo, eso derivó en las campañas del Napoli y en la demasiado reciente eliminación de Italia en el mundial que ellos mismos habían organizado imaginando una final entre Italia y Alemania sin siquiera poder soñar la pesadilla de Goycochea atajando penales y un relator italiano inmortalizando el “siamo fuori” mientras Maradona y sus compañeros se abrazaban en un estadio napolitano en completo silencio sufriendo por la eliminación de la azzurra y, secretamente, disfrutando con el colosal triunfo del Diego que volvía a concretar una hazaña inimaginable. 

Tres de los italianos eran del norte, uno de Milán, otro de Turín y, si no recuerdo mal, el tercero de Florencia; el cuarto era de Nápoles. Nicolás y yo hicimos una cerrada defensa de Maradona y, para nuestra sorpresa e incredulidad, los tres italianos del norte dejaron su amabilidad y comenzaron a descalificar a Diego con palabras cargadas de resentimiento y racismo. En ellos ya no había erudición ni melancolía por una modernidad en crisis que había cobijado la filosofía de Benjamin. De la posmodernidad insulsa y relativista pasaron, sin estaciones intermedias, a las diatribas más oscuras y antipopulares. El cuarto italiano, el oriundo de Nápoles, se puso hecho una fiera y salió en nuestra defensa. Con pasión habló largamente de Maradona y del fervor sacramental que había despertado en el pueblo de su ciudad. Habló también de la reparación histórica que para los meridionales había significado destronar a la Juventus y a los otros equipos del norte que siempre se repartían los campeonatos y las riquezas mientras en el sur dejaban la miseria y el abandono. Con recursos que no parecía poseer siendo como era un sereno especialista en la filosofía alemana de entreguerras, se lanzó a vindicar a un Maradona convertido, por obra y gracia de la devoción, en el heraldo de los desclasados y de los derrotados, en el redentor de los negros de la historia y en el insolente capaz de plantársele a los poderosos del futbol, de la economía y del espectáculo circense. 

Los otros tres profesores de filosofía, muy elegantes y refinados, a los gritos intentaron acallar el elogio olímpico que el filósofo napolitano estaba ensayando de un Maradona convertido, de repente, en el centro de un litigio cultural y político. Todo el desprecio de los filósofos del norte se dirigió a defenestrar a Maradona, a su conducta extravagante, a sus veleidades de semidios entronizado por la camorra para terminar reivindicando la superioridad del norte frente al sur africanizado. Nicolás y yo, por supuesto, cerramos filas con el ya entrañable amigo napolitano y, de no haber mediado la intervención de otros filósofos neutrales, creo que uno fue Michael Löwy –gran especialista de origen brasileño en Benjamin y residente desde hacía décadas en París- y el otro el presidente del congreso, el profesor Glüber si mal no recuerdo, quienes literalmente lograron separarnos y serenar los ánimos, aquella comida de camaradería hubiera terminado muy mal.

Lo sorprendente había sido que un almuerzo que transcurría serenamente y sin ninguna señal que anticipara lo que iba a ocurrir pocos minutos después, culminó en una casi batalla campal de dos argentinos y un napolitano contra tres desencajados filósofos del norte que, apenas escucharon el nombre de Maradona, se transformaron en bizarros portadores de los peores improperios clasistas y racistas. Una vez más el santo y seña de “Maradona” había funcionado como aglutinador de una nueva fraternidad entre dos sudacas y un meridional contra la soberbia de un norte germanizado y cargado de rencor y resentimiento contra el pobrerío venido del sur tanto de América como de la península. Nosotros, junto con un Maradona imaginario, pasamos a ser, para los filósofos de Milán, Turín y Florencia, oscuros africanos portadores del atraso y la incultura. Ya no se hablaba de Benjamin, de la lectura a contrapelo de la historia de los vencidos que caracterizó su pensamiento filosófico-político, sino que, arrojando al berlinés al tacho de basura, se dedicaron a oponer, una vez más, la eterna disputa entre la civilización -que ellos representaban- y la barbarie -que a la sazón era representada por Maradona-.

Nosotros, maradonianos, éramos, para ellos, incurables portadores de irracionalismo tercermundista. Aquel día sellamos un acuerdo con el único de los cuatro filósofos italianos que se mostró a la altura de una visión benjaminiana de la historia, aquella que defendía a los débiles, a los desarrapados y a los plebeyos todos reunidos en el nombre redentor de Diego Armando Maradona: el dios de los napolitanos y el eterno gambeteador de las injusticias, los poderes y las hipocresías de los dueños de la riqueza y de la pelota y que, otra vez, volvió al potrero de Fiorito del que nació el maldito entre los malditos, aquel que osó desafiar a los “civilizados” para recordarnos aquella frase de Benjamin que decía “que todo acto de cultura es, al mismo tiempo, un documento de barbarie” . Sin apenas darnos cuenta fuimos, Nicolás y yo, testigos y partícipes de un partido que se sigue jugando desde el fondo de la historia: el de los plebeyos representados por un demonio llamado Maradona y el de los poderosos y opulentos incapaces de comprender de qué lado está la verdad, la justicia y la belleza.”

*Ricardo Foster:
https://es.wikipedia.org/wiki/Ricardo_Forster
https://www.pagina12.com.ar/autores/33748-ricardo-forster

Leído en: pagina12.com.ar/308664-maradona-entre-filosofos

La contraseña universal de la rebeldía

25 de noviembre de 2016, su fallecimiento.

Seguirá conduciendo todo espíritu dispuesto a cambiar las cosas

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(Vía Pagina12) “…A quién podría ocurrírsele no sentir admiración fuera de lo ideológico –o dentro y fuera– por quien produjo la epopeya de sostener la dignidad de una isla de 110 mil kilómetros cuadrados a 110 millas del imperio más poderoso de la historia. Una isla que a no ser por él, y los suyos, sería Haití, como referencia de la cercanía geográfica, de la injusticia, la miseria. Todos, los unos y los otros, somos hoy conscientes de que murió el último grande. Visto desde el enemigo, los va a seguir jodiendo desde la tumba por los tiempos de los tiempos y visto desde este palo, seguirá conduciendo todo espíritu dispuesto a cambiar las cosas. Murió la contraseña universal de la rebeldía. Por eso es inmortal.” Eduardo Aliverti

Leído en: https://www.pagina12.com.ar/5400-la-contrasena-universal-de-la-rebeldia. La imagen: Página12.

Leído por ahí: Me gusta leer los diarios en su versión on-line porque la gente deja comentarios

… y estos son dos comentarios realizados debajo de la nota* basada en una entrevista al Dr. Eduardo López, infectólogo, director del posgrado de infectología pediátrica en la UBA**, actualmente asesor del gobierno argentino. Lo traigo al blog porque me encantaron, tanto la pregunta como, y especialmente, la respuesta. Y las transcribo como un homenaje a los científicos argentinos, tantos doctores y “ólogos”, de los que tiene que pasar algo de la envergadura de una pandemia para que se hable de ellos con verdadera admiración: 

“MVC58: No logro imaginar la dedicación de estas personas. Médicos, biólogos, infectólogos, gerontólogos… y otros “ólogos” que pueden dar opiniones fundadas acerca de lo que mejor nos puede proteger…
Tengo claro que el Estado (nosotros todos, desde el peón rural en la patagonia o en el ingenio que sea, hasta el gerente del laboratorio internacional… desde el peón de albañil hasta el futbolista con prensa… pasando por los políticos y especialistas que dieron forma a nuestro sistema educativo…) los ayudó a formarse…
Pero ellos agregaron a su formación algo que es imposible para mí definir…
Garra, coraje, el toque divino… Las habituales expresiones utilizadas para el Diego (Maradona) y para el Leo (Messi) no llegan a explicar lo que trato de razonar…
¿Qué hace que estos profesionales puedan hoy luchar contra el virus? Gracias a ellos estamos sobreviviendo…

Ana 1953: Son niños curiosos que van transitando la vida superando los diferentes niveles de formación simplemente como si nada. Estudiantes eternos. No miden horas ni días, atrapados por su investigación. Pueden olvidar lo simple, como comprar comida para la gata, pero jamás una fórmula. No viven en una burbuja; tienen conciencia social, colaboran con organizaciones o pasan años dando clases sin cobrar. Tienen claro quiénes no los representan (Barañao/Pitta) y por lo que sí hay que jugarse. Mi niño extraño, que hablaba de constelaciones o preguntaba sobre volcanes, al que los hermanos tomaban de punto. Él que se fue por sus méritos y volvió porque sabe, cómo tú dices, que es quién es porque toda una nación le dio la oportunidad de ser un doctor en ciencias, con sus impuestos. Nunca les pagarán como a un futbolista pero, sabes? Creo ni les importa. Ahora soy la que escucha sus consejos porque ya soy grande. Me siento orgullosa de ser la madre de un científico argentino y me da miedo saber que manipula un virus tan traicionero en el laboratorio. Me parece que escribí mucho, pero tu aporte me motivó a contarte cómo son y cómo fueron. Abrazos.

MVC58: Gracias por tu explicación. Abrazos!”

* La nota en: https://www.pagina12.com.ar/261683-coronavirus-no-tendremos-un-pico-como-en-estados-unidos-o-it#  –  La imagen: de allí mismo.

Así andamos por aquí: títulos periodísticos

… que leí durante estos días / diario Página 12 – Argentina*:

               

Leídos en: *diario Página 12 – Argentina – http://www.pagina12.com.ar

PD: Es increíble cómo se nos ha cambiado la vida cotidiana!

Las consecuencias de un Papá Noel que vigila y castiga (vía Página 12)

Las situaciones de chicos amenazados o sancionados a la hora del arbolito son más frecuentes que lo imaginable en esta era. El impacto que genera en la psiquis del niño un episodio de ese tipo; el lugar en el que se ponen los padres.

Por Marcela Altschul

19 de diciembre de 2019

No dar regalos de Navidad como sanción al niño que “se portó mal

Alejandro cuenta que a sus 6 años se portaba tan mal que, para Navidad, al abrir una gran caja de regalo, se encontró con que Papá Noel le había dejado un chorizo como único regalo. Sus tíos y primos se rieron de la sorpresa, y él comprendió que se lo merecía por lo malo que era.

Esta escena no puede menos que generar perplejidad. El primer impacto resulta de escuchar que el niño lo relata en tono de acuerdo, justificando el castigo recibido. A esa edad difícilmente pueda cuestionar el accionar de sus padres, ante lo cual, se tiende a desmentir el enojo, dolor y vergüenza, y siendo leales a sus padres, asumen que se lo merecen por ser malos. Porque a esa edad, generalmente, se considera quien hace cosas malas, es malo.

Situaciones similares son relatadas por muchos más niños de los que uno imaginaría en el siglo XXI. La amenaza de que Papá Noel, los Reyes Magos o el Conejo de Pascuas los vigilan y sancionarán si no se portan bien, sigue siendo un recurso vigente en muchas familias.

Estos castigos resultan aún más impactantes al tratarse de escenas que se despliegan frente a otros adultos y niños que, en ese mismo momento, sí recibirán regalos. Quedan expuestos a veces ante la risa de algunos, al ver la ocurrencia de los padres, que se escudan tras un supuesto Papá Noel que juzgó y sentenció al niño.

De más está decir que ninguna acción de esta naturaleza genera límites ni resultan intervenciones educativas, sino que producen vergüenza, inhibición y hostilidad, que, en función de cada niño, se volverá contra él mismo o será dirigida a otros.

En estas escenas preponderá un grado de hostilidad que linda con un abuso de poder demoledor en el psiquismo de un niño. Sea cual fuera la intención, la acción resulta de una crueldad contundente.

El psicoanalista argentino Fernando Ulloa planteaba que el desarrollo de la crueldad tiene como antecedente, en la constitución inicial del sujeto, la falencia de la ternura como primer anidamiento, como primer amparo que recibe el recién nacido. No es éste el único origen del futuro despliegue de la crueldad, ya que serán necesarios dispositivos socioculturales posteriores que, o bien no reparen ese origen fallido de la subjetividad, o lo acrecienten.

Muchos padres probablemente hayan desplegado acciones similares por carecer de recursos, lo cual probablemente se vincularía con los avatares de su propia infancia. Si así fuera, bienvenida una instancia de reflexión para poder modificarlo y reparar su propia historia, adoptando una modalidad diferente a la que padecieron como niños, con sus propios hijos.

La autoridad delegada

Otra faceta a pensar en relación a estas situaciones radica en la complejidad que subyace al concepto de autoridad. Si fuera Papá Noel quien evaluó y decidió sancionar al niño, ¿en qué lugar quedan los padres frente al niño?

Si miramos la situación desde la perspectiva infantil, podríamos pensar que los padres tampoco hicieron su tarea como era esperado y por ello otro tuvo que venir a poner orden, sancionándolo.

Al delegar los padres la toma de decisión en un tercero, evaden la responsabilidad. Resulta “más cómodo” decir que fue otro el que consideró que el niño no merecía regalo alguno. Si la figura de crianza no está en condiciones de fijar pautas y tomar decisiones, será muy difícil que se constituya en alguien digno de confianza para el pequeño.

Apelar a otros como portadores de la ley y el orden, seguramente resulte más cómodo y, al generar miedo, podría parecer efectivo, pero sólo lo será en apariencia y a corto plazo, aunque no será gratuito a nivel vincular ni en el contexto del desarrollo infantil.

Cuando un niño cuenta con los recursos necesarios y algo de estas actitudes los interpela, no les cierra, buscan ámbitos de confianza donde relatar lo padecido. Afortunadamente, a estos niños que comparten la inquietud, el maltrato los interpela. No están dispuestos a naturalizarlo aunque frente a otros adultos se muestren obedientes, asumiendo que su lugar en la familia, y en el mundo, sea ser malo.

Retomando el concepto de crueldad, Ulloa hablaba de la ternura como su opuesto. En las situaciones de las que estamos hablando, ante el enojo de padres fastidiados por niños que se portan mal, se nos plantea este contraste.

Afortunadamente, son muchos los adultos que, ante dificultades similares durante el proceso de crianza, abordan el conflicto desde la ternura. Esta diferencia, fundada en el buen trato, escucha y afecto, abrirá el camino para que los niños puedan transitar el conflicto como oportunidad de desarrollo.

Cuando deseamos que un niño logre modificar actitudes, el primer paso consiste en donarle esa capacidad. Mostrarle que nosotros sabemos que es capaz de generar algo diferente. Que él merece recibir apoyo ante su padecimiento, ser querido, escuchado, mirado por quién es, no por cómo se porta. Merece recibir ayuda, no ser sancionado y castigado.

El desarrollo infantil implica procesos sumamente complejos, no reducibles a un esquema de estímulo-respuesta, castigo-obediencia. En este caso, si los signamos como malos, responderán con lealtad a la imagen que le transmitimos.

La hostilidad desplegada por las figuras de crianza desautoriza, genera miedo, inhibiciones o desafíos, pero nunca dará lugar a nada positivo. Una figura que amenaza no es digna de confianza y a mediano plazo genera bronca, rechazo, cuando no odio.

La crueldad no tiene nada que ver con la puesta de límites. Sólo dificulta la crianza y los vínculos.”

Marcela Altschul es licenciada en Psicopedagogía y psicoanalista. Directora de Entramar, espacio de capacitación.

Leído en: https://www.pagina12.com.ar/237298-no-dar-regalos-de-navidad-como-sancion-al-nino-que-se-porto-