Los siete pecados capitales de la lectura: preguntas y respuestas

En el mes del libro, he notado, leyendo el Reader de WordPress, que varios blogueros responden en sus blogs a las siguientes preguntas. Pesonalmente, las tengo que pensar. Pero las dejo aquí para todos:

Lecturas10-clublibrosperdidos

Avaricia: ¿Cuál es tu libro más caro y el más barato?

Ira: ¿Con qué autor tienes una relación amor-odio?

Gula: ¿Qué libro te devoras una vez tras otra?

Pereza: ¿Qué libro no has leído por flojera?

Orgullo: ¿De qué libro hablas para sonar intelectual?

Lujuria: ¿Qué encuentras atractivo en los personajes femeninos o masculinos?

Envidia: ¿Qué libro te gustaría recibir cómo regalo?

La imagen: Club de los Libros Perdidos/Facebook /No figura el creador.
PD: Adoro meterme en las bibliotecas!

Sobre la voracidad (en un texto de Fromm)

Compartiendo lecturas…

“… la gente desea no sólo lo necesario para sobrevivir, no sólo lo que proporciona la base material para vivir bien; mucha gente de nuestra cultura -y en períodos semejantes de la historia- es voraz, ávida de más comida, más bebida, más mujeres, más posesiones, más poder, más fama. 

Su avidez puede ser más de una de estas cosas que de otra; lo que es común a todos es el ser insaciables y nunca quedar satisfechos. La voracidad es una de las pasiones no instintivas más fuertes del hombre, y es a todas luces síntoma de mal funcionamiento psíquico, de vacío interior y de falta de interioridad.

Es una manifestación patológica de la falta de desarrollo, así como uno de los pecados capitales de la ética budista, la judía y la cristiana.

Unos cuantos ejemplos ilustrarán el carácter patológico de la voracidad: es bien sabido que el exceso en el comer, o gula, que es una forma de la voracidad, frecuentemente se debe a estados depresivos; o que las adquisiciones compulsivas son un intento de escapar a un humor depresivo.

El acto de comer o comprar es un acto simbólico de llenar un vacío interior para sobreponerse momentáneamente al sentimiento depresivo.

La voracidad es una pasión, vale decir: está cargada de energía y empuja sin cesar a una persona hacia la consecución de sus fines.

En nuestra cultura, la voracidad se refuerza grandemente con todas aquellas medidas que tienden a transformar a todo el mundo en consumidor. …”

Leído en: Antomía de la destructividad humana, Cap. 10, por E. Fromm, 1974. 

Dos pecados capitales. Franz Kafka

Lecturas…

Paciencia-princesasdisney“Todos los errores humanos son fruto de la impaciencia, interrupción prematura de un proceso metódico, obstáculo aparente levantado en torno de una realidad aparente…

Existen dos pecados capitales en el hombre, en los cuales se originan todos los demás: impaciencia e indolencia.

La impaciencia hizo que lo expulsaran del paraíso, al que no vuelve por culpa de la indolencia.

Pero quizás no existe más que un solo pecado capital: la impaciencia. Por causa de la impaciencia lo expulsaron, por causa de la impaciencia no vuelve.”

Franz Kafka, en Consideraciones acerca del pecado, el dolor, la esperanza, y el camino verdadero.

Leído en: Mensajes Divinos/Julio-2012 

La imagen: No se pierdan los dibujos de Princesas Disney y Pecados Capitales en El Blog de Wendy

Antes:  Verdaderos pecados capitales. Gandhi (con “Los Pecados Capitales y las Virtudes que los vencen”)   
Pecados capitales (otra variante)   
Pecados capitales en perspectiva psicoanalítica  

Pecados capitales

Otra de las tantas variantes…

  1. La explotación del hombre por el hombre
  2. Las guerras imperialistas
  3. La ciencia y la tecnología al servicio de la guerra y la explotación
  4. Las burocracias parasitarias
  5. Los campos de concentración
  6. Las torturas y el lavado de cerebros
  7. El dogmatismo político, cientificista y religioso
  8. El hambre
  9. La mentira organizada
  10. El crimen
  11. El egoísmo
  12. La hipocrecía
  13. La venalidad
  14. La obsecuencia

De:

Aproximaciones, Horacio Gastón Hernández, Ed. Lorraine, Arg

También: Verdaderos pecados capitales. Gandhi  Pecado y perdón

Soberbias y megalomanías: diferenciarlas

27/11/2010
Elogio de Lucifer, por Florencia Elgorreaga.

“El artículo de Jorge Kury que apareció en esta sección la semana pasada, bajo el título “Siete demonios”, merece una reflexión.

Las religiones, y particularmente las que más conocemos, la grecorromana y las diversas variantes del judaísmo y del cristianismo, en su estructura normativa y legalidad interna, han estado fuertemente asociadas con las estructuras de poder, con el status quo social   (el propio Freud, en Moisés y el monoteísmo, observa: “Por esa época, las condiciones políticas de Egipto habían comenzado a ejercer poderosa influencia sobre su religión…”).

Por ello, es pertinente analizar los preceptos religiosos de un modo que permita diferenciar lo que puede entenderse como universalmente humano de aquello que favorece y sanciona los privilegios y conveniencias de los sectores dominantes. Los mitos populares, por el contrario, muchas veces cuestionan y confrontan desde una perspectiva más afín a la experiencia cotidiana lo establecido por “las sagradas escrituras”: así la oposición entre Eva y Lilith.

Principalmente dos aspectos del artículo mencionado merecen a mi entender una segunda lectura: cuál es la metáfora que se esconde en Luzbel y qué entendemos por soberbia.

El Príncipe de los Demonios, el ángel rebelde, actuaba bajo las órdenes de Dios pero quiso rebelarse, actuar por su cuenta con el concurso de otros ángeles, como él hastiados de la obediencia debida, por lo que fueron castigados por la terrible cólera divina y sumidos en el infierno (la leyenda dice que los más inocentes quedaron en tierra y son los duendes). Luzbel es ahora Lucifer, nombre que, por tradición, tal vez suene demoníaco, pero que es un antiguo y prestigioso nombre latino: “El que lleva la luz”, figura compleja y contradictoria, vinculada con la muerte y con las encrucijadas –como la diosa Hécate–, pero capaz también de alumbrar las sombras.

La resonancia cultural del portador de la luz no puede ser dejada de lado. La luz, las luces son aquello que se alza por sobre los misterios, lo que permite buscar el sentido de la vida y de la naturaleza y sostiene la investigación y la inteligencia humanas.

SoberbiagatunaEsta es la soberbia que no tolera Dios, cuya megalomanía inmutable exige adoración sin cuestionamientos.

Es la soberbia de Prometeo, que roba el fuego sagrado para entregárselo a los hombres; es la decisión de Adán y Eva de comer los frutos prohibidos del árbol de la ciencia. Soberbio fue Espartaco, que se rebeló contra un orden que parecía inmutable. Soberbios Copérnico y Galileo, que no creyeron en la tradición geocéntrica, soberbios los que cuestionaron el derecho divino de los reyes. Soberbios son y han sido los científicos que buscan nuevas explicaciones a lo ya dado. ¿Qué soberbia mayor que la del psicoanálisis, que bucea en el interior de los seres humanos? Soberbios los artistas que buscan caminos no transitados, soberbios los revolucionarios que pretenden modificar el orden social injusto.

¿Algunos de ellos son además megalómanos? Seguramente, y ésos son los que pueden causar daños irreparables a sus causas. Pero la soberbia, dignidad colectiva de hombres y mujeres frente al poder y frente al destino, es muy diferente de la psicopatología individual del megalómano.

No es casual que “soberbio” sea también un elogio –¡qué música soberbia!–.

Es verdad, los soberbios rebeldes a veces terminan mal, porque la cólera terrible de Dios, del poder, de los sistemas establecidos, a veces es más fuerte. Pero, sin su desobediencia, estaríamos en un mundo detenido, en el fin de la historia deseado por los poderosos.”

De: El poder y los valores religiosos. P12–Psicología