Diez pensadores fundamentales de nuestro tiempo (vía cultura.nexos.com.mx)

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“… Son diez personas cuyos conceptos teóricos han cambiado el curso de nuestro entendimiento y con él, del mundo. Fuera del eurocentrismo complaciente, estirando las fronteras hasta China, la India o África, el peso de ciertas ideas, para bien o para mal, modela la faz del presente y delinea los campos de probabilidad del porvenir. A continuación los perfiles, ordenados por edad, que figuran, al comenzar 2019, como los críticos y teóricos fundamentales de nuestro tiempo:

• Kwasi Wiredu (Ghana, 1931)
Filósofo formado en Oxford que aboga por las “descolonización conceptual”. Sin anclarse en valores tribales ni someterse per se a Occidente, ha buscado separar los instrumentos analíticos importados para rehacer la epistemología africana, distinguiendo a la vez lo universal de lo particular. Su idea de “multilateralismo del pensamiento” sugiere que los excolonizados puedan seguir accediendo a técnicas y conceptos con la llave occidental sin dejar de permearse por las particularidades culturales de cada nación africana. Autor de Cultural Universals and Particulars (Indiana University Press, 1996).

• Gayatri Spivak (India, 1942)
Una de las referencias del pensamiento poscolonial en universidades del mundo entero. Después de estudiar literatura inglesa en Calcuta, emigra definitivamente a los Estados Unidos en 1950 para convertirse, veinte años después, en la talentosa traductora al inglés de Derrida. No será sino hasta 1983 que ingrese en incontables tesis, bibliografías, debates y cursos que extienden su influencia al grado de clásico, con el ensayo ¿Puede hablar el subalterno? (la traducción que Spivak ha preferido opta por el femenino), de génesis gramsciana. Sus instrumentos deconstructivos de análisis no buscan restituir la palabra de los que “no tienen voz”, como pretende una rama de los postcolonial studies, sino observar los procesos de hibridación cultural que los han silenciado. También ha sido notable la circulación de una obra que recusa la herencia de la filosofía marxista o kantiana al señalar sus estructuras de exclusión: Crítica de la razón poscolonial. Hacia una crítica del presente evanescente (Akal, 2010).

• Bruno Latour (Francia, 1947)
Considerado el pensador francés vivo más leído en el mundo. De todos los hilos conductores de su obra se distinguen su reflexión sobre nuestra “constitución moderna”, el relato ideológico que allana nuestra ruta a la modernidad y al progreso, en realidad opuesto a nuestras acciones guiadas, a menudo, por una especialización excesiva y arbitraria. Ante la industrialización ilimitada y la destrucción despiadada de la naturaleza, estamos en un punto de no retorno: hemos entrado en el antropoceno, una era geológica de híbridos, humanos y no humanos. En este escenario, su propuesta es clarificar las fronteras entre disciplinas para delimitarlas de otra manera (entre otras cosas, mediante una “antropología simétrica”, aplicada a nosotros mismos como la aplicamos a las sociedades primitivas). Una de sus ideas más audaces y desconcertantes es dar un nuevo rumbo a la filosofía ecológica mediante un “parlamento de las cosas” en el que humanos, fauna y flora, minerales y artefactos, tengan defensa y representación. Sus libros más difundidos son Nunca fuimos modernos (Siglo XXI, 1991) e Investigación sobre los modos de existencia (Paidós, 2013).

• Philippe Descola (Francia, 1949)
Heredero directo de Lévi-Strauss, fundó como él sus reflexiones en el estudio de un pueblo amazónico, los Achuar, habitantes de las lindes fluviales entre Ecuador y Perú. Para Descola, las sociedades pueden estudiarse y clasificarse a partir de la relación entre lo humano y lo no-humano. De ahí la posibilidad de que exista una pluralidad de ontologías (animista, totemista, analógica o naturalista, como en Occidente). De modo que nuestro concepto de “naturaleza” vs. “cultura” no es más que un modo entre muchos otros de entender la forma en que los seres humanos se relacionan con su entorno. Su libro más destacado es Más allá de naturaleza y cultura (Amorrortu editores, 2012, edición original de 2005).

• Joan Tronto (Estados Unidos, 1952)
La madre teórica que llevó el concepto de care al terreno ético y político: el cuidado, la solicitud, la atención o, en sus palabras, “la actividad genérica que reúne todo lo que hacemos para mantener, perpetuar y ‘reparar’ nuestro mundo, para vivir de la mejor manera posible”. Contra la moral ahistórica kantiana y la ideología del self-made man, su filosofía exhorta a reconfigurar las instituciones en torno a todas las actividades que dependen necesariamente del otro (desde la protección policial hasta el cuidado ambiental). Autora de Moral Boundaries. A Political Argument for an Ethic of Care (Routledge, 1993).

• Judith Butler (Estados Unidos, 1956)
¿Quién no ha oído de ella o leído su obra? Semejante difusión mediática y académica le merece el sobrenombre de rockstar del pensamiento posmoderno. Es, nada más y nada menos, que la matriarca de los estudios queer, que aplican una diferencia tajante entre sexo y género, a los que asumen como meras construcciones sociales, y que al hacerlo se desmarcan de la idea binaria del sexo (masculino y femenino) como un elemento determinado biológicamente. Aunque Gender Trouble (traducido al español como El género en disputa: el feminismo y la subversión de la identidad), el libro revolucionario, iniciático, de Butler, se publicó en 1990 —alcanzó rápidamente los cien mil ejemplares— no ha perdido importancia: el género, para Butler, no es ni una esencia ni una naturaleza sino una performatividad cuya expresión teatralizada se transmite de generación en generación. Esta idea y el desarrollo de ella hasta la fecha en torno a temas de ética, política y cultura le han valido una fama mundial.

• David Graeber (Estados Unidos, 1961)
A este antropólogo de la economía de la London School of Economics se le atribuye la expression “Somos el 99%” del movimiento Occupy Wall Street de 2011. Desde el año 2000 se ha dedicado a desmistificar el capitalismo racional o, mejor dicho, a mostrar la potente carga simbólica de téminos científicos como deuda, ley de mercado o asalariado. No sorprende entonces que su tesis, dirigida por Marshall Sahlins, abunde en las relaciones entre magia, esclavitud y política en Madagascar. Tampoco, que haya buscado las alternativas al capitalismo contemporáneo, pero también a los imperios económicos —siempre con seria carga simbólica— que regían en la antigua Grecia, en la Edad Media europea e incluso en la prehistoria. También ha incluido en ciertos libros un lenguaje popular que rompe tabús, fundando, entre otras, la idea tan vigente de shit jobs que lleva de la mano a la de nini en varios países del mundo. Paradójicamente, su militancia en círculos y organizaciones anarquistas lo equipara más con un pragmático amante de las ciencias sociales, que con un utopista rebelde. Entre sus libros traducidos destaca En deuda. Una historia alternativa de la economía (Ariel, 2014).

• Sanjay Subrahmanyam (India, 1961)
Uno de los pioneros de la llamada “historia global” o, como él mismo defiende, la “historia conectada”. Renuente a los grandes relatos europeos de los “descubrimientos”, su aproximación a la historia descentra los puntos de vista hegemónicos, busca reunir las tradiciones historiográficas asiáticas, europeas y americanas, promoviendo a la vez un enfoque material, político e intelectual. Mediante el prisma de las áreas culturales interconectadas, se ha dado a la tarea de relatar la historia desde la mirada poscolonial de los olvidados y subalternos, tomando en cuenta los procesos de hibridación y mestizaje local o regional. Dirige la cátedra “Primera modernidad” en el Collège de France. La proyección internacional de su obra se debe a Vasco de Gama (Crítica, 1998) en el que narra las exploraciones del portugués poniéndose en la piel tanto de los sultanes africanos como de mamelucos e indios.

• Steve Keen (Australia, 1963)
Economista, su fama empezó con un best-seller que no para de venderse y traducirse desde 2001: Debunking Economics: The Naked Emperor of the Social Sciences, traducido como La economía desenmascarada (Capitán Swing, 2015). Heterodoxo, opositor de la dominación económica neoclásica, se considera un poskeynesiano. Su alegato es por un modelo alternativo, y no por eso poco realista, capaz de predecir, como él lo hizo, debacles como la crisis de 2008, para la que no estaban preparados los neoclásicos y que no han querido asimilar desde entonces dentro de sus modelos.

• Hartmut Rosa (Alemania, 1965)
El mundo actual se despeña por su velocidad excesiva. Todos sufrimos la angustia por falta de tiempo. Hartmut Rosa, heredero de la Escuela de Francfor, propone ponerle freno a la modernidad, que concibe siguiendo una dialéctica entre las crecientes fuerzas de aceleración y las cada vez más débiles fuerzas de frenado. Ni la autonomía ni el libre albedrío del individuo moderno hallan salida por sí mismos a una espiral de deseos, tareas y objetivos en incesante flujo y ajenos a la voluntad. Pero la desaceleración no basta. La solución filosófica de Rosa es volver a un estado contemplativo, de asombro perpetuo, que aspire a una “resonancia relacional”, contraria a la lógica de aumento del tiempo en la sociedad, que reconcilie cuerpos, almas y entornos para abrir una vía de escape a la alienación. Su libro más conocido se tradujo como Alienación y aceleración. Hacia una teoría de la temporalidad en la modernidad tardía (katz editores, 2016).”

Fuente: Le Nouveau Magazine Littéraire, enero 2019.
Leído en: https://cultura.nexos.com.mx/?p=17411

Grandes filósofos de la actualidad

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“…

Emanuele Severino

Es un reconocido filósofo italiano que ejerce como profesor universitario. Sus libros han sido clasificados por la Iglesia como oficialmente en oposición al pensamiento cristiano. Su pensamiento defiende los siguientes pilares fundamentales: la eternidad de los entes, la diferencia ontológica, el nihilismo, la muerte, el destino, el Dios y el super Dios.

Mario Bunge

Uno de los filósofos más importantes, nacido en Buenos Aires en 1919, ha conseguido multitud de reconocimientos internacionales, entre ellos el Príncipe de Asturias. Su pensamiento se define por el realismo pues está convencido de que las cosas son de verdad.

Y aunque esto pueda parecer algo banal, los estudiantes de filosofía saben que no lo es tanto… En sus libros encontrarás referencias a la filosofía científica, la física teórica, la psicología y sociología o la neurociencia entre otros.

Steven Pinker

Canadiense nacido en 1954, sus grandes obras se centran en la psicología evolutiva, especialmente en el campo del poder cognitivo. Entre sus obras destacan “El instinto del lenguaje” o “El mundo de las palabras”.

Su pensamiento, en grandes rasgos, podría definirse entorno a la idea de que “la evolución es responsable tanto del diseño del cerebro como de los mecanismos que rigen el comportamiento de nuestras facultades cognitivas y emocionales”.

John Gray

Nacido en el 1948 en Inglaterra, John Gray destaca en el campo de la filosofía política gracias a obras tales como “Falso amanecer” o “Los engaños del capitalismo global”.

Además escribe periódicamente para grandes periódicos de tirada nacional e internacional. Su pensamiento va en contra del liberalismo y del humanismo, desarrollando ideas típicas del liberalismo agonístico a partir de una base ética del pluralismo de valores de Berlin.

Peter Singer

Otro de los filósofos vivos que no puedes perderte, en este caso australiano, es Peter Singer con su filosofía utilitarista.

Define su propia obra como “el supuesto de que la claridad y la consistencia en nuestro pensamiento moral probablemente nos conducirá, en el largo plazo, a adoptar mejores posturas sobre problemas morales”. Entre sus escritos podemos mencionar “Compendio de ética”, “Fines y medios” o “Ricos y pobres”.

Noam Chomsky

Científico, lingüista y filósofo estadounidense quien se define a sí mismo como anarquista. En sus libros desafía e intenta eliminar todo tipo de jerarquía injustificada. Además, defiende un uso del lenguaje simple (se contrapone con todos aquellos intelectuales y filósofos que utilizan un vocabulario muy técnico y abstracto).

Siempre ha animado a todos los no especializados en filosofía que cuestionen aquellas ideas y razonamientos filosóficos que no entienden, para poder crear un diálogo ético mucho mayor.

Gary Francione

Otro filósofo estadounidense de merecido prestigio que te recomendamos, trabaja igualmente sobre el derecho de los animales y su labor se centra en desestimar la idea de los animales como propiedad.”

Leído en: es.quora.com/q/elpoderdelaatencion

10 filósofos actuales

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“… En ‘Le Nouveau Magazine Literaire’, ‘Les 10 philosophes qui influencent le monde… pour le meilleur et pour le pire‘ (Los 10 filósofos que influyen en el mundo, para mejor y para peor). Se trata de:

“Los best-sellers no son un indicador fiable” (Patrice Bollon, autor de este hit-parade). Fuera de la lista se han quedado el italiano Giorgio Agamberi (1942), el alemán Peter Sloberdijk (1942), el estadounidense Fredric Jameson (1934), gran analista de la posmodernidad, el francés Jean-Luc Nancy (1942), serbio Thomas Nagel (1937), los africanos Souleyman Sachir Diagne (1955) y Achille Mbembe (1957), el alemán Axel Honneth (1949), la francesa Barbara Cassin (1947). el brasileño Avital Ronel (1952), el francés Jacques Rancière o el indio Dipesh Chakrabarty (1948).

¿Y qué decir de los filósofos españoles? En mi lista estarían José Antonio Marina, Javier Gomá, Emilio Lledó, Fernando Savater, Adela Cortina, Victoria Camps… y como pensadoras, portentos de la educación como Carmen Pellicer y Sonia Díez. …”

Leído en: juancarloscubeiro.com/2019/12/los-10-filosofos-actuales-que-mas-nos-influyen-para-bien-y-para-mal/

PD1: He visto otras listas, o sea con otros filósofos/pensadores. Otro día las comparto.

PD2: Y yo, todavía, con Platón y Aristóteles!

La ingenuidad culpable – Silvia Bleichmar

Frases que me hacen eco…

“La ingenuidad, francamente, me produce rechazo. De ingenuos está llena la complicidad de “los inocentes” con el terrorismo de Estado, con los ladrones de bienes públicos, con los golpeadores familiares, con la injusticia en general. El ingenuo, “el inocente”, como diría Broch, no es sino alguien que cierra los ojos a la amenaza o sufrimiento hasta que este se le viene encima. La ingenuidad política es, también, des-responsabilidad.”

Silvia Bleichmar, Psicoanalista, Psicóloga y Socióloga, intelectual y librepensadora argentina. En Wikipedia:
https://es.wikipedia.org/wiki/Silvia_Bleichmar

Leído en: https://www.facebook.com/psicoanalistasautoconvocados/

Nostalgias del país perdido – Silvia Bleichmar

Para argentinos, en estos meses -mayo, junio, julio, agosto- de tantas fechas patrias…

Por Silvia Bleichmar*, Psicoanalista, Psicóloga y Socióloga, intelectual y librepensadora argentina.

“Durante más de cincuenta años los argentinos leímos, una y otra vez, en el Billiken, la gesta de Mayo. Durante más de cien años, a partir de la fundación de la enseñanza pública representamos, una y otra vez, en los actos escolares, damas de miriñaque, caballeros de galera, negritas mazamorreras, vendedores de velas, serenos, aguateros.

Durante varias generaciones dibujamos, una y otra vez, la casa de Tucumán con sus trencitas retorcidas delanteras y el Cabildo con ventanitas verdes, cantamos la marcha de San Lorenzo y esbozamos, calcamos, difuminamos, pegamos, imágenes de San Martín a caballo, de frente, de viejo, de joven, salvado por Cabral, montado en su caballo blanco, rodeado de mulas, abrazado a O”Higgins…

Año tras año, en mayo, julio y agosto, recibimos, intentando adherir a nuestro ser, la gesta libertadora, la fundación de la Patria, la Revolución y la Independencia. No nos fue fácil diferenciarlas: nunca entendimos muy bien, ni siquiera de niños, qué querían decir política y económicamente cada uno de esos gestos fundantes.

Supimos desde siempre que existimos a partir de ellos; se nos dijo que somos libres y nos ganamos el respeto del mundo a partir de ellos, que no seríamos sino una colonia sin ellos, que a partir de eso ya no dependemos de la voluntad de rey extranjero alguno, que no tendríamos bandera, himno ni escarapela si no fuera por ellos, que somos dignos y que, a Dios gracias, todo ello nos permite, en los actos escolares, bailar el pericón y no la gavota.

Y sin embargo, pese a todo esto, irreductiblemente, irremediablemente, los argentinos seguimos diciendo, cuando nos referimos a la que deberíamos llamar nuestra patria, “este país”. Y seguimos buscando la identidad en cosas aparentemente triviales, la buscamos desesperadamente, ardientemente, hasta que nos duelen las manos y los ojos de añoranza, explorando en esas pequeñas cosas rastros de aquello que nos permita detectar un resto de la que suponemos es nuestra identidad perdida: nos sentamos en aviones de Aerolíneas Argentinas, buscamos las estaciones YPF para cargar nafta, comemos alfajores Havanna, sumergimos en el té bizcochitos Canale, vamos a ver la quebrada de Humahuaca, nos detenemos un momento en Purmamarca, pasamos rápido ante la sala del velatorio de Lavalle en Jujuy, escuchamos turísticamente que hasta allí se llevaron a través del país los restos mutilados de un cuerpo despedazado sin juntarlo con los cuerpos despedazados con los que en cada siglo “el país”, “este país” se cobra de manera siniestra su cuota de horror, no sólo de sangre.

Sentimos, sin saberlo del todo, que ya no hay aviones de línea nacional, ni nafta de extracción nacional, ni bizcochitos Canale ni alfajores Havanna hechos por viudas o familias de inmigrantes, y que el norte fue arrasado hace ya tanto tiempo que ni siquiera podemos sospechar que los bosques de quebracho que alguna vez poblaron la desolada tierra salteña se fueron en el tanino con el cual se curtieron los cueros que salieron al mundo, y que junto a los cueros se curtieron los cuerpos de quienes los trabajaron hasta dejarlos grises y parejos con el color de la miseria, y que los sabores se tornan cada día más extraños, y que por eso buscamos desesperadamente, aferrados a esas migas de alfajor de maizena despedazado de lo que alguna vez fue la patria, el sabor y el olor de lo que amamos.

Y cuando nos levantamos a la mañana seguimos buscando en el guardapolvo blanco el símbolo de un proyecto de país tendido hacia el futuro, sabiendo que ese guardapolvo ha devenido la marca de la pobreza, que cada niño que porta el uniforme del país que quisimos ser es hoy un candidato a la miseria y la marginación, y que nos alegramos cuando los vemos manchados con mate cocido, café con leche o sopa, porque el color impoluto que fue orgullo de generaciones de madres es hoy la uniformidad de la miseria que sólo se ve arrancada de sí misma por la voluntad infantilmente férrea de quienes se resisten a dejar de ser.

Y como los esclavos negros que en el Brasil colonial acuñaron una palabra con la cual expresar sentimientos que estaban más allá de lo representable, y encontraron en el vocablo banzo —un fragmento de la lengua madre de Angola caído para llenar el vacío que el portugués abría sobre la nostalgia— un modo de expresar esa extraña añoranza de lo no conocido, de la tierra de los ancestros, del escenario mítico en el cual se despliega el recuerdo de la libertad nunca vivida, los argentinos intentamos capturar el reflejo empobrecido en sonidos e imágenes de la patria que las figuritas y representaciones de la infancia nunca terminaron de hacer vívida.

Porque si seguimos diciendo “este país” es porque nunca pudimos sentirnos dueños de su cuerpo. Y el territorio cercado por el cual periódicamente circulamos libremente nunca terminó de ser poseído por nosotros, y cada vez que intentamos poseerlo nos despedazaron, y cada vez que dijimos que teníamos derecho a definir su historia nos derrotaron, y la identidad es entonces un sueño que periódicamente se torna pesadilla y nos vemos compulsados a un dormir sin sueños.

Por eso añoramos lo que nunca tuvimos, y a cada niño que aprende la historia patria deberíamos enseñarle que los héroes de la Independencia no nos legaron más que un proyecto, y que la única manera de que la independencia deje de ser una figurita que se pega en el cuaderno es enseñándole que él es el heredero de esta historia inconclusa, irrealizada, soñada y renunciada por generaciones, y que cada uno deberá reeditar y recrear la proeza de su fundación..

Y deberemos enseñarles, también a nuestros niños, que sí tienen derecho a la identidad, pero que esta identidad no es simplemente la herencia étnica del crisol en el cual se gestó la amalgama entre la Argentina indígena y el país criollo, ni del mestizaje entre gringos y charrúas, ni entre negros y lo que fue sedimentando de todo lo demás, ya que la extinción de los tobas es también la extinción de la pampa gringa a manos de los rentistas de la tierra. Y deberemos decirles también que esa identidad no fue nunca concluida, y que es mentira que Argentina y Australia tuvieron el mismo punto de partida y nosotros, los argentinos, por imbéciles, dejamos que todo se nos fuera de las manos, ya que en realidad el destino no estuvo en nuestras manos sino por breves períodos, y no lo dejamos ir sino que nos lo arrancaron. Y en eso sí tenemos una responsabilidad, que no es lo mismo que tener la culpa, ya que no tuvimos la fuerza necesaria para impedir que los ladrones, los verdaderos culpables de nuestra miseria, fiestearan a nuestra costa y aceptamos en cierto momento los huesos y en otro salvamos el pellejo, pero nunca pudimos evitar que se llevaran lo nuestro.

Y también deberemos transmitirles la idea de que la historia por la Independencia no acabó en el 1800, y que si no hay muchos que tengan algún ancestro que peleó en Vilcapugio y Ayohuma, ya hay millones de nietos de hombres y mujeres que pelearon batallas durante todo el siglo XX, y que los padres, abuelos y bisabuelos de nuestros escolares estuvieron en el 30 defendiendo la democracia o siendo arrasados por el golpe de Uriburu, y avanzaron sobre la Capital en el 45, y fueron reprimidos en el 50, y luego masacrados en el 55, y estuvieron en la fundación de sindicatos y escuelas, y participaron de las luchas en defensa de la Universidad de los 60, y se plantearon, de uno u otro modo, construir un país distinto en los 70, y se quedaron y resistieron como pudieron o se fueron al exilio y volvieron, y siguieron resistiendo, y murieron en la Plaza de Mayo en el 2001, y en los piquetes en el 2002, y fundaron comedores populares e hicieron teatro en las plazas, y escribieron poemas, artículos, libros, botellas al mar de la Web. Y que diariamente reparten si no escarapelas celeste y blancas, comidas en ollas improvisadas en el medio de la calle que comparten con sus hijos que se ponen los guardapolvos blancos luego de marchar por esas mismas calles construyendo una historia que les permita sentir que recuperan su posibilidad de futuro.

Y entonces sí, cuando hayamos podido cobrar dimensión de esta historia, la rudimentaria identidad de sabores y olores con la que persistimos tenazmente aferrándonos para seguir siendo algo más que habitantes de este territorio, podrá ser afirmada en el pasaje a la apropiación definitiva de un país que llevamos inscripto hasta el borde de la desesperación y la nostalgia.

Leído en:  https://www.facebook.com/silviableichmar/
SIlvia Bleichmar, en Wikipedia: https://es.wikipedia.org/wiki/Silvia_Bleichmar

Nostalgias del país perdido* – Silvia Bleichmar – *Del Capítulo 4 de “No me hubiera gustado morir en los 90”, Taurus/Alfaguara, Buenos Aires, 2007.