Alicia Moreau de Justo

11 de octubre

“Siempre creí que este país merecía ser distinto. Que un día íbamos a unirnos todos y el destino cambiaría. Recuerdo los barrios obreros de esta ciudad cuando llegábamos con las banderas rojas, y la gente se iba reuniendo y se iban logrando cosas. Cuando el partido socialista era una parte linda de la vida. Cuando las mujeres nos juntamos por primera vez y empezamos a pelear por nosotras…”.

“Médica, política, defensora de los derechos humanos y pacifista. (1885-1986)

Nació el 11 de octubre de 1885 en Inglaterra, hija de Armando Moreau francés y de María Denanpont. Siendo niña viajó con su familia a la Argentina.

Realizó sus estudios en Buenos Aires, recibiéndose de maestra y profesora en la Escuela Normal número 1. Se graduó de médica en 1913 con diploma de honor. Había cursado el sexto año de estudios en la sala de Ginecología del viejo Hospital de Clínicas, en Buenos Aires, y el séptimo, y entonces último, en la sala de Clínicas del mismo establecimiento.

Este logro fue muy sorprendente en esta época, donde las mujeres eran discriminadas y no se las dejaba ejercer sus estudios y la medicina con facilidad. Alicia creía que era “necesario combatir el dolor humano”, como confesó al ser proclamada la médica argentina del siglo, poco antes de su muerte.

Luchadora incansable por los derechos humanos y la reivindicación del género femenino, fue una de las primeras mujeres en integrarse al quehacer político argentino.

En 1902 creó junto a otras compañeras “El Centro Socialista Feminista” y “La Unión Gremial Femenina”, construyendo las bases para el reconocimiento de igualdad de la mujer en la sociedad Argentina.

Comenzó su actividad intelectual en el Foro de Libre Pensamiento en 1906, con un trabajo sobre educación y ese mismo año fundó el centro feminista.

Entre sus obras más importantes se encuentran:

  • “La mujer en la Democracia”,
  • “El Socialismo según la definición de Juan B. Justo”.

Dirigió además, entre otras, la revista “Vida Femenina”.
Fundó la Confederación Socialista Argentina y la Fundación Juan B. Justo, la que presidió hasta su muerte.

Falleció a los 101 años, el 12 de mayo de 1986.”

Leído en: villacrespomibarrio adonde también se transcribe la siguiente nota, por Eva Giberti:

Brindis con Alicia, por Eva Giberti
Revista El Periodista Nro 57

“Cuando yo era chica, hace tiempo ya, escuchaba cómo en mi casa hablaban de una mujer que “estaba en la política”. La mencionaban con respeto pero como si se tratase de algo extraño. Y en realidad lo era en aquella época.

En otros sectores “la rareza” no era respetada; por el contrario, se la descalificaba: otros chicos crecieron en el asombro o el descrédito ante la militancia política de una mujer caracterizada como ajena a los problemas “típicos y esenciales” de la feminidad, aquellos que las recluían en el hogar, en la invisibilidad de la tarea doméstica y las ceñía exclusivamente a la demanda filial. Resultaba “mal visto” eso de meterse en política siendo mujer, y además entrañaba riesgos de toda índole.

Pasó el tiempo.

Siendo adolescente -y como tantos jóvenes en aquel momento- asistí a una conferencia en la Casa del Pueblo. Me tocó bajar en el ascensor junto con ella. Con la petulancia ingenua de quien supone que su palabra puede resultar trascendente le dije:”La felicito, doctora, por lo que usted hace” Desatino total ¿Desde qué lugar podía yo felicitarla? Debía haberle dado un beso y callarme la boca. Ella sonrió y me dio las gracias.

Pasó el tiempo. Alicia Moreau de Justo había dado pruebas inequívocas de su valor, de su tenacidad y de su compromiso político. Su nombre era un Nombre prestigiado.

Cierta vez yo debía hablar acerca de la mujer en una Fundación; eran los tiempos en los que el tema mujer se recortaba como una venturosa alternativa, como posibilidad de denunciar en nuevos espacios las opresiones y las impotencias. Ocupando mi lugar en el escenario, en mitad de la conferencia levanté la vista de mi texto y la encontré casi delante de mí, perdida entre las asistentes de las primeras filas. Sólo atiné a interrumpir el párrafo y a decir:”Aquí está Alicia Moreau de Justo” y ya no recuerdo qué palabras utilicé para homenajearla, desconcertada por su presencia. Advertí que los términos de la situación estaban confundidos y que distribución debía ser otra: ella hablando y yo escuchando.

La busqué al salir:”Doctora,¿qué hace Usted aquí?” Me contestó:”Quería saber qué decía una psicóloga hablando de la mujer. Como soy médica. Pero me hubiese gustado que usted se refiriese un poco más a la mujer y a la política”

¡Qué lástima Alicia, qué lástima! En aquel momento no pude aprovechar el mensaje: la colonización intelectual que me había enseñado a creer en la asepsia y neutralidad de la tarea profesional me impidió comprender lo que Usted me estaba diciendo. La política era para mi, como para tantas otras, apenas una lontananza cargada de presagios.

No volví a verla personalmente nunca más.

Pasó el tiempo. Septiembre 1973. Acababan de llevárselo a mi hijo Hernán y lo tenían desaparecido. Embadurnados por el miedo, la casi totalidad de amigos y conocidos no daban señales de vida a mi alrededor. Entonces, en el teléfono más “pinchado” de Buenos Aires, el de mi casa, surgió la voz de Alicia:

-“Soy Alicia Moreau de Justo. Quiero hablar con usted. Qué noticias tiene de su hijo?”
-“Ninguna doctora, ninguna”.
-“Mire Eva: usted sabe quien soy y lo que pienso acerca de Perón. Conoce mi línea como opositora. Eso ahora no importa. Si usted quiere, yo lo voy a ver a Perón y le pido por Hernán; le pido por un joven de veinte años que se ha equivocado. Seguramente me va a escuchar”

Recuerdo bien qué le contesté, pero el resto del diálogo quedará entre nosotras dos. El trámite no se realizó pero ese ofrecimiento, jugado entre la vida y la muerte, fue parte de lo que nos ayudó a sobrevivir. El episodio me permitió medir, desde otra dimensión, qué entendía ella por política y mujer. (*)

Siguió pasando el tiempo. Actualmente Alicia Moreau de Justo es ovacionada cuando llega a la Plaza de los Dos Congresos para celebrar el 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer; en la misma ciudad donde grandes sectores la consideraban extraña y criticable su militancia partidaria y donde aún continúa siendo infinitamente difícil ocupar el lugar que ella impulsara para la política diseñada por la mujer.

Pero donde ya no retrocedemos como no retrocedió ella cuando se trató de hacer política partidaria o construir la Política que nos compete como ciudadanas. La que promovió desde la Sociedad Luz de Barracas, desde el Congreso popular de Educación, o desde la Unión Feminista nacional, o en el Comité Pro Paz, en el Congreso Internacional de Obreras y en tantos otros territorios ocupados por los desposeídos y los humillados.

Lo que supo y pudo hacer tendiendo puentes entre su maternidad, su militancia política, su profesión y su matrimonio. Mostrando cómo se puede ser feminista y al mismo tiempo militar en política mientras se atiende la profesión, se cuida a los hijos y se acompaña al marido, poseyendo una identidad propia, aún siendo la “señora de”.
Pudo hacer todo esto en la época en que parecía imposible lograrlo, sin optar entre una y otra pasión. Fue un modo de ser revolucionaria integrando las capacidades de la mujer.

Así la encuentra su cumpleaños, en el apogeo de una persona que hoy día responde: “queda mucho por hacer. ¿O no cree acaso que hay mucho por realizar para hacer al hombre? El enemigo que debemos combatir es tan potente, desde tanto tiempo es fuerte, aplastó a tanta pobre gente sin reprocharse nunca nada, que realmente, todo lo que se pueda hacer es poco.”

Festejamos el cumpleaños de la coherencia y la tenacidad gracias a las cuales se sumaron horas-conciencia con las que se construyó buena parte de esta claridad y estas posibilidades que tenemos hoy para pensar y hacer desde el género Mujer.

Y como es válido levantar la consigna feminista “lo personal es político”, debo reconocer que, cuando mi hija adolescente aplaude emocionada viéndola entrar en la Plaza de los Dos Congresos mientras me dice con total naturalidad, sin imaginar que ése es el resultado de muchos años de coraje y tesón:”!Mamá! ¡Está llegando Alicia! !Qué maravilla de mujer!”, yo resuelvo, en clave de esperanza, la fatiga que produce la lucha por la dignidad.

(*)Mi hijo Hernán fue un preso político desde septiembre 1973 hasta mayo 1986. Alicia Moreau de Justo se refiere al episodio en el cual lo detuvieron y desaparecieron durante una semana.

Nota: Al realizar algunas búsquedas más, encontré el texto anterior en el sitio Red Informativa de Mujeres de Argentina

Saludos! Acuarela

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5 Comments »

  1. 1
    ana unhold-escritora-artista plástica Says:

    Muy bueno el material sobre Alicia Moreau. Qué gran mujer. Un modelo a seguir. Publiquen en letras de gran tamaño para que nuestros jóvenes lo vean.

  2. 3
    Elena E. Beolchi Says:

    Y pensar que en este momento hay gente como la médica Alicia Moreau, que trabajan sin estridencias, tan naturalmente que por eso no las reconocemos.

  3. 4
    acuarela Says:

    Reblogged this on Acuarela de palabras and commented:

    Compartiendo viejos posts con los nuevos lectores…

  4. 5
    Mariela Says:

    Entrevista a Alicia Moreau de Justo

    Fuente: Revista Qué, Nº 56, 26 de agosto de 1947.

    Acción mundial de la mujer

    El 8 de marzo se celebra el día internacional de la mujer. Ese día se reafirma “la plena participación, en condiciones de igualdad, de la mujer en la vida política, civil, económica, social y cultural”1. No hizo falta el calendario ni que se fijaran fechas recordatorias para que a lo largo de la historia y en diversos lugares del mundo, mujeres, organizadas o solas, reclamaran justicia, igualdad, y paz. Para recordar estas luchas, seleccionamos una entrevista a Alicia Moreau de Justo, realizada en 1947, en vísperas de viajar a París para reclamar por la paz en el Congreso Internacional de Mujeres celebrado tras la convulsión ocasionada por Segunda Guerra Mundial.

    Pide la luchadora socialista unidad para defender la paz

    “Millones de mujeres de todos los países han apoyado a los hombres para ganar la guerra. ¿No trabajarán ahora para la paz?” Animada por este pensamiento surgió en Francia en 1945 la “Entente mundial por la paz”. Con su auspicio se reunirá en París a fines de setiembre el Congreso Internacional de Mujeres. En su seno alzará su voz Alicia Moreau de Justo: representará al movimiento femenino democrático de la Argentina.

    “Mujeres del mundo: uníos”

    A pocas horas de su partida, Alicia Moreau expuso, a requerimiento de QUÉ, los alcances del congreso y el plan de acción que, a su juicio, deberá cumplir. Una larga y esforzada acción cívica y sociológica respalda sus ideas. Publicista, investigadora en el campo científico, as femenino de la Casa del Pueblo, ha ocupado, desde hace décadas, tribunas de combate: en el periodismo, en las filas socialistas, en múltiples congresos de cultura, dentro y fuera de la República.

    ¿Objetivos esenciales del Congreso?

    Organizar el trabajo internacional de la paz es el propósito primordial de la Conferencia. Sólo las medidas internacionales tienen alguna probabilidad de ser útiles. Eso alimenta el optimismo de las organizadoras: debe surgir un plan general de acción que oriente y una a todas las mujeres del mundo que deseen trabajar de veras por la paz.

    Pero el esfuerzo no ha de cumplirse sólo en el plano internacional. No todo está dicho con el informe que, de regreso a su país, presente cada delegado. Es necesario que en cada nación se inicien o intensifiquen las tareas que corresponden, para que las decisiones no sean letra muerta.

    Condición previa: democracia

    ¿Qué factores existen, en pro y en contra? La doctora Moreau de Justo responde sin vacilaciones. A través de su palabra vibran firmes convicciones sociales, acreditadas en vasta lucha:

    Para cumplir las decisiones internacionales son menester gobiernos respetuosos de sus compromisos, no sólo en la forma sino en el fondo: gobiernos que sean la expresión genuina de la voluntad del pueblo, no sólo en la forma sino en el fondo; que respeten las libertades y los derechos –reitera– no sólo en la forma sino en el fondo. En una palabra: la brega por la paz exige ante todo el afianzamiento de la democracia. Esta es el más precioso instrumento de acción para lograr la supresión de las guerras. Todo régimen basado sobre la autoridad unipersonal, de clan o de casta, sólo se mantiene por la fuerza. La fuerza armada implica un proceso que se alimenta y engrandece por una especie de poder inmanente. No puede detenerse: absorbe poco a poco a la nación. En sus comienzos parece enriquecerla: se fabrica, se construye, hay trabajo y dinero: pero a poco de andar las reservas vitales quedan absorbidas y se aproxima la ruina: los gobernantes quieren escapar a ella lanzándose a la conquista, y de ahí a la guerra. El esfuerzo pacifista, para no ser vano, debe forzosamente tener objetivos claros y concretos, luchar contra el autoritarismo, contra el imperialismo económico y político que precede y encauza al militar.

    La mujer, en los asuntos públicos

    Para Alicia Moreau de Justo cada pueblo debe realizar su propia obra: “limpiar y ordenar –dice– su propia casa”. Las mujeres que intervengan en la Conferencia de París –agrega– han de volver con un plan concreto e incorporarse a las fuerzas políticas que en su país sean capaces de comprender estas ideas e intenten realizarlas.

    “Despertar el sentido de la responsabilidad femenina en los asuntos públicos mundiales”, señala el temario de París, en su punto tercero. Alicia Moreau, “pioneer” de los derechos femeninos en la Argentina, con otras figuras notorias hace hincapié en esa ponencia:

    Casi todas las mujeres del mundo gozan de los derechos políticos. Es una obligación muy seria: desde el momento en que votan, integran la parte responsable del pueblo, tienen una parte de soberanía. Esta necesidad de conquistar el derecho de intervenir activamente en política ha sido comprendida desde hace mucho por las mujeres argentinas: no son pocas las que han consagrado a este anhelo lo mejor de sus esfuerzos.

    Dos congresos: París y Río

    ¿Qué similitud tendrá la Conferencia de París con la de Río de Janeiro?

    Nuestro congreso será, por cierto, muy distinto del que se realiza en Quitandinha. Será una reunión popular, con una primera condición de éxito: sinceridad de palabras, rectitud de propósitos, lealtad de conducta. Privarán las ideas mejores, las expuestas con mayor claridad, no las que estén respaldadas por la potencia militar o económica de la nación representada. Buscaremos en París la unidad de los pueblos, no la de los gobernantes, aun cuando queremos que éstos respondan a los pueblos. Esta unión por las bases y no por las cumbres nos parece mucho más importante: podrá crear la gran fuerza internacional, capaz de acabar con las guerras. Si algún día las madres del mundo dijesen: “No criaremos hijos para enviarlos a la matanza”, se habría producido una verdadera y profunda revolución.

    “Paz con hechos, no con discursos”

    El reportaje va a cerrarse. La doctora Moreau de Justo insiste, una vez más:

    Quien se arma se prepara para la guerra: despierta temor en los vecinos, que a la vez se arman, y en un juego de acciones y reacciones, unas abiertas, otras ocultas, se conduce a los pueblos al desastre. Por eso la gente más esclarecida y consciente quiere la diplomacia abierta, libertad de información y de publicación, supresión de barreras económicas artificiales. Todo lo demás son palabras, palabras, palabras. Lo dicho sobre la necesidad de una verdadera democracia como base para organizar la paz explica mi punto de vista sobre la política internacional argentina: no basta un discurso para afianzar la paz, lo necesario son hechos. El aumento del presupuesto de guerra, de los efectivos, de las construcciones y fábricas militares, no puede traducirse internacionalmente como afirmaciones de paz. Tampoco la apoyan la preconscripción desde los 12 a los 20 años y la post conscripción femenina. Los hechos valen más que las palabras, y aquéllos despiertan angustiosa duda.
    1 Declaración y Programa de Acción de Viena, parte I, párrafo 18.

    Fuente: http://www.elhistoriador.com.ar


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