Plantemos el árbol. E.E. Rivarola
Abramos la tierra, plantemos el árbol,
será nuestro amigo y aquí crecerá,
y un día vendremos buscando su abrigo
y flores y frutas y sombra dará.
El cielo benigno dé riego a su planta,
el sol de setiembre le dé su calor,
la tierra su jugo dará a sus raíces
y tengan sus hojas verdura y frescor.
Plantemos el árbol, el árbol amigo;
sus ramas frondosas aquí extenderá,
y un día vendremos buscando sus flores
y sombras y frutas y flores dará.”
Enrique E. Rivarola En el libro “La palabra y su mundo”, Ed. Plus Ultra

Abajo, en los Comentarios, podrán leer:
Derechos de los árboles.
Algunos poemas:
Milonga del árbol, A. Williams-J. Aguirre
Canción del árbol del olvido, Alfredo Zitarrosa – Silva Valdés/Ginastera
La Higuera. Juana de Ibarbourou
El ciprés. Adolfo Pérez Zelaschi
Los pinos, Juana de Ibarbourou
El soñador de bosques, Gustavo Tatis Guerra
El alma del ombú. Silva Valdés
El pino verde. Fermín Estrella Gutiérrez
Otros poemas.
Arboles pintados por pintores famosos.
Día Nacional, Día Internacional, Semana del árbol y más info.
Saludos!














Otro poema leido en PAR* :
Poema del árbol, Antonio Machado
Arbol, buen árbol, que tras la borrasca
te erguiste en desnudez y desaliento,
sobre una gran alfombra de hojarasca
que removía indiferente el viento…
Hoy he visto en tus ramas la primera
hoja verde, mojada de rocío,
como un regalo de la primavera,
buen árbol del estío.
Y en esa verde punta
que está brotando en ti de no sé dónde,
hay algo que en silencio me pregunta
o silenciosamente me responde.
Sí, buen árbol; ya he visto como truecas
el fango en flor, y sé lo que me dices;
ya sé que con tus propias hojas secas
se han nutrido de nuevo tus raíces.
Y así también un día,
este amor que murió calladamente,
renacerá de mi melancolía
en otro amor, igual y diferente.
No; tu augurio risueño,
tu instinto vegetal no se equivoca:
Soñaré en otra almohada el mismo sueño,
y daré el mismo beso en otra boca.
Y, en cordial semejanza,
buen árbol, quizá pronto te recuerde,
cuando brote en mi vida una esperanza
que se parezca un poco a tu hoja verde…
Antonio Machado
* “Programa de Autosuficiencia Regional (PAR) es una editorial fundada en 1989 que desarrolla proyectos de tecnologías apropiadas como producción orgánica de alimentos, reciclado, energía solar, eólica y de biomasa.”
esta precioso no se como hay personas que no cuidan el medio ambiente
pues yo pienso que hay que cuidar la naturaleza y lo que tu dices me parece muy bien porque si no cuidamos la naturaleza entonces ¿de que vamos a vivir?
asi es! hay personas q no valoran lo q hacen las demas personas
muy pero muy bonito el poema !!!
Que bellos poemas, es bonito leerlos
Suecia fue el primer país del mundo en instituir un día del año como “Día del árbol”… (Este texto explicativo se repite en muchos sitios, por ejemplo: http://www.ambiente.gov.ar/)
me fascina esta pagina porque nos enseña a todos lo importantes que son los arboles y me siento FELIZ QUE ESTE SEA NUESTRO PLANETA . A veces ME PONGO A ESCUCHAR MUSICA Y NO SE COMO DESCRIBIR LO QUE SIENTO. ESO NO LO PUEDO DESCRIBIR. LE DOY GRACIAS A DIOS POR DARNOS EL ARBOL ♥♥♥♥♥♥♥♥♥
Por si a alguno le pasa lo mismo que a mí… He notado que los “día nacional” del árbol se celebran en distintas fechas según los países. Aún así -después de buscar y leer en varios sitios- no me queda claro si es correcto que los 29/08 son el día internacional. De modo que si alguno tiene el dato cierto… nos ilustra, please.
me gusta esta muy bonito y debemos cuidar los arboles x q ellos forman parte de la naturaleza
Muy bonito… exitos y felicidades… saludos desde Guatemala
me gusta todo sobre la naturaleza
Cuidemos nuestros arboles, no solo el dia del arbol sino a diario porque ellos tambien necesitan vivir como nosotros. Gracias
lo mismo digo en honduras te apoyamos
ME GUSTAN PERO PONGAN MAS
Buenas tardes: Quisiera que me colaboraran con una poesia alusiva al dia del arbol para una niña de prejardin, gracias
los arboles son lo maximo… cuidemoslos Colombia
DEBEMOS CUIDAR EL AMBIENTE MUCHO
estan bnos pero escriban mas, q nada mas hay dos, y el segundo esta muy largo
muy bonito los poemas pero yo espero q no solo hoy ni manana se porten bien con los arboles si no siempre porque si no los cuidamos vendra nuestra destruccion nuestros hijos pagaran por nuestros errores Dios los bendiga
me parece muy bonito, pero tienen que quidar el ambiente
es muy bonitia esta poesia ya que representa que es el arbol y para que es nesesario me gusto mucho
me gusta mucho la poesia, y si es para los arboles mejor, a quien no le gusta acobijarse bajo la sombra de un buen arbol?
me sirvio de mucha ayuda gracias y q tengan buen dia
HOLA SOY MILADY SALCES CUELLAR Y ME GUSTAN LAS POESIAS Y ME GUSTO ESTA LO QUE FALTA UN POCO DE RIMA LE FALTA ALGUITO BOLIVIA – SANTA CRUZ – EL QUIOR
Sabías que hace más de 100 años que se celebra en nuestro país (Argentina) el Día del Árbol?
Todo empezó cuando, gracias a la insistencia y la vocación ecológica del Dr. Estanislao Zeballos, el Consejo Nacional de Educacióninstituyó, el 29 de agostode 1900, la celebración del “Día del Árbol”. En la Argentina de la primera época, el principal impulsor de la actividad forestal fue Domingo Faustino Sarmiento (nuestro presidente entre 1868 y 1874), tan apasionado en todas sus ideas que hasta en un discurso público se refirió a los árboles, con las siguientes palabras:
“[...] El cultivo de los árboles conviene a un país pastoril como el nuestro, no sólo porque la arboricultura se une perfectamente a la ganadería, sino que debe considerarse como su complemento indispensable [...] La Pampa es como nuestra República, tala rasa. Es la tela en la que ha de bordarse una nación. Es necesario escribir sobre ella… ¡Árboles! ¡Planten árboles![...]“.
Suecia fue el primer país en instituir un “Día del árbol”. Fue en 1840, mucho antes que en la Argentina, cuando en aquel país ya se había tomado conciencia plena de la importancia que tienen los recursos forestales y del cuidado que se les debe brindar.La institución de este día es muy importante para que todos tomemos conciencia, desde los primeros años de vida, de la responsabilidad que nos cabe en el cuidado de los recursos forestales, sabiendo además que se trata de una tarea a largo plazo.
Ing. Leandro Altolaguirre – Asociación ALIHUEN Alihuen: Palabra de origen mapuche cuyo significado es “Arbol en pie”.
Leído en villacrespomibarrio/VillaCrespoDigital
apoyo al # 13 lo que dijo fue conmevedor
muy bueno el poema mis felicitaciones que no se enteren que lo tome como inventado para la la clase de español. perdon uds no le digan a mi maestra
si, debemos cuidar los arboles porq son fuente de vida!
muy bien lo mismo digo yo cuidemos los árboles y no moriremos de respiración y de otras enfermedades
es un buen poema para el dia del arbol…
hola muchas gracias, me sirvio, se me habia olvidado, y gracias a esto ya la tengo
muy bonita la letra del poema del arbol, solo espero que tomemos sabiduria de la gran ayuda que nos regalan estos arboles, y que juntos por un mejor ambiente los sembremos y cuidemos no solo este dia sino siempre , iniciemos en casa este cambio de actitud y que nuestros maestros continuen esta hermosa tarea. cuidemoslo es un regalo de nuestro Dios.
Me gusto mucho. espero que pongais mas
ME GUSTA LA COMPOSICION GRACIAS
Esta muy bonita. Me será muy útil gracias
Milonga del árbol
A. Williams-J. Aguirre
Es el árbol, un amigo,
que obliga a la gratitud,
nos da leña, nos da abrigo,
nos da cuna y ataúd.
A su sombra las ovejas,
se cobijan sin cesar
y en sus ramas las abejas
forman panales de miel.
Los pájaros, arquitectos,
al árbol, van a planear,
los complicados proyectos,
de nidos, para empollar.
Al árbol, va la chicharra,
a templar su mandolín,
y el jilguero en son de farra
le desafina el violín.
Ausencia de quien añora
dice triste, una canción
al árbol, que luego
llora con lágrimas
de compasión.
————————————
Canción del árbol del olvido
Alfredo Zitarrosa – Silva Valdés/Ginastera
En mis pagos, hay un árbol
donde van a despenarse,
vidalitay, los moribundos
del alma.
Para no pensar en vos,
bajo el árbol del olvido,
me acosté una nochecita
vidalitay, y me quedé
bien dormido.
Al despertar de aquel sueño
pensaba en vos, otra vez,
pues me olvidé de olvidarte,
vidalitay, en cuantito me acosté.
La Higuera. Juana de Ibarbourou
Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.
En mi huerto hay cien árboles bellos:
ciruelos redondos, limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.
En las primaveras, todos ellos
se cubren de flores, en torno a
la higuera.
Y la pobre parece tan triste,
con sus gajos torcidos, que nunca,
de apretados capullos, se visten.
Es por eso, que si paso a su lado,
digo, procurando hacer dulce y
alegre mi acento.
Es la higuera, el más bello de
los árboles todos del huerto.
Si ella escucha, si comprende
el idioma, en que le hablo,
que dulzura, tan honda, hará nido
en su alma sensible de árbol.
Y quizás la noche, cuando
el viento acaricie su copa
embriagada de gozo, le cuente.
Hoy a mí, me dijeron, hermosa.
Juana de Ibarbourou Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.
En mi huerto hay cien árboles bellos:
ciruelos redondos, limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.
En las primaveras, todos ellos
se cubren de flores, en torno a
la higuera.
Y la pobre parece tan triste,
con sus gajos torcidos, que nunca,
de apretados capullos, se visten.
Es por eso, que si paso a su lado,
digo, procurando hacer dulce y
alegre mi acento.
Es la higuera, el más bello de
los árboles todos del huerto.
Si ella escucha, si comprende
el idioma, en que le hablo,
que dulzura, tan honda, hará nido
en su alma sensible de árbol.
Y quizás la noche, cuando
el viento acaricie su copa
embriagada de gozo, le cuente.
Hoy a mí, me dijeron, hermosa.
Juana de Ibarbourou (uruguaya)
Pintar árboles es todo un arte…
Los Olivos, por Van Gogh
Pintar árboles es todo un arte…
Arbol gris (Grey Tree), Mondrian
DERECHOS DE LOS ÁRBOLES
“… tenemos que defender sus derechos, como los nuestros o los de los animales:
– Tiene derecho a la vida, porque también nace.
– Tiene derecho a ser protegido, y a gozar de sus necesidades: luz, agua, aire, espacio.
– Tiene derecho a no ser dañado. Todo lo que ponga en peligro su vida es un asesinato (fogones, incendios de reservas o parques).
– Tiene derecho a cumplir su ciclo, y la tala indiscriminada les niega ese derecho. Si la tala es necesaria, tiene derecho a una plantación equivalente en el mismo lugar.
– Tiene derecho a crecer. Destruirlo siendo pequeño y sin haberse reproducido atenta contra la especie, e indirectamente contra nosotros mismos.
Leído en: http://www.docente.mendoza.edu.ar/actos/agosto/arbol/index.htm (Fuente: http://www.educared.org.ar)
En dicho sitio se cuenta que: “…La fiesta del Día del Árbol tiene su origen en Nebraska (Estados Unidos) por iniciativa de Sterling Norton, quien dedicó toda su vida a difundir el culto del árbol. Domingo Faustino Sarmiento en uno de sus viajes trajo (a la Argentina) esta celebración…”
El ciprés. Adolfo Pérez Zelaschi
Crece, ciprés, hacia la altura crece
como la verde punta de una lanza,
asciende hacia la luz, hacia la danza
del viento azul que tu penacho mece.
En cada aurora se rejuvenece
tu empeño de vivir con la esperanza
de asir aquello que jamás se alcanza;
inútilmente tu destino es ése.
Inútilmente digo porque sabes
no ya que nunca tocarás las nubes
sino siquiera el vuelo de las aves.
Y a pesar de saberlo subes, subes,
hacia metas perdidas de antemano.
Mi destino es igual. Yo soy tu hermano.
Adolfo Pérez Zelaschi. n. 1920 Prov.Buenos Aires/Bolívar
Leida en:
El Soneto en la Argentina- Antonio Requeni
Por casualidad, ¿alguien sabe la canción que se cantaba con esa letra, la de Rivarola? Mi abuela solía cantarla y me gustaría volver a escucharla. Si alguien tiene un link de youtube o un link de dónde bajarla en mp3 por ejemplo… Muchas gracias a todos!
Los árboles en el arte de la Pintura:
http://acuarela.wordpress.com/2011/08/28/pintar-arboles-los-grandes-protagonistas-via-pinturayartistas/
Manifiesto del árbol que sueña ser poema.
Donde hay vida hay árboles. Donde hay hombres hay pensamiento. No se puede pensar sin lenguaje.. El árbol del lenguaje tiende sus bifurcaciones por toda la tierra. Es el árbol que nos habita.
En este planeta donde constantemente “La tierra va a dar a luz un árbol”.
Esa lluvia de sombra permanente, siempre de pie, exponiendo todos los secretos de su contextura, que guarda la memoria secreta del árbol iniciático del primitivo huerto.
Punto de partida del perdido edén que antecedió la propiedad privada sobre los territorios comunitarios en que se alimentaron las primeras tribus de la tierra.
Paraíso primigenio, originario bosque de ensueño donde los manzanos brindaban la sabiduría de sus frutos.
Asciende el encumbrado aroma del eucalipto, se alza el suave soplo de sus menudas hojas, como el pájaro ansioso de suelo, desciende del cielo. En el momento en que replegamos nuestras alas en el horizonte de nuestro anhelo por descifrar lo que se oculta debajo de las hojas o en el curioso resplandor de la incendiada saeta. En el misterioso rumor que circunda el fuego hicimos nuestro primer descenso al breve levitar de la palabra que salto del sueño.
En el sueño del árbol
La sombra se extrémese
Con el tierno sacudimiento de las hojas.
El día que el primer brote de árbol
Toma impulso y emerge de la tierra.
Rompe el almendro su semilla
Del viento enamorada
A donde retorna luego del primer sacudimiento
En que sacia la sed de su deseo.
En el primer aliento
Cuando da inicio
Al movimiento inicial
De sus innumerables alas
Tendidas como labios propicios
Al rose de los labios del viento.
Porque también los sueños tienen alas
Con que ascender en su quietud.
En esa inmovilidad aparente
En que cantan los árboles.
Desde el secreto de su savia
Desde la quietud colectiva
Del que se queda y del que se va.
Ya se van
Se van despidiendo
Porque la ciudad y sus bestias
Lo primero que hacen
Al dominar e intervenir la naturaleza
Es devastar los bosques
Para saciar su miserable sed de ganancias
Su angurriosa codicia
De tierra desangrada
Es entonces, cuando el árbol como el verdadero primer eje de la ensoñación, que entrelaza en sus brazos la dinámica imagen de los sueños, en que nos sentimos elevados por la voluntad de una fina rama, se encuentran en la fuerza vital y muda que asciende entre las profundidades de la corteza del naranjo para descender luego jugosa por nuestro cuerpo recién levantado de su horizontalidad levitante.
Ingerir esa vida “fuerte y muda que reina bajo la corteza” vegetal del bello tronco retorcido nos recupera del desgaste que sufre nuestra vitalidad por la fuerza que huye en el sudor por su ansiedad de suelo. Nos recuerda que fuimos arboles antes de ser pájaros descendidos. Caídos del vientre de las aguas, que nos acunaron en su tibieza, a la fría y tosca realidad del reino de las mercancías.
En el retorcido tronco del olivo, en la conmovedora redondez de la aceituna, en el aurífero aceite extraído de la tierra por el trabajo conjunto del hombre y el árbol. El primitivo huerto y el plantado.
El fruto recolectado por el nómada que se refugia en la caverna o pernocta en la intemperie bajo el techo del árbol. El bosque plantado por el trabajo y el sudor sobre la tierra callada de quien levantó los olivos.
Eje de vida dinámica que se levanta hasta el cielo. Imagen vertical de fuerte ascensión simbólica, de encumbrado dinamismo epifaníco de la ensoñación.
Fuerza evidente del árbol del pan que eleva al firmamento el vigor oculto de la tierra.
Yérguete como yo le canta el árbol al poeta cuando le permite ver su fruto más elevado mientras dormita en el tejido frágil y sensible de una de sus hojas gigantes.
Ya el poeta ha podido constatar en su vigilia que en el fino y sensible tejido de cada hoja se oculta el placer de las caricias solares, en las armónicas fotosíntesis de cada día de trabajo que nos concede la naturaleza.
Trabajo milagroso y sagrado que unos cuantos malgastan y despilfarran en sus acumulaciones absurdas de los productos que generan las fuerzas productivas en cada momento del desarrollo de la historia humana. Destrozar, demoler, arrasar el vegetal verdor de los campos que la arcaica naturaleza ha venido pintando de este verde de todos los colores en que el poeta reconoce la dimensión de su fuerza expresiva.
Todo el deseo serenado bajo las noches sin luna, rociado por la salpicadura de estrellas que incitan su búsqueda constante de nutrientes, el recabar incontenible de sus raíces, la búsqueda de la luz en las hojas. En sus millones de ojos que respiran para entregar al aire el limpio oxigeno que el poeta respira en su cósmico lenguaje.
Ese punto de apoyo que busca el árbol en el aire y en la profundidad alimenticia de sus raíces lo convierte en eje universal de lo subterráneo y lo aéreo, lo eminentemente sublime de su sumergimiento en la oscuridad terrena, al tiempo que se eleva sobrehumanamente como si un gigantesco pájaro volara sin desprenderse en su firmeza vertical del suelo.
Pues la tierra y el cielo son siempre la dirección de su camino que anda. La estatura del encumbrado árbol constituye la dimensión (condición) esencial de su universo aéreo, su constante búsqueda de equilibrio entre las fuerzas contradictorias de su dinámica dialéctica hecha canto.
El aleteo de sus ramas entrelazadas por el viento que entretiene su rumbo y no permiten que su fuerza crezca huracanada y penetre tierra adentro con su ciclónico aliento de gigante reptil encrespado que azaroso devora lo que encuentra a su paso.
Árbol y viento
Hermanos en la pradera y la empinada montaña
Aliento comprimido de la tierra
Sangre terrena que no puede elevarse sin su tronco
ni descender en armonía sin sus ramas
Que adorna en floración los valles y montañas.
Que asombra en la semilla que lo guarda,
En el fruto en el que todos retornamos a la vida
Alimento y respiro de nuestro viaje,
De nuestro peregrinaje por esta superficie
Que alumbra el fuego que no cesa.
El recio pino o la áspera higuera,
La simétrica araucaria o el sauce llorón,
El gualanday, el olmo o el poeta
El soñador mandarino entrepiernado
En la soledad de su tejedora iluminada.
Siempre buscando incesante
La luz ascensional
Ante la imposibilidad de sostenerse
Sobre dos alas como el pájaro
Que fue antes de ser hombre.
Por ello su asombro natural
Ante el manzano
Que prefiere sacrificar su alegre equilibrio
Y quebrar sus ramas cargadas de bellos frutos
Por amor a los hombres.
De la misma manera el rumor del viento cuando acaricia las altas agujas del pino, pareciendo ignorar la aguda vida subterránea de sus raíces, nos da su lección, cuando el pesado tronco se deja vencer y la tierra aplaude la osadía del viento, en estas tierras tropicales del samán y el comino, del mango andino y el silvestre mamoncillo del parque.
Lejos está el ciruelo del alerce, pero en los dos la poderosa savia canta su victoria cuando asciende al copo. Cuarenta años de incontables frutos lleva de pie el incansable carambolo del patio sin dejarse tocar por la tristeza. Cuatro milenios lleva guardando en su tronco la memoria del clima para que el poeta certifique su cántaro de tiempo que antecede a la muerte.
El poeta sentado bajo las estrellas escucha ensimismado la elocuencia del árbol. Piensa en un mundo donde los parques públicos estén plantados de árboles frutales. Un mundo donde nuestros hermanos frutezcan en todos los caminos.
En ese lenguaje exquisito que se alimenta de la misma savia de los arboles, renuncia a los atributos de la ira que se manifiesta en enfurecidos volcanes que barren poblaciones enteras, porque prefiere la justicia de los frutos.
Mito y metáfora son el fruto del lenguaje. El árbol es su símbolo más distinguido. El que nos permite alcanzar las más encumbradas alturas. La tierra labra el árbol con silenciosa paciencia. El lenguaje con sus translucidas manos labra, en la penumbra de su transparencia, el tejido de las hojas y los frutos de cada árbol del pensamiento. Soñar que se es un árbol y que los otros árboles son un bosque de espejos en la quietud del sueño. Mirarse horrorizado en aquel infinito laberinto. Ser un árbol que sueña y se mira en el espejo de su sombra. Ser el demiurgo de un árbol que al mirarse en el reflejo de los otros profiere su dictamen. Nombrarse como olmo. Bautizar de nuevo todas las cosas que conforman el mundo para que un árbol no sea simplemente un trozo de madera, un lote de palos que se derriban para hacer de ellos materia prima o mercancía.
Pero en un árbol no es admisible la invención de pesadillas. En ellos no está el presentimiento de la maldad criminal de los hacedores de tiranos que ocultan su rostro tras un nombre de multinacional.
Hemos incorporado el árbol entre el universo de los sueños y lo hemos dotado de lenguaje que nombra ciencias y disciplinas, fantasmas y seres invisibles, como el viento que espanta sus hojas desgarradas de las ramas, porque consideramos el árbol como lo más cercano al hombre entre las cosas que conforman la naturaleza. El alto caracolí que espera al hombre con su acogedora sombra. La ceiba que lo guarda en su memoria. El chiminango que lo acoge en sus meditaciones. El písamo que regenera la tierra de cultivo con su follaje. El matarratón que nos aleja de la fiebre loca. El robusto porte del olmo y el ciprés, sempiterno enamorado de la luna. El fino acero del roble y el urapán rimando con guayacán, bordeando el pie de la empinada montaña que acoge en su seno la nevada cima del yurumo blanco.
Donde el blanco aliento exhala nubes, que el viento empuja al espantar la bruma, su rumor deja la huella en el yarumo. El poeta va atado al lenguaje como “un pájaro al cielo, como una flecha en el árbol que crece” (Huidobro)
Donde hay hombres hay pensamiento. No se puede pensar sin lenguaje.. El árbol del lenguaje tiende sus bifurcaciones por toda la tierra. Es el árbol que nos habita. En este planeta donde constantemente “La tierra va a dar a luz un árbol”.
El árbol del lenguaje habita todos los lugares de la tierra, pero como visión evidente de lo tangible no se hace presente en ninguno. Por ello para el poeta se hace irrebatible que “La tierra acaba de alumbrar un árbol”.(Huidobro).
Inventar paso a paso el lenguaje ha sido labor constante y silenciosa de la mano y el cerebro, de la laboriosidad material del cuerpo y el pensamiento que lo dirige a través de palabras que designan una geometría en las miradas y argumentos afectivos cargados de intuición, de lógicas transparencias que sacuden el cuerpo de los árboles y hasta los derriban antes de que pase la lluvia rauda y tempestuosa. “Hay palabras que tienen sombra de árbol” (Huidobro)
El árbol, ese hermano que vive en la intemperie y disfruta del frio, de la lluvia, del sol mañanero que se tiende en sus ramas, de las estrelladas noches y el silencio de los campos.
Como la amada ceiba, a quien deberíamos escribir un himno y cantárselo cada día en que visitamos su sombra. En vez de una poética del árbol deberíamos dirigirle un manifiesto que nos asegure su permanencia mientras persista la vida sobre la tierra.
Amada ceiba, eres la única verdad solida que reconozco en este sueño de arboles.
Árbol mágico que no permite a mi ser evadirse en medio de la tormenta de vacías voces, y convocas en secreto a la danza que promueve el rumor de tus ramas. Abrazado a tu tronco del delicado color del encanto, mientras me quedo atado a tu recuerdo niño, observo el centro de tu arquitectura de maloca.
En la cercanía plástica de tu verde conflagración que estira su contorno.
Verdad tangible de tu objeto esculpido como la arquitectura del aire que pasa bajo la serenidad de las nubes que envuelven tu atmosfera brumosa.
Por ello mi cuerpo se entrega hoy como alimento para tus nuevas formas que se celebran cada día.
Que se revelan ante cada suspiro con que el viento acaricia tus plateadas melenas.
Desde lo profundo de tu vientre, desde la oscura entraña de tus tejidos, desde la sangre que envuelve los meandros de tu encumbrado cuerpo, desde el aire que circula entre tus betas, me sumo al cosmos infinito en que encarnan tus raíces históricas, a la alegría que emanan tus ojos, a la dulzura que resplandece en tus hojas.
Quiero ser, o ya soy alimento del dulce mandarino o el fresco matarratón, pues vuestro recuerdo es la forma estática de vida más elevada.
Por tu tronco no cruza la fugacidad del tiempo, sino el profundo suspiro de tu eterna savia.
Refugio de fantasmas son las sinuosidades que se dibujan en tus ramas. Por ello no te puedo cantar, ni contar en el escrutinio de este canto contra los seres deshabitados, aunque seas mi hermano de locuras dibujadas y en mí habite este vacío que causan las ausencias, sin hacerte mi habitante permanente.
Por ello mis ojos no te ven como el objeto simple que hace parte del paisaje.
Porque emerges como un milagro de las profundidades del tiempo que rota en nuestro pensamiento.
Porque en ti habita el olvido y la memoria, que están hechos de la misma materia firme y suave de los besos que aceleran el recorrido abismal de nuestro deseo.
Es por ello que en torno a un samán se puede tejer la identidad de un pueblo. A la sombra de un samán se dibuja el trazado de sus calles.
De otro lado lluvia de hojas anuncian la presencia del árbol. La sombra dibuja su forma floreciente. Los pájaros habitan en sus ramas tendidas. Su olor a verde tiende su mirada en mi olfato. Su pináculo (copo) nos comunica con el infinito de donde vemos venir la lluvia que acaricia su follaje enternecido.
En cada pliegue de su rostro de árbol en que nos detenemos, mientras las sombras devoran el crepúsculo, desciframos los temblorosos enigmas de la existencia que nos antecede, en las antiguas horas. Su semblante emerge multiplicado en cada hoja, en cada gota de invisible sabia que nos convoca, que nos ata a su raíz de tierra de donde emerge el esplendor que aspiro, originado en este canto.
Hay en sus hojas una lágrima dibujada, lagrima de savia silenciosa. Todos los pájaros han decidido quedarse esta noche a dormir en su sonrisa, a disfrutar la caricia de sus parpados. También la sonrisa de Tania se ha quedado a dormir en sus vigorosos brazos encarnados de auroras. Esa sonrisa sugerida por los trazos de calidez que le ofreció la vida.
“la mujer es la tierra y el hombre es el viento” dice un hombre de patio, un hermano de árbol que respira el verano, un patiero viejo que asegura haber deambulado mucho y que sigue haciéndolo, desde el mundo de las sombras, “en torno a esos árboles frutales, oyendo el sonido del tiempo entre sus ramajes”. (Rojas Herazo).
No soy un patriarca, mucho menos un patriota, yo nací en un patio del mundo. No tengo nacionalidad. Mi país está en las entrañas de la tierra. Soy de un patio, un viejo patio. Voy deambulando como un sonámbulo entre los árboles que me prestan su aliento y me ofrecen su alimento. En mi peregrina herancia he visto derrumbar muchos árboles. Como el primer nómada de la tierra sigo buscándome entre el bosque, entre floridos arrayanes, cambulos y gualandayes.
No sabemos las penas del sauce llorón, como no sabemos “qué piensan los chiminangos que meditan a orillas de los remansos”, pero sabemos el sentido en que camina el viento por la danza del árbol.
Aunque un ser estático como el árbol podría no danzar, por estar atado a su raíz que le impide cualquier desplazamiento, su danza sucede como un íntimo acto de amor, pues el viento en medio de su danza acaricia su ramaje y siente su quietud aparente de tronco como una aceptación de su aliento venido de muy lejos. El viento siente que no hay nada más plácido y musical que las manos del árbol. Su silbo entre las hojas se convierte en un cosquilleo placentero al oído del árbol que retuerce sus ramas entre risa y encanto. No hay escultura viva más duradera que la naturaleza del árbol, ni talla más sincera que la que brota del amor entre el madero y el trabajador que lo talla y esculpe en él su pensar y su ser.
El sentido y el sonido del árbol nos dan razón de lo que no podemos ver. De esa forma y sentido que guarda el árbol esculpido por hombre y naturaleza en su expresión estética y el dulce sonido de la música que mata o revive la congoja, que despierta la añoranza del árbol y la evocación del hombre que escucha su entrañable savia extraída por el árbol desde lo más profundo de la tierra.
Su sentido y su sonido nos dan razón de lo tangible y lo intangible, del suave arrollo en su murmullo, del manso delirio musical que brota del madero y de la hoja que no logrando contener el aliento se desprende suave y lentamente como si escribiera en el aire la partitura que anuncia su partida. De esta manera el árbol nos transmite, nos da razón de lo que no podemos ver, ni escuchar directamente, de ese misterio intangible de la naturaleza, de ese misterio de la materia que acaricia la tierra por todos los lugares de su cuerpo, como el pensamiento de Borges los hiciera con la filosofía como materia prima de su poesía.
Viento y rio siempre van en compañía del árbol. El árbol lleva en sus entrañas su propio afluente. De ello dependen sus sonoros lamentos o su incomparable manera de reír ante la luminosa lámpara que ilumina el entorno de la tierra. Del rio y el viento que cruzan por su cuerpo se desprenden sus cosquilleantes susurros o su libre declamación de cántaro aguas abajo.
Las emociones y ritmos del árbol, su siempre original poder de evocación. Basta con un obstáculo que le impida estirar una de sus ramas o mover a su gusto una de sus raíces, y ya el sentido de su tronco abra perdido algo para siempre en el sentido de su natural jurisprudencia libertaria.
No debemos ignorar que en toda mirada el árbol pierde algo esencial, porque como en el poema, cada lector le roba algo de su sentido para sí.
Todos sabemos que por perfecto que sea el árbol como creación de la naturaleza, como milagro que cantara el poeta cuando pidió silencio. silencio, la tierra va a parir un árbol.
Cuando nos recuerdan que los hombres hace siglos vivimos de los árboles y necesitamos siempre de ellos no podemos de ninguna manera negar nuestra hermandad con todos los seres de la naturaleza que dependen de su existencia, como sucede con el agua sin la cual no podríamos vivir.
Entre las cosas que conforman la naturaleza, lo más cercano al hombre es el árbol que lo espera siempre con su acogedora sombra.
Li Po escribió sus mejores versos a la sombra de los cerezos en flor, Fernando su Jai ku debajo de una ceiba enamorada.
“¿De qué árbol en flor? No sé, ¡pero qué perfume!”( Matsuo Basho) no podía vivir sino al lado de sus hermanos de la intemperie, de sus olmos en flor.
¿Quién canta mejor la primavera que el árbol?
Si no existieran los arboles la sensibilidad humana estaría confinada en el horizonte de su imaginación y no abríamos llegado a esta época de sueños arbolados y modos de vivir compartidos en los parques bajo sus ramas protectoras, no habríamos llegado a estas emociones y anhelos que son comunes a toda humanidad.
Las hojas del árbol son como esas infinitas cosas, tejidos que se pierden sin remedio en sus colores, en sus distintos tonos de verde, verde de indivisibles matices. Cuanta felicidad podemos encontrar en torno a un conglomerado de hojas, organismos que festejan su agosto.
Cuantas cosas suceden bajo el árbol y encima de sus hojas.( POR ENCIMA DE LA SOMBRA EL ARBOL, POR ENCIMA DEL ARBOL SOLO LAS NUBES.)
Aconteceres que no habíamos pensado, imaginado ni sentido y que nos llegan escritas en el lenguaje de las hojas que en últimas son la esencia del árbol en el tejido de cada una.
Las hojas nos cuentan en su arquitectura los secretos del árbol y las semillas guardan con esmero su historia y nos hacen sentir cuan enorme es todo aquello que no alcanzamos a percibir en el árbol por no conocer a fondo su lenguaje.
Cuanta belleza permanece inaccesible para los humanos en las formas ocultas del árbol.
El más alto árbol, el primero de los arboles de todos los tiempos, cuando el poeta anduvo entre flores zapotecas y “dulce era la luz como un venado y era la sombra como un parpado verde” (Neruda, Canto general)
Por el camino de los sauces desciende el fundador, y en torno a un Samán funda una villa. Ya en las hondonadas de otra cordillera habían fundado un pueblo en torno a una ceiba gigante y la ceiba aun con sus heridas hoy guarda su memoria de aquellos tiempos.
Sin ti sauce llorón no es posible la danza del viento, que aunque te enloquece con sus emociones, no dejas de parecer triste. Al fin de cuentas sabes que hasta el viento es algo que nos pasa y se aleja. Tal vez lloras por ese borracho que te arrodilla a su voluntad, ante el agitas tus copos y meses tus brazos como si el arrullo fuese concertado.
Como me encantan tus delirios sauce llorón, como me duelen tus tristezas de árbol. Luego el viento se retira a otros lugares. Busca otros bosques, ama a otros árboles, se lanza contra otros riscos, habita otras profundidades, se avienta a otros abismos y camina despacio por otros valles, mientras en tus ramas se queda el recuerdo mirando como el pájaro teje su nido en la rama, como el canto se vierte hacia el aire.
Entonces vuelve la ansiedad a florecer en tus lágrimas, de hechizos se llenan tus hojas. Lanza tus suspiros, tus mudos clamores y el eco es la roca que tampoco canta. Al llegar la lluvia como alegre sabia de alocados trinos, y de alegre capa, en tu seno se hamaca a alimentar tu savia.
(Ver la higuera de Juana de Ibarbourou. Pag 44. La hermosa higuera que canta al viento. 1998, Editores mexicanos unidos. S.A.)
JUANA DE IBARBOUROU
LA HIGUERA
Porque es áspera y fea,
porque todas sus ramas son grises,
yo le tengo piedad a la higuera.
En mi quinta hay cien árboles bellos,
ciruelos redondos,
limoneros rectos
y naranjos de brotes lustrosos.
En las primaveras,
todos ellos se cubren de flores
en torno a la higuera.
Y la pobre parece tan triste
con sus gajos torcidos que nunca
de apretados capullos se viste…
Por eso,
cada vez que yo paso a su lado,
digo, procurando
hacer dulce y alegre mi acento:
«Es la higuera el más bello
de los árboles todos del huerto».
Si ella escucha,
si comprende el idioma en que hablo,
¡qué dulzura tan honda hará nido
en su alma sensible de árbol!
Y tal vez, a la noche,
cuando el viento abanique su copa,
embriagada de gozo le cuente:
¡Hoy a mí me dijeron hermosa!
De su libro de 1919 Lenguas de diamante
EL CIPRES
Quizás nació en Judea
Pero se ha hecho ciudadano en todos
los cementerios de la tierra
Parece un grito que ha cuajado en árbol
o un padre nuestro hecho ramaje quieto
no ampara ni cobija. Siempre clama
por los muertos
Y si a veces se enrosca por su tronco
un rosal que florece en los veranos,
como un trapense extático no siente
la brasa de la flor sobre sus gajos
Tiene pasta de asceta, el solitario
O pasta de abstraído
Pero si uno está hastiado o está triste,
le hace bien recostarse contra el tronco
recto y liso
Se siente algo sedante en la mejilla
como si dentro del leñoso tallo
una intuición ardiente y sensitiva
compadeciera el gesto de cansancio
Nunca el ciprés comprenderá la risa,
la plenitud, la primavera, el alba
sólo se da a la angustia de los hombres
y arrulla el sueño eterno como un aya
es un gran dedo vegetal que siempre
está indicando al ruido: ¡calla!
LA CUNA
Si yo supiera de qué selva vino
El árbol vigoroso que dio el cedro
Para tornear la cuna de mi hijo…
Quisiera bendecir su nombre exótico.
Quisiera adivinar bajo qué cielo,
Bajo qué brisas fue creciendo lento,
El árbol que nació con el destino
De ser tan puro y diminuto lecho.
Yo elegí esta cunita
Una mañana cálida de Enero.
Mi compañero la quería de mimbre,
Blanca y pequeña como un lindo cesto.
Pero hubo un cedro que nació hace años
Con el sino de ser para mi hijo,
Y preferí la de madera rica
Con adornos de bronce. ¡Estaba escrito!
A veces, mientras duerme el pequeñuelo,
Yo me doy a forjar bellas historias:
Tal vez bajo su copa una cobriza
Madre venía a amamantar su niño
Todas las tardecitas, a la hora
En que este cedro amparador de nidos,
Se llenaba de pájaros con sueño,
De música, de arrullos y de píos.
¡Debió de ser tan alto y tan erguido,
Tan fuerte contra el cierzo y la borrasca,
Que jamás el granizo le hizo mella
Ni nunca el viento doblegó sus ramas!
Él, en las primaveras, retoñaba
Primero que ninguno. ¡Era tan sano!
Tenía el aspecto de un gigante bueno
Con su gran tronco y su ramaje amplio.
Árbol inmenso que te hiciste humilde
Para acunar a un niño entre tus gajos:
¡Has de mecer los hijos de mis hijos!
¡Toda mi raza dormirá en tus brazos!
Abrazado al álamo
Cobra no sé que resonancia de música el viento al cruzar por los pinos.
Es algo en verdad hermoso la ramazón violeta de los paraísos florecidos y el movimiento pausado de los sauces, cuyos ramajes son como largos collares suspendidos sobre el agua.
Los eucaliptos, con el olor de salud de sus hojas agudas, su gran tronco recto, su copa oscura y suelta, dan gusto de mirar.
Pero mi corazón va hacia el álamo, que no florece ni tiene aroma, ni gajos graciosamente curvos. Se me llena el alma de alegría cada vez que paso junto a un álamo.
No podría decir en qué consiste su encanto. Tronco gris y hojas de un verde vivo y clarísimo. Nada más.
Sin embargo, parece que fuera el novio de la lluvia y que es tan alto para estar más cerca de las nubes, cargadas de agua fresca.
Cada árbol tiene una fisonomía especial: el ciprés parece un dedo puesto sobre la boca de los ruidos para imponerles silencio; el ombú es una gruesa campesina hospitalaria; el mimbre un chicuelo que hamaca a la luz en sus ramas elásticas.
Pero el álamo es un muchacho de largas piernas que sonríe a todo el mundo, que esconde nidos y que de noche cuchichea cosas dulces con la luna.
El álamo nunca está triste, ni aun en invierno, cuando el frío le ha deshilachado su casaca verde. Se viste de gris claro y sigue sonriendo a las tormentas y a las granizadas.
Él da al hombre algo que vale tanto como un cesto de frutas maduras: le da el deseo de sonreír y de ser, como él, delgado y alegre.
Juana de Ibarborou
El nido
Mi cama fue un roble
y en sus ramas cantaban los pájaros.
Mi cama fue un roble
y mordió la tormenta sus gajos.
Deslizo mis manos
por sus claros maderos pulidos,
y pienso que acaso toco el mismo tronco
donde estuvo aferrado algún nido.
Mi cama fue un roble.
Yo duermo en un árbol.
En un árbol amigo del agua,
del sol y la brisa, del cielo y el musgo,
de lagartos de ojuelos dorados
y de orugas de un verde esmeralda.
Yo duermo en un árbol.
¡Oh amada!, en un árbol dormimos.
Acaso por eso me parece el lecho
esta noche, blando y hondo cual nido.
Y en ti me acurruco como una avecilla
que busca el reparo de su compañera.
¡Que rezongue el viento, que gruña la lluvia!
Contigo en el nido, no sé lo que es miedo.
JUANA DE IBARBOUROU
Los pinos
Juana de Ibarbourou
Yo digo ¡pinos! y siento
Que se me aclara el alma.
Yo digo ¡pinos! y en mis oídos
Rumorea la selva.
Yo digo ¡pinos! y por mis labios pasa
La frescura de las fuentes salvajes.
Pinos, pinos, ¡pinos! Y con los ojos cerrados,
Veo la hilacha verde de los ramajes profundos,
Que recortan el sol en obleas desiguales
Y lo arrojan, como puñados de lentejuelas,
A los caminos que bordean.
Yo digo ¡pinos! y me veo morena,
Quinceabrileña.
Bajo uno que era amplio como una casa,
Donde una tarde alguien puso en mi boca,
Como un fruto extraordinario,
El primer beso amoroso.
Y todo mi cuerpo anémico tiembla
Recordando su antiguo perfume a yerbabuena.
Y si me duermo con los ojos llenos de lágrimas,
Así como los pinos se duermen con las ramas
Llenas de rocío.
Juana nació en Melo el 8 de marzo de 1892 y murió en Montevideo en 1972. Escribió prosa y poesía. En 1929 es aclamada como Juana de América en el Salón de los Pasos Perdidos. Entre sus obras poéticas podemos destacar “Raíz salvaje” (1922), “Romances del destino” (1955) y “La pasajera” (1967). En su prosa recordamos “El cántaro fresco” (1920), “Chico Carlo” (1944) y “El dulce milagro” (1964).
Gustavo Tatis Guerra.
EL SOÑADOR DE BOSQUES
Los árboles no duermen
Através de sus sombras viajan y recuerdan
reconocen la mano que guarda sus silencios
y cuando la brisa pasa se inclinan a saludarla.
Bajo la tempestad escuchan
la agonía de los arboles viejos
y saludan desde sus orillas inmóviles
el sereno esplendor de la caída.
Saben que el hombre que vino anoche y los abrazó
guarda en su interior
la antigua sabia de los orígenes,
tal vez jamás vuelvan a verse
pero el siempre llevará
la secreta sombra de un corazón
plantado en el viento,
una raiz secreta
que cada dia
lo acercará más al cielo.
Continúa en http://acuarela.wordpress.com/2007/08/29/dia-del-arbol/#comment-11555
…El hombre vacía, bota del fondo del árbol lo que no contienen ninguna armonía, porque la música está en el fondo del odre sin entrañas, hay que vaciar el tronco del árbol, del cañuto, desnudarlo de su piel, de su vestido de árbol, para escuchar su limpia armonía, el ritmo de sus alas del recuerdo, la música que contienen sus cifradas raíces. Es necesario saber escuchar al árbol, cofre de las palabras y sonidos. Hay que saber reverenciar los sonidos del árbol. Su lenguaje aspira a que el guayacán sea hombre. Y la música de sus flores se convirtió en semilla de hombre. Y el guayacán se hizo hombre y habito entre los árboles. Y el hombre se hizo familiar entre el bosque. Y el guayacán busco a su primera sembradora y el viejo tronco se tendió al lado de la mujer para sembrar más semillas de árbol.
Hermano del país de los alerces, donde los artificios del árbol, que enseño al hombre a navegar por todo el planeta, que hizo naves de su tronco, arrancan a la tierra toda su sabiduría.
Es a partir del árbol que la mente humana da inicio al diseño de sus primeras herramientas y de sus más fantásticas imágenes del mundo. Sus formas ocultas desinhiben y dan forma en la mente imaginativa y en la mano del artesano a objetos inconcebibles, que surgen de la observación del árbol, a otra realidad y son dibujados en metales y en otros recursos plásticos y poéticos.
El lenguaje de los árboles, su forma de sugerir, las formas secretas que guarda solo para seres intensamente sensibles, pues su forma de emerger en el arte no obedece a prodigios sino a su expresión de verde eternidad y tejido.
La savia de los arboles recorre sus prodigios en cada forma de su tejido profundo, está llena de milagros que reclama con empeño la mente humana. La habida imaginación busca constante mente en el árbol saciar su sed. De beber en el árbol el estimulo de nuevas formas en flores y semillas, en ramas y brazos, en las retorceduras de su tronco y raíces, en las hojas y sus tejidos, en sus texturas, sus betas, sus cartas de colores. Todas las formas están en la integridad del árbol. Los pueblos creen más en los milagros del árbol que en la ley de la causalidad imperativa de los transgénicos. En la semilla conservada por tradición, esta la seguridad que brinda el mango. Las comunidades que aprecian el árbol como a su propia vida, admiten con mayor certidumbre la fantástica forma del árbol y su sombra, que se arrastra a lo invisible que las verdades demostrables del racionalismo y la lógica impuesta por los sabios del positivismo y la pragmática de los laboratorios de transgénicos. Porque el árbol como el poeta teje su trama de secretos de tal modo que no repugnan al entendimiento, la inteligencia o el pensamiento creador.
Nos quedamos perplejos ante la escritura que dibujan en su distribución los brazos del árbol. Los hombres solo nos quedamos en los dos con que abrazamos, mientras el árbol abraza el aire y se deja acariciar por la neblina en la multiplicidad de sus extremidades superiores además de su tronco principal. Nos asombran las formas elementales del árbol. Presencia que a los demás parece obvia y carente de misterio. La forma de su raíz, los copos de la araucaria que tienen la belleza de las espadas según Borges. El silencio que guardan, tan cercano al tiempo que se escurre en el reloj de arena.
Nada siniestro se esconde entre los arboles, si antes no hemos dibujado su embrujo en nuestra imaginación. De la misma manera que los espejos, están atentos a cualquier movimiento que el viento les designe a cualquier hora del nocturno silencio, además de su autónomo dinamismo de aparente quietud y estatismo inmóvil. Quien siente horror ante el bosque endemoniado es porque ya ha a convertido cada árbol en un endriago terrorífico.
De la misma manera que algunos poetas sienten el horror de los espejos de agua cuando están presididos de la inmóvil sombra del árbol y la nube, el árbol se horroriza ante el ojo del hacha o el pavoroso blindaje de la motosierra. ¿cómo sentir pavor ante las formas del árbol sin antes haber fabricado en el laboratorio de los pensamientos algún ser que espía el rumor del tiempo en la quietud del firme y ancho tronco?
Uno no entiende porque cuando el cuerpo descansa con la espalda ajustada a la redondez del árbol, el lenguaje recorre regiones donde resplandecen las flores de suave aroma y donde los muertos han dejado escritas tales maravillas que nadie los considera muertos. Claro que esto sólo sucede en ciertas regiones del árbol. Contagiar de este asombro la mágica historia del árbol, de su gramática de la fantasía, de su libro de historia de las cosas de la casa o de las cosas que se le van ocurriendo al árbol mientras lo vemos crecer entre sombras y olvidos. Porque, si no nos olvidamos de mirarlo, el olmo no crece. Si un árbol nos puede enseñar tanto de su intimidad individual cuánto no nos podrá enseñar un bosque que es como una biblioteca tropical y cuan sabios no seremos si podemos leer una selva como la del Amazonas.
El árbol en su hábitat natural y el árbol plantado con intenciones de amistad perdurable puede proporcionar a nuestra vivencia un árbol tan fabuloso y tan nítido que bien podría decir un niño que con el árbol estamos inventando un universo paralelo que se va entretejiendo en nuestra imaginación.
Ahora mismo vivimos en un bosque, en un pueblo de arboles y nos comunicamos con cada uno de estos pobladores a través de su aliento fresco y la escritura que desciframos en sus hojas, parece decirnos el amenazado Wayuu de Tamaquito. Por ello nos acercamos a los laberintos que traza su intimidad de savia en tránsito constante, al destino mismo de nuestro ser trazado en las betas internas del hermano árbol, en esa cascada de temporalidades paralelas que recorren la vida de hombres y árboles, que sugieren sus continuas bifurcaciones, sus senderos del agua que almacenan para cuando haya sed en las miradas del jardín.
Cada árbol es un país mágico, cada bosque una galaxia de pájaros e insectos, de rastros y habitantes de la oscuridad que vigilan la buena salud de las raíces. Cada árbol en la medida en que crece va dejando en los otros el reflejo de su acercamiento infinito a la perfección. Cada árbol sabe que por alto que se empine nunca llegara al cielo. Pero al menos tiene la intuición de árbol de que algún día las nubes que inclinan su frente ante el monumento de la montaña se acercaran a besarlo.
El árbol que besa la nube, cuando esta se recuesta a la montaña, sabe que no es una metáfora caprichosa fabricada por algún poeta que persiste en sus observaciones. Cada árbol sabe lo que el viento susurra bajo las estrellas, intuye que el lenguaje del viento eterniza su búsqueda constante y que su influencia sobre el lenguaje de las hojas permanece para siempre.
En este sentido el lenguaje del árbol habla al hombre de su rectitud, de su sensatez ante las aguas que corren enfurecidas a recuperar su herido lecho de otros tiempos.
En el mundo poético de la escritura del árbol, en el lápiz que sigue aferrado a la memoria de mis dedos como el carbonero a su mina de grafito, como el milenario bosque cristalizado, a la antigua roca peninsular, en el dictado del lenguaje que habla a través de la naturaleza de cada cosa.
El inmenso caracolí, un resplandor en el camino. El urapán, cautivo por el gris pavimento que lo cerca, descubre que las líneas y colores de la iguana son secretos mensajes, profundos misterios no descifrados por el hombre metódico y lineal. Son la voz que viene del vientre de la tierra que sólo puede escuchar el hombre que interpreta los cantos del urapán cuando la tarde lo invita a dialogar con su sombra, esa otra oculta voz con que el árbol escribe sus pausados movimientos.
En un milenario bosque de alerces ubicado cerca al Estrecho de Bering, uno de estos antiguos hermanos detiene el universo de su estatura ante un rayo de sol para que el poeta pueda dar fin a su poema y morir con su mirada pendiente de la rama iluminada. En la punta de la rama más alta, cual “pájaro detenido, trémulo, sobre su trino” se queda pendiente la mirada del poeta. Este poeta que en música se derrama permanece tendido en la frialdad de aquel suelo como cadáver insepulto. Antes de morir, el poeta, descubre que la rama tiene atada entre sus dedos el nido de un ruiseñor. Alguien dijo después que por allí los ruiseñores no derraman su música, porque no son pájaros de estos lugares, que tal vez se trataba de un sinsonte. Lo cierto es que el canto se escuchó como una flecha en la rama. La nota del que canta se quema viva en el lenguaje del poeta. El pájaro, la mirada, la rama y el último suspiro del poeta que se despide con su postrimero aliento de luz, están constituidos de lenguaje y el poeta se queda en el lenguaje que lo habita. El poeta desaparece como ser vivo ante aquel asombroso prodigio del lenguaje que permanece. Cuando el sol lanza aquella nota amarilla sobre el alerce, el poeta percibe que la rama se vuelve astilla y que de allí nace la flecha que lo alcanza. Dice, quien tomo el poema de sus yertas manos, que el poeta alzó los ojos al cielo y no vio nada, porque nada existe donde habita la muerte.
Fuera de los árboles, donde culminó el poema de toda una vida, el resto es invención de poetas dijo alguna vez un tronco de árbol cuando alguien quiso en el abrir el recuerdo de una herida. Pues son los arboles los primeros en recordar
Gracias por su aporte! No nos dejó los datos bibliográficos. De modo que si vuelve a pasar por aquí…
En este viaje poético por el cuerpo del árbol, por la existencia inexistente de la memoria del árbol. Por el sueño del árbol que se configura, se multiplica en la semilla, se expande y se vuelve espejo de si mismo, laberinto de espejos en un sueño de árbol que se encuentra con su origen y halla su hermandad en el hombre y su lenguaje como posibilidad creadora.
Gran misterio guarda la intimidad del árbolQue canta a la tierra una tarde de lluviaFrente a una puerta, al final de un camino.Paga con sus frutos a la madre tierraQue alimenta a los hombres y a las bestiasQue nutre a los pájaros y da de beber a las mariposasEn su girar eterno de luces y de sombrasNunca aceptó su efímera existencia,Nunca aceptó detener su ascensoPues seguía elevando sus ramas hacia el cieloY sus raíces empujando hacia el núcleo de la tierra.Bajo su sombra sufrimos o gozamos nuestras breves horas. En su apariencia indiferente y muda la entraña de la tierraProdiga diariamente su porción de savia. Cuando los hombres sufren sus brazos también lloran.Cómo ignorar el milagroso secreto que entraña cada especie.¿Por qué retardas las auroras?¿Por qué las noches se yerguen bajo tu abrigo mucho más negras y arriesgadas? Las sombras erigen alas bajo tus tendidos brazos.Tu rostro se dibuja en las frías aguas del estanque ante la misteriosa mirada de la luna.Somos la conciencia lívida del árbol, El aliento extraño de sus quejidos en lo elevado de la noche,Mucho antes del concierto auroral de los pájaros.Insectos que se miran en el rocío de sus hojas como en inciertos espejos.¿Quiénes somos sin tu presencia poética? ¿A dónde vamos sin tu recuerdo de palabras rumorosas?¿Por qué venimos justo a tu regazo? ¿Acaso conoces el destino de los hombres más allá de la muerte?¿Qué crece en la intimidad de tu existencia, sino el ciego designio de la ausencia de sentimientos? Eres el oasis buscado después de estos desiertos donde habitan los sordos a tu canto. ¿Por qué no nacemos con un árbol? ¿Por qué no nos nace un árbol como tumba?El árbol lanza sus preguntas a la tierra. La tierra guarda su recóndito silencio.Nada contesta al árbol que pregunta.¿Por qué no damos constantemente una respuesta de vida a cada árbol?¿Por qué no convertimos cada semilla, cada fruto consumido en la matriz que da a luz un árbol; para que así digamos siempre con el poeta, ¡silencio la tierra va a parir un árbol!? ¿Qué tanto nos cuesta llenar cada una de nuestras vidas de frutos, de poemas, de semillas y de arboles?En torno a estos y otros árboles frutales, voy oyendo tu canto entre el sonido del tiempo que crece en sus tupidos ramajes.Me estremezco en el fondo del árbol En la reminiscencia evoco el árbol de saudades eternas. Bajo este árbol de profundos recuerdosEspero el milagro alegre de la dorada naranja.El recuerdo intenta huir y lo ato a su tronco de árbol,A su arboladura de antiguo guamo sobre los viejos cafetales, plantados con semillas de etiopia, entre el maíz y el bejuco de batata.Este recuerdo de marfil, esta memoria vegetal adherida al mármol, tallada como un antiguo sello de tiempos idos.Voy recorriendo estos árboles antes de morir entre ellos,Como uno de ellos que sale en puntillas y mide cada paso, cada encumbramiento,Cuidando su sombra y su sonido.Hasta quedar convertido en el recuerdo de una sombra sin sonido. El árbol de tu nombre, el de los cadáveres colgados de sus ramas secas. El de los mayas. El del conocimiento. El del odio. El de tus ojos henchidos. El de la memoria. Me recalo en tu sombra. El que recarga su gordísima sombra del árbol cargado de peces. Los taladores no practican la poesía sino la egosia. La ceiba de la espada y la cruz. El almendro, el árbol de Aureliano. El de Rojas Herazo. El hombre árbol. El del ahorcado. El limonero de Lorca.Los taladores, adversarios de la sabiduría del árbol, ignoran todos sus secretos.
Todo tu cuerpo de árbol parece erguido sobre la igualdad. Tu verticalidad parece un juego de equilibrio entre la abertura de su ramaje y la profundidad de sus raíces. Pero no. El principio esencial de tu existencia descansa en el dominio de tu ley, que es la contradicción, la lucha constante entre tus partes. La ley que se manifiesta constantemente en todos los alrededores de tu existencia y a la cual los seres pensantes no podemos escapar.
¿Por qué no convertir el campo de sepulcros en un bosque de mandarinos en flor?¿Por qué no comernos a la amada en un rico jugo de tamarindo? ¿Por qué ocultamos, respetamos y honramos a los arboles de familias ilustres, pero al matarratón, al mango y al ciruelo no? ¿Por qué nada decimos del sagrado árbol del pan? ¿Por qué no pronunciamos la condición de paria que en la ciudad tiene el mandarino?
Yo declaro asesino de arboles a todo el que usa el hacha para cortar su vida. Declaro arboricida y criminal al que hace uso de la motocierrra para derribar cualquier especie nativa de los que han sido nuestros bosques tropicales. Rechazo al que usa el filo contra la vida de mi hermano domador permanente de su sombra. Ante ti me prosterno árbol de todo conocimiento, árbol del saber ante ti me postro mandarino para darte gracias por la dignidad de tus jugos, por el aurífero color de tu envoltura madura. Ante ti melocotonero. Ante ti levanto mi voz erótico arasá. Desaparecido madroño. Exótico carambolo de los patios cartagueños. Gracias grosello por la protuberancia de tus frutos. Gracias pomo por tus atléticas y sensuales miradas.
Veo como la nube haciende con tu presencia de árbol, como extiende sus brazos como sagradas alas. Su corazón está en cada hoja que se extiende por vez primera a besar otra hoja de un árbol hermano. Nos erguimos en el mundo soberano como el árbol joven cuando se abre al sol del amanecer y extendemos nuestros cortos brazos hacia el infinito tratando de abrazarnos a la ternura natural de sus brazos hermanados. Me sumerjo entonces en el mundo de las hojas y el rocío salpica sobre mi frente el cristal de la bruma que se aleja.
Alcanzar el cielo con sus ramas, escalar por su tronco hasta la cima y tocar el cielo sostenido en la firmeza de sus raíces. Esta es quizá la más bella de todas las ilusiones con que la naturaleza favorece la debilidad de mi ser que sueña, que se sueña savia creadora. Como aquel chico de Ítalo Calvino en El barón RampanteSagrado símbolo, evidencia de vida que asciende, pensamiento que se ramifica en su siclo cósmico. Universo de hojas que se despoja y se recubre. Es el árbol el que permite al hombre la metáfora de hurgar, hundir y profundizar las raíces del ser. Su tronco es el hermano de la superficie que se extiende en sus primeras ramas, en sus primeras respiraciones de árbol. Luego sigue expandiendo su aliento por el cuerpo en un lento y pausado ascenso de su ramaje superior. La cima más alta del árbol es atraída por la luz sin límites del firmamento con sus astros tutelares en sus lejanas alturas. En aquel aire lo acompañan aquellos otros seres que habitan las alturas. El reptil se arrastra sobre sus raíces, trepa por el vertical tronco a tomar la fruta de su mano de árbol. El ave se estremece con la presencia del reptil y pega vuelo a una rama más alejada. Mientras el pájaro vuela entre su ramaje, el agua circula como savia para que la tierra se integre a su elemento y adquiera su dureza de arcilla cocida. El aire penetra por sus ramas y acude a alimentar sus hojas. Luego, en la naturaleza de la tormenta, el rayo alimenta su fuego y la llama se alimenta del árbol.
Por las arterias del árbol, por las avenidas donde circula su savia, por sus profundidades intestinas, se va tejiendo el milagro de las vetas que adornaran la suave desnudez de la madera convertida en mesa con olor a árbol. Aun a pesar de aquel poeta que los llama “nudosos monstruos del bosque/ que aun para leños son rudos” el tejido vegetal que guarda el árbol en su vientre y las formas retorcidas y aparentemente deformes hacen parte del lenguaje poético del árbol que con más heridas que miembros hace calle en el marco del espejo después de haber habitado entre la vecindad de adelfas y pinos. Es entonces cuando el humilde marco del espejo lleva al que mira su imagen a preguntarse qué “piensan los chiminangos/ que meditan a orillas de los remansos. Y por qué si entre vetas de árbol somos engendrados y sobre maderos fuimos paridos, nos cuesta tanto reconocer la hermandad del árbol. Si también entre el desgarrado árbol iremos a la sepultura por qué no aprovechar y sembrar en el centro de nuestro cuerpo un mandarino para que el campo donde se entierran los cadáveres sea un alegre bosque de mandarinos y no nos lleven más a campos mustios sino al bosque de mandarinos en flor.
Va entonces en esta poética toda la mirada sobre el árbol. Todo te diviniza lágrima de oro en florescencia. Tu entre los arboles umbrosos que susurran en las noches tu adorada presencia. Mientras la luna, atada a los bejucos, alimenta de ti su dorado velo, como divina compañía de los bosques nocturnos. Toda la alegría del cielo se vierte sobre el árbol. El sol regocijado se posa mañanero luciendo sus auríferas guirnaldas. Sobre el guayacán un golpe de amarillo cambia el entorno para ser exaltado por cuanto lo rodea.
Ante la multitud de manos que se abren para recibir los primeros rayos esta aquel ser con todo, aquel al que la vida le brota de su entraña, símbolo del hombre que te ama y te venera: árbol del pan. Toda la naturaleza se pone a la altura de tu florecimiento, en la fuerza que se deposita en cada flor, en cada pétalo que se aferra a la vida.
Ningún vergel es falto de tus frutos y nada te iguala en hermosura árbol del pan. Tus divinas hojas van por el campo acompañando el viento, porque el aliento de la tierra encuentra en ellas su mejor escolta y pregonero, el que anuncia su paso con las mejores notas. Hoja gigante que con los más dulces susurros rasca la tierra. Todos los arboles de la tierra sabrán que soy tu amante oculto, parece decir el viento enamorado, tu tinieblo entre ramas acariciantes. Que eres el cuerpo que dignifica con su savia al árbol elevado, ese el fluido transportado por los tejidos de conducción de tu cuerpo de maciza apariencia. Liquido que se eleva por sus poros internos y que eleva al árbol. Fluido que reverdece al árbol y lo dignifica convirtiendo sus entrelazadas hojas y ramas en verde de todos los colores.
Al árbol de los inicios que no ocupo terreno de ningún propietario por lo que nadie puede imaginar siquiera el derecho a nombrarse dueño de sus descendientes.Por tanto debemos aceptar que los frutos del árbol son de todos. Que nadie debe intentar ser dueño de los frutos del árbol del pan. Las panas son del árbol, como lo son sus flores y sus tendidas hojas. Por tanto nadie puede poner precio a tus semillas, que son el fruto de la tierra, como el agua que brota en cada instante del fresco manantial de tu boca, de tu raíz amado quiebrabarrigo, de las profundidades de tu tronco encumbrado higuerón. Eres la unidad, el punto de quiebre entre la tierra y el agua. Por ello las nubes besan tus altos ramajes para que tu copo reciba el rocío y la lluvia directamente de la nube para traerla, al cuenco de nuestras manos, de tu raíz de manantial.
La estructura del árbol descansa sobre un fundamento sólido y crece hacia el aire a partir de raíces profundas y en apariencia invisibles a la ingenua observación de su cuerpo fuerte y frondoso desde la distancia.
Oh, caracolí. Tú que coronas la sagrada cumbre de la montaña, tú que eres el lugar de reposo donde el medio día pierde su calor sofocante y el trueno su estruendoso latido ante el canto de tu follaje, solo ante ti puedo hundirme en el remoto pasado de los sueños creadores de mundo.Hermano que te alimentas de la tierra y el agua y mueves entre las nubes tu ramaje más tierno.Desde la ventana de aquel amanecer sigo evocando aquella aparición: entre las nubes emerge el ramaje de tu adorada sombra como un fantasma gigante que me mira entre las montañas andinas.Tu amada ceiba, me lo has dicho en tu memoria, y lo harás por el amor que siempre guardas a los hombres que retornan al armónico árbol de la justicia, que permanecerás en mi tratando de ocultar la luna.
Fuera del trópico el árbol cada año se despoja y se recubre de hojas. Hurga en las remotas profundidades de la tierra donde hunde sus raíces el tronco y sus primeras ramas la historia del hombre. El árbol es la primera escalera por donde el hombre intenta escalar las alturas para llegar al cielo. Todo no fue más que una ilusión que hoy es poesía. Antropología de un imaginario trayecto que tiende a buscar lo que se evapora, a recuperar en espacios de la luna lo que hemos perdido en la tierra.Sus ramas superiores convertidas en copo, en pináculo, en cima atraída por la luz del cielo. Altura que quieren alcanzar los reptiles que se mueven entre sus raíces y que solo alcanzan las aves que van volando entre sus ramas mientras crecen las sombras devoradoras de crepúsculos. El árbol se constituye en relación entre el subsuelo y el infinito mar del aire, puesto que reúne todos los elementos que los filósofos presocráticos de tendencia naturalista nombraran como los fundamentales formadores del universo. El agua como savia se integra al tronco de su cuerpo formado de tierra y aire. Los sólidos, líquidos y gaseosos penetran todo su ser de árbol desde lo profundo de sus raíces al aire que alimenta sus hojas con la vitamina de los rayos del fuego que no cesa. Ese mismo fuego en miniatura que surge de su frotamiento desde los inicios del hombre, cuando Prometeo roba al olímpico la flamígera saeta. En medio de la tormenta el hombre rescata un tizón encendido para alumbrar las noches de sus primeros días. Son los fragmentos de árbol quienes alimentan la hoguera que ahuyenta la pesadilla de las cavernas.
El ascenso del hombre desde su edad primera a la altura del árbol convierte a este hermano en símbolo intermedio entre la tierra y el cielo. Símbolo encarnado en el ascenso hacia una visión del mundo desde el vértice a su horizonte en la más amplia perspectiva. Lo que convierte al árbol en eje del mundo. Eje del molino que nos desharina, que nos vuelve polvo enamorado de nuestro origen.
La mirada del cuervo, con su mirada oscura de poeta maldito, se asola en su ramaje. Al igual que todas las aves del cielo encuentra reposo en su espesura. El poeta encuentra en su textura una especie de estado superior del ser, de su ser de poeta que ilumina de verde los campos. Para el poeta todo es vínculo en el tronco del árbol. El árbol se convierte en la manifestación individual de su espíritu universal que reposa sobre sí mismo. Sobre la rama que se balancea. Cuando el poeta levita esta en el árbol encarnando el pájaro. Por ello, para la mitopoesía, el palo, el falo y al pájaro son el mismo árbol del bien y del mal donde todo se origina desde la imaginación creadora que remonta su vuelo al ámbito de lo sobrenatural cuando no encuentra otra manera de llamar a la dicha y al sufrimiento, al placer que llama el deseo o al desastre que señala la culpa con sus dedo acusador.
Entonces dice el poeta queCuando la oscura noche se derrama por todos los rincones del campo (de la tierra) y aparece la luna bañando las montañas, el ramaje del árbol se yergue cual paloma que estira sus alas en vuelo sonriendo a la quieta gestualidad despeinada de cantos mañaneros. El poeta prefiere entonces ser incorporado al árbol y fundir su mirada con los materiales verdes, fundirse a su inmovilidad desamparada que se torna en solitario chamizo.
Cuando me siento en un madero, en un fragmento de árbol, en el tronco caído y siento la intensidad de su aliento de arcanos eucaliptos, su aroma a la estatura del romero, consagro abiertamente mi corazón a la tierra grave y doliente. Levanto el árbol de mi mano abierta y leo en sus líneas el futuro del árbol. Paso entonces del taburete o la banca al árbol más cercano en esta noche sagrada de la tierra con su luna ausente, le prometo amarlo fielmente hasta la muerte y después de la muerte ser un autentico mandarino, un guácimo, un aguacate o un autentico naranjo ombligon.
Sin temor a una pesada carga de fatalidad, prefiero ser una pesada carga de frutalidad en el inmenso zapote. Sin desprecio a sus enigmas de árbol edipico en Colona. Y así ligarme al árbol de Yocasta con su lazo mortal. Porque así el hombre es un árbol cuando sueña y es lenguaje cuando piensa. Ni la vieja roca muda palpita como el árbol cuando a sus antigüedades se refiere, pues un leño encendido de árbol fue la culpa que hallaron los dueños del Olimpo, contra uno de ellos, para atarlo eternamente a un peñasco. En el corazón del árbol dibuja eternamente cada pálpito y cuando muere su corazón, en betas grabado, dibuja el camino de su descenso a las profundidades y se queda en la tierra como un sello imborrable, como una huella porque ese es el destino del árbol. Cuando millones de árboles fueron sepultados por el mar hace millones de años empezó a tejerse la desgracia de un territorio cuya población se ubico encima de aquel inmenso cementerio de arboles añosos y recios. Hoy aquellos inmensos bosques, son un mar subterráneo de hulla que no benefician sino que trae miseria a los pobladores de tierras sometidas por seres que encarnan la atrocidad.
Lleno de meritos esta el tronco del árbol que hace de esta tierra su morada, que recalca en él la poesía. El don de la belleza y de la profecía escrita en sus carbones cristalizados. En su cuerpo petrificado, en su huella de bosque mineralizado, extendida sobre la roca subterránea, en la entraña de la más septentrional de las penínsulas sudamericanas, la de la Guajira.Estar solo y sin árboles es como estar en los terrenos de la muerte. En el desierto de la soledad que anuncia El Cerrejón en medio siglo de miserias. Nada somos sin árboles, es su sombra lo que buscamos, lo que es fruto y reposo para nosotros, los que nos sabemos peregrinos de la tierra, es para los ciegos sedientos de ganancia tan solo una materia prima de sus mercancías, tan solo el alimento de su vehemencia descomunal y devoradora de vidas y de sueños. El combustible de su hoguera de infamias.
El árbol diviniza con su magia los frutos que comparte con los hombres y los pájaros. En la divinidad del árbol creemos sólo los que somos arboles cuando soñamos. El árbol es peligro ante la tormenta, es el blanco donde el choque de nubes dispara el rayo. Pero también su cuerpo puede ser la salvación del rayo. Por ello no hay mayor inclinación humana que reconciliarse con el (rayo) árbol. Nada necesitamos tanto como el sagrado roble que me ayuda a celebrar y a agradecer al cielo por los dones de la tierra. Porque podemos crear muchas cosas, pero solo podemos salvar los frutos del mundo si sabemos proteger los bosques con todos los arboles y lo que a diario recibimos de ellos. Todo aquello que no nos está permitido hacer porque es la labor sagrada de la naturaleza.
El árbol es lo que nos fue dado por la madre tierra sin que sepamos cómo, ni por qué. Se nos ha dado el árbol del pan con sus hojas de gigante y su encumbrado cuerpo. Podemos transformarlo todo. podemos impedir el desastre que pretenden sembrar los criminales que convierten el árbol en mercancía, y a los territorios donde están plantados , en campos de miseria. Podemos destruirlo todo, con nuestra quietud omisiva, pero con ello también nos estamos destruyendo. ¿Estamos entonces condenados a ser homicidas pasivos? Cuando sometemos o dominamos la morada del árbol, estamos cavando nuestra propia sepultura como seres vivos que pensamos y soñamos. El árbol de mis entrañas expandes sus alas para asombrar los sueños del poeta que dormita sobre la mecedora de fino roble. Los últimos hombres en el desierto, sin una sombra, sin oxigeno, sin donde ahogar su sed, sabrán que es padecer la intemperie de su ausencia. Sabrán lo que es la naturaleza sin las cosas fundamentales que la conforman. Cuando alguien corta un árbol altera el fluido del planeta. Cuando alguien interviene los arboles que conforman la cuenca del Amazonas o de la selva chocuana, interviene todos los ríos de la tierra. No existe en la tierra un solo sitio que no esté conectado a todo el ecosistema que deriva del bosque amazónico. Por ello allí cada árbol nos enseña el profundo sentido de responsabilidad que debemos tener. Debemos detenernos a interpretar el mundo desde el equilibrio contradictorio del árbol, comprenderlo desde lo más profundo de su raíz hasta la más encumbrada altura de su copo. “Un sauce de cristal/un chopo de agua” un álamo blanco descrito por Octavio Paz en piedra de sol. Hasta LA RAMA más empinada que señala al cielo, que apunta a las alturas con el dedo corazón de su mano tendida al infinito.
Si comprendemos en el árbol el tremendo poder de creación y de transformación que nos enseña la naturaleza, todo lo que hemos logrado gracias a la lección del árbol con su paciencia infinita, emprenderíamos una renovación de los lazos con el árbol, del abrazo con el árbol, que fue el primero que nos tendió sus brazos en la edad primera del hombre sobre la tierra.
Renovando nuestro primer abrazo con la madre tierra en su forma de árbol podríamos recuperar el origen y renovación constante de la cultura de nuestra especie fundada en la semilla del que sembró el primer árbol. Solo el abrazo sincero con el cuerpo y el espíritu del árbol, del inmóvil y mudo hermano que agita sus ramas cuando nos ve pero no dice nada, nos vuelvan a la unidad con la tierra, a la armonía con la naturaleza. Sólo con una renovada relación con el árbol lograremos dominar la soberbia y la codicia y construir un verdadero esplendor de la civilización futura.
El árbol nos propone su guía de la misma manera que erige su propio mapa y su topografía. La topografía del árbol que traza sus propias leyes de comportamiento, la religión de su ramaje predica sus oraciones a la luz del crepúsculo, inventa cada día su propio lenguaje para saludar la aurora. Todo su comportamiento ante el sol y las nubes obedece a una cosmogonía propia. A su propia naturaleza de árbol.
Antes del hombre empezara a masacrar a su hermano“el jacaranda elevaba espumaHecha de resplandores transmarinos,La araucaria de lanzas erizadasEra la magnitud contra la nieve,El primordial árbol caobaDesde su copa destilaba sangre,Y al sur de los alerces,El árbol trueno, el árbol rojo,El árbol de la espina, el árbol madre,El ceibo bermellón, el árbol caucho,Eran volumen terrenal, sonido,Eran territoriales existencias”Neruda.
Pero llegaron los muy civilizados, los de la destrucción a cuestas, los que siembran la muerte por quilómetros y ríen como hienas de sus descomunales crímenes. Llegaron a profanar las auroras del guanábano, a podrir con su aliento el verdor del mamoncillo, a llenar de sepulcros oxidados el verdor de los campos, a fatigar con la miseria de sus esputos la madre selva del yurumo blanco, a cubrir de desiertos su mar de las tristezas, en estas tierras donde el bosque era la vida y el hombre su habitante y buen hermano.
“Tienes del archipiélago las hebras…
Tienes del archipiélago las hebras del alerce,la carne trabajada por los siglos del tiempo,venas que conocieron el mar de las maderas,sangre verde caída del cielo a la memoria.
Nadie recogerá mi corazón perdidoentre tantas raíces, en la amarga frescuradel sol multiplicado por la furia del agua,allí vive la sombra que no viaja conmigo.
Por eso tú saliste del Sur como una islapoblada y coronada por plumas y maderasy yo sentí el aroma de los bosques errantes,
hallé la miel oscura que conocí en la selva,y toqué en tus caderas los pétalos sombríosque nacieron conmigo y construyeron mi alma.
XXX De: Cien sonetos de amor, 1959Neruda.
“sabana seminal, bodega espesa,Una rama nació como una isla,Una hoja fue forma de la espada,Una flor fue relámpago y medusa,Un racimo redondeo su resumen,Una raíz descendió a las tinieblas.”
“cascaras sagradas en sonoras maderas.Extensas hojas que te cubrían La piedra germinal, los nacimientos”.“otero verde”
“Árbol de sangre, aroma en tu madero después del rayo”
“Bosques de secretas maderas inconclusasY ando entre húmedas fibras arrancadas“Al vivo ser de substancias y silencio.” Neruda. (Canto general)
Por ello va mi canto en tu silencio del color del mundoEn el llanto mudo de tus cicatrices.Caigo al imperio de tu memoriosa entrañaDulce materia en que mi mano deslizoYa que no quiero ser sepultado entre tus ennegrecidas betas,Pues prefiero escuchar el melodioso crujir de tus raíces que se desperezan en la alta noche del poema, ser tu aroma que trepa por tu tronco hasta la copa en que los seres alado se alimentan de sus mejores frutos.
Arboles envueltos en flores que cantan a la vida y sus desolaciones Cuando el jazmín de noche llama al aire aromado con su caricia de ángelEn su aura de rosal imaginario, “en las riberas de la aurora”Cuando la niebla inicia su galope entre copa y copa hasta volverse muro entre montaña y montaña. Un nuevo aroma propagado llenaba,Por los intersticios de la tierra,Las respiraciones convertidas en sumos y fragancias.(Ver Neruda, Canto general pág. 11).
Polen expandido entre los musgos Semillas que (se incendian) vuelan entre el vientre de los pájaros,Mientras la mariposa desliza su lengua en el pistilo del guayacán.Árbol que asciendes entre tus ramas férreasApuntalado en sus raíces minerales,Árbol de larga geografía.Árbol sagrado del que fluye la palabra trino.
El hombre vacía, bota del fondo del árbol lo que no contienen ninguna armonía, porque la música está en el fondo del odre sin entrañas, hay que vaciar el tronco del árbol, del cañuto, desnudarlo de su piel, de su vestido de árbol, para escuchar su limpia armonía, el ritmo de sus alas del recuerdo, la música que contienen sus cifradas raíces. Es necesario saber escuchar al árbol, cofre de las palabras y sonidos. Hay que saber reverenciar los sonidos del árbol. Su lenguaje aspira a que el guayacán sea hombre. Y la música de sus flores se convirtió en semilla de hombre. Y el guayacán se hizo hombre y habito entre los árboles. Y el hombre se hizo familiar entre el bosque. Y el guayacán busco a su primera sembradora y el viejo tronco se tendió al lado de la mujer para sembrar más semillas de árbol.
Hermano del país de los alerces, donde los artificios del árbol, que enseño al hombre a navegar por todo el planeta, que hizo naves de su tronco, arrancan a la tierra toda su sabiduría.
Es a partir del árbol que la mente humana da inicio al diseño de sus primeras herramientas y de sus más fantásticas imágenes del mundo. Sus formas ocultas desinhiben y dan forma en la mente imaginativa y en la mano del artesano a objetos inconcebibles, que surgen de la observación del árbol, a otra realidad y son dibujados en metales y en otros recursos plásticos y poéticos.
El lenguaje de los árboles, su forma de sugerir, las formas secretas que guarda solo para seres intensamente sensibles, pues su forma de emerger en el arte no obedece a prodigios sino a su expresión de verde eternidad y tejido.
La savia de los arboles recorre sus prodigios en cada forma de su tejido profundo, está llena de milagros que reclama con empeño la mente humana. La habida imaginación busca constante mente en el árbol saciar su sed. De beber en el árbol el estimulo de nuevas formas en flores y semillas, en ramas y brazos, en las retorceduras de su tronco y raíces, en las hojas y sus tejidos, en sus texturas, sus betas, sus cartas de colores. Todas las formas están en la integridad del árbol. Los pueblos creen más en los milagros del árbol que en la ley de la causalidad imperativa de los transgénicos. En la semilla conservada por tradición, esta la seguridad que brinda el mango. Las comunidades que aprecian el árbol como a su propia vida, admiten con mayor certidumbre la fantástica forma del árbol y su sombra, que se arrastra a lo invisible que las verdades demostrables del racionalismo y la lógica impuesta por los sabios del positivismo y la pragmática de los laboratorios de transgénicos. Porque el árbol como el poeta teje su trama de secretos de tal modo que no repugnan al entendimiento, la inteligencia o el pensamiento creador. Nos quedamos perplejos ante la escritura que dibujan en su distribución los brazos del árbol. Los hombres solo nos quedamos en los dos con que abrazamos, mientras el árbol abraza el aire y se deja acariciar por la neblina en la multiplicidad de sus extremidades superiores además de su tronco principal. Nos asombran las formas elementales del árbol. Presencia que a los demás parece obvia y carente de misterio. La forma de su raíz, los copos de la araucaria que tienen la belleza de las espadas según Borges. El silencio que guardan, tan cercano al tiempo que se escurre en el reloj de arena. Nada siniestro se esconde entre los arboles, si antes no hemos dibujado su embrujo en nuestra imaginación. De la misma manera que los espejos, están atentos a cualquier movimiento que el viento les designe a cualquier hora del nocturno silencio, además de su autónomo dinamismo de aparente quietud y estatismo inmóvil. Quien siente horror ante el bosque endemoniado es porque ya ha a convertido cada árbol en un endriago terrorífico.
De la misma manera que algunos poetas sienten el horror de los espejos de agua cuando están presididos de la inmóvil sombra del árbol y la nube, el árbol se horroriza ante el ojo del hacha o el pavoroso blindaje de la motosierra. ¿cómo sentir pavor ante las formas del árbol sin antes haber fabricado en el laboratorio de los pensamientos algún ser que espía el rumor del tiempo en la quietud del firme y ancho tronco?
Uno no entiende porque cuando el cuerpo descansa con la espalda ajustada a la redondez del árbol, el lenguaje recorre regiones donde resplandecen las flores de suave aroma y donde los muertos han dejado escritas tales maravillas que nadie los considera muertos. Claro que esto sólo sucede en ciertas regiones del árbol. Contagiar de este asombro la mágica historia del árbol, de su gramática de la fantasía, de su libro de historia de las cosas de la casa o de las cosas que se le van ocurriendo al árbol mientras lo vemos crecer entre sombras y olvidos. Porque, si no nos olvidamos de mirarlo, el olmo no crece. Si un árbol nos puede enseñar tanto de su intimidad individual cuánto no nos podrá enseñar un bosque que es como una biblioteca tropical y cuan sabios no seremos si podemos leer una selva como la del Amazonas.
El árbol en su hábitat natural y el árbol plantado con intenciones de amistad perdurable puede proporcionar a nuestra vivencia un árbol tan fabuloso y tan nítido que bien podría decir un niño que con el árbol estamos inventando un universo paralelo que se va entretejiendo en nuestra imaginación.
Ahora mismo vivimos en un bosque, en un pueblo de arboles y nos comunicamos con cada uno de estos pobladores a través de su aliento fresco y la escritura que desciframos en sus hojas, parece decirnos el amenazado Wayuu de Tamaquito. Por ello nos acercamos a los laberintos que traza su intimidad de savia en tránsito constante, al destino mismo de nuestro ser trazado en las betas internas del hermano árbol, en esa cascada de temporalidades paralelas que recorren la vida de hombres y árboles, que sugieren sus continuas bifurcaciones, sus senderos del agua que almacenan para cuando haya sed en las miradas del jardín. Cada árbol es un país mágico, cada bosque una galaxia de pájaros e insectos, de rastros y habitantes de la oscuridad que vigilan la buena salud de las raíces. Cada árbol en la medida en que crece va dejando en los otros el reflejo de su acercamiento infinito a la perfección. Cada árbol sabe que por alto que se empine nunca llegara al cielo. Pero al menos tiene la intuición de árbol de que algún día las nubes que inclinan su frente ante el monumento de la montaña se acercaran a besarlo. El árbol que besa la nube, cuando esta se recuesta a la montaña, sabe que no es una metáfora caprichosa fabricada por algún poeta que persiste en sus observaciones. Cada árbol sabe lo que el viento susurra bajo las estrellas, intuye que el lenguaje del viento eterniza su búsqueda constante y que su influencia sobre el lenguaje de las hojas permanece para siempre. En este sentido el lenguaje del árbol habla al hombre de su rectitud, de su sensatez ante las aguas que corren enfurecidas a recuperar su herido lecho de otros tiempos.En el mundo poético de la escritura del árbol, en el lápiz que sigue aferrado a la memoria de mis dedos como el carbonero a su mina de grafito, como el milenario bosque cristalizado, a la antigua roca peninsular, en el dictado del lenguaje que habla a través de la naturaleza de cada cosa.
El inmenso caracolí, un resplandor en el camino. El urapán, cautivo por el gris pavimento que lo cerca, descubre que las líneas y colores de la iguana son secretos mensajes, profundos misterios no descifrados por el hombre metódico y lineal. Son la voz que viene del vientre de la tierra que sólo puede escuchar el hombre que interpreta los cantos del urapán cuando la tarde lo invita a dialogar con su sombra, esa otra oculta voz con que el árbol escribe sus pausados movimientos.
En un milenario bosque de alerces ubicado cerca al Estrecho de Bering, uno de estos antiguos hermanos detiene el universo de su estatura ante un rayo de sol para que el poeta pueda dar fin a su poema y morir con su mirada pendiente de la rama iluminada. En la punta de la rama más alta, cual “pájaro detenido, trémulo, sobre su trino” se queda pendiente la mirada del poeta. Este poeta que en música se derrama permanece tendido en la frialdad de aquel suelo como cadáver insepulto. Antes de morir, el poeta, descubre que la rama tiene atada entre sus dedos el nido de un ruiseñor. Alguien dijo después que por allí los ruiseñores no derraman su música, porque no son pájaros de estos lugares, que tal vez se trataba de un sinsonte. Lo cierto es que el canto se escuchó como una flecha en la rama. La nota del que canta se quema viva en el lenguaje del poeta. El pájaro, la mirada, la rama y el último suspiro del poeta que se despide con su postrimero aliento de luz, están constituidos de lenguaje y el poeta se queda en el lenguaje que lo habita. El poeta desaparece como ser vivo ante aquel asombroso prodigio del lenguaje que permanece. Cuando el sol lanza aquella nota amarilla sobre el alerce, el poeta percibe que la rama se vuelve astilla y que de allí nace la flecha que lo alcanza. Dice, quien tomo el poema de sus yertas manos, que el poeta alzó los ojos al cielo y no vio nada, porque nada existe donde habita la muerte.
Fuera de los árboles, donde culminó el poema de toda una vida, el resto es invención de poetas dijo alguna vez un tronco de árbol cuando alguien quiso en el abrir el recuerdo de una herida. Pues son los arboles los primeros en recordar…
Continúa en http://acuarela.wordpress.com/2007/08/29/dia-del-arbol/#comment-11522
pues en verdad todas las poesias estan muy bonitas
El alma del ombú. Silva Valdés
(Poema. Poesía escolar /infantil. Árboles)
Yo soy un árbol sin flores.
Mis flores, al parecer,
son tan insignificantes
que casi no se me ven.
Y así, soy árbol sin galas,
mi madera no es madera ;
sirvo mucho para sombra,
mas no sirvo para leña.
Sin embargo, soy el árbol
más hermoso de estas tierras.
En mi copa redonda,
donde anidan las estrellas,
se refugiaron un día
unas cuantas canciones,
todas de la tierra nuestra,
arrojadas y corridas
por costumbres forasteras.
Y al ser un árbol sin galas,
sin galas y sin madera
-como lo dije al principio-
tengo las flores más bellas,
las de más vivos colores,
las que perfuman la selva,
estos cantos y estas danzas
que en mi savia ponen fiesta.
F. Silva Valdés, uruguayo
El pino verde. Fermín Estrella Gutiérrez
Verde pino, verde pino,
vengo a tu sombra a jugar,
a la orilla del camino
quiero una acequia formar.
El agua, agüita de plata,
pronto correrá hasta aquí,
y una dulce serenata
dirá sólo para mí.
……………..
Verde pino, verde pino,
los gnomos te cuidarán,
y las ranas del camino
de noche te dormirán.
Fermín Estrella Gutiérrez, en el libro “La palabra y su mundo”, Ed. Plus Ultra
Pintar árboles:
http://acuarela.wordpress.com/2011/08/28/pintar-arboles-los-grandes-protagonistas-via-pinturayartistas/
Video-poema El Arbol y El gato:
http://acuarela.wordpress.com/2011/02/22/videopoema-el-arbol-y-el-gato-via-soy-donde-no-pienso/
Día de la flor nacional (de Argentina y de otros países)
http://acuarela.wordpress.com/2010/11/22/dia-de-la-flor-nacional/
No se pierdan de mirar las bellísimas fotografías de árboles de la presentación pps La Belleza de los Árboles, sita en:
http://www.villacrespomibarrio.com.ar/mensajes%202011/La%20belleza%20de%20los%20arboles.pps
siiii estan bellas
me encanta celebrar el dia del arbol asi que yo quise escribir un poema y primerito es perfecto
[...] Día del árbol (poemas, derechos de los árboles, árboles en el arte, etc.) Tags: permacultura Compartir:Me [...]
me fascina un arbol tengo un jardin en casa
mmm si son tan lidos hermosos los árboles
no solo hay que cuidar los arboles sino toda la naturaleza…
SON RE LINDOS LOS POEMAS NO SE COMO HAY GENTE QUE NO CUIDA EL MEDIO AMBIENTE
Semana del árbol:
“Objetivo de la semana del árbol
Reestablecer el vínculo del hombre con su entorno. Promover, nuevamente, el reencuentro profundo de nuestra esencia con la de la Tierra. Sólo recorriendo este camino, podremos entender la necesidad y el deber ético de cuidar nuestro ambiente, y toda la vida que lo atraviesa.
El árbol, símbolo de unicidad de la vida natural, representa la conexión entre el cielo y la tierra. Entro lo visible y lo oculto. Lo perenne y lo efímero.
No importa en el país que estés, esta debe ser una iniciativa global. Si sientes en tu corazón el deseo de hacerlo, HAZLO! Planta un árbol, dona un arbol o adopta un arbol”
Leido en:
http://shedsenn.com/2012/08/26/semana-del-arbol/
(allí, un video)
si todos los seres humanos tenemos derechos, que bueno que los árboles también los tengan, ya que hacen parte importante de nuestra vida.
[...] Relacionados: Día del árbol. Poemas [...]
muy bueno me gusto muxo
k bueno k hay personas k si les importa el medio ambiente asi como yop
todos los dias hay un amigo que nos da el aire para respirar cuando nos levantemos ese amigo es el arbol
el árbol de la vida
autora: gladys nidia chuquimarca
aquel árbol de la vida
que da toda tu sabiduría
como si fuera una avenida
en muy plena jauría
con mi corazón a lado
que me parece muy destrozado.
aquella vida que fui desgastando
cada hoja tuya se iba volando
cada biodiversidad que iba maltratando
tu corazón me iba odiando.
todos esos dias de mi vida
que te he ido maltratando
estos poemas son muy bonitos, podrían poner mas?
me encantaaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa
me encantaaaaaaaa a mi tambien
Yo busco sin pausa un poema que habla de un hombre que le pidió a su hijo que sembrara un árbol, pero éste no quiso. Al tiempo, despiden al padre de donde trabajaba, y un árbol, a la orilla del río, los cobijó.
De que autor es y como se llama? No lo puedo ubicar. Si lo saben me lo mandarían a mi mail?
gracias! María