Archive for the ‘Cartas’ Category

Carta de un padre a su hija: Albert a Lieserl Einstein

junio 16, 2018

(vía shedsenn.com)

“A finales de los años 80, Lieserl Einstein, hija del celebre genio Albert Einstein donó aproximadamente 1,400 cartas escritas por su padre a la Universidad Hebrea. En ese entonces hizo una petición, el contenido no podría hacerse publico hasta dos décadas después de su muerte. La siguiente es una de ellas:

“A Lieserl Einstein:

Cuando propuse la teoría de la relatividad, muy pocos me entendieron, y lo que te revelaré ahora para que lo transmitas a la humanidad también chocará con la incomprensión y los perjuicios del mundo. Te pido aun así, que la custodies todo el tiempo que sea necesario, años, décadas, hasta que la sociedad haya avanzado lo suficiente para acoger lo que te explico a continuación.

Hay una fuerza extremadamente poderosa para la que hasta ahora la ciencia no ha encontrado una explicación formal. Es una fuerza que incluye y gobierna a todas las otras, y que incluso está detrás de cualquier fenómeno que opera en el universo aún no haya sido identificado por nosotros. Esta fuerza universal es el AMOR. Cuando los científicos buscaban una teoría unificada del universo olvidaron la más invisible y poderosa de las fuerzas.

El Amor es Luz, dado que ilumina a quien lo da y lo recibe. El Amor es Gravedad, porque hace que unas personas se sientan atraídas por otras. El Amor es Potencia, porque multiplica lo mejor que tenemos, y permite que la humanidad no se extinga en su ciego egoísmo. El amor revela y desvela. Por amor se vive y se muere. El Amor es Dios, y Dios es Amor.

Esta fuerza lo explica todo y da sentido en mayúsculas a la vida. Ésta es la variable que hemos obviado durante demasiado tiempo, tal vez porque el amor nos da miedo, ya que es la única energía del universo que el ser humano no ha aprendido a manejar a su antojo. Para dar visibilidad al amor, he hecho una simple sustitución en mi ecuación más célebre. Si en lugar de E= mc2 aceptamos que la energía para sanar el mundo puede obtenerse a través del amor multiplicado por la velocidad de la luz al cuadrado, llegaremos a la conclusión de que el amor es la fuerza más poderosa que existe, porque no tiene límites. Tras el fracaso de la humanidad en el uso y control de las otras fuerzas del Universo, que se han vuelto contra nosotros, es urgente que nos alimentemos de otra clase de energía. Si queremos que nuestra especie sobreviva, si nos proponemos encontrar un sentido a la vida, si queremos salvar el mundo y cada ser siente que en él habita, el amor es la única y la última respuesta.

Quizás aún no estemos preparados para fabricar una bomba de amor, un artefacto lo bastante potente para destruir todo el odio, el egoísmo y la avaricia que asolan el planeta. Sin embargo, cada individuo lleva en su interior un pequeño pero poderoso generador de amor cuya energía espera ser liberada. Cuando aprendamos a dar y recibir esta energía universal, querida Lieserl, comprobaremos que el amor todo lo vence, todo lo trasciende y todo lo puede, porque el amor es la quinta esencia de la vida.

Lamento profundamente no haberte sabido expresar lo que alberga mi corazón, que ha latido silenciosamente por ti toda mi vida. Tal vez sea demasiado tarde para pedir perdón, pero como el tiempo es relativo, necesito decirte que te quiero y que gracias a ti he llegado a la última respuesta.

Tu padre,

Albert Einstein”

Leída en: https://shedsenn.com/2014/10/12/el-amor/

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#AbortoLegalYa: Carta Abierta de actrices argentinas a diputadas y diputados

abril 1, 2018

“Diputadas, diputados:
Nosotras, actrices argentinas, escribimos esta Carta Abierta con la esperanza de ser escuchadas.
Tal como cada dos años lo hacen ustedes, esta vez nosotras les pedimos su voto.
Les pedimos su voto para terminar con la muerte, la cárcel y el silencio.
No estamos a favor del aborto.
Estamos a favor de la despenalización del aborto.
Y por eso mismo, estamos a favor de la vida.
De todas las vidas: también la de aquellas mujeres que arriesgan sus cuerpos en manos de un negocio siniestro y clandestino.
Les pedimos que voten el proyecto de la Campaña Nacional porque estamos convencidas de que el aborto legal -acompañado de políticas públicas de educación, prevención y contención para evitarlo- nos convertirá en una sociedad más justa, más moderna y definitivamente menos hipócrita.
Se lo pedimos también para que honren el sistema representativo, que simboliza justamente el derecho a elegir.
Les pedimos su voto, finalmente, porque tenemos fe en la democracia.
Llegó la hora.
Hagan Historia y salden su deuda con las mujeres.”

Firmantes: Dolores Fonzi – Nancy Duplá – Carla Peterson – Andrea Pietra – Verónica LLinás – Inés Estevez – Verónica Lozano – Esther Goris – Pilar Gamboa – Jazmín Rodriguez – Alejandra Flechner – Mirta Busnelli – Marina Glezer – Sofía Castiglione – Valería Correa – María Duplaá – Elisa Carricajo – María Eugenia Gerghty – Laura Paredes – Julieta Rodríguez Grumberg – Paloma Contreras – Mariana Chaud – Ana Pauls

Leído  en: http://www.lavaca.org/

Consejos para las cartas de amor

mayo 16, 2017

Buscando cartas… encontré unos sencillos consejos

1. Sé sincero. No copies ninguna de las cartas de amor que hay por Internet. Puedes incluir frases que te gusten: Frases de amor, frases para conquistar, frases románticas. Pero que la carta sea tuya. Expresa con sinceridad lo que sientes.

2. Utiliza palabras sencillas que te salgan del corazón. No seas rebuscado. Procura ser tu mismo/misma. Un “te quiero”, “te amo”, vale más a los ojos de la persona que se los dices que las cartas y los poemas de amor más rebuscados.

3. Piensa en la persona que amas cuando le escribas la carta. Ella te inspirará. Piensa en lo que le gusta, en su forma de ser. Siéntela cerca de ti.

4. Más vale calidad que cantidad. No hagas una carta innecesariamente larga. Guárdate lo mejor para decírselo en persona.

5. Piensa en el objetivo de la carta y trata de ser claro al respecto. Es decir, pregúntate lo que persigues; por ejemplo
Que te perdonen
Que sepa que le amas
Que le recuerdas, que le echas de menos
Otros..

6. No te auto-compadezcas de nada, a no ser que tengas una muy buena razón para ello.

7. Ternura, delicadeza, comprensión, simpatía, sentimiento son ingredientes básicos de las cartas de amor bien hechas.

8. Halaga con sinceridad, no adules y tampoco lo hagas en exceso.

9. Sé generoso. El que ama, no espera recibir. Debes tenerlo claro cuando escribas tu carta. Solo las personas que son generosas, pueden amar de verdad.

10. Cuando hayas terminado de escribir la carta, reflexiona si no es mejor decírselo con tu propia voz. En todo caso cuida tu letra. 

Leído en: EuroResidentes  (Archivo/2007 Blog Acuarela de Palabras)

Cuentos de Antón Chéjov

abril 7, 2017

Alguna vez fui al teatro a mirar “El jardín de los cerezos”, pero nunca había leído cuentos de este gran escritor ruso. Me gustaron todos, comparto uno breve y muy emotivo que encontré en la web, y del que Wikipedia nos dice:

Vanka. Antón Chejov

“Con este cuento Chéjov critica a la sociedad europea de la segunda mitad del siglo XIX, especialmente al maltrato y la marginalidad que sufrían muchos niños huérfanos en la época del autor.” (Wikipedia)

“Una nochebuena Vanka Chukov, un niño huérfano de 9 años, comienza a escribir una carta dirigida a su abuelo desde la casa del zapatero Alojin en Moscú. En ella, Vanka le va contando las penurias que está pasando (el maltrato del zapatero, la miseria en la que vive, la soledad que siente…) y finalmente le ruega poder ir a vivir con él a su aldea. ...”

Pero lo bello es lo que vamos sintiendo a medida que leemos: 

“Querido abuelo Constantino Makarich -escribió-: Soy yo quien te escribe. Te felicito con motivo de las Navidades y le pido a Dios que te colme de venturas. No tengo papá ni mamá; sólo te tengo a ti…

Vanka miró a la oscura ventana, en cuyos cristales se reflejaba la bujía, y se imaginó a su abuelo Constantino Makarich, empleado a la sazón como guardia nocturno en casa de los señores Chivarev. Era un viejecito enjuto y vivo, siempre risueño y con ojos de bebedor. Tenía sesenta y cinco años. Durante el día dormía en la cocina o bromeaba con los cocineros, y por la noche se paseaba, envuelto en una amplia pelliza, en torno de la finca, y golpeaba de vez en cuando con un bastoncillo una pequeña plancha cuadrada, para dar fe de que no dormía y atemorizar a los ladrones. Lo acompañaban dos perros: Canelo y Serpiente. Este último se merecía su nombre: era largo de cuerpo y muy astuto, y siempre parecía ocultar malas intenciones; aunque miraba a todo el mundo con ojos acariciadores, no le inspiraba a nadie confianza. Se adivinaba, bajo aquella máscara de cariño, una perfidia jesuítica.

Le gustaba acercarse a la gente con suavidad, sin ser notado, y morderla en las pantorrillas. Con frecuencia robaba pollos de casa de los campesinos. Le pegaban grandes palizas; dos veces había estado a punto de morir ahorcado; pero siempre salía con vida de los más apurados trances y resucitaba cuando lo tenían ya por muerto.

En aquel momento, el abuelo de Vanka estaría, de fijo, a la puerta, y mirando las ventanas iluminadas de la iglesia, embromaría a los cocineros y a las criadas, frotándose las manos para calentarse. Riendo con risita senil les daría vaya a las mujeres.

-¿Quiere usted un polvito? -les preguntaría, acercándoles la tabaquera a la nariz.

Las mujeres estornudarían. El viejo, regocijadísimo, prorrumpiría en carcajadas y se apretaría con ambas manos los ijares.

Luego les ofrecería un polvito a los perros. El Canelo estornudaría, sacudiría la cabeza, y, con el gesto huraño de un señor ofendido en su dignidad, se marcharía. El Serpiente, hipócrita, ocultando siempre sus verdaderos sentimientos, no estornudaría y menearía el rabo.

El tiempo sería soberbio. Habría una gran calma en la atmósfera, límpida y fresca. A pesar de la oscuridad de la noche, se vería toda la aldea con sus tejados blancos, el humo de las chimeneas, los árboles plateados por la escarcha, los montones de nieve. En el cielo, miles de estrellas parecerían hacerle alegres guiños a la Tierra. La Vía Láctea se distinguiría muy bien, como si, con motivo de la fiesta, la hubieran lavado y frotado con nieve…

Vanka, imaginándose todo esto, suspiraba.

Tomó de nuevo la pluma y continuó escribiendo:

«Ayer me pegaron. El maestro me cogió por los pelos y me dio unos cuantos correazos por haberme dormido arrullando a su nene. El otro día la maestra me mandó destripar una sardina, y yo, en vez de empezar por la cabeza, empecé por la cola; entonces la maestra cogió la sardina y me dio en la cara con ella. Los otros aprendices, como son mayores que yo, me mortifican, me mandan por vodka a la taberna y me hacen robarle pepinos a la maestra, que, cuando se entera, me sacude el polvo. Casi siempre tengo hambre. Por la mañana me dan un mendrugo de pan; para comer, unas gachas de alforfón; para cenar, otro mendrugo de pan. Nunca me dan otra cosa, ni siquiera una taza de té. Duermo en el portal y paso mucho frío; además, tengo que arrullar al nene, que no me deja dormir con sus gritos…  Abuelito: sé bueno, sácame de aquí, que no puedo soportar esta vida. Te saludo con mucho respeto y te prometo pedirle siempre a Dios por ti. Si no me sacas de aquí me moriré.»

Vanka hizo un puchero, se frotó los ojos con el puño y no pudo reprimir un sollozo.

«Te seré todo lo útil que pueda -continuó momentos después-. Rogaré por ti, y si no estás contento conmigo puedes pegarme todo lo que quieras. Buscaré trabajo, guardaré el rebaño. Abuelito: te ruego que me saques de aquí si no quieres que me muera. Yo escaparía y me iría a la aldea contigo; pero no tengo botas, y hace demasiado frío para ir descalzo. Cuando sea mayor te mantendré con mi trabajo y no permitiré que nadie te ofenda. Y cuando te mueras, le rogaré a Dios por el descanso de tu alma, como le ruego ahora por el alma de mi madre.

«Moscú es una ciudad muy grande. Hay muchos palacios, muchos caballos, pero ni una oveja. También hay perros, pero no son como los de la aldea: no muerden y casi no ladran. He visto en una tienda una caña de pescar con un anzuelo tan hermoso que se podrían pescar con ella los peces más grandes. Se venden también en las tiendas escopetas de primer orden, como la de tu señor. Deben costar muy caras, lo menos cien rublos cada una. En las carnicerías venden perdices, liebres, conejos, y no se sabe dónde los cazan.

«Abuelito: cuando enciendan en casa de los señores el árbol de Navidad, coge para mí una nuez dorada y escóndela bien. Luego, cuando yo vaya, me la darás. Pídesela a la señorita Olga Ignatievna; dile que es para Vanka. Verás cómo te la da.»

Vanka suspira otra vez y se queda mirando a la ventana. Recuerda que todos los años, en vísperas de la fiesta, cuando había que buscar un árbol de Navidad para los señores, iba él al bosque con su abuelo. ¡Dios mío, qué encanto! El frío le ponía rojas las mejillas; pero a él no le importaba. El abuelo, antes de derribar el árbol escogido, encendía la pipa y decía algunas chirigotas acerca de la nariz helada de Vanka. Jóvenes abetos, cubiertos de escarcha, parecían, en su inmovilidad, esperar el hachazo que sobre uno de ellos debía descargar la mano del abuelo. De pronto, saltando por encima de los montones de nieve, aparecía una liebre en precipitada carrera. El abuelo, al verla, daba muestras de gran agitación y, agachándose, gritaba:

-¡Cógela, cógela! ¡Ah, diablo!

Luego el abuelo derribaba un abeto, y entre los dos lo trasladaban a la casa señorial. Allí, el árbol era preparado para la fiesta. La señorita Olga Ignatievna ponía mayor entusiasmo que nadie en este trabajo. Vanka la quería mucho. Cuando aún vivía su madre y servía en casa de los señores, Olga Ignatievna le daba bombones y le enseñaba a leer, a escribir, a contar de uno a ciento y hasta a bailar. Pero, muerta su madre, el huérfano Vanka pasó a formar parte de la servidumbre culinaria, con su abuelo, y luego fue enviado a Moscú, a casa del zapatero Alajin, para que aprendiese el oficio…

«¡Ven, abuelito, ven! -continuó escribiendo, tras una corta reflexión, el muchacho-. En nombre de Nuestro Señor te suplico que me saques de aquí. Ten piedad del pobrecito huérfano. Todo el mundo me pega, se burla de mí, me insulta. Y, además, siempre tengo hambre. Y, además, me aburro atrozmente y no hago más que llorar. Anteayer, el ama me dio un pescozón tan fuerte que me caí y estuve un rato sin poder levantarme. Esto no es vivir; los perros viven mejor que yo… Recuerdos a la cocinera Alena, al cochero Egorka y a todos nuestros amigos de la aldea. Mi acordeón guárdalo bien y no se lo dejes a nadie. Sin más, sabes que te quiere tu nieto

VANKA CHUKOV
Ven en seguida, abuelito.»

Vanka plegó en cuatro dobleces la hoja de papel y la metió en un sobre que había comprado el día anterior. Luego, meditó un poco y escribió en el sobre la siguiente dirección:

«En la aldea, a mi abuelo.»

Tras una nueva meditación, añadió:

«Constantino Makarich.»

Congratulándose de haber escrito la carta sin que nadie lo estorbase, se puso la gorra, y, sin otro abrigo, corrió a la calle.

El dependiente de la carnicería, a quien aquella tarde le había preguntado, le había dicho que las cartas debían echarse a los buzones, de donde las recogían para llevarlas en troika a través del mundo entero.

Vanka echó su preciosa epístola en el buzón más próximo…

Una hora después dormía, mecido por dulces esperanzas.

Vio en sueños la cálida estufa aldeana. Sentado en ella, su abuelo les leía a las cocineras la carta de Vanka. El perro Serpiente se paseaba en torno de la estufa y meneaba el rabo…”

Leído en: http://ciudadseva.com/texto/vanka/
Info acerca del cuento:
http://es.wikipedia.org/wiki/Vanka
Algo más del autor en WordPress:
http://eldisparaletras.wordpress.com/2011/07/17/los-cuentos-de-chejov/

La imagen: es la portada del libro de la colección Clásicos de Bolsillo de Longseller adónde leí este cuento y otros más. En el Prólogo de dicha edición se nos dice que: “… El estilo conciso tiene en él –Chéjov– a su máximo representante… sabe exponer los problemas de la vida mediante el análisis profundo y sutil de situaciones aparentemente intrascendentes y cotidianas. Unas pocas pinceladas le bastan para mostrar tanto un suceso como a personajes comunes y corrientes…”

Consejos para escribir bien: 4 reglas de Joseph Pulitzer

julio 29, 2016

Desde el archivo:

“Si escribes algo para transmitir a tus semejantes … estas son las reglas:

1.- Exprésalo brevemente, empleando solamente las palabras estrictamente necesarias … para que lo lean.

2.- Con mucha claridad y sencillez, usando términos simples, comunes, corrientes, de uso diario … para que lo entiendan.

3.- En forma pintoresca y graciosa … para que lo recuerden.

4.- Y con mucha veracidad y honestidad … para que se guíen por esa luz.”

Vía: Blog Compartiendo y Dialogando

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