Sobre la muerte y el duelo

Un tema que me ha recorrido casi toda la vida…

Encontrarán en archivo: 

El duelo de la viudez: sin que tu mano me confirme la mía (Página 12/Psicología/Sonia Tessa)

El duelo por la muerte del padre (Jamil Abuchaen)

El duelo por un aborto (PsicólogosEnBilbao)

La muerte y el duelo (Consejos para niños que pasan por una situación de pérdida de un ser querido – kidshealth.org)

Ausencia y despedida (frase)

Oración por los difuntos (plegaria)

Oración de sacrificio. En memoria de una niña (en un libro de Lin Yutang)

Describir el dolor

Consejos para lidiar con una pérdida (FamilyDoctor)

Etapas del duelo descriptas por la Dra Kubler Ross

Preguntas sobre la muerte (desde la Filosofía)

En polvo te convertirás (BBC: Ni cremación, ni entierro: disolución)

Dolor. Poesía. Emilce Muñoz

Carta al cielo a mi padre Emilce Muñoz

Carta a mi madre Mirta Gianelli

Epitafios (via Anarkasis y JuanGelman)

Reflexiones sobre la muerte (Dos parábolas budistas)

El anciano y la muerte (Esopo)

Si la muerte (canción, Serrat)

Será olvidada, será recordada (La tumba india, cuento)

Bello epitafio  (Adriana Zarri)

Abajo, entre los comentarios, enlaces o info relacionados con el tema.

Autor: AcuarelaDePalabras

Lecturas entre amigos...

5 opiniones en “Sobre la muerte y el duelo”

  1. via http://www.fundacionmlc.org

    «Explicaciones erróneas que damos a a los niños cuando alguien fallece (I)

    Patricia Díaz, psicóloga infanto-juvenil de FMLC

    Normalmente los adultos dedicamos poca reflexión a la cuestión de qué decir a los niños en el caso de que un familiar o una persona de nuestro entorno cercano muera.

    Es cierto que no somos expertos, ni es una cuestión que la gente se plantee a menudo, pero la verdad es que esta situación se complica si la persona que fallece es alguien querido para el niño.

    En esos casos, los adultos suelen sentir la necesidad de dar una explicación que a la vez consuele y aparentemente “no traumatice” al niño. Sin embargo, es frecuente que muchos recurran a explicaciones que, lejos de consolar al menor, contribuyen a confundirlo.

    Explicaciones sobre la muerte en torno a “Está en…”

    Este tipo de explicaciones suelen usarse mucho. Lo normal es que quienes las utilizan a su vez se las hayan oído de otras personas y, así, se transmiten de generación en generación. Se trata de explicaciones sobre el difunto que suelen ir en esta línea:

    -“Está en un sitio mejor”.
    -“Ha subido al cielo”.
    -“Está en el cielo”.
    -“Está de viaje”.
    -“Está descansando”.

    Todas estas expresiones generan confusión en los niños. Cuando usamos los verbos en presente, el niño pequeño normalmente utiliza el pensamiento concreto y cree realmente que esos sitios se pueden visitar, que la persona fallecida puede volver o bajar del cielo.

    Por eso, aunque parezca que lo ha entendido, es probable que con el paso del tiempo el menor regrese con preguntas incómodas acerca de cómo es ese sitio, cuándo bajará o volverá el fallecido, si vendrá a una celebración, etc. Es preferible explicarle: “Está muerto, eso significa que no vamos a ver más a esa persona, pero tenemos sus recuerdos, y los conservamos en nuestra memoria y el corazón”.

    Explicaciones sobre la muerte basadas en historias fantásticas

    Con estas historias tratamos de explicar al niño la realidad de la muerte con ideas edulcoradas. Hay muchos tipos, como explicarle al niño tras una incineración que: “Estamos hechos de polvo de estrellas y cuando nos incineran nos convierten de nuevo en ese polvo de estrellas para que luego cuando miremos al cielo podamos ver esas estrellas que brillan tanto”. O, por ejemplo, que: “En realidad somos ángeles y en un momento determinado tenemos que irnos al cielo para seguir ahí siendo ángeles y esperar a las personas que queremos”.

    Estas historias son muy bonitas, dejan un buen sabor de boca -sobre todo al adulto que las utiliza-, y tanto el adulto como el niño parecen quedarse tranquilos. El problema viene cuando el niño crece y esas explicaciones empiezan a parecerle mentira, es probable que aparezca cierto grado de enfado por no haber sido tenido en cuenta o porque se sienten engañados por el adulto al contarles esa historia.

    También puede ocurrir incluso que el menor se tope con otro niño que le explique que la persona querida ha muerto. Por eso, aunque son historias muy bonitas, es conveniente que de forma paralela les expliquemos que esa persona ha fallecido, que está muerta y a nosotros nos consuela pensar que… Y es ahí donde se introduce la historia fantástica.

    Explicaciones sobre la muerte que no explican nada

    No es lo habitual, pero a veces los adultos transmiten al niño las siguientes ideas:
    -“Eres muy pequeño, no lo entenderías”.
    -“Es mejor así”.
    -“No te preocupes que no pasa nada”.
    -“Tienes que ser fuerte y estar tranquilo”.
    -“Cuando seas mayor te lo explicaré todo”.
    -“No es momento de preguntar, ya te lo explicaremos cuando seas más mayor”.
    -“Eres pequeño, estos temas son de mayores”.

    Estas expresiones dejan al niño al margen de un evento tan importante como es la pérdida de un ser querido. En realidad, lo que se busca con ellas es proteger al menor del dolor que sentimos los adultos. Pero tenemos que darnos cuenta de que ese dolor es el nuestro y de que, al privarles de la muerte, les privamos también de muchas habilidades que van a necesitar para enfrentarse a las siguientes pérdidas que sufran en la vida. …»

    Leído en: http://blog.fundacionmlc.org/explicaciones-erroneas-que-damos-a-a-los-ninos-cuando-alguien-fallece-i/

    Una guía para bajar:

    Haz clic para acceder a guia-duelo-infantil-fmlc.pdf

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  2. 10 lecciones de vida de la doctora Kübler-Ross

    1. Durante toda la vida se nos ofrecen pistas que nos recuerdan la dirección que debemos seguir. Si no prestamos atención, tomamos malas decisiones y acabamos con una vida desgraciada. Si ponemos atención aprendemos las lecciones y llevamos una vida plena y feliz, que incluye una buena muerte.

    2. Os daréis cuenta de que erais vosotros mismos vuestros peores enemigos, puesto que en el túnel debéis reprocharos el haber dejado pasar tantas oportunidades para crecer.

    3. Cada uno de nosotros puede convertirse en un monstruo nazi, pero de
    igual manera cada uno tiene la oportunidad de llegar a ser la Madre Teresa de Calcuta.

    4. El sentido del sufrimiento es éste: todo sufrimiento genera crecimiento.
    Nada de lo que nos ocurre es negativo, absolutamente nada. Todos los sufrimientos y pruebas, incluso las pérdidas más importantes, son siempre regalos.

    5. No se puede sanar al mundo sin sanarse primero a sí mismo.

    6. Los moribundos siempre han sido maestros de grandes lecciones, porque cuando nos vemos empujados hacia el final de la vida es cuando la vemos con mayor claridad. Al compartir con nosotros sus lecciones, los moribundos nos enseñan mucho sobre el inmenso valor de la vida en sí.

    7. Estamos aquí para sanarnos unos a otros y a nosotros mismos. No una sanación como en la recuperación física, sino una sanación mucho más profunda. La sanación de nuestros espíritus, de nuestras almas.

    8. En tiempos antiguos, la comunidad solía tener lugares para reunirse donde los niños y los adultos escuchaban, mientras los ancianos y ancianas contaban historias de la vida, de los desafíos de la vida, y las lecciones que pueden extraerse de los últimos momentos de una vida. La gente sabía que a veces nuestras lecciones más importantes se hallan en los momentos de mayor sufrimiento.

    9. Es muy importante que hagáis lo que de verdad os importe… sólo así podréis bendecir la vida cuando la muerte esté cerca.

    10. Cuando hemos realizado la tarea que hemos venido a hacer en la Tierra, se nos permite abandonar nuestro cuerpo, que aprisiona nuestra alma al igual que el capullo de seda encierra a la futura mariposa. Llegado el momento, podemos marcharnos y vernos libres del dolor, de los temores y preocupaciones; libres como una bellísima mariposa, y regresamos a nuestro hogar, a Dios.

    Elisabeth Kübler Ross (Zúrich, 8 de julio de 1926-Scottsdale, Arizona, 24 de agosto de 2004) fue una psiquiatra y escritora suizo-estadounidense, una de las mayores expertas mundiales en la muerte, personas moribundas y los cuidados paliativos.

    Su libro Sobre la muerte y el morir (1969) expone su conocido modelo de Kübler-Ross por primera vez. En esa y otras doce obras, sentó las bases de los modernos cuidados paliativos, cuyo objetivo es que el enfermo afronte la muerte con serenidad y hasta con alegría.»

    Leído en: https://www.qmayor.com/psicologia/10-lecciones-de-vida-de-la-doctora-kubler-ross/

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  3. vía Blog de Ayuda en Duelo*

    Frases tópicas que nunca ayudan a consolar a un doliente (II)

    Posted on julio | by FMLC
    Rosa Sánchez, psicóloga de FMLC

    «…algunos ejemplos de más frases incorrectas, así como los efectos que tiene en la persona en duelo este tipo de comunicación…

    “Tienes que buscar ayuda”

    Nunca ayudaremos al doliente si intentamos hacer que sean otros quienes le presten ayuda. Nuestra presencia y preocupación personal es lo que marca la diferencia.

    Ante estas reacciones, el doliente a menudo se sorprende viendo que no todos sus conocidos saben responder con empatía. Y descubrirá quiénes saben/pueden/quieren estar ahí y quiénes no.

    Una actitud que sí ayudará es “estar ahí”, acompañando a la persona en duelo. Para eso son importantes la autenticidad y el cuidado. Por ejemplo, podemos decirle: “Ten por seguro que estoy a tu lado, para lo que necesites: hablar, distraerte, estar en silencio… lo que te vaya mejor”.

    “Sé cómo te sientes”

    Este tópico tampoco ayuda al doliente. Cada persona experimenta su dolor de una manera única, así que lo mejor que podemos hacer es invitar al afectado a compartir sus sentimientos, en lugar de dar por supuesto que los conocemos.

    Para el doliente, lo mejor es plantearse varias cuestiones: ¿con qué persona cercana puedes expresar lo que te pasa, sin que te juzgue, sin que te dé consejos…? Hablar de lo que siente le ayudará aunque le duela expresarlo. Habrá fechas, aniversarios en el futuro, que le harán sentir más vulnerable. Por eso, conviene planificar: ¿con quién quieres contar para esas fechas? ¿Cómo quieres pasar ese día?

    Para ayudar al doliente lo mejor es escuchar lo que está sintiendo con verdadero interés. Podemos preguntarle si le va bien que le hablemos, que compartamos con él las experiencias de nuestras propias pérdidas, ya que puede suceder que para el doliente aún sea demasiado pronto para escuchar el dolor de otros.

    “Ya tendrías que haberlo superado”

    No ayuda que intentemos que el doliente se dé prisa en superar su dolor, animándole a ocupar su tiempo, a regalar las posesiones del difunto, etc. El trabajo del duelo requiere tiempo y paciencia, y no puede hacerse en un plazo de tiempo limitado. Cada doliente tiene su propio ritmo.

    El doliente debe escuchar su propio ritmo para ir abriendo su tolerancia a acciones que le causan dolor. Es el momento de repasar su pasado, recordar y revisar cómo fue la relación con su ser querido, ver fotos, poder recordar con personas que no le juzguen por hacerlo.

    Al doliente le ayudará que seamos pacientes con su historia, permitiéndole compartir sus recuerdos del ser querido. Esto fomenta una continuidad saludable en la orientación de la persona a un futuro que ha quedado transformado por la pérdida. También debemos prever que habrá “momentos difíciles” en el futuro del doliente, en los que tendrá que afrontar sentimientos, decisiones, fechas y aniversarios complicados.

    “Ahora está en un lugar mejor”

    Nunca va a ayudar al doliente que utilicemos frases manidas de consuelo del tipo: “Dios lo ha querido así”, “Ahora está en un lugar mejor” o “Los caminos del Señor son inescrutables”. Son frases estereotipadas, que dificultan que el doliente pueda compartir sus propios pensamientos o emociones.

    Lo que sí ayuda cuando faltan las palabras es establecer un contacto físico adecuado con el doliente, aprender a sentirnos cómodos en el silencio compartido, en lugar de parlotear intentando animar a la persona. Por ejemplo, podemos decir: “No sé qué decirte, pero estoy a tu lado”.

    Todas estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno…»

    Leído en: fundacionmlc.org – Blog de ayuda en duelo
    https://www.fundacionmlc.org/frases-topicas-que-nunca-ayudan-a-consolar-a-un-doliente-ii/
    https://www.fundacionmlc.org/frases-topicas-que-nunca-ayudan-a-consolar-a-un-doliente-i/

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  4. vía Blog de Ayuda en Duelo

    Frases tópicas que nunca ayudan a consolar a un doliente (I)
    Posted on junio | by FMLC
    Rosa Sánchez, psicóloga de FMLC

    «A menudo nos ocurre que no sabemos qué decir a las personas que están atravesando un duelo por la muerte de un ser querido.

    Muchas de las frases hechas y expresiones a las que recurrimos no sólo no ayudan, sino que, por el contrario, provocan más daño que alivio.

    En este artículo analizamos diversos tópicos que nunca ayudan al doliente y explicaremos qué efectos tiene en la persona en duelo este tipo de comunicación, aportando palabras y actitudes que sí pueden mejorar su estado de ánimo.

    “Lo estás haciendo muy bien”

    Es muy común intentar animar al doliente con esta frase. Sin embargo, al decirla, eliges no estar disponible para escuchar sus sentimientos más perturbadores y, si te hablase de ellos, quizá estos no se ajustarían a esa idea preconcebida que tienes de cómo debería sentir y actuar una persona en duelo. No hay que olvidar que somos diferentes y que nuestra manera de ver las cosas puede ser diferente a la del doliente.

    ¿Qué le sucede al doliente al escuchar este tópico? La dicotomía entre bien y mal es angustiosa. Por eso, es importante que el doliente sepa que cualquier emoción y actitud que tome tiene todo el sentido en su caminar por el duelo (siempre que no ponga su vida en peligro). No tiene por qué ajustarse a las expectativas de otros. El doliente debe respetar su propio ritmo, hacer aquello que tiene ganas de hacer y no hacer lo que aún no tiene fuerzas para afrontar. Si un doliente recibe esta clase de comentarios de una persona con la que puede hablar con confianza, puede tratar de sincerarse diciendo, por ejemplo: ”Cuando te escucho decirme que lo estoy haciendo muy bien me molesta, no me ayuda, necesito que quieras enterarte de lo que realmente siento, aunque a veces no lo muestre”.

    En cuanto a las personas del entorno del doliente que deseen ayudarle y no saben qué decir, en lugar de usar tópicos, pueden ser sinceros también, diciendo: “No sé qué decir, no sé cómo ayudarte”. Pueden abrir las puertas a la comunicación preguntando al doliente: “¿Tienes ganas de hablar?”, “¿Cómo te sientes?”, “¿Te apetece hablar de cómo ha sido?”.

    El peligro de los “Tienes que”

    Otro tipo de comunicación que no ayuda al doliente es decirle a la persona que ha sufrido la pérdida “qué tiene que hacer”. En el mejor de los casos esto refuerza la sensación de incapacidad y, en el peor, nuestro consejo puede ser “contraproducente”.

    ¿Cómo afecta al doliente escuchar esos consejos? Quizá sienta incapacidad y piense que “debería poder…”. Probablemente se enfade porque es una sugerencia que no se ajusta a sus posibilidades en ese momento. Nuestra recomendación es que rechace aquello que no esté de acuerdo con lo que siente, por ejemplo, diciendo: “De momento no tengo ganas ni fuerzas para hacer eso que me dices”.

    ¿Qué actitud nuestra sí ayuda al doliente? Escucharle un ochenta por ciento del tiempo y hablar un veinte por ciento. Hay muy pocas personas que se tomen el tiempo necesario para escuchar las preocupaciones más profundas del doliente, pero ambos pueden aprender cosas en el proceso.

    “Llámame si necesitas algo”

    Este ofrecimiento casi siempre suele declinarse. La persona en duelo necesita que tomemos la iniciativa, siempre contando con su consentimiento. Si esperamos a que sea el doliente el que dé el primer paso, no le seremos de ayuda, ya que se encuentra en un momento vulnerable y es natural que esté necesitado de apoyo.

    Para el doliente, este paso dependerá de su facilidad o dificultad para pedir y recibir la ayuda que necesita. Puede ocurrir que esta necesidad no fuera lo habitual antes en su vida, pero el duelo por la muerte de tu ser querido implica un cambio a muchos niveles. Si se permite pedir algo concreto, también está dando una guía de actuación a quien verdaderamente esté dispuesto a ayudarle.

    (“Necesito que me acompañes a…”, ”Necesito que me hagas compañía…”)

    Lo que en todo caso sí ayuda al doliente es hacerle ofrecimientos concretos, pidiendo su consentimiento, por ejemplo: “¿Puedo hacer algo por ti: cocinar, algún recado…?”, “Si no me llamas, ¿puedo llamarte yo?”, “¿Puedo venir a verte?”.

    …Todas estas claves pretenden servir de orientación a las personas que han sufrido la pérdida de un ser querido o intentan ayudar a una persona doliente de su entorno…»

    Leído en: www. fundacionmlc.org – Blog de ayuda en duelo

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